Escritos de Román Herrera González (Méjico)

Austriaco Karl Marka-Ap-Danny Lawson.
Adagio 23
¿Por qué caminas detrás de mí?
¿A caso eres de los muertos que me atan las manos?
Aunque me invente memorias, no sé quién eres ni sé dónde voy.
Quiero separar la razón de mi vida y siquiera por una vez ser libre en mis sueños.
Y aun así, te empeñas en estar conmigo.
¿Quién te llamó?
Sin embargo anhelo avanzar, pero no con los pies.
Quiero contemplarlo todo pero, no con los ojos.
Quiero comprenderlo todo pero, apartado de mi razón.
Así se agrandan los laberintos de mi mente,
las fronteras se alargan y mis más preciados tesoros se pudren en las cloacas.
Digamos que espero sentir miradas de muy lejos,
maldecir a los tontos; por llorar y no moverse.
¿Los sentimientos?
Se me han hecho cielo, y esta realidad se me vuelve una película ya vista.
¿Qué fuerza me mantiene?
Voy a morir; precisamente hoy empecé.
Este clasificado mundo me ha hecho el dueño de un corazón solitario
al cual le han practicado mil autopsias en vida.
Sólo diluir el pensamiento en tinta me trae un poco de alivio.
Gracias por verme sólo de lejos.
No me gusta que sequen mis lágrimas: son el ácido que extermina mi vida
y la convierte en extraña y resquebrajante ficción.
¿Cómo recordar dónde estaba la primera vez que escuché tu voz profunda de origen?
¿Torcido?
Sí, lo estoy.
Por querer ser este genio loco que no está ni en la mitad de sus decisiones pero,
parece ser el último sobreviviente de la ignorancia.
Pero ahora te veo más cerca que nunca.
Creo que quieres estar ahí cuando finalmente caiga por completo.
¿Me vas a levantar? ¿O te vas a burlar de mí?
En fin, voy a hacer callado mi corto andar como quienes caminan debajo del agua
y a quiénes sólo las otras criaturas les entienden,
pues sus lágrimas no se ven y su andar no deja rastro.
A esos, sus cadáveres poco los buscan y cuando los hallan están todos juntos.
Ya que no puedo describir la exacta dimensión de mis ideales; ven conmigo.
Vamos a parar a la puerta trasera del océano, anhelando roja venganza.
La confusión y el rencor copulan su amor en mi alma,
mientras yo turbado me mantengo pensando…
¿Y ahora qué?
Ni siquiera puedo establecer una diarquía, pues ahora se me abandona,
convirtiendo mi vida en una axioma absurdo y paradójico.
Necesito cremar el gris recuerdo y continuar vacilante hacia la fosa de algunas memorias superiores pero,
con otro tipo de alegría; porque ahora me amo y me odio.
¿Desde cuándo refrenar la lengua de la estilográfica existencialista es sinónimo de cordura?
Por cierto… ¿Cuándo fue la última vez que hablamos con las almejas?
¿Cuándo?
Román Herrera González
Carolina, Puerto Rico. (2006)


Imatiz-Polígono / Estructura
De nostalgia, inconsciencia y plenitud…
Es una condición afectiva horrible que no conoce límites.
Una resaca resultante de algún estado de éxtasis arcaico.
Sólo recuerdo residuales de cangrejos y víboras.
Imágenes de sus prolongadas copulaciones
en el cieno protoplasmático de eras perdidas en la noche de los tiempos.
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Sumirse,
Abismarse…
En las ondas suaves de un océano de dichas.
En la armonía sonora de las ondas embalsamadas.
En el tormento infinito de la respiración universal.
Inconsciencia… suprema dicha.
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Cuando cesa el dolor, la vida parece esplendida.
Aun sin dinero, amigos, ni ambiciones elevadas,
Es simplemente respirar con facilidad,
caminar sin un espasmo o una punzada repentina.
Entonces los cisnes y los árboles son bellos;
inclusive los automóviles.
La vida se desliza sobre ruedas.
La tierra es fértil y produce nuevos campos
de espacios magnéticos.
Es sólo mirar cómo se inclina el viento,
acariciando las menudas briznas de hierba,
Cada una es sensible; todo responde.
Si la propia tierra sintiera dolor,
no podríamos hacer nada para remediarlo.
Las plantas nunca tienen dolor de oído; parecen inmunes.
Si bien llevan dentro dolor y sufrimiento indecibles; no me consta.
Román Herrera González
(2006 / Carolina, Puerto Rico)





