EFECTOS SECUNDARIOS
Como ya dije anteriormente, a poco que te tomes el yoga un poquitín en serio, comienza a formar parte de tu día a día, incluso cuando no acudes a clase. El otro día, de forma totalmente involuntaria, le encontré una aplicación que no se me hubiera pasado por la cabeza en otras circunstancias.
Mi hijo se había hecho daño y, como es bastante quejica, montó un pequeño drama de algo que no tenía demasiada importancia. Le hice estirarse en la cama y con un poco de pomada le dije que le haría un pequeño masaje con el que se le pasaría el dolor. La verdad es que el masaje en la zona donde se había golpeado lo hice con un poco de crema de manos que tenía, valga la redundancia, a mano. Lo hice muy suavemente, en círculos, después de calentarme las manos frotándolas. Y, no se como, comencé a cantar en voz muy bajita el mantra “Ra ma da sa”. Terminamos sentados cantando el mantra juntos. No sólo olvidó el dolor y se relajó, sino que luego se sintió más feliz que unas castañuelas.
A veces, me pide que le enseñe alguna postura que he hecho en clase. El otro día le enseñé a sentarse en medio loto… A mi me resulta doloroso, por lo que adopto la postura fácil, pero él colocó el pie con la facilidad de los niños, que son muy elásticos. Y encima me dijo: ¡Anda, es superfácil!
SADHANA
Aún no he asistido nunca a sadhana, aunque tengo presente que los sábados se practica en el centro donde voy a hacer yoga regularmente. Claro que aún soy muy novata y voy pasito a pasito, comprendiendo y asimilando cada día un poco más de esta disciplina que, por lo que voy intuyendo, trasciende fuera del horario de clase. Se convierte en algo presente en tu vida. Tengo la sensación que hacer yoga no es comparable a ir un par de veces a la semana al gimnasio. Es algo que, por poco en serio que te tomes, acaba formando parte de tu vida cotidiana. Por ejemplo, a mi me hizo reflexionar sobre lo de dejar de fumar (llevo dos meses y pico como exfumadora), y también preocuparme más por lo que como o por beber más agua. Por sentirme mejor en general, por dentro y por fuera. Por lo que he leído en Internet, ya que no tengo experiencia propia de la que hablar, sadhana es una forma buenísima de comenzar el día. Ya digo que no puedo opinar porque no lo he probado, pero por lo que he estado leyendo (una de mis debilidades es buscar información de cualquier cosa que me interese o llame la atención), tiene que ser una mezcla de rezo, ejercicio, limpieza espiritual y meditación. Se hace muy prontito por la mañana y es algo a hacer diariamente. Incluso he leído que sería recomendable hacerlo antes de la salida del sol.
Los que os dejáis caer por aquí, si habéis asistido a sadhana alguna vez (o muchas, o cada día) podríais explicar vuestra propia experiencia. Ya sé que hay que experimentar estas cosas más que leer las experiencias de otros, pero así nos hacemos una idea mejor de lo que es sadhana.
La palabra Sádhana deriva de la raíz Sadh, ejercitar o esforzarse, y por tanto Sádhana es esfuerzo, práctica, disciplina y culto a fin de obtener el logro, que puede ser de cualquiera de las clases mundanas o espirituales.
No he podido evitar acompañar el post de hoy con esta foto que he encontrado navegando por Internet.
MANTRAS
Mi voz nunca ha sido nada del otro jueves. Bueno, eso sería decir mucho de ella. Digamos que siempre me he considerado la mosca del coro, cosa que, sinceramente, me fastidia. Con lo que a mi me gusta cantar. Me paso el día canturreando y estaría bien que mi voz sonora bien. El caso es que cantar mantras en clase me encanta y, dado que ahí parece que nadie se fija si cantas bien o mal, resulta tremendamente gratificante como experiencia. La primera vez que escuché el “Mul Mantra” me enamoré (de la canción). Eso fue un viernes por la noche, en la clase de las nueve. Lo cantamos simultáneamente chicos y chicas y, luego, todos juntos. Al día siguiente tenía que ir a casa de mi amiga hindú, así que copié deprisa y corriendo la letra del mantra en un papel para llevársela y preguntarle.
