Keops
Hoy me he despertado y un hombre con hábito, el portavoz de la Conferencia Episcopal según me he enterado después, andaba solucionando temitas candentes desde por la mañanita. El hombre de Dios, al abordar el asunto mundano de las células madre, no se ha andado con tonterías ni circunloquios terrenales: "el problema es que hay un montón de seres humanos congelados y no sabemos qué hacer con ellos".
Luego estuve esperando a que se riera o algo, pensando que el tío salao se había levantado con buen pie, pero después del disparo puso cara de tener a la Divina Razón de su parte. Me ha pasado algo parecido con los politicuchos estos que acusan al gobierno de vender armas a Venezuela porque las armas pueden servir, según admiten sonrosados, para fines bélicos. Haro Tecglen diría: "en efecto, no puedo creer que sirvan para otra cosa".
Y es que a veces no termino de comprender las contraformas de la existencia humana. Oscar Wilde, simplemente, hubiera susurrado que "la vida es demasiado complicada como para hablar de ella". Ni siquiera he podido terminar el libro de desamor que me dejaste. Estaba lleno de historias de amor y me conozco demasiado bien. No me gusta especular con sentimientos que no existen.
De lo demás, ya sabes, lo tengo todo un poco más claro. Aunque cualquiera tiene momentos de cansancio con uno mismo. Es como en la casa de Gran Hermano; los hippies están todo el santo día mirándose a las caras y, por degeneración expontánea, terminan viéndose hasta la última arruga. Y, la verdad, que te miren las arrugas jode una barbaridad.
Yo a veces me canso de mi mismo y daría mi vida por dejar al Javi que no se me parece, lejos del Javi que tampoco soy, para que entre los dos encontraran a alguien como yo. Pero nada es tan sencillo y uno, por no perder la costumbre, termina poniendo ejemplos estúpidos sobre cosas sin importancia.
Hoy también he leído que, para taladrar los orificios que hay en el granito de una de las puertas de la Gran Pirámide de Keops, según los estudios, se debió necesitar una broca con 'dureza 500'. El material más duro que se conoce en la actualidad es un diamante sintético llamado Vidia: pero es un mineral con 'dureza 11'.
Y eso si nos quedamos en la antigüedad. Porque si empezara a hablar de las células madre o de las fluctuaciones del precio del papel tú dejarías de quererme. Ese sentimiento cabrón me insinúa que todo es igual, aunque nada sea lo mismo. Tú no entras en mi habitación desde hace ya mucho, pero a mí me bastan las respuestas que jamás encontraré.
Ciertas dudas no necesitan explicación. Te espero en la Luna; no tardes, hace frío.
Do you remember?
Cada noche me acuesto para soñar
y sueño que estoy contigo,
sueño que nada nos cuesta tan poco
como la sonrisa;
que todo es gratis...
el sol, el cielo azul,
la mañana cálida y eterna,
la noche dulce y nuestra.
Sueño que nada nos separa
porque todo nos une,
que nuestras palabras son nuestras
por ser de nadie más
que de nosotros;
porque estás muy cerca,
porque te toco,
porque me acaricias tu piel
mientras te acaricio la mía,
porque somos uno...
Así, cuando escuches mi voz
y aprecies mis pupilas;
cuando le grites al cielo
y sientas mi cuerpo...
sabrás que soy yo el que te habla,
que son mis ojos los que te miran,
que mi cuerpo está soñando…
...porque cada noche me acuesto para soñar
y sueño que estoy contigo.
Again/Flash back (eterno retorno)
El cielo es azul cuando lo miro en tus ojos marrones, casi verdes. Y la vida pasa porque todo es azul desde que el Universo gira sobre nosotros. Desde que el mundo se detuvo aquella tarde de invierno bajo un cielo azul poblado de nubes grises; una sobre otra, tan azules como tu pelo negro o tus labios rosados. El azul es nuestro, por encima del tiempo y de las cosas... Porque el amor bien entendido empieza por uno mismo y hoy quiero pensar, suerte la mía, que tus ojos azules son tan hermosos como el verde de tus ojos, casi marrones.
Finales de marzo, A Coruña, intentando no mojarnos.
Eau de discoteque
Soy una feromona metrosexual. Y en el mundo de las feromonas al uso es complicado soportar mi condición. A veces me desprecian por mis cremas o por los aromas artificiales que esconden mi verdadera naturaleza. Las feromonas que yo conozco no me entienden. Qué envidia me tienen.
Yo disfruto dejando de ser lo que debo ser y convirtiéndome en perfume de vainilla o en crema de manos. Me disuelvo fácilmente en otros cuerpos, que desprenden otro tipo de feromonas, pero ninguna es como yo. Sobretodo al final de las discoteques, donde las feromonas son casi tan incisivas como las del neardental de mi vecino.
Yo sólo soporto a las feromonas que preguntan antes de asaltar tu aparato olfativo. Porque hay veces que lamento tener consciencia del tiempo-espacio. Es entonces cuando me avergüenzo de lo que represento. De cualquier forma, es un flipe ser una feromona metrosexual. Aunque los chaperos del Black & White me miren babeando. A ellos les encantaría ser una feromona. Me apuesto la cobertura del móvil. Y qué cara de tonto se les queda cuando ven a una feromona metrosexual que habla...
