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Miserias en miga de pan

Las campanas repicaban a muerto en todo el pueblo, helado y húmedo por el efecto del interminable invierno castellano. Un heroinómano joven y viejo a la vez es el hijo de la difunta y parece estar en otra cosa. Entra en la iglesia acompañado por su padre, aún incapaz de asumir lo ocurrido: la muerte de su mujer después de 47 años de casados y en unas circunstancias tan trágicas. En resumidas cuentas, si fuera consciente de la realidad preferiría estar muerto.

La señora está de cuerpo presente, pero su presencia ya no es significante. Las primeras filas son las únicas que asisten de veras al entierro. Beatas y feligreses que nada tienen que ver con la homilía se sitúan en los últimos bancos. Unos miran hacia arriba, otros hacia abajo, pero todos concentrados en la conversación propia con el Santísimo. También al final de la sala se sitúan otros individuos de diferente calaña que especulan y malhablan de lo sucedido.

                        La insoportable levedad del ser

Todas las conversaciones parecen sacadas de una novela negra; y el hijo de la fallecida parece protagonizar todas las oscuras conversaciones. Mientras, en la primera fila, la más afectada como es costumbre, los familiares más cercanos olvidan por un día sus problemas con la herencia de padre o sus diferencias en materia de droga y sumisión con el 'chiquillo'.

El infame huerfanito se podría llamar Fernando y, salvando las distancias, está tan muerto como la muerta. No sabe muy bien dónde se encuentra, ni resuelve ninguna duda que le destroce el pecho. Simplemente llora por proximidad geográfica con otras lágrimas que aún le son conocidas. No piensa en nada. Sólo siente un dolor agudo en el estómago y un martirio que le escupe a la cara otro sentimiento aún más mísero. Porque en ese momento, en ese mismo momento, mataría hasta a su madre por un pico.
 
Good luck, man...

La suerte es de nadie
y de nadie eres tú;
como el amor agonizante
que se vende a la fortuna.
Lo sabes y lo sé, de veras:
¿hay algo más real...
...que un sueño verdadero?
 
Vida y paja mental

Hace un momento, en el año dos mil uno creo recordar, vivía en Granada y todo era diferente. Creo que yo era otra persona; ni mejor ni peor, sino todo lo contrario. Era un mundo diferente en un mismo cuerpo (que el de ahora, entiéndaseme). Tal vez esto pueda parecer una reflexión estúpida de un estúpido estudiante universitario que no tiene nada mejor que hacer con su tiempo, pero es una visión de mi existencia que me parece inherente a mi propia vida.

No es que quiera asegurarme de que la persona que habita en este cuerpo tres años mayor es más feliz o, para más inri, menos infeliz que aquella adolescente figura, pero la única conclusión razonada que puedo sacar de esta estéril 'paja mental' es que, por más que lo quiera, jamás obtendré ninguna conclusión razonada a propósito de esta inútil discusión conmigo mismo. Y esa inutilidad amartilla mi existencia; y me hace plantearme nuevas discusiones estériles que arrasen con la anterior. Tal vez eso sea la vida, precisamente; y quizá yo acabe de darme cuenta.
 
Así nunca volvió a ser

Allí me dejó un día de verano
y jamás regresó
a recoger mi insomne pensamiento
que desde entonces vaga por sus brazos
corrigiendo su ruta, terco y contradictorio,
lo mismo que una hormiga que no sabe salir
de la rama de un árbol en el que se ha perdido.


Ángel González

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A veces la inmensidad respira en el minúsculo segundo que te acaba de golpear y del que tal vez ni siquiera fuiste testigo... Es un lujo percibir cada suspiro, cada golpe, cada Universo. Nadie lo ha conseguido desde que el hombre es hombre, pero todos lo intentan, caray. Hoy me han golpeado... y la sangre brota imparable, feliz.

Universos paralelos

No siento ni padezco...
simplemente sobrevivo
entre besos y caricias;
sobre cielos, mares y universos...
que me tocan
con sus dedos
inmensos.
Y yo me siento invisiblemente
diminuto...
Casi como esa hormiga
que quiere escapar
del mundo microscópico
en el que se ha perdido...
Y cuando me siento tan invisible,
en mi transparencia
no dejo de pensar:
"Te prefiero a ti,
pequeña".

 
Desde que soy más estúpido...
...tú estás más tonta:

El bus va más lleno cada vez. El transporte público alcanza en estos instantes un nivel de repugnancia extremo, por no decir algo más grueso, gracias al sudor compartido y los olores varios. Mientras tanto, desde los últimos asientos del autobús, se escuchan voces 'elocuentes' que hablan de la esperanza, de la vida y de la ilusión en términos que a uno le hacen tener esperanzas, vivir e, incluso, ilusionarse entre el traqueteo y el interminable transcurrir del tiempo.

Esas palabras se vierten desde una voz femenina y estimulan a los viajeros que, entre suspiros y medias sonrisas, luchan por desenmarañarse de otras conversaciones que hablan del precio de los tomates o del partido de Champions del martes que viene. Todos piensan que algo en esta parte del Universo se ha detenido, o acelera, que algo debe ser más sencillo, o más complicado, a partir de este preciso instante. La mujer se dirige a una segunda persona en términos de confianza y respeto, pero de vez en vez se le escapa un "estás loca" que hace pensar en la locura vehemente de su acompañante. O no.

Es complicado medir el tiempo que duraba la ejecución de cada soberana estupidez, porque la inteligencia ni se mide ni se posee, simplemente se expande al ser creada; así que me limito a sostener que nada puede decir el loco de su locura. Porque aquella señorita que hizo estremecer al transporte público madrileño, en su fervor discursivo, en su intento por debatir con su compañero y salir airosa del trámite, hablaba sola. Y la inteligencia, mientras tanto, seguía creándose en el lugar equivocado y expandiéndose hacia la parte delantera del autobús, joder.
 
Aire

Aquél que esté libre de pecado
que tire la primera piedra...
Y el que respire enamorado
que alargue su respiración.
Y ahora responde, deprisa;
¿Por qué en el vientre del huracán...
...me falta el aire?