Le pasé el papelito con la letra garrapateada que había copiado y ella llamó a su madre que, tres segundos más tarde, me pasaba una fotocopia con la letra del mantra, su traducción al castellano y tal como ellos lo escriben en punjabi. He copiado cuidadosamente el texto que me pasó, que acompaña al post de hoy.
Entre mis mantras favoritos están el ya mencionado “Mul (o Mool) Mantra”, “Gobinday Mukunday” y “Ra ma da sa” (entre otros). Y mientras termino de escribir esto, escucho “Ek Ong Kar” en la voz de Snatam Kaur. Así es como yo quiero cantar los mantras :-). Una vez los conoces, tararearlos a todas horas es tan normal como hacerlo con cualquier canción de los 40 principales. Y resulta gratificante. Por lo menos me pasa a mi.
ETIQUETA SOBRE LA COLCHONETA
Visitando la página de Kimberly Wilson (Hit Tranquil Chick), encontré un decálogo de consejos sobre el protocolo que sería recomendable que los que practicamos yoga siguiéramos. Le tomo prestados estos consejos, que he traducido del inglés y a los que he añadido algunas cosillas de mi cosecha:- Evita llegar tarde. Llegar 10 minutos antes de que comience la clase te ayuda a desconectar y a prepararte. Puedes relajarte, hacer estiramientos, meditar…
- No comas antes de las clases. Antes, acostumbraba a ir a clase después de desayunar. Y algunas veces, me sentaba bastante mal. Practicar yoga con el estómago lleno te puede producir malestar, incluso nauseas o vómitos. Lo mejor es comer dos o tres horas antes de acudir a clase.
- Coméntale a tu profesor/a cualquier molestia, dolor o problema físico que tengas. Si tienes alguna molestia o te sientes cansada/o, quizá puedes saltarte algunas posturas o modificarlas.
- Crea una intención. Para ayudarte a enfocar, puede ser beneficioso dedicar tu práctica a algo o alguien. Incluso a ti misma.
- Olvida el móvil. Deja los problemas y el trabajo fuera de clase, donde debe reinar la paz y la armonía. Yo siempre conecto la alarma silenciosa, así al salir de clase puedo comprobar si tengo mensajes o llamadas pero el sonido del timbre no molesta a nadie.
- Respeta el silencio. Hablar en voz alta o conversar con otros compañeros puede romper la armonía de la clase. Siempre es más aconsejable dejar la charla para el vestuario.
- Si sudas mucho, trae una toalla para extender sobre la estera. Es recomendable llevar un pareo o mantita de algodón para tenderte. Es aconsejable acudir a clase limpia/o y libre de perfumes y otros olores que podrían distraer –o ofender- a los demás.
- Recoge y guarda lo que uses durante la clase (manta, cojín, etc) después de terminar.
- No entres tarde o te marches antes de que termine la clase. Eso puede distraer o desconcentrar al resto de los asistentes.
- Tómate tiempo para pensar sobre lo que hiciste en clase. Piensa en lo que aprendiste y revisa las posturas que practicaste. Como dice mi profesor, no juzgues, simplemente medita en ello.
Creo que todos estos consejos son bastante “de cajón”, pero nunca está de más comentarlos. ¿Añadiríais alguno más?
LA MENSTRUACIÓN Y EL YOGA
Desde siempre he sufrido menstruaciones dolorosas. He llegado a pasarlo realmente mal. Nada que ver con esas chicas felices de los anuncios de compresas. He probado diferentes productos hasta la fecha para combatir las molestias. Últimamente lo tenía bastante controlado, siempre y cuando me tomara el comprimido justo cuando comenzaba a sentirlas.
