Blogs.ya.com Quitar publicidad
 
Vendrán más años malos y nos harán más ciegos

Vendrán tiempos peores y nos harán más humanos. Yo estaré tranquilo a veces, pensando en el tiempo que pasa o en las estrellas que nacen y mueren cada día. Habrá más premios Cervantes discutidos y más discusiones sobre temas sin ninguna transcendencia. Seguirás sin querer hablar de ti y yo seguiré intentando que no se me rompa la yema, al volcar el huevo en la sartén. Habrá nuevos amigos y amigos que se quedarán en el camino. Habrá nuevos enemigos y amigos colmados de enemistad por quedarse, irremediablemente, en ese camino.

Vendrán años de sequía y los campos serán más amarillos en el Tíbet. Habrá amor y desamor, desánimo y deseo. Las flores seguirán brotando en primavera, pero será otro color, otro aroma, y ya nunca podremos disfrutar de lo olvidado. Habrá momentos de ternura e instantes de salvaje cotidianeidad. Viviremos momentos cotidianos e instantes de tierna violencia. De hecho, están creciendo los nuevos cristianos que, si nadie lo remedia, debatirán sobre el Evangelio, mientras los viejos budistas se van a la cama preocupados por el vuelo débil de la mariposa tibetana en las secas y amarillas laderas del Himalaya.

Vendrán siglos de cordura y milenios de aburrimiento. Y continuarán muriéndose los mismos que mueren hoy, y que murieron ayer. Seguiremos horneando el mismo pan, moliendo la misma harina y sembrando el mismo trigo, pero la vida será diferente en cada panadería. Los lunes serán tristes y cansados. Los domingos serán la víspera del cansancio y la tristeza, pero los cuerpos seguirán temblando los sábados de madrugada. Tarde o temprano llegará el día; el lugar y la hora. Y tú seguirás distraído.

Recuerda: el día; el lugar, la hora.

Y a por ellos, que son pocos y cobardes.
 
Suicidio VIP

Tío, osea, qué peli más guay. Osea. Ayer por la mañana mi primo Ernesto, mientras desayunaba, se quedó sin cola. Osea. Gracias por las pastillas y por la botella de Martini. Osea. Hace frío en Alaska cuando los guisantes explotan en la sartén de Susana, la del ratón chiquitín. Osea. No es que quiera esconderte algo, pero la hora que será mañana, a esta hora, me está estresando. Osea. Ni que decir tiene: ha nacido varón el maricón de él. Osea. Él, que nació mujer justo después de casarse con una neurocirujana. Osea. Y no soy tu zorrita, pedazo de mierda con alas. Osea. Antes de freír el solomillo, por favor, pásame el chicle, que tengo ganas de macarrones con chorizo. Tío, por cierto, cágate en tu puta madre la próxima vez que me hagas el amor. O hazme el amor, osea, la próxima vez que estornudes. Joder, tío, no salgas de mi burbuja, que explota sin tu burbuja. Osea. No es coña. Osea. Ya la liaste. Osea. Flipa, colega. Osea. Me quiero morir. Osea. Pero no así. Osea. Yo me entiendo.

Be cool
 
Los últimos versos que te escribo

("Olvídate de mí, que me quiero enamorar de una mujer que me comprende"). Sería feliz en el cuerpo del Marqués de Sade, o en el de Jack the ripper, para enamorarme sin escrúpulos. Para decirte bajito, entre suspiros, que no confío en mis sentimientos. Si fuera Nostradamus haría predicciones incomprensibles, para que los teólogos del mundo interpretaran por mí lo previsible del destino. Si fuera el destino te diría un par de secretos. Y si fuera un secreto no te diría nada.

Me gustaría ser un ladrón de palabras, para susurrarte al oído cualquier verso de Ángel González. En resumen: para que te estremecieras de placer con la entonación que pone el buen ladrón de palabras cuando está de servicio. Estaría bien ser un actor porno de los 'grandes', y decir chúpamela sin ningún tipo de remordimiento. Me gustaría ser tú para que me hablaras desde la cama, con dulzura. O también podría decir alguna estupidez. Y ser yo.

