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Experiencia kundalini
Beneficios del yoga y experiencia personal de mi práctica de yoga.
Acerca de
En el mes de octubre de 2005 comencé a practicar yoga en un centro cívico y, desde entonces, he acudido todas las semanas a dos o tres clases. Me gusta hacer yoga y me hace sentir bien, así que me apetece compartir mis experiencias, anécdotas y lo que voy aprendiendo cada día con quienes me quieran leer.
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YOGA Y “TRAPITOS”
Mi entrada de hoy nada tiene que ver, expresamente, con el yoga, pero sí tiene una ligerísima relación. Mi amiga de la India, con la que asistí por primera vez a la Gurdwara y con la que tengo largas conversaciones sobre la religión Sikh, el yoga y la India, me sorprendió ayer con un regalo inesperado. Envuelto en un alegre papel de colores me encontré con un traje a la usanza de su tierra, que sus tíos, que acababan de regresar de la India, habían traído para mí a petición suya. Allí la gente confecciona los vestidos escogiendo la tela y el modelo que les gusta en la costurera. Mi amiga, cuando va a su país, acostumbra a encargar unos cuantos, aunque su madre también sabe coser y algunos se los hace ella. Ya que tuvieron que escoger la talla a ojo, el vestido requería unos pocos arreglos pero estaba confeccionado de forma que pudiera ensancharse si era necesario. Había tela de sobras. Después de probármelo y comprobar que el pantalón me iba estupendamente (aunque son tan anchos que es difícil equivocarse con la talla) y que la casaca requería ser ensanchada de sisa, puse manos a la obra aguja en mano.
La llamé al abrir el paquete, para darle las gracias, y lo primero que me dijo (con una risa) fue que no era para hacer yoga. El pantalón y el velo son en color fucsia a juego y el blusón de un precioso color azul. Ambas piezas con bordados muy vistosos. No sé cuándo lo voy a poder estrenar pero, evidentemente, de este verano no pasa. No voy a poder resistirme.
Estoy pensando yo que voy a sacar el patrón del pantalón (que, por otra parte, no parece excesivamente complicado de hacer) para coserme uno en color blanco para ir a yoga… y ¿por qué no una preciosa casaca blanca a juego? Digo yo que practicar yoga no tiene porqué estar reñido con la moda.
Al respecto de mi última frase, paseando con una amiga hace unos días, nos paramos en una tiendecilla de ropa porque nos habían llamado la atención unas camisas hindús (reconozco que tengo una debilidad por este tipo de prendas). Le comenté, enseñándole una camisa blanca de algodón, que podía comprármela para ir a yoga. Se me quedó mirando con cara rara y me dijo: “Si que vais arreglados a yoga. Donde yo vivo la gente va con un pantalón de chándal y una camiseta, y vas que tiras”. Y yo me repito: la moda no está reñida con la comodidad y, por supuesto… ¿por qué no vas a ir a yoga con ropa con la que, además de ir cómoda, te sientas guapa?


La foto es una solemne birria y creo que la cámara está ya para el desguace, pero en fin, como muestra de colores… creo que vale.
 
AUSENCIAS

Pranayama consiste en la regulación de la inspiración,
espiración y suspensión de la respiración.
Si observas la extensión y duración de esas fases,
puedes hacer que tu respiración sea más larga y sutil.

Patanjali
Yoga Sutras (aprox. 200 a.c.-200 d.c.)




