Los islamistas quieren matar el tiempo
No es su enemigo, el de los integristas islámicos, ese mar de injusticia que algunos, llevados de su propio, y autoignorado, integrismo ideológico, pregonan. No. No es tampoco la venganza del colonialismo pasado. No. No es, ni siquiera, el odio religioso. Por supuesto que para estos imanes y acólitos del terrorismo suicida puede que sea así, y crean ellos mismos que nos asesinan porque practicamos una religión falsa. Pero no es por eso. Matan y aterrorizan porque no aceptan que el mundo siguiera, y el tiempo continuara cambiando las cosas, luego de su tiempo fundacional, el del Profeta. Por eso visten y se comportan como cuando entonces. Por eso creen que sus mujeres poco más que el propio ganado son; al igual que en las jaimas de los beduinos de Arabia, donde nació el Islam.
Son violentos porque no admiten la evolución en sí mismos, y les encorajina que sí cunda en los demás. La vocación de exclusividad que emana del Corán es superior a la de toda otra manifestación de fe, ideológica o religiosa, conocida. No es la libertad de la mujer en Occidente, que ya les molesta, ya. No. No es la idolatría que achacan a los cristianos, así como su politeísmo; torpe manera de entender el trasmundo cristiano. No. No es el progreso en forma de avance tecnológico y social, que también les fastidia. No. Para el Islam los derechos humanos son antítesis de la Sumisión que le da nombre y naturaleza propia. La Umma lo es todo para ellos, la unión de los fieles, de los creyentes, en un solo cuerpo.
Atacan y tratan de acabar con lo que no entienden ni aceptan: el paso del tiempo que cambia las costumbres y las gentes. El turismo, el cosmopolitismo, la liberación femenina, todo lo labrado por Occidente, que no son otras cosas que el resultado de aceptar el paso del tiempo como brindis a la evolución, postura copernicanamente contraria a la suya, les causa dolor metafísico. Así le sucedió al Califa que incendió la Biblioteca de Alejandría: ¿Qué añaden estos libros y pergaminos al Corán? Dicen que preguntó. La respuesta ortodoxa era clara y evidente: Nada. Pues, entonces, sólo pueden restar sabiduría a lo dicho por el Corán: quemémoslos. Fue la misma causa que sentenció a las Torres Gemelas. No debe haber nada que pueda hacer sombra a la luz que emana del Corán. Por eso dinamitaron a los Budas de Badmiyán, en suelo afgano.
El Islam llegó para detener las mutaciones ligadas al tiempo que pasa. Occidente, basado en otras concepciones bien distintas, judías, clásicas y cristianas, inauguró los tiempos cambiantes, y se hizo dueño del mundo. El cambio venció al estatismo, y ahora éste se venga. Y se venga con terrorismo, que es una manera de aceptar la propia derrota; a cambio, eso sí, de que el vencedor no pueda celebrar mucho su triunfo, parva y miserable satisfacción. Pero el vencedor y el derrotado han quedado claramente definidos sobre el campo de batalla. Su terrorismo es como la postguerra de la guerra del tiempo. Todo terrorismo es una manera de reconocer la propia incapacidad para vencer; o, dicho de otra manera, autodefinirse como derrotados. Vale.