Me gustaría ser un asesino en serie y decir que mi quinta víctima está aún caliente, en el salón. Disfrutaría siendo el típico viudo tristón que no se cansa de decir que, con su mujer, murió la mejor mitad de su matrimonio. Sería feliz si un día de estos me convirtiera en Clark Gable, para decir que te necesito con cierta credibilidad. Incluso podrías soltar una lagrimilla para hacer aún más creíble a mi personaje. Aunque también me veo en plan Hannibal Lecter, diciéndote algo que te cagara de miedo, que te cagara de verdad.

Me gustaría ser el violador de entrevías, para decirle a mis amigos que aparezco en una canción de Sabina. Me moriría por ser Hervé Joncour, o Georg Roed, o Holden Caulfield, o Bernarda Alba, o todos ellos a la vez, para decir algo intenso en el momento adecuado. Es más, me gustaría tenerte delante para ser capaz de no esconderme; para culparte de mis escapadas; para tener coartada y mandarte a la mierda. Para convencerme de una vez, de una vez por todas, de que no tengo nada más que decir.

He's back (http://www.arte-redes.com/nocturama) Copyright
 
Amour fou

No quiero darle tregua
al piercing de tu lengua
en un futuro hipotecado
por las leyes de la selva,

ni quiero convencerte
de n-a-d-a con la mirada...

No quiero hacer leña
del árbol caído

(somos dueños del tiempo
que no damos por perdido)

ahora

que no digo lo que pienso

ni pienso lo que digo.

 
Fortuna

(Tengo envidia de un personaje de ficción. Y no es algo que me pase habitualmente. Aunque no te lo creas, Sapito, sé diferenciar la Realidad, de mi propia realidad. Pero a veces tengo envidia de un personaje de ficción. Porque no dejo de pensar en lo afortunado que era aquel chico de American Beauty, el que parecía capaz de percibir la dimensión de la belleza a través de unas simples bolsas de plástico que bailaban con el viento. Como bailabas tú, con una gorrita roja que te quedaba como un guante.)

Llevabas una gorrita roja que te quedaba como un guante. Tú me miraste a mí primero. Lo juraría. Ojos-cielo-boca. Recorrido imperfecto, pero agradable. Yo te hubiera hecho feliz de otra manera, de veras. Pero la felicidad no se discute. Me sentía afortunado de estar, simplemente. Muy afortunado. Era el único que sabía que bailaba frente a una mujer especial. Y estaba demasiado ocupado disfrutando de mi fortuna.

Sentí algo parecido hace días, mientras viajaba en el metro. En el asiento de enfrente una mujer troceaba una de esas banderitas con las que las heladerías decoran las bolas de vainilla y chocolate. Después unió los trozos según quiso, siguiendo algún patrón secreto, que sólo ella conocía. Yo me sentí afortunado de compartir, sin su permiso, aquella escena maravillosa.

En el asiento de su lado, un chico que debía ser su novio, la miraba impasible. Yo me sentí afortunado de nuevo. Porque fue agradable sentir lo que sentí sin que él fuera capaz, siquiera, de comprenderlo. No pensé volver a verla. Al menos así, con una gorrita roja y pensando en recorridos imperfectos, pero agradables. Tú me miraste a mí primero. Lo juraría.

 The space between us (www.chromasia.com) Copyright
 
Suicidio colectivo

La vida tiene momentos en los que te planteas cosas estúpidas. Hoy me he subido en el autobús y conducía una mujer. No es anormal que una mujer conduzca un autobús, pero es algo que, al menos, no es usual. Y esta casualidad ha hecho que un tonto como yo andara todo el trayecto examinando la conducción de la señorita. Si el conductor del bus hubiera sido un hombre yo me habría aburrido de otra manera. Pero así ha venido. Hoy he tenido un comportamiento machista que me obliga a replantearme mi existencia como jefe de la manada.

