Sexo seguro
1
Estoy en el paro. Estoy en un hospital. Estoy muriéndome. Estoy excitado, empalmado. Estoy entrando en tu habitación. Estoy viendo tu cuerpo desnudo. Estoy tocando tus pechos. Estoy lamiendo tus labios. Estoy oliendo tu coño. Estoy golpeándote. Estoy disfrutando. Estoy loco por ti. Estoy penetrándote, tu boca, tu sexo, tu ano. Estoy escuchando tu respiración entrecortada. Estoy balanceando mi cuerpo sobre el tuyo. Estoy eyaculando dentro de ti.
2
Estoy de baja. Estoy en un hospital. Estoy recuperándome. Estoy tranquila, impasible. Estoy tumbada en mi cama. Estoy desnuda. Estoy olvidándome de todo. Estoy lubricando a duras penas. Estoy siendo penetrada, boca, sexo, ano, boca, ano, sexo, ano. Estoy sangrando. Estoy presente. Estoy ovulando, fértil. Estoy quedándome embarazada. Estoy inmóvil, tranquila, impasible. Estoy muriéndome de SIDA (desde hace trece minutos). Estoy de baja, en un hospital. Estoy en coma.
Poética
Tengo un blog. No escribo. No leo. Te quiero. Comenzamos. La literatura no es útil, ya lo has dicho tú. No hace falta que te explique nada más. Cerramos contigo. Abrimos contigo. Me gustas cuando te pones tonta y, por cambiar de tema, me gustas también cuando te pones tonta; incluso cuando te pones lista y me dices tonterías. Aunque me da miedo que seas tú y que me gustes precisamente por eso (porque eres tú y me gustas precisamente por eso). Pero es un temor redundante, porque eres tú y siempre serás tú; aunque tú no quieras. Y a mí ese miedo me da miedo. Por eso te escribo para nada. Por eso la literatura no es útil. Mas el temor suena en cada palabra, y se convierte en una parte de ti que está conmigo. Eso es la literatura. Y por eso la literatura es útil. Y por eso yo me contradigo.
Método científico I
Teoría:
Porque a mí me gusta comparar, y en comparaciones me derrito. En resumen, que me gusta sentirme Dios y no morir en el intento. Que me pierde crearte con un (gratis pre dei). Porque yo, cuando me siento Dios, siempre pienso en ti; como piensa el pato en la pata, o tu boca en mis entrañas. Porque me piensas con la boca, que yo lo sé, y lo siento muy dentro; como si, siendo Dios, no hubiera otra cosa más en el mundo que el mundo en el que tú me olvidas.

Mordisco
Vaya, ya soy bueno otra vez. Porque es difícil ser malo siempre, y yo paso de complicaciones. Total, para las noches que nos quedan prefiero morderte la oreja. Está requetechachi darte bocaditos en la oreja, bueno, bocaditos en general, pero en la oreja sé que te gusta especialmente. No sé, es genial quedarnos juntitos, sin mirarnos, sin tocarnos, sin olernos, sin saborear cada segundo, a sabiendas de que somos afortunados. Y lo mejor es cuando el mundo se detiene y nos quedamos solos. Es entonces, justo en ese instante, cuando casualmente comprobamos que nuestras vidas dependen de un mordisco.

Ironía
Andrea, mujer, si tú me pides un post yo te lo hago. Pero tu teoría se cumple si yo te lo escribo. Y me jode. Me dices: "tu problema es que siempre intentas quedar demasiado bien con todo el mundo". Y yo me digo, ojalá todos mis problemas sean como ese. En serio, yo creo que lo tuyo es bastante peor, porque intentas ser desagradable, y lo consigues. Pero ser malo es sencillo; se puede ser malo de muchas maneras, con gusto incluso. Sin embargo, ser estupendísimo cuesta una barbaridad; sin faltar a nadie, esperando a que tú te corras, siendo amable porque sí, siendo sincero porque también. Soy bueno cuando me sale de la polla, para que tú me entiendas. En otras palabras, que si quieres un post se lo pides a otro, que yo soy de lo peor.
Ultrasónica miente
Sentimentaloide me lo dices en la calle. Ahora soy un ornitorrinco enfadado, y te vas a enterar. Porque mi cuarta víctima está reposando en la bañera, en mil pedazos, y mi meta ahora es el infierno. Mi vida a partir de este preciso momento va a girar en torno a los malos espíritus; en torno a los buenos pecados, que son muchos, gordita. Voy a follar más, voy a querer menos y voy a hacerte daño mientras pueda. Intentaré abrirte los ojos a martillazos, para que me veas en tonos bermellones mientras te destrozo el cuello del útero con el palo de la fregona. Y justo antes de que mueras desangrada entre mis brazos, destripada y contenta, te diré lo mucho que te quiero. Y me perdonarás. Y seremos felices de nuevo.

Llevo triste unos días. Jamás debí comparar a un keniata con una ameba. En principio me dije: "pobre keniata". Pero claro, las amebas también tienen sentimientos y yo, desde que soy un ciliado, siempre me pongo en el lugar del protozoo. Porque soy un ser empático. Un ente con empatía; un organismo que te comería a besos aunque fueras un carbohidrato, la tabla del 9 o alguien más que no me quiere.
Si deseas hacerme feliz manda A LA MIERDA al 4453
Atentamente, tu peor peladilla.

Miedo
Es triste nacer keniata o ameba. Por contra, convertirse en un ciliado tras nacer equinodermo o buzón de correos, se diagnostica como enfermedad en la consulta de Paco, un protozoo con cilios obscenamente apetecibles. Perdonen, ya vuelvo; la zoología me alivia la resaca y cada uno se automedica como puede; compréndanlo, de sapiens a sapiens. Mas no estoy triste, simplemente evito con fantasía cualquier intento de huida. De fuga hacia delante. Porque me dan miedo el tiempo, las mujeres que perdonan, y usted. Pasa la vida, y me enfrento al cansancio, a la apatía. Y aún espero conocerme en un lugar más apropiado, para hablarme de tú sin faltarme al respeto. Para enfrentame con deshonrosa valentía al sexo sin amor, o al amor sin sexo.

Te echo de menos, para que tú me entiendas
No sé quién soy. Es cierto. Y es una conclusión que jode, hasta ahí todos de acuerdo. Pero me quiero; me quiero muchísimo. Y compensa. Como me compensa amarte de mil maneras distintas. Porque el éxito es inverosímil y lo inverosímil va conmigo. De hecho, a veces releo mi blog y me siento dichoso de escribir para lectores como yo. Es así; hace días se lo comentaba a una amiga, y ella me miró con ojos gilipollescos, como miran los débiles a los que, como yo, siempre encuentran un motivo. O como Morgan Freeman que, al ser preguntado por cómo se las apañaba para interpretar su propia muerte, anduvo fino al responder: "muy sencillo, me muero". Y lo dijo con ojos tristes, como esos con los que miran los canallas que se han muerto muchas veces.
Ya he escrito un párrafo y sólo he sacado una conclusión sobre mí mismo: no me gustan las conclusiones sobre mí mismo. Prefiero hablar de ti, aunque yo sea el único que desee hablar conmigo. Y es que necesito confesarme que te quiero comer a besos; o mejor, que deseo comerte, a secas; para ver a qué sabes por dentro. Porque, por tu color, debes tener un corazón hermoso y manejable. Quiero comerte, repito. Para así, románticamente, devorarte mientras me miras con ojos caníbales, como miran las mujeres perfectas que entienden mis metáforas a la primera.






