METEDURAS DE PATA
Una de las cosas que mas vergüenza da a la gente es meter la pata, hay veces en que esa metedura es tan grande que a uno le gustaría que lo de “tierra trágame” se hiciera realidad y no volver a ver nunca mas a los testigos del desaguisado. Os explicaré algunas de ellas y animo a los lectores del blog (si hay alguno) a relatar las suyas.
En mi colegio había un profesor (llamémosle H.) al que todos le llamaban bola, debido a su calva o seguramente por las "bolas" que contaba; pues bien hubo una vez un alumno que tenía por tutor al Sr. H, y debido a sus malas notas el profesor le dijo que quería reunirse con su padre. El alumno sin pensar con quien hablaba ni de quien le dijo a su padre: Ves a ver al bola que quiere reunirse contigo. El padre apareció al día siguiente en el colegio y después de preguntar a algunos alumnos que debían descojonarse con la pregunta de donde se encontraba el Sr. bola, se encontró con el maestro, le dió la mano y le dijo: encantado de conocerle Sr. bola, el descojone del alumnado fue general, tanto que el director en su entrega de notas refirió dicha anécdota.
Años más tarde en un festival de fin de curso, mi amigo Txema, mister bola en persona, su hijo y yo estábamos charlando amigablemente, cuando el profesor se alejó de nosotros para saludar a más gente. En ese momento mi hermana se acercó a nosotros y me preguntó: ¿Que bola os ha contado el ídem? Yo no pude creer que tuviera tanta cara de decir el mote del profesor delante de su hijo (al cual conocía) y Txema debió pensar lo mismo por su cara de estupor. Yo le pregunte: ¿Como dices? Ana repitió la pregunta y otra vez no me lo pude creer, le dije, perdona pero no te entiendo y Ana con toda su buena fe me pregunta poniendo énfasis en cada palabra: ¿QUE-QUE-BOLA-OS-HA-CONTADO-EL-IDEM? Yo rojo como un tomate y pensando que Ana había perdido la razón, opté por cambiar de tema y asegurarme de que no lo volviera a repetir con un: ¿Supongo que conoces al hijo del Sr. H? Mi hermana se quedó sin palabras y riendo dijo: ah si, sii, perdonad es que no llevo las lentillas. Todos incluidos el hijo del Sr.bola reímos con ganas, ganas que se acentuaron cuando el Sr. H. se acercó de nuevo donde estábamos saludando con un: ¿Cómo va eso chicos?
Aquella noche una vez en casa Ana y yo reíamos pensando en la mala pasada que le había jugado su miopía.
En mi colegio había un profesor (llamémosle H.) al que todos le llamaban bola, debido a su calva o seguramente por las "bolas" que contaba; pues bien hubo una vez un alumno que tenía por tutor al Sr. H, y debido a sus malas notas el profesor le dijo que quería reunirse con su padre. El alumno sin pensar con quien hablaba ni de quien le dijo a su padre: Ves a ver al bola que quiere reunirse contigo. El padre apareció al día siguiente en el colegio y después de preguntar a algunos alumnos que debían descojonarse con la pregunta de donde se encontraba el Sr. bola, se encontró con el maestro, le dió la mano y le dijo: encantado de conocerle Sr. bola, el descojone del alumnado fue general, tanto que el director en su entrega de notas refirió dicha anécdota.
Años más tarde en un festival de fin de curso, mi amigo Txema, mister bola en persona, su hijo y yo estábamos charlando amigablemente, cuando el profesor se alejó de nosotros para saludar a más gente. En ese momento mi hermana se acercó a nosotros y me preguntó: ¿Que bola os ha contado el ídem? Yo no pude creer que tuviera tanta cara de decir el mote del profesor delante de su hijo (al cual conocía) y Txema debió pensar lo mismo por su cara de estupor. Yo le pregunte: ¿Como dices? Ana repitió la pregunta y otra vez no me lo pude creer, le dije, perdona pero no te entiendo y Ana con toda su buena fe me pregunta poniendo énfasis en cada palabra: ¿QUE-QUE-BOLA-OS-HA-CONTADO-EL-IDEM? Yo rojo como un tomate y pensando que Ana había perdido la razón, opté por cambiar de tema y asegurarme de que no lo volviera a repetir con un: ¿Supongo que conoces al hijo del Sr. H? Mi hermana se quedó sin palabras y riendo dijo: ah si, sii, perdonad es que no llevo las lentillas. Todos incluidos el hijo del Sr.bola reímos con ganas, ganas que se acentuaron cuando el Sr. H. se acercó de nuevo donde estábamos saludando con un: ¿Cómo va eso chicos?
Aquella noche una vez en casa Ana y yo reíamos pensando en la mala pasada que le había jugado su miopía.





