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Balance
1

Después de veintitrés años viviendo aquí, he decidido que estoy dabuten en la Tierra y que no debo ir a ningún otro planeta. Aunque sea un moco o una gallina desplumada, la Tierra está genial. En la Tierra se puede beber cerveza hasta mearte encima, puedes esnifar pegamento o follar sin condón. Puedes escupir a la vecina desde la azotea y esconderte como hacen los valientes-entes-entes. Incluso puedes asesinar a tu abuela si se pasa con la sal, o ganar un concurso de cantores gracias a una macro-psicosis-pseudo-nacionalista.

2

He hecho balance terrícola. Te diré:

Tú eres notario y no demasiado gilipollas; te paseas en un Mercedes en el que cabe el culo de tu hermosa mujer siliconada. Tienes choza en La Moraleja, chucho de los que babean con gusto, y una sirvienta que te la chupa por placer. Tú eres rico, atractivo, limpio y simpático. Tú.

Yo soy feliz. Yo.

A joderse.
 
Por eso

Todo empezó con un beso tuyo. Después vinieron el viento, las aguas, los cirros, el caracol, la rueda, las algas, los mosquitos de las algas y el orujo. El guacamole, la amapola, el papel de aluminio, el antes y el después vinieron después, insisto. Se fueron encadenando, una detrás de la otra, todas las creaciones. Había negros, esquimales, y un gallego. La Luna, el sol y el sofá rojo de tu casa andaban por allí, usando los codos. Tus pies, el color y la fotografía aguardaban al final del pasillo, junto con la nostalgia y el desamparo. El elefante se llamó elefante. El tricornio, tricornio. Pasó el tiempo, y le llamaron tiempo. Pasaron las horas, y llegaste tú a recoger tu beso. Y por eso estamos los dos juntos, en el interior esponjoso de una burbuja púrpura que desde fuera se ve verde limón, o rosa chicle. Por eso naciste tú. Y por eso moriré yo

de tu mano.

Todo empezó con un beso tuyo
 
Memoria de pez

Me encanta el amor de los demás. Me gusta querer, pero no me compares. Primus inter pares; pour toi, if you want. Quiéreme y te haré feliz. Te lo prometo. Ya lo decía Milan Kundera: el amor más puro es el que se siente hacia un animal, pongamos un perro. A tu perrito le tienes un cariño especial sin pedir nada a cambio. Le quieres, y punto. Aunque él se pase el día olisqueando a la perrita de tu puta madre. En resumen: piensa que soy tu pez; que me quieres sin pensar en lo que yo dejo de quererte, que me amas locamente a pesar de mi disfunción en la memoria reciente. No necesito nada más. Eh. Lo que te decía. Te decía. Qué te decía. Hola encanto; perdona, ¿cuál es tu nombre?. Bonita camisa. No te enfades, mujer. ¿Ya te vas? No entiendo nada.

Joder.

http://www.pbase.com/nickviv/image/34909689
 
23

Hoy es mi cumpleaños. El que no me felicite que se olvide de follar hasta diciembre del 2017.
 
Suspiro, y

Mi suspiro te delata. Y suspiras. Y me descubres. Y compartimos un instante en el que todo es comprensible. Luego, simplemente, jugamos a que tú me muerdes un dedo, cualquiera. Yo te miro, examinando tu trabajo, y aprobándote con la mirada. Muy bien, eres preciosa, te digo. No es fácil hablar con las pupilas. Pero tú me comprendes; y sonríes. Y me besas. Te beso. Es una rueda, que conforma un ciclo. Normalmente un suspiro, tuyo o mío, comienza el baile. Después un beso, una sonrisa; y el tiempo, y el silencio, y un suspiro tuyo que me delata. Y suspiro. Y te descubro. Y te muerdo el dedo. Y me apruebas con las mirada. Te quiero,

me dices.
 
Los puntos suspensivos

Hace días estuve en Lourdes (Francia), una de las cunas del mercantilismo universal, junto con Nueva York o Arteixo. Me levanté católico, oye tú, y como ateo practicante que soy, encontré el lugar conmovedor; a grandes rasgos. La gente va a Lourdes predispuesta a adorar la imagen a escala de una Virgen; de hecho, todos se derriten con la Virgen; la miran como si fuera una Virgen o algo por el estilo. Y me digo yo a mí mismo: ¿con predisposición de buenos cristianos, podrían soportar que a la buena mujer en algún preciso momento de la peregrinación le diera por aparecer?

-Anda, mira, ya ha llegado.
-Ya era hora, virgencita.


Improbable. Más bien saldrían corriendo, muertos de fe; y cagados de miedo. Por contra, Lourdes me escupió a la cara una conclusión concluyente, se entiende. Debemos aprender a convivir con las cosas que son para-toda-la-vida. Sin remedio, con dos cojones. El primer amor, el Mirador de San Nicolás (sin ti), Audrey Hepburn, el horóscopo, los Beatles, el vecino de abajo, 'Recuerdo de Cullera', la rumba, el Real Madrid, el olor de tus manos, Seda, las patatas fritas, el tango, Milan Kundera, la vida, el color de los ojos, Julia, Noelia, el fracaso, las ganas, Amelie, el Rock & Roll, la pesadumbre, el tiempo, las estrellas, los superpoderes, Sabina, la cerveza, el Cerro de San Jorge (contigo), la hipoteca, el último amor, tu sonrisa,

y los puntos suspensivos.

tu sonrisa
 
Viceversa, etc.