“Sat al inhalar, Nam al exhalar” es una frase que he oído un centenar (o un millar de veces) en las clases de yoga. Incluso, de la forma cantarina y rápida que algunos profesores la pronuncian, una pensaría que están hablando en otro idioma: “Satalinalar, namalexalar”.
Hace bastantes años padecí un ataque de ansiedad. Entre otras cosas, lo que mejor recuerdo de aquella desagradable experiencia es la respiración. Sentía que no podía respirar y me hiperventilé. Quizá, si por aquel entonces hubiera estado practicando yoga, hubiera sabido cómo tratar de sobreponerme a aquellas sensaciones de ahogo (o no). El caso es que, en realidad, tampoco sabía que estaba teniendo un ataque de ansiedad… yo pensé que me estaba muriendo, mira tú. Si alguien me hubiera recomendado, por aquel entonces (después del ataque), que asistiera a clases de yoga me hubiera hecho un favor (y yo uno a mi misma apuntándome).
Dado que mi trabajo, por regla general, es bastante estresante, acudir a clases de yoga me equilibra. Me he acostumbrado a ir a dos o tres clases (incluso a cuatro si el tiempo libre lo permite) por semana y en cuanto me salto demasiadas clases seguidas, noto los efectos de mi ausencia. Dirás que puedo practicar en casa, pero no soy capaz. Así que estoy deseando que sea martes para volver a clase, ya que esta semana, por motivos que no vienen a cuento (aunque uno es el catarrazo que aún llevo encima), me he saltado casi todas las clases menos la de hatha del martes. Y me siento tensa, además de congestionada. Y es que, con tanta campana, me he quedado sin prana1 para el fin de semana. Jeje.

(1) Prana: Fuerza vital que existe tanto en nuestro interior como en nuestro entorno. Se dice que la respiración es un vínculo entre el cuerpo físico y la mente y el pranayama (control de la respiración) influye en el flujo del prana por nuestro cuerpo.
 
HATHA
Hoy he acudido a la clase de hatha de los martes. Había hecho campana y hacía un mes, por lo menos, que no practicaba hatha. Así que ha resultado agradable el reencuentro. Es distinto al yoga kundalini que, como dice una compañera, es más exótico. Yo reconozco que el kundalini me tira mucho más y que no lo cambiaría por nada, pero una vez a la semana de hatha me resulta complementaria. La clase de hoy ha sido multitudinaria. Acostumbrada a que seamos poquita gente por las mañanas, encontrarme con que aprovechábamos cada rincón de la clase al máximo ha sido un cambio. Y divertido.
Hemos trabajado la zona de las costillas con ejercicios que abrían el pecho. Me gusta mucho la profe, su forma de hablar es tranquilizadora, te da confianza y seguridad. Hemos hecho un ejercicio, tipo coreografía, que me gusta mucho: partimos de la posición del bebé, con los brazos extendidos por delante y la frente en el suelo (no sé si es el bebé exactamente, pero es muy parecida), nos levantamos con la vaca y luego hacemos la pirámide, para bajar nuevamente a la vaca, luego el gato y, finalmente, terminamos otra vez en la postura del bebé. Combinando las posturas con las inhalaciones y exhalaciones, parece una coreografía de baile. Con los ejercicios de brazos y piernas hemos tenido algún problemilla espacial. Por más que nos colocáramos de lado, terminábamos tropezando con las manos en algún momento. También hemos trabajado con la postura del héroe (o el guerrero) y varios ejercicios en el suelo, como el puente. La verdad, aún no soy capaz de memorizar los complejos nombres de cada postura.


Escuchando (precioso): Devi prayer (108 Sacred Names of Mother Divine)(Craig Pruess y Ananda)
 
