logotipo

img_google
Monólogos de una adolescente paranoica
Tres llaves para una sola puerta...
Acerca de
Me gusta pasearme sin ropa por las calles frecuentadas de las Ramblas, dormir 25h al día (sí, 25), comer carne cruda encima de una rama del Bosque Amazónico, quemar cerillas sobre entes putrefactos...simplemente, me gusta saber que todavía puedo imaginar que no digo sandeces.
Sindicación
 
Metro. Bus. Uni. Casa. Gym. Metro. Bus. Uni...
"Es que estoy tan contenta con mi Uni... es que es tan guay...es que estoy tan bien...es que...es queeee"...

Me parece que he repetido estas frases tantas veces que dentro de poco gastaré las letras que salen en ellas. Y a eso le tenéis que sumar mi cara de emocionada o, como dice una nueva compañera, de "en la parra". Pero tengo mis motivos, porque mi llegada a la uni no podría haber ido mejor. Lo voy a contar por días, y seguro que me dejaré mil cosas, pero a ver si me acuerdo de, por lo menos, lo más relevante (aviso que va a ser largo. Podéis aprovechar para ir a drogaros, comer chocolate, hacer palomitas...o, simplemente, leerlo por capítulos - pero si es en fascículos lo vendo más caro. Si la demanda es en grupo hago descuento. Hay precio especial para estudiantes. Y si eres familia numerosa te damos un vale para el Caprabo).



Lunes, día 19 de setiptiembre de 2005 (por el culo... vale, que está muy vista la broma, ¿no?)

Me visto, nerviosa, con unos tejanos y un top marrón a conjunto con el cinturón (osea). Esta semana he decidido peinarme... pero que no se hagan falsas ilusiones, sólo será un trámito para que piensen que me arreglo. Dentro de poco, cuando me vean en chandal y coleta, empezarán a conocerme (en realidad, creo que esto no pasará...hay demasiado buenorro como para permitirme el lujo de ir rastrera)(comentario tachado, era demasiado superficial - aunque cierto- jajajaja)

Quedada en el metro a las 8,30 con dos amigos. Yo, obviamente, no tenía ni idea de dónde ir, pero parecía que ellos se tenían bien estudiada la situación. Así que opté por reirme de mi misma y burlarme durante todo el trayecto en bus. En realidad, poco me importaba la clase a la que tenía que dirigirme, yo sólo tenía en mente la pregunta de "¿y cuando se hacen las fiestas aquí?" (ya ves tú el caso que le hago a las asignaturas y demás). Otro tema que me importaba era el hecho de ir enseñando la carpeta a todo aquel ser con aires de colegial. Qué mayor me sentía, qué lista, oye... aunque también me pregunto si esto de llevar la carpetita dará morbo, porque creo que ligo más con ella. A partir de ahora, la carpeta es como el talón de Aquiles y, por eso, he decidido llevármela a las discos y a mis futuras citas porque, según mis observaciones, me hace interesante (de paso se me desarrollará increiblemente el brazo derecho - porque siempre la llevo en ese lado-).

Bajamos del autobús...lógicamente, una parada antes, no lo fueramos a hacer bien a la primera y chafarle el invento a Murphy. Cagados (mi amigo literalmente. No total, pero sí en proceso, según comentó) de miedo, dejamos a Y. en el vehículo y mi amigo y yo nos adentramos en aquel laberinto. (inciso: si alguien nos vió grabando videos con el móvil, le informo que no eramos nosotros. Importante remarcar el no). Fuimos a preguntar a secretaría y aquello era un desmadre: gente tirada por el suelo, caras de giñe total, empanados mirando carteles inútiles, chicas al borde de la histeria... todo me paso como una película por los ojos y no pude evitar reirme. En realidad, reía sin parar. Mi amigo se unía conmigo, así que ya eramos dos tontos más para sumar a la fauna variopinta. Cuando nos tocó el turno, me informaron que tenía que ir a la aula P-06 ...

...¿cómo que la aula P-06?¿a mi no me hables en chino,eeeeh?¿Pero que no me ves que estoy perdida?¿No sabes que soy una chica histérica capaz de arremeter mi carpeta verde césped contra tu moflete?...

En lugar de eso, dije un: "ah, sí, vale gracias", que se podía traducir con un "vale, no entiendo lo que dices, pero supongo que si baja la Virgen no llegaré tarde a clase".