La primera vez que me vino la regla después de un mes de practicar yoga me sorprendió que pasara tan sin pena ni gloria. Sí que me molestó un poco pero comparado con meses anteriores, aquella era una maravilla. Y, desde entonces, ha sido así. El dolor es manejable y, aunque no me siento al 100%, tampoco es tan fastidioso como antes. Así que, en el capítulo de beneficios del yoga, tengo que apuntar, por lo menos en lo que a mi concierne, que es bueno para aliviar las molestias de la menstruación.
De todas formas, el profesor acostumbra a comentar, antes de comenzar algunos ejercicios, que si estamos menstruando que no los hagamos o que variemos el tipo de respiración. Algunos ejercicios intensivos, como las ranas, la sat kriya, la postura del arco o la vela hay que evitarlas durante esos días. Así como la respiración de fuego. Esto también es válido cuando una mujer está embarazada. Según he leído, este tipo de ejercicios producen un aumento de temperatura que no es aconsejable, o también que aumente el flujo de la menstruación.
Buscando por la red, he encontrado este texto respondiendo a una pregunta sobre la menstruación y el yoga:
Según las enseñanzas tradicionales indias, las posiciones invertidas no son aconsejables durante una menstruación fuerte porque, en esos días, una mujer experimenta un flujo de energía predominantemente descendente, e invertir el cuerpo va en contra de este flujo natural, explica Hari Kaur Khalsa, instructor de yoga kundalini y coautor de A Woman’s Book of Yoga: Embracing Our Natural Life Cycles (Libro de yoga de la mujer: Abrazar nuestros ciclos de vida naturales). Sin embargo, Khalsa concuerda con la otra autora del libro, Machelle M. Seibel, profesora clínica de ginecología y obstetricia en el centro médico de la Universidad de Massachusetts, en que no hay motivo médico por el cual una mujer deba evitar ciertas posiciones de yoga u otros ejercicios durante la menstruación. “No le advertiría a la gente nada contra ello”.
Sea como sea, a mi parece que me ha beneficiado la práctica de yoga en este sentido. Por si fuera poco, he encontrado la receta del Yogi Tea que, entre otras cosas, está recomendado para cuando se tienen dolores o calambres en la menstruación.
Artículo sobre yoga
La primera vez que me vino la regla después de un mes de practicar yoga me sorprendió que pasara tan sin pena ni gloria. Sí que me molestó un poco pero comparado con meses anteriores, aquella era una maravilla. Y, desde entonces, ha sido así. El dolor es manejable y, aunque no me siento al 100%, tampoco es tan fastidioso como antes. Así que, en el capítulo de beneficios del yoga, tengo que apuntar, por lo menos en lo que a mi concierne, que es bueno para aliviar las molestias de la menstruación. De todas formas, el profesor acostumbra a comentar, antes de comenzar algunos ejercicios, que si estamos menstruando que no los hagamos o que variemos el tipo de respiración. Algunos ejercicios intensivos, como las ranas, la sat kriya, la postura del arco o la vela hay que evitarlas durante esos días. Así como la respiración de fuego. Esto también es válido cuando una mujer está embarazada. Según he leído, este tipo de ejercicios producen un aumento de temperatura que no es aconsejable, o también que aumente el flujo de la menstruación.
Buscando por la red, he encontrado este texto respondiendo a una pregunta sobre la menstruación y el yoga:
Según las enseñanzas tradicionales indias, las posiciones invertidas no son aconsejables durante una menstruación fuerte porque, en esos días, una mujer experimenta un flujo de energía predominantemente descendente, e invertir el cuerpo va en contra de este flujo natural, explica Hari Kaur Khalsa, instructor de yoga kundalini y coautor de A Woman’s Book of Yoga: Embracing Our Natural Life Cycles (Libro de yoga de la mujer: Abrazar nuestros ciclos de vida naturales). Sin embargo, Khalsa concuerda con la otra autora del libro, Machelle M. Seibel, profesora clínica de ginecología y obstetricia en el centro médico de la Universidad de Massachusetts, en que no hay motivo médico por el cual una mujer deba evitar ciertas posiciones de yoga u otros ejercicios durante la menstruación. “No le advertiría a la gente nada contra ello”.
