De la felicidad; y otras miserias con glamour
El viento solía soplar fuerte en la calle Pez, un callejoncito mugriento y 'castizo' de la zona menos progre de Madrid. En Pez terminaba la avenida Soledad, donde en estos momentos dos jóvenes intentan ser felices a su manera. A lo lejos, un señor con sombrero y vestido por su mujer, como la mayoría de los señores de su edad que llevan sombrero, mira envidioso el adolescente beso pensando en la infelicidad que gobierna su cuerpo, infeliz por lo poco de cuerpo que le queda; o pensando en el partido del domingo, que no es lo mismo, pero es igual. Antes o después, en un local que hace esquina, un par de amigos se colocan los abrigos antes de salir en busca de las respectivas almohadas. Ambos dos se tambalean debido a sustancias exógenas a la naturaleza misma del ser humano. Antes de traspasar la puerta, uno de ellos susurra cualquier gilipollez al oído de una señorita que agota también sus últimos pasos de baile. La chica lo mira y sonríe, como si ya pudiera dormir tranquila por un tiempo, algo usual, por otra parte, en sociedad tan dada al éxito prematuro como ésta que nos toca compartir.
Al sufrir el golpe brutal del frío mañanero, Jesús, el acompañante del susurrante sujeto, comenta con su compañero la escenita que acaba de presenciar. Manolo, al que todos llaman Sangui por motivos que no vienen al caso, viste una cara entre orgullosa y estúpida, y tiene aún en las pupilas el reflejo de la mujer con la que soñará esta noche y con la que probablemente no volverá a soñar pasado mañana.
Jesús no obtiene respuesta alguna de su amigo con cara de tonto; o de su tonto con cara de amigo. Bueno, el caso es que Jesusito padece ahorita mismo esa envidia feroz que sentimos los seres humanos por las cosas que podríamos haber hecho y que otros hicieron por nosotros. Por lo tanto, se quedará con la mosca detrás de la oreja y, al tiempo, pensará lo más sencillo, lo que suelen pensar los necios cuando se ven superados por las circustancias. Algo así como que la ineptitud del conjunto de individuos que habitan una ciudad está formada por un amplio número de sentidos comunes, entre los cuales siempre está el de uno mismo, se entiende.

Al otro lado de la calle, como huyendo de la mierda o, para ser más exactos, como si el fracaso de Jesús, por un oscuro mimetismo, se pudiera contagiar, camina a pasos de gigante el héroe de la noche con un sentimiento parecido al amor, por indescriptible e irracional. ("Será capullo" pienso yo, que soy el que escribe y, por este motivo, el único que puede decir lo capullo que me parece cualquiera de los pseudosujetos con los especulo en esta mierda de texto).
Mientras, el abuelo infeliz del sombrero, el de la camisa de cuadros que eligió la bruja de su mujer, no puede dejar de resignarse a presenciar una de esas formas inverosímiles que adquiere el amor, porque Esperanza, en su carrera, seguía pensando en las palabras de aquél chico que acababa de adentrarse en su oído, en su baile, en su vida, en sus sueños... Y allí que iba corriendo, a la caza de un príncipe azul que, tal vez, aún no haya nacido. No va ladrando. O quizá sí.
Para Lola, por darle voz a todas las partes contratantes de esta historia, Dolores era un nombre estúpido, digamos, una putada de nombre. Era amiga de Espe desde los Salesianos y, a pesar del tiempo, seguía sin entender muchos de sus comportamientos. Habían vivido muchas travesuras juntas, casi siempre con Espe como brazo armado. Pero que ahora la "tía guarra" saliera del local sin decir nada, sin el abrigo y sin ella se alejaba de lo explícitamente razonable. Siempre hablando en términos de amistad y respeto, porque, al parecer, esas son las máximas aspiraciones sentimentales de la amiga feucha que tienen todas las Barbie Salesianos.
Esto último explica que la chica, entre regordeta y simpaticona, esté gritando en silencio, como gritan los infelices de esta y otras calles. Dentro de unos minutos alguien la oirá murmurar: "...y me jode mucho más que se vaya así, sin decirme nada, después de gritarme como una gilipoyas: 'Ahora vuelvo, que creo que me he vuelto a enamorar..." Sin pensar en este tipo de debilidades, Espe y el Sangui llegarán a cruzar sus labios al final de la avenida Soledad, en la esquina con Pez, y ante la atenta mirada de un viejo con un sombrero asqueroso que parecía medio dormido. Alguien que pasaba por allí me lo contará. Me dirá que nunca antes había visto a nadie hablar así del deseo, sin decir nada.Fantasma
Me encuentro vacío cuando me encuentro vacío. Y no es una acuarela sencilla de sentimientos. La única verdad es que no consigo ver más allá de ti, a través del cristal de tus ojos. Allá a lo lejos, tras tus pupilas, dónde malviven los sueños que siempre te rozaban la piel al despertar, aunque nunca los sintieras mientras dormías. Cada mañana junto al café, el aceite y el pan caliente tratabas de imaginar al hombre que te acariciaba la espalda justo antes de abrir esos ojos cristalinos que ahora me arañan la garganta. Sólo soy cuando me imaginas entre las sábanas, nunca cuando eres dueña de tu imaginación, allí, por la mañana. Y me encuentro vacío porque sólo soy un fantasma que ni en tus sueños duerme contigo.
