El Ara Pacis cartagenero de Barcelona
En Barcelona, dicen que comprado al amparo de la ley, tienen un monumento labrado en mármol de Carrara, que, cuando Jesucristo vivía en Palestina, se hallaba en Cartagena. En algún templo de la ciudad de Asdrúbal servía para dar culto a Esculapio. O bien, para, según otros, conmemorar la paz y el progreso augusteo del Imperio. Es un bloque de altura más o menos así (póngase la mano a la altura de los hombros), labrado por sus cuatro caras. En una de ellas aparece el dios Esculapio, con su vara en la mano. Acaso sea el mismo Emperador, mostrando la rama de olivo de la paz, condición previa a la felicidad. En otra, la parte superior de un timón, simbolizando el buen gobierno de Augusto o Tiberio. La tercera presenta dos cornucopias, o cuernos de la abundancia: la prosperidad. La cuarta es una rama de olivo en la que se enrosca una serpiente: el caduceo mismo símbolo de la farmacopea. Y todo, no se olvide, en mármol de Carrara.
Bien, pues en el Museo Arqueológico de Barcelona gozan desde hace tiempo de esta pieza cartagenera tan ancestral. La Senadora Belén Fernández-Delgado, del Partido Popular, ha tenido la iniciativa de solicitar al Gobierno de la Nación Española, se sirva hacer saber a la Generalitat la conveniencia de la devolución de la pieza. Su lugar es el futuro Museo Arqueológico de Cartagena, a donde dicho sea de paso, debería revertir todo lo arqueológico provincial. No caben creo, dos museos de lo mismo en la Región, tenga una, dos o cuatro provincias. Dicho Museo, para el que no lo sepa, es obra de Moneo, el mismo que el del Museo Arqueológico de Mérida.
Si es cierto que hay recibo de compra, y quien debe demostrarlo es la Generalitat, lo correcto, para coincidir en la senda marcada por la misma institución, es hacer una venta, de precio simbólicamente igual a lo que se pagó, y que la pieza vuelva a Cartagena. Si no se hace así, cuenten conmigo para formar parte de una Comisión por la Dignidad de las Señas Históricas Regionales, y para manifestarse donde haga falta, Barcelona incluida.
Se encontró en el Monte Sacro, actualmente en remodelación urbanística de alcance, en el siglo XVI, y el Obispo de la diócesis, que vivía en Murcia más de dos siglos, se lo regaló a un aristócrata murciano. Sus descendientes, desperdigados por Cataluña, las enajenaron, dicen que mediante venta, a su actual poseedor, no se sabe si propietario, la Generalitat de Catalunya. Creo que lo que el buen sentido, seny que se dice en catalán, dicta que sea su destino final volver a la ciudad de Cartagena, con un motivo tan fasto como la inauguración del Museo antedicho. Si así se hace, de justicia será añadir un cartelito junto a la pieza, alabando el buen sentido catalán de comprender que la misma justicia que reclama para sí, debe practicarla con los demás. Vale.
Comentario:
Y que cuentes también conmigo para la manifestación, Santiago. Está bien que se solicite la rescisión de los "agravios históricos" (alguien tendría que analizar -¿y por qué no tú?- la facilidad chantajista con que se dispara en España con esa fórmula) pero siempre que se ejecute también a la inversa. Aunque cueste creerlo, la periferia goza de derechos.