Sea como sea, a mi parece que me ha beneficiado la práctica de yoga en este sentido. Por si fuera poco, he encontrado la receta del Yogi Tea que, entre otras cosas, está recomendado para cuando se tienen dolores o calambres en la menstruación.
Artículo sobre yoga
KRIYA
Al principio de practicar yoga el vocabulario propio de esta disciplina suena a chino (o a sánscrito, mejor dicho). Hace poco, releyendo una entrada en mi agenda, me eché unas buenas risas. Decía allí que “aquel día habíamos practicado la posición del oso”. No sé si existe tal posición, pero a lo que yo me refería es que habíamos hecho un ejercicio con las manos en “cerradura de oso”. Claro que ese apunte correspondía a mi segunda clase de yoga y yo estaba aún muy verde (más que ahora).
Durante una clase puedes oír hablar de chakras, prana, nadis, y kriyas, por ejemplo.
Una kriya es una serie de ejercicios relacionados entre sí que trabajan un chakra o una zona del cuerpo. La palabra “kriya” viene del sánscrito y se define como una técnica o práctica dentro de la disciplina del yoga, y hay muchos tipos de kriyas distintos.
Ayer acudí a la clase de las nueve de la noche de los viernes. No voy todas las semanas, sólo de vez en cuando, pero es una clase que me gusta porque tengo la sensación de que me ayuda a terminar la semana de forma más completa. Generalmente asiste bastante gente y estamos algo más apretaditos, pero ayer estaba la sala a rebosar. Conté 22 personas cuando lo habitual otros días ha sido entre 12 y 15. Conseguí un espacio entre la pared de la derecha y un chico sentado a mi izquierda, pero pronto tuve que apretarme un poco más hacia delante y hacia la izquierda, ya que vinieron tres chicas y hubo que hacer sitio. Lo cierto es que me gusta disfrutar de mi propio espacio y me fastidia un poco tener la sensación de que me voy a comer los pies del de delante o que el de detrás se va a comer los míos, pero bueno.
Esta vez no conocía a la profesora que nos dio la clase, pero reconozco que me gustó el vigor que impuso en todo momento. Nos dio mucha caña. Comenzamos, después del canto inicial, con un ejercicio cansadillo, la que yo llamo la postura del ego (erradicador del ego) que consiste en aguantar con los brazos a 60 grados con respecto al cuerpo, en las manos el pulgar hacia fuera y el resto de dedos recogidos hacia la palma, mirada en el entrecejo y… respiración de fuego. Al principio una se siente fresca pero cuando llevas más de un minuto (lo normal es de 1 a 3 minutos) parece que lleves tres horas así. Desde luego, seguro que le hace alguna cosa a nuestro ego. Al mío lo dejó para el arrastre.
La kriya de ayer estuvo muy concentrada en el segundo chakra, que se halla entre el pubis y el ombligo, cuyo nombre en sánscrito es Swadisthana. Influye sobre los riñones y se asocia con las glándulas suprarrenales. Mis abdominales y mi zona lumbar estan ligeramente doloridas esta mañana. No son exactamente agujetas y ese dolor es más una sensación de “haber trabajado” la musculatura de esas zonas que otra cosa. Hicimos ejercicios de piernas que hacen trabajar mucho la zona abdominal, la postura del gato-vaca, estiramientos, etc. Lo que me sorprendió es que, por primera vez, tuve que hacer un ejercicio en pareja. Me tocó con el chico que estaba a mi izquierda. Se trataba de apoyar los pies en las rodillas del compañero (que estaba con las piernas abiertas en V), cogerse de las manos e ir tirando suavemente de sus manos para que fuera acercando el pecho al suelo. El chico me dijo que no era muy flexible… ¡pues con valiente trozo de madera se había ido a tropezar! Primero le tocó a él. Estiré con cierto cuidado porque, como no le conocía de nada y me había dicho que no era muy flexible, lo que no parecía buena idea era descoyuntarlo a la primera de cambio. Si me vuelvo a tropezar con él en una clase… ¡qué vergüenza! Luego me tocó a mí. Tal como nos había indicado la profesora, me concentré en respirar largo y profundo. Poquito a poco, cogida a sus manos, iba cediendo milímetro a milímetro hacia el suelo. No os imaginéis que llegué a tocar el suelo con la frente ni nada de eso. Lo tenía bien lejos, pero sí es cierto que notaba que algo si que ganaba en terreno.