CANTOS Y ABRAZOS
La clase del jueves por la tarde me devolvió el buen rollo que había perdido. No es que no me dolieran las ingles cuando terminó la clase, pero sentí que había perfeccionado un poco la postura fácil (con la ayuda de un cojín, todo sea dicho de paso) y disfruté de cada minuto, desde que empezamos con lentas rotaciones de cuello hasta que nos tendimos bajo la mantita blanca para relajarnos y el profe se ofreció a taparnos a todos. Con él siempre resultan muy chulas las clases… y las meditaciones.
Animada, desde luego, acudí el viernes a la clase de última hora. Sea como sea, esa clase me ayuda a desconectar y entrar de lleno en el fin de semana. Esta semana, en especial, me era necesario, porque había sido agotadora.
El viernes fue una clase muy distinta a todas las que he asistido. La profe nos comentó que se había suspendido el kirtan (cantos devocionales) y que, por ese motivo, podíamos hacer una clase cantada. No es que a mi se me de muy bien cantar, pero como tampoco es que la mayoría sean pavarottis ni marias-callas, el zumbido de la que suscribe queda amortiguado por el del resto (o casi). De todas formas, me encanta cantar, así que la idea me pareció genial.
Comenzamos por ponernos todos en un amplio círculo (éramos como unos 20) y después del mantra inicial, cantamos uno del que ahora no recuerdo el nombre pero que era la primera vez que lo escuchaba. Después de hacer el gato-vaca, tocó una canción que me encanta: Akaal Murat. Primero la cantamos tal cual estábamos sentados pero luego la profe pidió que nos pusiéramos por parejas, espalda con espalda. Me tocó con el hombre que estaba a mi derecha. Luego nos cogimos de los brazos e hicimos una especie de “balancín”, apoyándonos en la espalda del otro cuando bajaba y viceversa. Un masajito para las vértebras. Lo malo llegó cuando la profe dijo que nos podíamos separar, y todos empezaron a darse abrazos a sugerencia de ella. Yo reconozco que soy muy cortada para esas cosas. No tengo costumbre de abrazar a la gente, y más de una –y de dos- veces me han dicho que soy arisca. Es algo que sería largo de explicar pero que es genético (o de familia). El caso es que él también debía sentirse igual y terminamos dándonos unas amistosas palmaditas en el hombro acompañadas de un gracias. Para la meditación siguiente cambié de pareja con el chico de mi izquierda. Ya hubo buen rollo desde el principio, porque me comentó sus impresiones con respecto al ejercicio anterior. Nos sentamos frente a frente, con las rodillas tocándose y los ojos cerrados. Y, cuando lo indicó la profe, abrimos los ojos y nos quedamos mirando uno a los ojos del otro (bueno, a un ojo del otro). Se nos escapó la risa y seguro que hicimos más de una carota, pero fue divertido y aguantamos la mirada (pestañeando). Cuando terminó y nos teníamos que dar el abrazo, la espontaneidad con la que él me abrazó simplemente me derrotó y, aunque casi me descoyunta las inglés (nos mecíamos a derecha e izquierda) me sentí muy bien. También me quité un peso de encima. Hay que ver, con lo impulsiva que soy yo para según que cosas y para otras un desastre con patas.
La clase terminó cantando el “Gobinday Mukanday” con los gestos de brazos y manos acompañando cada una de las palabras, y con un Satnam final.
Aunque no me va a leer, quiero darle las gracias al chico de mi izquierda por tomar la iniciativa de darme ese abrazo. Yo prometo aprender a abrazar a la gente un poco más. Al de mi derecha le debo un abrazo… Tendré que buscar la oportunidad y dejando las inhibiciones en el cajón de los calcetines, darle ese abrazo que debimos darnos y que, por vergüenza o por (mala) costumbre, no supimos o no quisimos dar.
Empezaré a entrenar el lunes, cuando vaya a desayunar con mi amiga M. Mira que la quiero un montón pero nunca nos hemos dado un dichoso abrazo.
 