Cómo explicarte con palabras,
etcétera.

Ahora que...
                    ...y demás.

Y eso
y tal.

Tú,
yo.

Y viceversa.
 

Alguien juega a los dados y no es dios. A la mesa se sientan un oso, un gato, un pollo, un canario, un robot... y un perrillo que son dos ojos fijos en papel de revelar. Hagan sus apuestas. Uno y seis echan a rodar las mentiras. Cuatro es el jodido pasado. Dos, el futuro comprado a golpe de talonario. Tres, las ganas que tengo de morir. Cinco, los dedos de tu mano.

La Oruga, 5 de septiembre de 2005.
 
Importancia relativa

1

-Tienes el culo frío -dijo ella.
-Y tú la mano caliente -contestó él.


Y fueron felices toda la vida, cabalgando sobre un equilibrio que no les pertenecía. El tiempo para ellos se redujo a la somera comprobación de sus temperaturas, eligiendo a cada momento el calor o el frío, la lluvia o el algodón de azúcar. Nada llegó a ser jamás más importante que ellos mismos, dos homo sapiens como tú y como yo. Nunca supieron que estaban equivocados. Pero fueron felices, repito, toda la vida.

2

Tiempo atrás, en el mismo lugar, gritaban desde el balcón de Bartolo los pregoneros de las aburridas fiestas patronales. Era año de lluvias, aunque no lloviera. La lluvia a veces no es importante. El alcalde lo sabía, y se dirigió a la multitud con frases estúpidas de alcalde que sabe que la lluvia a veces no tiene importancia.

-La lluvia no tiene importancia -espetó.

Todos gritaron y fueron felices por un tiempo. Era el turno de Bartolo, sordomudo de nacimiento, que conocía con exactitud la importancia de las lluvias, aunque no habló como hablan los sordomudos que son conscientes de que el silencio es a veces lo más importante. Tras una vida sin abrir la boca, Bartolo escupió veloz su primera oración compuesta.

-Yo soy mudo, aunque si quisiera hablaría perfectamente -comentó a sabiendas de que nadie le creería.

Nadie le creyó.

Inmediatamente después se puso a llover, pero la lluvia ya no era importante. Aquél año todos eligieron el agodón de azúcar. Todos menos Bartolo, que bajo la lluvia se ligó a la Amparo ese mismo día. La Amparo era una mujer regordeta, famosa por tener las tetas gordas y las manos calentitas.

Y fueron felices, repito, toda la vida.
 
Pseudos

Pide un deseo. Respira. Continúa. Debo despedirme de alguna manera. En otras palabras, escribo este mensaje para que tú lo leas. Desde hace algún tiempo no encuentro una forma mejor para decirte las cosas, y en algún rincón de mi corazoncito necesito explicarme con pelos y señales. Sé que puede parecer egoísta alguno de mis sentimientos, pero añoro los tiempos en los que me parecías irresistible, única, mía. Anteayer, mismamente. Y es que hace 24 horas que sé que alguien ha ocupado 'mi lugar' este verano, y hay pesadumbre en las diez letras que escriben p-e-s-a-d-u-m-b-r-e. De repente, Madrid está lejos de todo. De pronto, un sábado de septiembre ha perdido su hermosura. Aquél atardecer en Conil, o mi semen sobre tus caderas, han pasado a ser un recuerdo simple y redundante. Aunque, por momentos, eres más importante de lo que piensas, y menos importante de lo que necesito. Y yo aquí sólo, escribiéndote a medias, sin que el tiempo encuentre su lugar merecido, mi merecida respuesta, o la importancia que te mereces.

Continúa. Respira. Pide un deseo.

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V.O.

Me gustas cuando callas porque sé que estás presente. E intento controlar este estúpido silencio, pues comprendo tu silencio, y tu silencio es parte del mío. Es sólo un silencio, para que tú me entiendas. A veces te oigo respirar y el silencio se convierte en una respiración tuya, que se transforma irremediablemente en una parte de mi respiración. Respiramos del mismo aire, literal. Incluso mis alveolos te tocan, y acariciarte con mis alveolos me parece irresistible. Eso ocurre justo antes de que yo pierda el aliento. Comienza a faltarme ese aire que compartíamos, y me muero a medias. Y tú callada; y yo feliz, asfixiado, purpúreo. Purpúreo con matices, se entiende. Y tú respirando sencilla y delicada, mariposa de sueño, te pareces a mi alma; a mi alma y a la palabra corpúsculo. Que es una palabra esdrújula y simpática; como tú eres, tontorrona. Y entonces vuelvo a respirar sencillo y delicado, mariposo de sueño, me parezco a tu alma. Y soy de nuevo capaz de escuchar las palabras que me debes, las palabras que nos debemos; a sabiendas de que mi muerte es una parte de tu muerte. De nuestra muerte compartida. De nuestro silencio.