Te quiero. Y a pesar de todo casi ni pienso en ti. De hecho, las pocas veces que pienso en ti, directamente, reniego de tu persona. A veces siento que, de tenerte delante, te partiría en trocitos pequeñitos y te lanzaría al río Manzanares, que me pilla aquí al lado, y disfrutaría viendo como los patitos retozan con cada trozo de tu carne. Tal vez, si me faltara valor para andarme con cuchillos y demás, sólo te haría cosquillas, de esas que te joden tanto, por el cuello, o por las caderas, a sabiendas de que mi disfrute sería una especie de contrato con el asco que me tienes.
Dos de cada tres veces, incluso, te daría patadas en las espinillas hasta que soltaras la última lágrima. O te arañaría los ojos hasta que derramaras la última gota de sudor. Y me molesta pensar que no serías capaz de mirarme mientras te asesino. Es una cuestión de virilidad, creo. O de sadismo. Ya ves, llevo mucho tiempo asesinándote de mentira y ahora las circustancias me superan. Porque es estupendo saber que puedo acabar contigo cuando me plazca.
La cosa es que te quiero, aunque de vez en cuando mi cabeza piense más en pellizcarte la existencia que en existir, a pesar de ti. Y es que por momentos te sacaría las tripas y me las comería, como hacen en esas tribus donde creen que tras merendarte al enemigo emana de ti su fuerza o su vitalidad. Como un acto de fe, sin fe. O como la fe en el acto, sin acto. En resumen: te quiero, pero con matices.
Aire

Cuando yo era pequeño y hojeaba el Antiguo Testamento adaptado para niños y adornado con grabados de Gustav Doré, veía a Dios sobre una nube. Era un anciano, tenía ojos, nariz, una larga barba y yo me decía que, si tenía boca, debía comer. Y si come, también tenía que tener tripas. Pero aquella idea me asustaba porque, aunque era hijo de una familia más bien no creyente, sentía que la idea de las tripas de Dios era una blasfemia.
Sin ningún tipo de preparación teológica, espontáneamente, comprendí desde niño la incompatibilidad entre la mierda y Dios y, de ahí, cuán dudosa resulta la tesis básica de la antropología cristiana según la cual el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. Una de dos: o el hombre fue creado a semejanza de Dios y entonces Dios tiene tripas, o Dios no tiene tripas y entonces el hombre no se le parece.
Los antiguos gnósticos lo sentían igual que yo cuando tenía cinco años. Valentín, gran maestro de la Gnosis en el siglo segundo, decía para resolver este enrevesado problema que Jesús 'comía, bebía, pero no defecaba'.
La mierda es un problema teológico más complejo que el mal. Dios le dio a los hombres la libertad y por eso podemos suponer que al fin y al cabo no es responsable de los crímenes humanos. Pero el único responsable de la mierda es aquél que creó al hombre.
La insoportable levedad del ser
Milan Kundera
En mi nombre
En mi mundo la sangre es de un rojo apasionado y hermoso. En mi mundo Sergio seguiría siendo como era, y Natalia movería los cinco dedos de su mano derecha. Nasser, en mi mundo, hubiera terminado el segundo curso de carpintería y Paco tendría la dichosa facultad de respirar. En mi mundo nadie hubiera caminado dos pasos sin cabeza y, desde la suavidad de mi mundo, no podría siquiera imaginar que Pablo, Elka y Sofía murieron destripados un día tal como hoy. Por eso no existe en mi mundo un mundo sin Sofía, Elka y Pablo.
Porque en mi mundo todos alcanzamos a comprender a Sergio tal como era y nadie niega su mano, ni esconde su mirada. En mi mundo, o cerca de él, casi la mitad de las personas saben mi nombre y yo sigo buscando las palabras precisas. Creo que en mi mundo hoy hubiera escrito cualquier cosa sobre mi mundo. Un mundo donde Paco respira, Natalia tiene veinte dedos y Nasser es carpintero desde septiembre. Y en mi mundo, cuando hablo de mi mundo, siempre digo la verdad.
Tu Dios y el mío (en nuestro mundo).
Por Piedad
Hay un reino donde reina una princesa
que se miente, a duras penas, por amor
porque inventa una mentira cuando besa
y maquilla con verdad su corazón.
Admite que eso no es amor, por piedad.
Por piedad, que sepa que el amor no es eso.
Que descubra que el amor es de verdad
cuando cambia dos mentiras por un beso.
Que no se duerma a destiempo, ni despierte
cuando sueñe con los ojos entreabiertos
porque los que tienen suerte tienen suerte,
pero sólo el corazón sueña despierto.
Y a rezar por los domingos que nos quedan
de una vida que quizá nunca jamás
aprenderá a descontar las primaveras
que reniegan del invierno a las afueras
de los mares que se ahogan en el mar.
Que no mienta más al tiempo, por piedad;
que no insulte a la amplitud de las estrellas,
que no asalte a estas alturas la ciudad
porque nadie es tan de nadie como ella.
Y ella es, cómo decirlo con palabras...
un castigo encomendado a la fortuna
desde que el sol quiso soñar una mañana...
...y despertó en la cara oculta de la Luna.
Que amanezca cada día, por piedad;
que conozca a los que expiran por amor
y que escuche la verdad de la verdad
de unos labios que murieron como yo.
No repartas sus cartas bajo la mesa
y confiesa desamores, por piedad;
que descubra que en tu reino no hay princesa
que no sepa lo que dice cuando besa
cuando besa y nunca dice la verdad.