Mi amigo se fué hacia su clase, y yo hacia la mia. Sí, llegué; y encima la primera. Por lo tanto, hice el amago de dar vueltas por el pasillo...hasta que ví a mi presa y me avalancé sobre ella: una chica con pinta de freak (dos coletas, bigote, ropa tirada, la mochila por el sobaco...). Resultó ser muy buena chica y aprendí a no hacer prejuicios, porque, en muchas ocasiones, te llevas sorpresas. Sin embargo, tengo que informaros que en psicología somos tantos que hay cuatro grupos, y ella está en el grupo 10. Error si sabemos que yo estoy en el 30 [ Don't be afraid, darliiiiiiiiiiiiiiing, you're going to meet new friends (thought not that day)]. Juntas, entramos a la aula P-06 (que tiene nombre de nave espacial) y allí nos soltaron un bodrio impresionante. Yo desconecté una vez, y me preocupó en exceso ("oh diosss, el primer día y ya voy empanada")... opté por tildar al profe de aburrido. Fin de la clase, fin de mi sobada.

Llamé a mi amigo y empezamos la odisea llamada "a la búsqueda de Y., estudiante de comunicación audiovisual". ¿Qué dónde está su facultad? Are you talking to meeee man??? ¡¡Porque si me pierdo en la mía, me haces salir y ya si que me dan espasmos!! No, no, pero es real... es que eso es como una ciudad. Si alguien es estudiante de la UAB (llamamiento a los de la autónoma de Barcelona manden un Mensaje al 5557 y recibirán un premio) o ha oído hablar de ella (¿voy de que me creo importante con mi uni?), sabrá lo que digo: aquello es una ciudad, o poco le falta: peluquería, óptica, tienda de ropa, gimnasio, cine (gratis), tienda de chuches, Abacus (librería), supermercados, bibliotecas, restaurantes, cafeterías, bancos... ¡¡y veinte mil cosas más, lo que pasa es que me pierdo sola!!
Con este follón montado, entenderéis que ni con el mapa que hay en la carpeta nos aclarábamos para llegar a la facultad de Y. Pero, como la gente es muy maja, al final (al final = después de subir y bajar más escaleras que en toda mi vida), la encontramos. Y los tres nos fuimos histericos hacia casa. Fin del primer día universitario.



Martes, día 20 de septiembre de 2005

Me levanto a las 6:30 con la misma emoción del día anterior. Vestida con unos piratas, un top y unos zapatos de punta negros me fuí (esta vez sóla, porque no coincidían los horarios con mis amigos) hacia el metro. Comentarios calientes de unos empresarios. Canciones animadas en la radio. Llegada a la facultad.

La primera clase, el ordenador en psicología, fué divertida y amena, y duró dos horas. Al acabar, salgo de clase y veo que todo el mundo tiene su grupo. Pienso que soy una desgraciada de la vida, así que me voy con mi amiga la ventana. Me quedo con cara de autista, hasta que me cruzo con la mirada de una chica, la que pasaría a formar parte de mi grupillo actual. Con esta, vinieron otras chicas (mayores que yo, impresionadas por mis inocentes 17 años) y, al final del día, ya conocía a muchas chicas más e incluso había pasado por la cafetería.

En la segunda clase, métodos de investigación (¿csi?), ya nos pusieron un trabajo (chorra con ganas) de buenas a primeras. Si os pica la curiosidad por saber cómo era, ya lo adjuntaré. Está en catalán porque no tiene mucha intríngulis ("comportamientos perturbadores del alumno en el aula")... aunque, si alguien quiere la traducción, no dudaré en ponerla.

Y ya por último: Principios de psicobiología. Esta parece ser una asignatura muy muy interesante, con algunas conferencias presentadas por el psicólogo de los triunfitos. Claro que no todo es oro lo que reluce, pero todo se verá.

La vuelta la realicé con mi amigo A., ojeando el periódico. Por cierto, me he convertido en una consumista de periódicos. Cada día me leo por lo menos dos y lo complemento con Memoirs of a Geisha. ¡De algo me tenía que servir el trayecto de 3/4 de hora!



Miércoles, día 21 de septiembre de 2005

El despertador chilla a las 10,30 y yo me visto (increible, tres días seguidos arreglándome) con unos tejanos y un top rosa. Me aplaudo por el esfuerzo que hago peinándome y me dirijo hacia mi viaje habitual (llevo dos días pero yo ya me creo rutinaria)

Una vez allí, nos dan la charla más aburrida hasta el momento, en el auditorio... pero que me sirvió para divisar a dos chicos. Comento mis presas a mis amigas y me felicitan por el buen gusto. Gracias, gracias.

