logotipo

img_google
 
Conferencia Equispocal

El Dios que yo concibo usa preservativo y disfruta del sexo. El Dios que yo concibo aún no se ha manifestado contra el aborto, ve Gran Hermano y es fan de Joaquín Sabina. El Dios que yo concibo no sabe qué son las células madre, pero permite que la ciencia médica avance con total normalidad, entre otras cosas, para salvar vidas. El Dios que yo concibo no es gay, pero tiene muchos amiguetes homosexuales y ha confirmado ya su asistencia a 763 bodas civiles para el próximo año. El Dios que yo concibo no traga a Rouco Varela, odia la Semana Santa y admira el cine de Almodovar. El Dios que yo concibo prefiere la felicidad del niño, por encima de cualquier definición de 'familia tradicional'. El Dios que yo concibo prefiere divorcio a presidio sacramental; el Dios que yo concibo, para más inri, está divorciado, tiene tres hijos y vive de un negocio familiar de chapa y pintura. El Dios que yo concibo está seriamente preocupado por su soberbia, por su pereza, por su falta de justicia. El Dios que yo concibo fuma porros, bebe cerveza y pasa de ir a misa. De hecho, el Dios que yo concibo no cree en sí mismo y, por mucho que le cueste, terminará perdonándome que, desde el respeto, yo tampoco crea en él.

...el Estrecho de Gibraltar, desde el Cielo...
 
Monarquía parlamentaria

Mi primer amor real fue Amelie Poulain (mi primer desamor fue Audrey Hepburn en Desayuno con Diamantes, pero esa es otra historia). Con el tiempo aterrizaron otras mujeres tan reales como ella, pero jamás se acercaron a la intensidad de aquel sentimiento. Desde Campanilla a la Princesa Prometida, pasando de todas todas por la rosada madre de Dumbo. Algo después desembocaron en mí amores irreales, romances de fantasía que no llegaron a interesarme del todo. Ni siquiera Penélope Cruz en Jamón-Jamón o Ana Belén en La pasión turca, me conmovieron como Amelie. Luego estás , por supuesto; aunque creo que no deberíamos subirnos a ese barco. Ya sé que es de acero, pero con este frío cualquier iceberg podría dañar el casco y terminar por hundirlo en pleno Atlántico. Yo no me arriesgaría, la verdad. Porque soy el rey del mundo y un monarca se muere en su cama, no románticamente congelado.
...el rey del mundo debería disponer de una reina como tú, tururú...
 
Carpe Diem

Esta carta es para mí. Porque tarde o temprano terminaré arrepintiéndome de no haberte dicho más veces lo mucho que te quiero. Un lunes cualquiera me levantaré para nada en especial, o simplemente para olvidarte. Para ser algo más, después de ti. El día llegará, el motivo, tal vez, aún no exista. Ya sabes, la pasión dará paso al cariño, y la ternura se transformará en respeto con el tiempo. Tú confía en mí; porque yo sé que el respeto no es lo mejor para nosotros. Yo no quiero respetarte; yo deseo intensamente hacerte sufrir por amor, por celos, por todos esos sentimientos cabrones que dan lumbre a la vida.

A veces doy asco, me doy asco, y soy asquerosamente feliz. Aunque siento profundamente no haber encontrado unas palabras más sutiles para decir como te quiero. Esas palabras son ceniza, ese romanticismo no me complace. De hecho, a veces me da por pensar que el poema que te enamoraría de forma definitiva estaba en la Biblioteca de Alejandría. ¡La Biblioteca de Alejandría, qué lugar para encomendarnos al tercer pecado capital, princesita!. Para mancharlo todo de ese olor a sexo que tanto nos gusta. Porque yo te quiero a mi manera, y a mi manera te necesito.

Te quiero, te quiero y te quiero (por si acaso). Porque no te lo digo lo suficiente y, tarde o temprano, me arrepentiré. Y es que un domingo de resaca, quizá, dejarás de ser perfecta, y encontraré entonces el momento. Te devolveré tus superpoderes y, en algún lugar del Universo, brotarán aquellas estrellas que alguna vez fueron nuestras. Pero tú tranquila, bebe mucha agua, come mucha piña y evacúa con frecuencia. Déjate querer y no esperes menos de lo que mereces. Sé feliz como te dé la gana, fuera o dentro de nuestra burbuja. Llora, confiesa, disfruta, sufre, sueña, vuela, sonríe, padece, salta, siente. Vive. Porque te quiero. Y porque, si alguna vez dejo de amarte, irremediablemente, serás la primera en saberlo.