Durante una clase puedes oír hablar de chakras, prana, nadis, y kriyas, por ejemplo.
Una kriya es una serie de ejercicios relacionados entre sí que trabajan un chakra o una zona del cuerpo. La palabra “kriya” viene del sánscrito y se define como una técnica o práctica dentro de la disciplina del yoga, y hay muchos tipos de kriyas distintos. Ayer acudí a la clase de las nueve de la noche de los viernes. No voy todas las semanas, sólo de vez en cuando, pero es una clase que me gusta porque tengo la sensación de que me ayuda a terminar la semana de forma más completa. Generalmente asiste bastante gente y estamos algo más apretaditos, pero ayer estaba la sala a rebosar. Conté 22 personas cuando lo habitual otros días ha sido entre 12 y 15. Conseguí un espacio entre la pared de la derecha y un chico sentado a mi izquierda, pero pronto tuve que apretarme un poco más hacia delante y hacia la izquierda, ya que vinieron tres chicas y hubo que hacer sitio. Lo cierto es que me gusta disfrutar de mi propio espacio y me fastidia un poco tener la sensación de que me voy a comer los pies del de delante o que el de detrás se va a comer los míos, pero bueno.
Esta vez no conocía a la profesora que nos dio la clase, pero reconozco que me gustó el vigor que impuso en todo momento. Nos dio mucha caña. Comenzamos, después del canto inicial, con un ejercicio cansadillo, la que yo llamo la postura del ego (erradicador del ego) que consiste en aguantar con los brazos a 60 grados con respecto al cuerpo, en las manos el pulgar hacia fuera y el resto de dedos recogidos hacia la palma, mirada en el entrecejo y… respiración de fuego. Al principio una se siente fresca pero cuando llevas más de un minuto (lo normal es de 1 a 3 minutos) parece que lleves tres horas así. Desde luego, seguro que le hace alguna cosa a nuestro ego. Al mío lo dejó para el arrastre.
La kriya de ayer estuvo muy concentrada en el segundo chakra, que se halla entre el pubis y el ombligo, cuyo nombre en sánscrito es Swadisthana. Influye sobre los riñones y se asocia con las glándulas suprarrenales. Mis abdominales y mi zona lumbar estan ligeramente doloridas esta mañana. No son exactamente agujetas y ese dolor es más una sensación de “haber trabajado” la musculatura de esas zonas que otra cosa. Hicimos ejercicios de piernas que hacen trabajar mucho la zona abdominal, la postura del gato-vaca, estiramientos, etc. Lo que me sorprendió es que, por primera vez, tuve que hacer un ejercicio en pareja. Me tocó con el chico que estaba a mi izquierda. Se trataba de apoyar los pies en las rodillas del compañero (que estaba con las piernas abiertas en V), cogerse de las manos e ir tirando suavemente de sus manos para que fuera acercando el pecho al suelo. El chico me dijo que no era muy flexible… ¡pues con valiente trozo de madera se había ido a tropezar! Primero le tocó a él. Estiré con cierto cuidado porque, como no le conocía de nada y me había dicho que no era muy flexible, lo que no parecía buena idea era descoyuntarlo a la primera de cambio. Si me vuelvo a tropezar con él en una clase… ¡qué vergüenza! Luego me tocó a mí. Tal como nos había indicado la profesora, me concentré en respirar largo y profundo. Poquito a poco, cogida a sus manos, iba cediendo milímetro a milímetro hacia el suelo. No os imaginéis que llegué a tocar el suelo con la frente ni nada de eso. Lo tenía bien lejos, pero sí es cierto que notaba que algo si que ganaba en terreno.