El ladrón de tu boca.
Carta abierta...
...a la mujer que no me quiere:
No me quieres ahora; incluso se puede decir que jamás llegaste a quererme. Pero no disculpo ni un instante, ni perdono un segundo que no sepa de ti. Porque te quiero por encima de la vida o el amor. Ya sé que tú no eres la responsable de la nada. Nadie es dueño de lo que siente o padece, pero últimamente y por mucho que me cueste, no puedo evitar este odio infeliz hacia tu persona. Y es que de un tiempo a esta parte te voy queriendo menos y sólo tú tienes la culpa. Porque, aunque el amor, en cualquiera de sus formas, no entienda de culpables, tú sigues siendo la excusa perfecta.
No me quieres ahora; incluso se puede decir que jamás llegaste a quererme. Pero no disculpo ni un instante, ni perdono un segundo que no sepa de ti. Porque te quiero por encima de la vida o el amor. Ya sé que tú no eres la responsable de la nada. Nadie es dueño de lo que siente o padece, pero últimamente y por mucho que me cueste, no puedo evitar este odio infeliz hacia tu persona. Y es que de un tiempo a esta parte te voy queriendo menos y sólo tú tienes la culpa. Porque, aunque el amor, en cualquiera de sus formas, no entienda de culpables, tú sigues siendo la excusa perfecta.Deonce
Las pisadas de otros
serán nuestras pisadas.
Y el calor mal entendido
será frío en el recuerdo.
No mires atrás y responde:
¿El camino desandado...
...es un nuevo camino?
Instrucciones para subir una escalera
Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se situó un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).
Llegando en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.
Historia de Cronopios y de Famas
Julio Cortázar, 1962
El olvido...
...siempre escribe los mejores versos:
Estoy buscando un lapicero para escribir algo que me viene rondando la cabeza desde hace rato. Pero, ya ves, cuando el azar me trae palabras un infortunio me las roba. Es injusto, para todo, para todo lo demás. Porque no seré persona hasta que encuentre lo que estoy buscando, para escribir no se qué cosa que revolotea en mi mente. Es algo difuso: un pensamiento salvaje que sólo se deja acariciar por la palabra escrita. Pero bueno, pasa el tiempo... y los divagues se entrecruzan. Por cierto, ¿qué estaba buscando?
Estoy buscando un lapicero para escribir algo que me viene rondando la cabeza desde hace rato. Pero, ya ves, cuando el azar me trae palabras un infortunio me las roba. Es injusto, para todo, para todo lo demás. Porque no seré persona hasta que encuentre lo que estoy buscando, para escribir no se qué cosa que revolotea en mi mente. Es algo difuso: un pensamiento salvaje que sólo se deja acariciar por la palabra escrita. Pero bueno, pasa el tiempo... y los divagues se entrecruzan. Por cierto, ¿qué estaba buscando?
Stop!!
Ya no acierto a tocarte
ni en esta mierda de sueños.
El sol no sale, ni la luna,
ni vienes a la cama.
Quiero recordarte, y sólo pienso:
¿la cabeza me da vueltas...
...o el mundo se ha detenido?
Paradoja
Era un lunes que amaneció
un miércoles de madrugada.
Un día que nació a destiempo
y, apenas, sin permiso.
Yo baje la cabeza
y te vi en el cielo.
Lo recuerdas, mi amor;
¿era martes por la mañana...
...o simplemente me querías?
A veces llega un e-mail y yo...
Tumbado aquí, sobre mi cama, con el pensamiento fijo en tí. Con un enorme deseo de agarrarte y apretarte fuertemente entre mis manos, todavía excitado con el recuerdo de la noche anterior.
En la noche cálida y sofocante, tengo incontenibles ganas de agarrarte y de decirte todo lo que siento. Tu recuerdo me tiene angustiado. Apareciste... y desapareciste. Todo sucedió en esa noche y en esta cama.
Con fricción, te acercaste a mí. Sin mostrar pudor alguno, te pegaste a mi desnudo cuerpo. Percibiendo mi indiferencia, te acercaste más y más... Mordías todo mi cuerpo... Sin recatos... Sin escrúpulos... Mis partes más íntimas supieron de tí. Me volviste loco. No sabía qué hacer. Y al fin... me dormí.
Hoy, cuando desperté, te busqué desesperadamente. En vano. No te encontré. Ya no estabas. Te habías ido. En las sábanas había muestras de lo sucedido la noche anterior y en mi cuerpo dejaste huellas inolvidables. Marcas profundas que tardarán mucho tiempo en sanar y que estarán mucho tiempo presentes en mí.
Esta noche me acostaré temprano y te esperaré. Cuando llegues... no quiero imaginar lo que va a suceder... Me abalanzaré sobre tí con la fiereza de un león y con la rapidez de una cobra. Y ya no te irás. Ya no podrás escapar de mí. Te apretujaré hasta sentir la sangre de tu cuerpo.
Sólo así podré descansar: mosquito de mierda.
Busco en la muerte la vida...
Busco en la muerte la vida,
salud en la enfermedad,
en la prisión libertad,
en lo cerrado salida
y en el traidor lealtad.
Pero mi suerte, de quien
jamás espero algún bien,
con el cielo ha estatuido,
que, pues lo imposible pido,
lo posible aún no me den.
Miguel de Cervantes