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"Recado de Escribir", de Santiago Delgado
Opiniones de actualidad y creaciones literarias
Acerca de
Santiago Delgado es Profesor de Literatura y escritor
 
¿Qué enseñar hoy? o ¿Cómo enseñar hoy?


Ya ha empezado el curso escolar. Una semana lleva de navegación. Los profesores y los alumnos han iniciado las estrategias de tanteo para conocerse. Y en cada una de las partes se abren incógnitas bien distintas. En la mente del profesor la interrogante es ¿qué les enseño yo a éstos? ¿Hasta dónde podré llegar con ellos? Sin embargo, en el cacumen de los discentes bulle la duda: ¿cómo me va a enseñar éste? Son las dos vertientes de la Enseñanza, ya hoy convertida en Educación. El qué frente al cómo. El deber del profesor, o lo que él cree deber, y la aspiración del alumno, que él considera derecho.
Contenidos frente a procedimientos. El profesor intenta llenar las casillas vacías de la mente del alumno, y éste confía en que el proceso de relleno sea indoloro. Como posturas extremas, ambas son equivocadas. Ni puede basarse la Enseñanza, ni la Educación, en procedimientos exclusivamente, de manera que cuando se llega a la hora de ofertar el contenido ya se haya tomado conciencia por parte del alumno de que el acto educativo se ha terminado; ni se puede, de buenas a primeras, enfrentar al alumno con el teorema, con la estructura del texto, con los huesos del cuerpo o con la pirámide demográfica. Es un difícil equilibrio.
La sociedad de hoy tiene un preocupante déficit en cuanto a trasladar valores y sabiduría a las nuevas generaciones. El joven adolescente, y de menos edad aún, se halla cercado por un sinfín de solicitudes lúdicas, algunas indeseables, que hacen que la oferta que se le hace desde el aula sea menospreciable. La pluritelevisión, la permisividad rampante, que aboca en impunidad, la dimisión de los padres en la parcela educativa de sus propios vástagos, la rancia tradición docente de otros tiempos, y un largo etcétera muy adivinable, hacen que todo el sistema educativo naufrague.
Urge devolver al docente su dignidad, revitalizando su autoridad en el aula, urge renovar la filosofía del esfuerzo, y desechar antiguallas como la de asimilar todo lo que no sea Escuela Comprensiva a elitismo, y a ésta, a la Escuela Comprensiva, la de café para todos y títulación como derecho humano al margen del aprovechamiento escolar, darle los honores de única alternativa progresista socialmente hablando.
Y urge igualmente que todo enseñante asuma su cuota de educador, así como que ponga al día su preparación pedagógica, dando su importancia a los procedimientos, que no es ni cero, ni infinito. Sin dejar de ser un medio, el procedimiento es una exigencia de la docencia moderna. Todo se aprende según unas pautas, a las que hay que saber desaparecer en el momento oportuno. Y ese procedimiento no debe ser tan seductor que haga creer al discente que puede seguir dejando de poner su parte en el proceso de aprendizaje. Vale.

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