NO HAY UNA CLASE IGUAL
Desde que comencé a practicar yoga puedo decir que ninguna clase a las que he asistido ha sido igual. Siempre, incluso cuando sabes quien es el profesor o la profesora que te toca aquel día, te encuentras con novedades. Imagínate cuando no conoces al profesor o aquel día viene un sustituto.
El martes por la tarde tuve clase con H. Es una profesora que, además de dar clases de yoga kundalini también las da de tantra. Es un personaje interesante y, además, tiene puntos muy divertidos. Creo que tiene formación de bailarina además de cómo profesora de yoga. Y es, sin lugar a dudas, una de las profesoras con más experiencia, junto a L., con la que he tenido clase. Sus clases nunca son previsibles y en ellas trasciende mucho tanto la meditación como la visualización. Ayer éramos tres y la profesora, y una de mis dos compañeras había venido a hacer una clase de prueba. Me gustó la clase, fue muy reconfortante a la vez que me fui a casa llena de energía.
Cuando nos cambiábamos, la chica nueva preguntó si todas las clases eran iguales. Quiere probar otros horarios y ver cual es el que mejor le va. Como íbamos en la misma dirección, nos fuimos juntas charlando y le comenté mis impresiones con respecto a los profesores con los que he dado clase hasta la fecha. Y me di cuenta de lo diferente que es una clase dependiendo del profesor, aunque hagas exactamente los mismos ejercicios o parecidos.
No es lo mismo dar clase con un hombre que con una mujer. No sé exactamente donde está la diferencia. Yo me inicié con un profesor, con el que estuve haciendo yoga durante los dos primeros meses. Un día no pudo venir y, en su lugar, envió a M. La clase fue muy distinta. Desde entonces he hecho clase con varios profesores y profesoras, y sigo notando esa diferencia.
Hay profesores que son más “gimnásticos” y con los que trabajas mucho a nivel físico y quizás algo menos a nivel mental. Son esas clases de las que sales entresudada y con los músculos blanditos y tonificados (y, a veces, te tiemblan las piernas un poco). Otros profesores inciden más en los mantras, la meditación y la visualización, como H. Lo que no quiere decir en absoluto que no vaya a proponer ejercicios que precisan cierto esfuerzo, tanto físico como mental.
No es lo mismo una clase de hatha que una de kundalini. Ya me han preguntado un par de veces cual prefiero. Yo me quedo con ambas. Desde mi punto de vista, se complementan perfectamente. Aunque, reconozco que yo tiro más a kundalini.
Ni siquiera es lo mismo hacer clase por la mañana que a última hora de la tarde. Me gustan las clases de las 10 de la mañana porque son algo así como una recarga de pilas que me dura todo el día. Parece que me han dado cuerda en clase. La luz del día, aunque hayan cerrado las contraventanas, se cuela por los resquicios y da una sensación de despertar. En las clases de las 8,30 o las 9 de la noche, el aire está ya cargado del olor de incienso de clases anteriores, la luz es escasa, ya que generalmente hay un punto de luz indirecta y una o varias velas y poco más, no se filtra luz del exterior y el ambiente es muy tranquilo.
Por supuesto, tu estado de ánimo también puede influir totalmente.
En las clases de los viernes, a las nueve de la noche, me gusta sentarme en un rinconcito de la sala en penumbra, tranquilamente con las piernas cruzadas, a observar lo que ocurre a mi alrededor. Hay un chico estirado con las piernas recogidas y las manos bajo la nuca, una chica que hace estiramientos, otra que medita inmóvil con las manos en yamudra (¿jnana mudra?)… hay alguien extendiendo su mantita en el suelo, sobre las alfombras, o entrando justo en ese instante por la puerta del fondo. También puedo apoyar las manos sobre las rodillas, cerrar los ojos y dejarme llevar por los sentidos: el olor del incienso y el sonido de la música a muy bajo volumen te envuelven y te acompañan mientras dejas que las preocupaciones del día se larguen con viento fresco.
