Historias de España
Hace ya algún tiempo que tengo la afición, no sé si el vicio, de leer Historias de España resumidas. Es un género ensayístico muy sugestivo, también sugerente. Empecé por la de Pierre Vilar, que tendré que releer para poder decir algo de ella. Ah, cuán frágil es la memoria. Luego, la de Vicens Vives, la García de Cortázar (la que más cita a Murcia, de largo), la de Domínguez Ortiz, la de Vaca de Osma… y ahora, cae en mis manos la de Valdeón, Pérez y Juliá. Ésta es la más sectaria. Es mi primera lectura de verano. Ya voy por Carlos V. Hasta ahora más bien es una Historia de los territorios peninsulares sin Portugal, que una Historia de España; tanta es la vigilancia que ponen en evitar que la unidad española se evidencie. Lógico: Santos Juliá, el redactor de la tercera parte, la contemporánea, del libro, es uno de los gurúes de El Pais (sin acento, por favor), uno de los cuatro o cinco que conforman la consigna progre desde la penúltima página del Pais Domingo: Pradera, Estefanía, Ops, él mismo y otro cuyo nombre no me hace el cielo la gracia de recordarme.
Obvian, como figura de la cultura islámica en la península, a Ibn Arabí, al que no mencionan ni siquiera. Tampoco a ningún otro intelectual mursí. Tal dato es suficiente para remitir a Septiembre al trío de historiadores. Pero, luego, para evitar remordimientos al examinador que los envía a Septiembre, dicen que Gonzalo de Berçeo es el máximo representante del "Mester de Juglaría", enmendando la plana a todos los historiadores de la Literatura que decían lo contrario. Berçeo amaba a los juglares, y reclamaba para sí el éxito popular de los mismos, pero él escribía en "syllabas cunctadas" y extraía sus temas de los libros. Si eso no es "Clerecía", que venga Menéndez Pidal y lo vea.
También recuerdo una pifia gorda de Eslava Galán, el novelista metido a historiador, cuyo nombre he olvidado en la enumeración de arriba. Decía que Aledo está entre Murcia y Valencia. No se molestó en mirar un mapa. De cualquier manera, la de Eslava Galán, que se anuncia como una Historia de España para escépticos, es la más amena y la mejor escrita. No tiene prejuicios, y es tan españolista como taifañista. Saca a Aledo a colación del asunto de Alfonso VI en dicho enclave, con el Miramamolín cabe sus murallas, junto con todos los taifas islámicos del resto de Al Andalus. Muy bien visto que Aledo fuera el centro político de España en aquellos años 80 del segundo milenio recién comenzado.
Para éstos, todo empieza el 711. Nada de andanzas anteriores, que sólo sirven para la causa españolista: la monarquía visigoda, y eso. España empieza por una división, no por una unidad, faltaría más. Una división y una invasión, ahí es nada. Disimulan, con un rápido pasaje por esos tiempos, pero lo dejan explícitamente claro: lo anterior a Guadalete es historia del territorio, no Historia de España.
Es una Historia para adeptos; pero no para adeptos de la Historia, sino para adeptos ideológicamente hablando. Estando vacunado, no hay peligro; al contrario, se aprende mucho, descubriendo los trucos de perspectiva disfrazados de objetividad.
Les seguiré informando. Vale.