Me bajé del autobús y aún era feliz. Pero la vida tiene momentos en los que te planteas cosas estúpidas y, al llegar a la facultad, he sufrido un choque de trenes. Cosas estúpidas. Pongamos que yo era un tren. Ha sido un choque extraño, quirúrgico. El otro tren, un mercancías que iba a Irún, se me ha metido en el estómago y ha estado ahí dentro hasta hace bien poco. No he sido feliz esta tarde. Porque la vida se compone de pequeñas piezas de un complejo rompecabezas y hoy, por la tarde, no encontraba el revés de ninguna de ellas.

Salí de clase, triste. Llamé a mi hermano, triste. Quedé con mi hermano, semitriste. Quedé con más hermanos que no son mi hermano, semicontento. Cené con hermanos, uno de ellos era mi hermano, contento. Desde el sofá acolchado vi como el tren se alejaba de mí, galopando como aquel boxeador nicaragüense del que hablamos una vez. Ahora duerme, pequeño, que mañana será otro día y, al parecer, el destino juega con nosotros según le conviene. Debemos estar preparados para los trenes con mal humor o para las estupideces que inspira el transporte público.

Porque la vida es un conjunto de planetas alineados de tal forma que, cuando uno se cruza en tu horizonte, los otros te persiguen. Y viceversa. Es jodida la vida. A veces te da la mano, a veces te da el pie. A veces te da el pie y la mano. Otras veces no te da ni las gracias, la hija-de-puta. Y no es que me esté planteando el fin de mi amistad con la vida. Pero casi. Que no se pase conmigo, que yo sé como acabar con ella.
  ...No Evil (www.alwaiscurious.com) Copyright
 
Nada

Cuando no sé qué escribir a veces no escribo nada. O me hago el tonto y escribo como otras veces. La gente que se hace el tonto por regla general no me cae bien. Pero las personas que no me caen bien casi siempre son lo suficientemente listas como para hacerse los tontos sin perder un resquicio de credibilidad. Resquicio y credibilidad son palabras que casi nunca se escriben tan cerquita. Cerquita te quiero tener, mientras vuelvo a leer aquel libro de Alexandro Baricco. Seda es un libro precioso. Preciosos son tus ojos. Tus ojos de mujer. De mujer dulcemente conmovida. Dulcemente conmovida por la indecisión de mis palabras. Palabras indecisas porque, cuando no sé que escribir, me hago el tonto y escribo como otras veces. Otras veces no escribo nada.

Nada.

      
 
Será el amor

(No sé qué es el amor, pero yo lo nombro contínuamente porque me han hablado muy bien de él. Si respiro digo "será el amor". Si me pica un huevo: será el amor. Si estoy enamorado: será el amor. Bueno no, si estoy enamorado no hablo de temas intrascendente como el amor. Cuando estoy enamorado simplemente respiro y me arrasco los huevos.)

Hace meses que la busco. Hace meses que la encuentro a medias. Y hace meses que me busco a mí mismo y no me encuentro por ningún sitio. Me busco debajo de la cama, encima de la cama, en el armario, en los cajones del armario, debajo de los calcetines que hay esparcidos por el armario, en el armario; no sé si he repetido lo de armario. El caso es que no hay ni rastro de alguien como yo por ningún lado. Ni siquiera un rastrito pequeñito. Nada. Así que he decidido dejar de buscarme. Más bien, dejar de ser alguien que yo no soy.

Hace semanas que te busco. Hace semanas que te encuentro. Hace semanas que me encuentro a mí mismo, incluso. Por cierto, hoy he encontrado un calcetín debajo de la cama, un vello púbico sobre el edredón y un montón de ropa en el armario que no sabía ni que existía. Ahora que sé dónde estoy, he comenzado a tropezarme con historias bastante más interesantes que yo mismo. Un calcetín sudado es profundamente evocador si te concentras, y un pelo tuyo me recuerda que hace tres días era feliz. Y el amor, como la inteligencia, ni se mide, ni se posee, simplemente se disfruta.