El martes por la tarde tuve clase con H. Es una profesora que, además de dar clases de yoga kundalini también las da de tantra. Es un personaje interesante y, además, tiene puntos muy divertidos. Creo que tiene formación de bailarina además de cómo profesora de yoga. Y es, sin lugar a dudas, una de las profesoras con más experiencia, junto a L., con la que he tenido clase. Sus clases nunca son previsibles y en ellas trasciende mucho tanto la meditación como la visualización. Ayer éramos tres y la profesora, y una de mis dos compañeras había venido a hacer una clase de prueba. Me gustó la clase, fue muy reconfortante a la vez que me fui a casa llena de energía. Cuando nos cambiábamos, la chica nueva preguntó si todas las clases eran iguales. Quiere probar otros horarios y ver cual es el que mejor le va. Como íbamos en la misma dirección, nos fuimos juntas charlando y le comenté mis impresiones con respecto a los profesores con los que he dado clase hasta la fecha. Y me di cuenta de lo diferente que es una clase dependiendo del profesor, aunque hagas exactamente los mismos ejercicios o parecidos.
No es lo mismo dar clase con un hombre que con una mujer. No sé exactamente donde está la diferencia. Yo me inicié con un profesor, con el que estuve haciendo yoga durante los dos primeros meses. Un día no pudo venir y, en su lugar, envió a M. La clase fue muy distinta. Desde entonces he hecho clase con varios profesores y profesoras, y sigo notando esa diferencia.
Hay profesores que son más “gimnásticos” y con los que trabajas mucho a nivel físico y quizás algo menos a nivel mental. Son esas clases de las que sales entresudada y con los músculos blanditos y tonificados (y, a veces, te tiemblan las piernas un poco). Otros profesores inciden más en los mantras, la meditación y la visualización, como H. Lo que no quiere decir en absoluto que no vaya a proponer ejercicios que precisan cierto esfuerzo, tanto físico como mental.
No es lo mismo una clase de hatha que una de kundalini. Ya me han preguntado un par de veces cual prefiero. Yo me quedo con ambas. Desde mi punto de vista, se complementan perfectamente. Aunque, reconozco que yo tiro más a kundalini.
Ni siquiera es lo mismo hacer clase por la mañana que a última hora de la tarde. Me gustan las clases de las 10 de la mañana porque son algo así como una recarga de pilas que me dura todo el día. Parece que me han dado cuerda en clase. La luz del día, aunque hayan cerrado las contraventanas, se cuela por los resquicios y da una sensación de despertar. En las clases de las 8,30 o las 9 de la noche, el aire está ya cargado del olor de incienso de clases anteriores, la luz es escasa, ya que generalmente hay un punto de luz indirecta y una o varias velas y poco más, no se filtra luz del exterior y el ambiente es muy tranquilo.
Por supuesto, tu estado de ánimo también puede influir totalmente.
En las clases de los viernes, a las nueve de la noche, me gusta sentarme en un rinconcito de la sala en penumbra, tranquilamente con las piernas cruzadas, a observar lo que ocurre a mi alrededor. Hay un chico estirado con las piernas recogidas y las manos bajo la nuca, una chica que hace estiramientos, otra que medita inmóvil con las manos en yamudra (¿jnana mudra?)… hay alguien extendiendo su mantita en el suelo, sobre las alfombras, o entrando justo en ese instante por la puerta del fondo. También puedo apoyar las manos sobre las rodillas, cerrar los ojos y dejarme llevar por los sentidos: el olor del incienso y el sonido de la música a muy bajo volumen te envuelven y te acompañan mientras dejas que las preocupaciones del día se larguen con viento fresco.





