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El observador
Cosas que se ven, se oyen y se sienten
Sindicación
 
COMPOSICION DE LUGAR (Las cenas de empresa)
El pasado viernes fui con Reyes a cenar a un restaurante gallego cerca de casa, que por cierto no vayáis a no ser que tengáis los bolsillos bien llenos, la calidad y el servicio eran correctos pero lo que no nos pareció acertado fue la cuenta. Bueno en todo caso el local era una sala aparentemente pequeña donde se estaban celebrando varias cenas de empresa. Sólo llegar hablamos con el camarero que nos indicó que esperaríamos un rato para conseguir mesa y aprovechando esos momentos de espera nos dedicamos a observar a la gente que cenaba, haciendo cábalas sobre su vida. Ese es uno de los pequeños placeres de la vida, sentarse en un bar y ver la gente pasar.
El caso es que en la sala del restaurante había entrando a mano derecha tres señores que no hablaban, pero si gesticulaban, eran 3 sordomudos, que por gestos explicaban lo buena que estaba la comida y se hicieron entender para que el camarero les hiciera una foto, comentando luego también por gestos lo guapos que habían quedado los tres.
En la mesa de atrás una pareja de novios charlaba animadamente y más allá un paquistaní con su mujer cenaba en calma. Casi tocando un pasillo, dos mujeres de mediana edad, una mas masculina que su amiga charlaban acariciándose las manos, teniendo sólo ojos la una para la otra.
En la mesa contigua seis comensales seguramente de una misma empresa bebían, comían y charlaban animadamente. En una de las esquinas un hombre diminuto contrastaba con un hombre grande y barbudo, tipo hombre-lobo que comía en la esquina contraria, en esa cena se vivía un buen rollo general.
Las dos mujeres que cenaban se levantaron para irse después de haber abonado el importe de la cena y el camarero nos indicó que esa mesa era nuestra, cuando llegamos a ella vimos como al final de ese pasillo había una gran sala con muchas mesas, todas llenas y en una de ellas unas 14 personas de las misma empresa cenaban con alboroto.
Más tarde entraron en el restaurante tres mujeres que, o eran de la misma empresa o bien sus respectivos maridos cenaban y ellas aprovechaban para salir de fiesta, una de ellas, posiblemente soltera, divorciada, infiel o táchese todo lo anterior iba ataviada con el uniforme de guerra, pantalones ajustados y escote deslumbrante. El camarero muy amable y diligente nos atendió y disfrutamos de una buena cena, la verdad es que el sitio merece la pena, lo recomiendo a pesar del precio y si alguien quiere la dirección que me pregunte y gustoso se la daré.
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