Después de creer morir ante la voz de una profesora asustada (creía que iba a llorar, su voz era más que quebradiza), nos fuimos a la librería... a cargaaaaaarnos de libros. Me pregunto por qué serán tan caros, creo que me voy a manifestar. ¿Alguien se apunta?¿Votáis por el numerito de encadenarse a una farola?



Jueves, día 22 de septiembre de 2005

Con una minifalda tejana, unas medias negras que llegan a media rodilla y un jersey negro (en lugar de relatar mis clases parece un concurso* de moda en el que me dedico a contar cómo visto) me dirijo hacia el bus más feliz que nunca, porque hoy sólo tenía una clase.

Al llegar, me encuentro con mi grupo de amigas y nos sentamos en tercera fila, preparadas para Principios de psicobiología. Qué sorpresa la mía cuando ví que delante mio estaba el Chico ? (vamos a llamarle así, porque todavía no sé su nombre.). Me temo que me he pasado tanto rato mirándolo que seguro que se ha percatado. Pero no creáis que lo observaba porque la profesora era aburrida, nooooooooo...¡¡si la chica es un manojo de nervios!! Para mi que mueve tanto las manos que en su vida real debe romper millones de vasos y copas. Un día de estos le daré unas maracas y seguro que en un momento me monta la fiesta que tanto deseaba el primer día...



... UI UI UI. STOP. Son las 4,15 de la mañana, tengo que parar de tecletear o no serán mis dedos los que pisen el teclado, no. Sino más bien la cabeza... porque acabo de llegar del concierto del Melendi (ríos de gente, gallos por parte del cantante, personas que te pisan, mareos varios...) y no está el horno para bollos.



Radiopatio seguirá informando de la Uni, su comunidad.



P.D: Juli, me plantearé lo de enseñar mis fotos haciendo el chorra de fiesta.



* concurso: mi madre está emperradísima con que me apunte al pelo pantene. Ni ganaría, ni soy guapa, ni mucho menos soy alta. Todo sea por hacerle feliz y reirme un rato.
 
El Fin de mis vacaciones
Se acaba. Fin. Ya está. Adiós. Vete ya (no te vayas).See u. Later. Bye...

... las vacaciones se me acaban ya. Pero mira, no sé si ponerme triste o darle gracias a la Virgen, Jesús, los apóstoles y a la Biblia entera porque mi vida empezaba a no ser normal. Y es que ya no me contentaba con aburrirme mirando la tele, sino que ahora cooperaba con ella.

Sí, sí, habéis leido bien: yo, Sandra, miro la televisión y hago caso de lo que me dicen los presentadores. ¿Que sale una entrenadora de un gimnasio promocionando una entrada gratis si el oyente llamaba al 902 - bla - bla ? ¡¡Pues yo llamo!! ¿Que llamas y te dicen que es cierto y que cuando quieres ir? ¡¡Pues yo digo que cuando quieran!! (y aquí de paso me frustro un poco al ver mi agenda nula y mi poca actividad) ¿Que te dicen que vayas al día siguiente? ¡¡Pues yo voy, oyeeeeeee!!

Así que ahí me tenías, con el teléfono en la mano y riéndome de mi misma por la estupidez que acababa de hacer. Puede parecer más ridículo todavía si digo que tuve que llamar a mi padre para poder contar la tontería del día y, confieso, me estube riendo a carcajada limpia durante dos minutos (Sé que no es para tanto. Sé que no es gracioso. Y sé que tampoco tengo que montar un show... pero cuando una lleva ya tiempo de vacaciones, las actividades mínimamente decentes se agotan y cualquier acción que comporte más movimiento que mirar una pantalla ya te parece digna de aplaudir).