Amor. No sé que es el amor, pero hace tres días que te busco. Hace tres días que te encuentro. Que te encuentro sobre mí. Dentro de mí. No sé. Es confuso. Hace tres días que me siento bien. Ni siquiera he pensado en ti. Tengo una enorme confianza en mis posibilidades. Como un boxeador norteamericano que mira a un boxeador nicaragüense. Bueno, parecido. El caso es que tengo miedo. Y no hay palabra mal dicha, sino palabra mal interpretada. Miedo. Piensa en esa palabra. Piensa lo que quieras, y hazlo sin pensar, como hacen las amebas cuando están desconcentradas. Para que tú me entiendas: trata de leerme el pensamiento.

Dice una amiga mía que la vida no se mide por el número de veces que respiras, sino por el número de momentos que te dejan sin aliento. Creo que el miedo viene de ahí. De ese rinconcito. Pero a mí el miedo no me da miedo. El miedo me la suda. Y esta mañana he decidido que me voy a enamorar de ti. Pero no sé qué es el amor, y como el miedo me la suda, estoy acojonado. Me siento como un boxeador nicaragüense que huye despavorido de un boxeador norteamericano. Bueno, siento algo parecido.

A propósito de nada, cuando me leas el pensamiento no trates de comprenderme.

Será el amor.

 
Soy feliz

Soy feliz. Sigo siendo feliz. Tu sexo huele a sexo, mis manos huelen a sexo y cada letra de este sucio teclado huele a sexo. Nuestros ojos emanan complicidad y todo se vuelve tan sencillo que, siendo optimistas, sólo me da miedo. Me miras desde la cama. Te miro, sin mirarte. Te imagino sonriendo, aporreando la guitarra y afinando para no ser menos que Amaia Montero en esa canción que tanto te gusta.

Todo es sencillo porque sigo siendo feliz. Porque aporreas mi guitarra. Porque cantas mejor que Amaia Montero y porque, sin mirarte, sé que me estás sonriendo. Respirar es sencillo en esta habitación embriagada por un hermoso olor a complicidad. Y lo mejor de todo es que he descubierto que me gusta describir mi realidad. Todo es sencillo porque este es el primer post verdadero que escribo en mi blog de mentira.

Ella está en la cama. Seguramente me estará sonriendo.

 
 
HOY (es siempre todavía)

Ayer es hoy. Hoy me he levantado en un cuarto desordenado. Muy desordenado. Me he levantado con el pie derecho y me he tropezado con una zapatilla que estaba en su sitio. Me ha dolido el pie durante todo el día. Hoy no he podido desayunar porque no había pan, pero era la hora de almorzar y ya no pensaba en desayunos. Hoy me he duchado deprisa para bajar a comprar la prensa y en la papelería donde compro el periódico ya no tenían el libro de la colección que estoy siguiendo. Ni siquiera les quedaba el periódico que compro habitualmente, lo que me crea una urticaria salvaje. Aunque no hay nada que más me joda que encontrarme con un libro de menos en una colección de libros, tras una ducha rápida.

(Mi abuela me está llamando para comer)

Hoy mi amigo ha comenzado a escribir en gallego en su blog, lo que crea una ligera distancia entre nosotros. Hoy mi amigo me ha dicho que me va a traducir el texto en gallego que ha escrito en su blog. A él no le gustan las distancias. Hoy he comido bien, he cagado mal y me he marchado con prisas a la facultad. Me he tendido al sol bien, he jugado mal a las cartas y me he marchado aprisa hacia el aula 531. Hoy, en plena clase, ha sonado mi móvil cuando todos los allí presentes éramos capaces de escuchar nuestro propio silencio. Porque hoy he recibido un mensaje en clase de Relaciones Internacionales. Mi tono de móvil para los mensajes se asemeja al mugir de una vaca, así que el descojone general me ha hecho pensar en la muerte.