UN MAL DÍA LO TIENE CUALQUIERA
Supongo que estamos acostumbrados, en este mundo de locos, a competir por las cosas más nimias, tanto en el trabajo como en la vida personal. Reconozco que yo soy poco competitiva, principalmente porque me gusta ir a mi aire y no a la zaga de los demás. Pienso que lo que consigues muchas veces, dado que la nuestra es una sociedad consumista, es material y no tiene un valor realmente importante. No consigues nada, sólo acumular cosas. No te hace mejor persona ni te enriquece personalmente. Pero dejemos las reflexiones profundas :-).
Sirva el rollo anterior como prolegómeno a uno de los motivos por los que me gusta especialmente el yoga; por su no competitividad. Porque puedo ir a mi aire y llegar donde se encuentran mis límites. Me ayuda a conocerlos y me anima a superarlos.
El caso es que, en la última clase de yoga a la que fui, volví a recaer en la frustración y eso me preocupa. ¿Estoy cayendo en la trampa de la competición? ¿Se me ha vuelto a descontrolar la impaciencia? ¿Por qué me siento, de repente, como que no estoy avanzando nada? Sólo puedo contestar a la segunda pregunta: probablemente sí. No puedo evitar ser impaciente.
El caso es que en la última clase tuve un mal día. Una alumna nueva, que dijo no haber hecho yoga, luego resultó que, no sólo siguió la clase con una facilidad pasmosa sino que mis seis meses de tres clases a la semana no fueron capaces de seguirla a ella. Comprendo que puede que no haya hecho yoga pero si otras cosas que hayan desarrollado su flexibilidad. No siento “envidia” de quienes saben o pueden más que yo, y tampoco me preocupo demasiado de si el de al lado lo hace mejor o peor que yo. No tiene sentido. Pero ayer, después de constatar lo mucho que me queda por conseguir (una se da cuenta de esas cosas), me sobró que la profesora, al finalizar la clase dijera que “el nivel estaba desequilibrado” y añadiera comentarios algo descorazonadores hacia mi trabajo de la clase y muy elogiosos para la otra alumna. Lo que no entiendo es que, siendo como éramos sólo dos personas en esa clase, si conoce mi nivel de antemano porque soy habitual y la otra alumna dijo que nunca había hecho yoga… ¿por qué no adoptó un nivel menos exigente a la clase?
Y no, hoy no tengo agujetas, sólo está magullado –un poco- mi orgullo y otro poco las ingles. Deberíamos haber practicado un erradicador del ego. Seguro que me hubiera sido de utilidad.
Me cuesta bastante permanecer en postura fácil sin poder estirar, de vez en cuando, las piernas. La pierna izquierda, a veces, me duele si no lo hago. El hecho de no conseguir sentirme cómoda en la postura fácil me dificulta hacer los ejercicios. Ayer estaba especialmente incómoda y pude calentar muy poco, aparte de que apenas tuve oportunidad de estirar las piernas entre un ejercicio y el siguiente. Si tengo suficiente tiempo para calentar (como me pasa cuando voy a la clase de los viernes), puedo estar bastante rato en la misma postura sin que me resulte desagradable. Y, aunque yo soy muy consciente de mis limitaciones, siempre salgo feliz de clase. Creo que ayer fue la primera vez que no salí contenta como unas castañuelas.


Al contrario de lo que comenta Pily (siento llevarte la contraria ;-)), y aunque tengo mis predilectos, me gusta hacer clase con profes distintos. Según leí en la página de Happy Yoga, los profesores acostumbran a trabajar en rotación para evitar los personalismos. No se trata de que tú disfrutes haciendo clase con un profesor concreto sino que disfrutes del yoga por sí mismo. Sin tratar de juzgar lo que me pasó ayer, creo que intentaré asistir a las clases en las que me siento más cómoda con el/la profesor/a. Creo que es importante, aunque parezca un contrasentido. ¿Lo es?
 
EFECTOS SECUNDARIOS
Como ya dije anteriormente, a poco que te tomes el yoga un poquitín en serio, comienza a formar parte de tu día a día, incluso cuando no acudes a clase.
El otro día, de forma totalmente involuntaria, le encontré una aplicación que no se me hubiera pasado por la cabeza en otras circunstancias.
Mi hijo se había hecho daño y, como es bastante quejica, montó un pequeño drama de algo que no tenía demasiada importancia. Le hice estirarse en la cama y con un poco de pomada le dije que le haría un pequeño masaje con el que se le pasaría el dolor. La verdad es que el masaje en la zona donde se había golpeado lo hice con un poco de crema de manos que tenía, valga la redundancia, a mano. Lo hice muy suavemente, en círculos, después de calentarme las manos frotándolas. Y, no se como, comencé a cantar en voz muy bajita el mantra “Ra ma da sa”. Terminamos sentados cantando el mantra juntos. No sólo olvidó el dolor y se relajó, sino que luego se sintió más feliz que unas castañuelas.
A veces, me pide que le enseñe alguna postura que he hecho en clase. El otro día le enseñé a sentarse en medio loto… A mi me resulta doloroso, por lo que adopto la postura fácil, pero él colocó el pie con la facilidad de los niños, que son muy elásticos. Y encima me dijo: ¡Anda, es superfácil!