...el día llegará; el motivo, quizá, aún no exista...
 
Distancia

Si me dieran a elegir entre tú y el mundo, elegiría el mundo. Lo tengo claroscuro. Pero no te lo tomes a mal, simplemente es que no me servirías para nada sin mundo. Y en Marte amanece, vale, pero no se puede estar, ya lo sabes, de puro calor. Aunque a mí lo que me gustaría de verdad es que lloviera, para que al salir de casa hubiera charcos en la calle. Desde siempre me ha gustado nadar en los charcos. De hecho, aprendí a bucear en un charco pequeñito, pero matón. Cagoentó, por mucho que canto no llueve. Y tu sigues triste por nada.

Ya sé que es difícil, princesita. Porque sólo si lloviera y hubiera charcos podríamos navegar hasta bebernos algún mar exótico. ¿Sabes que existen mares de todos los colores? El mar Negro, el Rojo, el Blanco, el Amarillo. También hay uno que se llama Mar de Verdes Colinas, que debe ser como el mar Verde, pero con colinas. Me gustaría llevarte algún día, para que hiciéramos alpinismo juntos. Y es que si lloviera todo sería más sencillo. Podríamos llorar, sudar, orinar y eyacular sin límite. Podríamos ser felices y evaporarnos. O compartir algún proceso de sublimación. Si lloviera, incluso, aprenderíamos a ser líquidos y podríamos formar, si quisiéramos, un único cubito de hielo. Aunque en plena sequía, por variar, te da por la sed. Y ya sé que te pones muy triste cuando no bebes. Y te entiendo, de veras. Pero hasta que llueva, por favor, no te me ahogues en una gota de agua.

...imagina que somos dos gotitas de agua que tras un encuentro casual, ¡zas!, son una sola gotita de agua...
 
Ludopatía

Ludopatía
 
Estrellitas

Sí, estoy enfadado. Y no es una tontería. Ya repartimos las estrellas el viernes; no sé por qué vienes ahora con eso de que estás triste. Para ti las brillantes, para mí las apagaditas. Y todos contentos. Prometo no quedarme con las tuyas, aunque una noche de estas, por la luna llena o por la resaca, brillen poco y tal. Las brillantes son para ti, te lo prometo. Tú tranquila, que yo soy el superhéroe que vuela. Te salvo cuando prefieras, y nos vamos al Tíbet a desayunar. Tú me quieres, no te quejes, que ese también es un superpoder estupendo. Aunque es jodido repartirnos el cielo sin pensar en los astronautas. Pero nosotros somos asín, y asín nos entendemos.

Yo lo vi claro el otro día, cuando me bajé del autobús después de un viaje extraño, pensando cosas extrañas. Estaba feliz, había sobrevivido al microclima polar del bus, y andaba pensando en nosotros (o en algo parecido). Según me alejaba de la dársena, yendo hacia el metro, pensé en los cuatro viajes que me quedaban en el bonometro. ¿Y el bonometro? Después de una semana de turismo por la Luna, metí la mano en el bolsillo trasero de mi pantalón pirata, y allí estaba. Fue entonces, justo entonces, cuando lo comprendí. Cariño, no estés triste, todo está en su sitio.

Aunque lo de las estrellas me tiene enfadado ¡Ala, no respiro!
 
Cavernícola

A pesar de ser tan valiente, ¡cáspitas!, tengo miedo de casi todo, y lo único que deseo en este momento es seguir disfrutando de nuestro amanecer en Marte. Marte es un planeta estupendo para nosotros. No lo digo yo, lo dicen los astros. Y ya sé que Zidane es un astro, y que hace tiempo que no hablo con él de temas serios, pero entiéndeme, yo no me refiero a las galaxias humanamente entendibles cuando eres tú mi referencia. Sólo necesito un punto de apoyo. Como mucho, dos puntos de apoyo. Y no, no estoy drogado. Ni te miento. Cuando tengo tiempo, siempre digo la verdad; ya lo sabes. Sencillamente, es difícil de explicar... Es como si viera consumirse la llama que me alimenta. Pero no como la mira el pirómano que se muere de placer. La observo temeroso, como el cavernícola que se muere de frío.

