No ME Incomodan

Hay una hora precisa pasada la media noche
en que mis pupilas vencen la espesura de la oscuridad.
Es cuando mi habitación se pobla de criaturas.
No me incomodan.
Cuando la soledad es cruda,
hasta los desencarnados son bien recibidos.
Observan en silencio, no levantan el dedo,
nunca fruncen el ceño.
Puedo perfumar con lavanda mis sabanas frescas,
tomar un baño tibio,
apostar a la manzanilla y al tilo; tocarme.
De todos modos pasaran las horas
y ni con mis oraciones recibiré clemencia.
Del techo lloverán recuerdos,
hasta empaparme por completo.
¿Será que así todos desencarnados sentirán conmoción?
¿Será que a alguno le provocara abrazarme?
Si no les veo ya no son humanos, eso me queda claro.
Pero si los presiento, si me constan y les doy por cierto ¿qué son?
No me importa recordar sonriendo.
A la nostalgia la tengo muy dentro.
Tampoco me preocupa llorar hasta el cansancio.
Por que en ese acto me convierto en árbol
que a la luz de la luna se abraza a si mismo
con sus frondosas y largas ramas
y en ese acto se auto compadece
para a la mañana siguiente seguir siendo árbol.
Hay una hora precisa pasada la media noche
en que se juntan mis tres tiempos,
en que la línea donde se hace equilibrio entre mundos paralelos
se disuelve y entran ellos.
No me incomodan.
Daritza Rodríguez Arroyo
Mayagüez, Puerto Rico
24 de septiembre de 2006.
3:45 am

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