 
SADHANA
Aún no he asistido nunca a sadhana, aunque tengo presente que los sábados se practica en el centro donde voy a hacer yoga regularmente. Claro que aún soy muy novata y voy pasito a pasito, comprendiendo y asimilando cada día un poco más de esta disciplina que, por lo que voy intuyendo, trasciende fuera del horario de clase. Se convierte en algo presente en tu vida. Tengo la sensación que hacer yoga no es comparable a ir un par de veces a la semana al gimnasio. Es algo que, por poco en serio que te tomes, acaba formando parte de tu vida cotidiana. Por ejemplo, a mi me hizo reflexionar sobre lo de dejar de fumar (llevo dos meses y pico como exfumadora), y también preocuparme más por lo que como o por beber más agua. Por sentirme mejor en general, por dentro y por fuera.
Por lo que he leído en Internet, ya que no tengo experiencia propia de la que hablar, sadhana es una forma buenísima de comenzar el día. Ya digo que no puedo opinar porque no lo he probado, pero por lo que he estado leyendo (una de mis debilidades es buscar información de cualquier cosa que me interese o llame la atención), tiene que ser una mezcla de rezo, ejercicio, limpieza espiritual y meditación. Se hace muy prontito por la mañana y es algo a hacer diariamente. Incluso he leído que sería recomendable hacerlo antes de la salida del sol.
Los que os dejáis caer por aquí, si habéis asistido a sadhana alguna vez (o muchas, o cada día) podríais explicar vuestra propia experiencia. Ya sé que hay que experimentar estas cosas más que leer las experiencias de otros, pero así nos hacemos una idea mejor de lo que es sadhana.


La palabra Sádhana deriva de la raíz Sadh, ejercitar o esforzarse, y por tanto Sádhana es esfuerzo, práctica, disciplina y culto a fin de obtener el logro, que puede ser de cualquiera de las clases mundanas o espirituales.


No he podido evitar acompañar el post de hoy con esta foto que he encontrado navegando por Internet.
 
MANTRAS
Mi voz nunca ha sido nada del otro jueves. Bueno, eso sería decir mucho de ella. Digamos que siempre me he considerado la mosca del coro, cosa que, sinceramente, me fastidia. Con lo que a mi me gusta cantar. Me paso el día canturreando y estaría bien que mi voz sonora bien.
El caso es que cantar mantras en clase me encanta y, dado que ahí parece que nadie se fija si cantas bien o mal, resulta tremendamente gratificante como experiencia. La primera vez que escuché el “Mul Mantra” me enamoré (de la canción). Eso fue un viernes por la noche, en la clase de las nueve. Lo cantamos simultáneamente chicos y chicas y, luego, todos juntos. Al día siguiente tenía que ir a casa de mi amiga hindú, así que copié deprisa y corriendo la letra del mantra en un papel para llevársela y preguntarle.
Le pasé el papelito con la letra garrapateada que había copiado y ella llamó a su madre que, tres segundos más tarde, me pasaba una fotocopia con la letra del mantra, su traducción al castellano y tal como ellos lo escriben en punjabi. He copiado cuidadosamente el texto que me pasó, que acompaña al post de hoy.
Entre mis mantras favoritos están el ya mencionado “Mul (o Mool) Mantra”, “Gobinday Mukunday” y “Ra ma da sa” (entre otros). Y mientras termino de escribir esto, escucho “Ek Ong Kar” en la voz de Snatam Kaur. Así es como yo quiero cantar los mantras :-). Una vez los conoces, tararearlos a todas horas es tan normal como hacerlo con cualquier canción de los 40 principales. Y resulta gratificante. Por lo menos me pasa a mi.
 