Cuando quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla (Paulo Coelho)
 
Viernes, víspera de obscena manifestación

“Irritóse tanto [Augusto] al principio contra un tal Corocotta, bandolero español muy poderoso, que hizo pregonar una recompensa de 200.000 sestercios a quien lo apresase; pero más tarde, como se le presentó espontáneamente, no sólo no le hizo ningún daño, sino que encima le regaló aquella suma” (Dión Casio. Historia Romana LIII, 43, 3).

Un romántico, pongamos que se llama Corocotta. Digamos que es un señor de Cantabria que está hasta los mismísimos de que el ejército de Augusto trate por todos los medios de robarle la tierra, la cultura y las ganas. Pongamos que Augusto, hasta los mismísimos del cántabro, pone precio por su cabeza, 200.000 sestercios, una pasta. Dos románticos: Corocotta se presenta ante Augusto para cobrar la multa de su presencia y el romano acepta dichoso la victoria moral del enemigo del oeste, le da los 200.000 sestercios y quedan, digo yo, para tomarse unas copichuelas.

La brutalidad humana ha perdido romanticismo. Basta con una mañana de ciberviaje para darte cuenta. Y es que hasta ayer mismo comparaba a Bush con Atila y me quedaba tranquilo: "las cosas no van tan mal". Pero sorprende la facilidad con la que un click lo manda todo al garete. Porque la conocida y temible historia del rey de los Hunos asume matices varios tras un memorable tropiezo en la red. Este señor, al parecer, era una persona estudiosa, educada en la cultura latina y griega. En sus banquetes recitaba poesía y sus sistemas de ocupación solían ser pacíficos (a cambio de fuertes tributos).

Jode que Bush siga buscando sus matices. No se encuentra la humanidad por ningún rinconcito. Y yo a lo mío... Allá por el 25 de febrero del año 1500, las élites de la época andaban celebrando una recepción palaciega en la ciudad belga de Gante. Después del primer Gin Tonic, su anfitriona, Juana de Castilla (Juana la loca), sufrió una indisposición y se retiró al cuarto de baño. Los problemas son de fácil solución cuando se tiene interés; la buena señora dio a luz rápidamente y sin ninguna ayuda allí, en Gante, en el baño de un rey tontorrón y regordete. Y sí, de esta manera tan poco elegante acababa de venir al mundo Carlos I, futuro emperador de España.

Tiempo después, lo 'americano' se extendió masivamente por el mundo a través de los planes de reconstrucción de Europa, tras la II Guerra Mundial. El plan Marshall ansiaba mercados, demandantes de cultura y valores tan estadounidenses como el Cañón del Colorado. Menudos sabuesos. Pero es de valorar ese profundo amor que tienen los Yankis por el negocio. Podrían despellejar a la abuela del pueblo por un buen balance de beneficios. Y es que tienen vista los hijos de su madre: En el año 1626 Pieter Minuit compró Manhattan a los indios Lenape a cambio de distintos objetos (ropa, ollas, arpas de boca, etc.) por valor de sesenta guilders, veinticuatro dólares de la época. Habría que preguntar donde se meten los Lenape en la actualidad. Seguramente habrán cambiado al negociador de la tribu.

EEUU, Irak, Sudán, Afganistán, Israel, El Vaticano, Euskadi, Madrid, Barcelona, derecha, izquierda, Gobierno, oposición, Al Queda, ETA, Microsoft... Basta con ver la tele un ratito pequeñín para darte cuenta de que los que mandan no tienen corazón. Aquellos que tienen poder de decisión, por pequeño que éste sea, han perdido su capacidad para ser creativos y conciliadores. Vaya: cuando Adolf Hitler impuso a los judíos daneses que llevasen un brazalete identificativo con la estrella de David, la mayoría de los ciudadanos se rebelaron ante esta enérgica orden. A ellos se unió el propio rey, Cristian X, que pronunció las siguientes palabras: "Yo soy el primer judío de mi país". Y qué añoranza de tiempos mejores...

Bendita mañana. Por Corocotta, por el recuerdo, por la esperanza.
 
