Sintaxis
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Déjate llevar, dijo. Y de repente quise borrar de mi hipocampo todos los afluentes del Guadalquivir para memorizar aquélla oración predicativa. Dos verbos que formaban una unidad: una perífrasis verbal con su verbo auxiliar y con su verbo principal en infinitivo (el verbo principal, casualmente, siempre está en infinitivo); una perífrasis verbal, como comentaba, que venía a aconsejarme que me dejara llevar o algo por el estilo. Dé-ja-te-lle-var, en un castellano que sonaba y suena como el mío. Porque desde aquél instante llevo ese sistema verbal clavado en el sistema límbico, que es la parcelita del cerebro encargada de la memoria, las emociones, la atención y el aprendizaje. Déjate llevar, pirata -cuando me combina una perífrasis verbal con la palabra pirata sería capaz de tirarme de un séptimo piso si ella me lo pidiera. Déjate llevar, piratilla. Y claro yo, que no soy de piedra, desde entonces dejo que ella me lleve a donde prefiera; y hoy por hoy soy feliz conmigo mismo. Pero tampoco me tengo una relación muy estrecha, válgame Dios y familia; me estoy conociendo. Por eso, de común acuerdo, hemos decidido que lo mejor es dejarme un tiempo a prueba para ver si son compatibles mis ganas de ser feliz con mis ganas de que ella sea feliz
conmigo.
Sentimientos
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Desde que tú ya sabes el mundo bota como una pelota, y lloramos de risa, y nos comemos a besos. Me taladras el vientre, y las heridas duelen a placer. Y el tiempo pasa sin perder el tiempo. Cada segundo agoniza un milenio, y a nosotros nos da por morirnos con los ojos abiertos, para sentir que te vives en vez de. Y los sapos bailan flamenco, y tú me cantas, y las nubes se levantan, y los petirrojos nadan mientras vuelan las ballenas azules. Porque los colores se divierten con el negro, que es simpático a pesar de todo. Y el viento es templado, y los sueños son de chocolate; del chocolate que tú prefieras. Allí o aquí. En un círculo diminuto o en un hexágono gigante. En un mar de dudas o en nuestra burbuja de papel carbón, donde el olvido es una cosita que ya no recuerdo.
Llegas mañana
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Hoy ha empezado el verano aquí, en mi planeta detenido. Por cierto, te sigo esperando, porque uno espera hasta que no espera, y yo -como te digo- te estoy esperando todavía. Entre que vengas y no vengas está la esperanza: un segundo, quizá dos; entre que te quedes y no te quedes están mis ganas de seguir viviendo. Por eso me muero tres veces al día (desayuno, comida y cena). Y por eso no me canso de esperar, aquí, sentado en un planeta de mentira que se detiene de vez en cuando.