ETIQUETA SOBRE LA COLCHONETA
Visitando la página de Kimberly Wilson (Hit Tranquil Chick), encontré un decálogo de consejos sobre el protocolo que sería recomendable que los que practicamos yoga siguiéramos. Le tomo prestados estos consejos, que he traducido del inglés y a los que he añadido algunas cosillas de mi cosecha:
  1. Evita llegar tarde. Llegar 10 minutos antes de que comience la clase te ayuda a desconectar y a prepararte. Puedes relajarte, hacer estiramientos, meditar…
  2. No comas antes de las clases. Antes, acostumbraba a ir a clase después de desayunar. Y algunas veces, me sentaba bastante mal. Practicar yoga con el estómago lleno te puede producir malestar, incluso nauseas o vómitos. Lo mejor es comer dos o tres horas antes de acudir a clase.
  3. Coméntale a tu profesor/a cualquier molestia, dolor o problema físico que tengas. Si tienes alguna molestia o te sientes cansada/o, quizá puedes saltarte algunas posturas o modificarlas.
  4. Crea una intención. Para ayudarte a enfocar, puede ser beneficioso dedicar tu práctica a algo o alguien. Incluso a ti misma.
  5. Olvida el móvil. Deja los problemas y el trabajo fuera de clase, donde debe reinar la paz y la armonía. Yo siempre conecto la alarma silenciosa, así al salir de clase puedo comprobar si tengo mensajes o llamadas pero el sonido del timbre no molesta a nadie.
  6. Respeta el silencio. Hablar en voz alta o conversar con otros compañeros puede romper la armonía de la clase. Siempre es más aconsejable dejar la charla para el vestuario.
  7. Si sudas mucho, trae una toalla para extender sobre la estera. Es recomendable llevar un pareo o mantita de algodón para tenderte. Es aconsejable acudir a clase limpia/o y libre de perfumes y otros olores que podrían distraer –o ofender- a los demás.
  8. Recoge y guarda lo que uses durante la clase (manta, cojín, etc) después de terminar.
  9. No entres tarde o te marches antes de que termine la clase. Eso puede distraer o desconcentrar al resto de los asistentes.
  10. Tómate tiempo para pensar sobre lo que hiciste en clase. Piensa en lo que aprendiste y revisa las posturas que practicaste. Como dice mi profesor, no juzgues, simplemente medita en ello.

Creo que todos estos consejos son bastante “de cajón”, pero nunca está de más comentarlos. ¿Añadiríais alguno más?
 
LA MENSTRUACIÓN Y EL YOGA
Desde siempre he sufrido menstruaciones dolorosas. He llegado a pasarlo realmente mal. Nada que ver con esas chicas felices de los anuncios de compresas. He probado diferentes productos hasta la fecha para combatir las molestias. Últimamente lo tenía bastante controlado, siempre y cuando me tomara el comprimido justo cuando comenzaba a sentirlas.
La primera vez que me vino la regla después de un mes de practicar yoga me sorprendió que pasara tan sin pena ni gloria. Sí que me molestó un poco pero comparado con meses anteriores, aquella era una maravilla. Y, desde entonces, ha sido así. El dolor es manejable y, aunque no me siento al 100%, tampoco es tan fastidioso como antes. Así que, en el capítulo de beneficios del yoga, tengo que apuntar, por lo menos en lo que a mi concierne, que es bueno para aliviar las molestias de la menstruación.
De todas formas, el profesor acostumbra a comentar, antes de comenzar algunos ejercicios, que si estamos menstruando que no los hagamos o que variemos el tipo de respiración. Algunos ejercicios intensivos, como las ranas, la sat kriya, la postura del arco o la vela hay que evitarlas durante esos días. Así como la respiración de fuego. Esto también es válido cuando una mujer está embarazada. Según he leído, este tipo de ejercicios producen un aumento de temperatura que no es aconsejable, o también que aumente el flujo de la menstruación.
Buscando por la red, he encontrado este texto respondiendo a una pregunta sobre la menstruación y el yoga:
Según las enseñanzas tradicionales indias, las posiciones invertidas no son aconsejables durante una menstruación fuerte porque, en esos días, una mujer experimenta un flujo de energía predominantemente descendente, e invertir el cuerpo va en contra de este flujo natural, explica Hari Kaur Khalsa, instructor de yoga kundalini y coautor de A Woman’s Book of Yoga: Embracing Our Natural Life Cycles (Libro de yoga de la mujer: Abrazar nuestros ciclos de vida naturales). Sin embargo, Khalsa concuerda con la otra autora del libro, Machelle M. Seibel, profesora clínica de ginecología y obstetricia en el centro médico de la Universidad de Massachusetts, en que no hay motivo médico por el cual una mujer deba evitar ciertas posiciones de yoga u otros ejercicios durante la menstruación. “No le advertiría a la gente nada contra ello”.
Sea como sea, a mi parece que me ha beneficiado la práctica de yoga en este sentido. Por si fuera poco, he encontrado la receta del Yogi Tea que, entre otras cosas, está recomendado para cuando se tienen dolores o calambres en la menstruación.


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