(Mi abuela está seriamente enfadada por mi ausencia en la mesa)

Hoy he salido de clase bien, me he despedido de los compis de mala manera y casi me tropiezo por las prisas en el trayecto aula 531-coche. He llegado a casa, he salido de casa y te he conocido. Después de conocerte he pensado que no te conocía. Al rato he vuelto a conocerte y en estos momentos no sé si te conozco. Te han encantado las cuevas del Sésamo y a mí me encantan las cuevas del Sésamo contigo. Hoy tengo una amiga más, y un problema menos. Hoy es hoy y me duele el pie. Me sudan las manos, huelo a mono, mi abuela echa humo por las orejas y a mi colección le falta una mierda de libro. Aún me acuerdo (de la madre) de la vaca que hay dentro de mi móvil, pero hoy sé algo más de gallego y creo que te conozco, aunque no tenga el gusto de conocerte.

En resumen: soy feliz. HOY.
 
A pesar de ti

Los dos éramos gaviotas: tu andabas sobre la arena de la playa y dejaste la marca de tus huellas; yo volaba bajo las nubes y ninguna constancia dejé de mi paso. Por eso yo te recuerdo y tu me olvidas...

Martín Casariego

<><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><>

Hoy no he pensado en lavadoras repletas de ropa sucia, ni en tus braguitas colgadas del tendedero. No he pensado en tu cepillo de dientes junto al mío, ni siquiera en mis dientes cerca de los tuyos. Todos sabemos que los dientes están cerca de los labios y que los labios son a veces el único motivo de los besos. De un primer beso inolvidable, pero también de todos esos besos que terminan por hacer de los besos una excusa. Pero hoy no he pensado en nada relacionado con bocas asilvestradas. Simplemente quiero ir muy despacio, casi con movimientos imperceptibles, porque sé que ese es el ritmo que nos hará ir deprisa.

De hecho, hoy no pensaba escribir nada. Sapito está tranquilo y ni siquiera él tiene dudas que puedan ser resueltas con palabras que hoy no había pensado escribir. Porque hoy no he pensado en problemas sin resolver, ni en soluciones resueltas con nuevos problemas, ni en nuevos problemas sin solución, ni en el etcétera que ciertas enumeraciones se merecen. De hecho, creo que nunca pienso en problemas, lo que es un gran problema, pero lejos de autocomplacerme, no encuentro el motivo para empezar a hacerlo hoy. Hablando de motivos; eres el motivo perfecto para que un día, si yo me levantara con ganas, no pensara en otra cosa más que en quererte.

A pesar de ti.
 
Hoy no me encuentro muy católico

La Divina Voluntad es lo más importante en estos momentos. No te preocupes por nada más, Sapito. Un Papa debe ejercer de transmisor de las voluntades divinas, así como los cuerpos transmiten otro tipo de voluntades. Y ahora que conviven innumerables especulaciones sobre qué personaje disfrutará de tan divino protagonismo sólo debería rondarnos una pregunta: ¿Si Dios es es el típico que todo lo sabe, por qué el mundo especula con su voluntad?

La respuesta se debe buscar lejos del conductismo básico que organiza la vida cristiana, porque para el verdadero creyente las causas nunca se discuten y, para las realidades verdaderas, los efectos de la Divina Voluntad casi siempre alcanzan una relevancia que no merecen. De hecho, Dios aún no se ha pronunciado en temas tan concurridos como el preservativo o la legalidad de una guerra, y dudo mucho de que se preocupe en demasía por el Plan Hidrológico Nacional.

Pero la figura del intermediario Cielo-Tierra seguirá existiendo, a pesar de que a veces desemboca en figuras tan contradictorias como la de un Papa que revolucionó la Iglesia Católica. ¡Recórcholis! Es como si el Creador no tuviera las cosas demasiado claras y de la noche a la mañana se hubiera planteado su propia autoridad. Por lo demás todo bien; gracias por preguntar, cielito mío.

(Si llueve en Sevilla el miércoles santo es porque Dios quiere y santas pascuas; Amén)