Rompeolas

Para empezar, me tranquilizaría que fueras Catwoman. Y es que me da miedo imaginarte sola entre las olas. Me da cague, en serio, y así te imagino yo cuando me dices que no pasa nada. Equilicuá, no quiero ser el super-hombre más guapo del mundo, princesita, por muchas babas que se derramen por entre tus labios. Tampoco quiero empezar a entenderte con una simple mirada. En fin, se podría decir que no quiero que encuentres siempre el calcetín que me falta. Ni quiero que llores cuando la peli termina bien, en ese instante, justo en ese instante, en el que a mí me gusta llorar. No me gustaría que comenzaras a adivinarme el pensamiento, simplemente, para pensar por mí. De hecho, sería una pena que aprendieras a hacerme reír con un suspiro preciso o con una caricia certera, porque la vida sería sencilla a partir de entonces. Sería sencilla para mí. Y yo deseo sentirme débil, terriblemente débil. Amor mío, es triste parecerse a Clark Gable, de veras. Porque, a pesar del trabajo que te quitan los superpoderes, yo no quiero sentirme capaz de hacerte daño.

...y es que me da miedo imaginarte sola entre las olas...
 
Muerte

Ella empezó a recibir cartas de un extraño justo después de que sintiera un profundo malestar con la vida. Y esas cartas la empujaron a reconciliarse con las cosas sencillas, a partir de entonces. Cuando caminaba por la calle no hacía otra cosa más que observar a su alrededor, para descubrir en el mínimo gesto un indicio que desenmascarara a su Cyrano. Se arreglaba para él. Vivía para él. Gracias al beneficio de la duda, pasaron por su cama el frutero, el panadero, el repartidor de pizzas, el cartero de correos, el equipo de fútbol del barrio y el fantasma del 5º. Pero cuando murió su marido la correspondencia cesó, y ella no quiso comprender. Y no es que dejara de vivir a su manera, simplemente, comenzó a morir desde ese instante.
 
Jodida, pero contenta

8.26 de la mañana, Madrid.

Desorden. Miedo a la resaca de esta tarde. Una abuela durmiendo en la habitación de al lado. Es curioso, hoy no ronca. Pues eso, una abuela que no ronca durmiendo en la habitación de al lado. Dolor de espalda. Dolor de pies. Dolor de cabeza. Un examen hecho mal y una noche de reggaetón para celebrarlo. ¿Por qué a la gente le gusta el reggaetón si provoca dolor de cabeza, pies y espalda? Ganas de. Sin. Un profundo sentimiento de culpa. Sudores varios. Picores varios. Ardores varios. Tengo sueño. Tienes sueño. Yo borracho, tú madrugadora. Yo contigo, tú sin mí. La guitarra desafinada. La cama deshecha. Las ilusiones durmiendo. Tus cartas de amor en el buzón del vecino. El vecino con brillo en la mirada. El vecino con mi brillo en su mirada. He pensado en ti a las 4.56. Te he olvidado a las 5.37. Me tengo que levantar dentro de tres horas. Dale-Dale-Don-Dale. Y soy feliz.

Con dos cojones.

Un tío feliz, con frío, pero feliz... Los atardeceres son demasiados bonitos como para ponerse a pensar en cosas como la infelicidad. La infelicidad es no saber que aquel momento de indiferencia fue la mejor manifestación de la intensidad del tiempo y de las cosas. Lo mejor está por venir. Hasta entonces, un lujo no haberte conocido. Todavía.
 
Un secreto

El examen de Economía bien, gracias. Pero a mí me importas tú, tururú. Y se me hace imposible no analizar tu coyuntura, la tuya; ya ves, mi demanda interna sube como la espuma mientras los keynesianos se sientan a ver lo que pasa. Y el PIB se estabiliza y el desfase se antoja caníbal, pero me la suda. De hecho, nunca he producido demasiado deprisa; así, lentito, a mi manera. Mientras la Formación Bruta de Capital equilibra la Balanza Básica, mientras nuestro mercado pierde competitividad y la inflación agota cualquier política expansiva. Mientras convergen nuestras monedas y la economía se recalienta.

Un secreto: hoy he leído por ahí que

si rompes las farolas,

se encienden las estrellas.