Recelosa por si me habían mentido y en lugar de ver un programa cutre había visto uno de la cámara oculta, fui al gimnasio a la hora que me habían citado. Llegué un cuarto de hora antes (¿sería la emoción?¿o sería que me llevó mi padre en coche porque sino me habría dormido?) y ya me estaban esperando... pero algo no me cuadraba. ¿Un hombre CON TRAJE me estaba esperando A MI en un GIMNASIO? O eso era muy pijo o, efectivamente, mi hipótesi de la cámara oculta era cierta. Para mi suerte - o desgracia-, era la primera opción. Pero es que eso no era pijo, no. ¡¡Borja Mari se queda corto a su lado!! ¿Dónde se ve que las máquinas te hablen (quien dice hablar dice escribir mensajes en las pantallas pero...dónde se ve esto, eh, dónde) ? ¿En qué vestuario de un gimnasio hay body milk? ¿O palitos para las orejas ( ahora resulta que el nivel de cera crece con la actividad física; tened cuidado)? ¿¿O colonia?? ¡¡En ninguno (eso, o yo soy muy barriobajera y lo demás que había visto en mi corta vida eran cuchitriles)!! Siguiendo mi tónica de cleptómana y pensando que sería un buen post, pensé en robar la colonia, las toallas que te dejaban... pero ni mi fuerza era suficiente para coger el frasco de 20mil litros - y mucho menos cabría en mi mochila- y tampoco estoy tan necesitada, así que abandoné la misión y decidí comportarme como una pija más (¿Por qué todas iban conjuntadas? ¿Por qué todas intentaban ligar con los entrenadores? ¿Por qué estos últimos estaban tan buenos? ¿Y por qué yo no tenía uno, eh, por qué?). Pero resulté nefasta... porque a los dos pasos ya me había perdido y confundía la sauna de vapor con la sala de máquinas. Es triste que te tenga que indicar la mujer de la limpieza. No por el trabajo que tiene, no. Sino porque me acababan de hacer una visita guiada por todo el gimnasio. ¡¡Qué bien me ubico!!
Al final pude salir airosa del ambiente ricachón, con con una capa más de piel, de tanto body milk que me había echado (y es cierto, porque tuve que cojer papel para quitarme el exceso), y con aroma a rosas (no es irónico; recuerdo que había colonia, malpensados).


Al día siguiente, para comparar gimnasios, me fuí al de siempre, al de mi barrio... aquél que me había parecido completo y correcto hasta haber hecho esa llamada. Pero eso poco me importó cuando me encontré allí con las máquinas que no me hablaban. El problema fue cuando vi que estaba rodeada de gente mayor y me había convertido en una jubilada sin saberlo (Inciso: respeto mucho esa condición de vida, porque a todos nos tocará, pero no cuando una tiene -almost- 18 años). ¡¡En qué me estaba convirtiendoooooo!! Y lo notaba porque, a parte del cambio de ambiente, estaba pensando que tenía que acabar pronto para ir a buscar a mi hermano M., hacer la compra, preparar la comida, llevar al niño M. al colegio...¡¡oh dios mioooo!! No me extraña que el otro día le dijeran a mi hermano "¡¡qué madre tan guapa tienes!!", si es que lo parecíaaaaaaaaaa... ¡¡me tienen explotada!! (no es cierto, sólo que me gusta exagerar).


Dejando de lado tanto ejercicio, pensé en ir a la playa. Así que, después de 24h de haber creído ser una jubilada, me tocó ver un culebrón protagonizado por estos mismos, en vivo y en directo. Otra vez más, no pude evitar llamar a mi madre para contarle lo super fuerte que era tener una pareja, amantes, de sesenta años discutiendo, besandose de forma cutre y observando como el hombre intentaba engatusar a la mujer con excusas dulces palabras...
Cierto que estaba embobada con tal actuación, pero tenía hora para la peluquería y más me valía que fuera, porque tenía a mis amigas persiguiéndome y casi obligándome (lo hacen por mi bien) a cortarme el pelo escalado y con el flequillo al lado (me pregunto si me estará afectando lo del gimnasio pijo).

Así pues, por la tarde, con mis pelos postplaya, me fui a la peluquería donde todas me conocían como la chica histérica del pelo clásico que seguro se asustará con tus tijeretazos, como así le había dicho a mi amiga que les hiciera saber. Aunque mi definición de histérica se tendría que haber cambiado por "avergonzada" y el se asustará con tus tijeretazos por el "se asustará al ver su pelo roñoso propio de un día de playa (o simplemente esos días en que lo llevas a lo rey león)". Cuando me cambiaron el look, decidí ir a celebrar mi nueva melena (eso o porque mi abuela me dio dinero), y me fui de compras. A la vuelta, cargada de bolsas, consumiendo el tiempo porque sí, me di cuenta de que, efectivamente, era una auténtica jubilada. Pensé en pararme a mirar obras; total, era lo último que me faltaba...

...suerte que me animé con el finde pensando que quizás no me estaba volviendo tan mayor como creía. Porque mi abuela no se mete en los contenedores de basura al acabar una fiesta, porque ella no se hace fotos en el metro haciendo el chorra, porque ella no sube de un salto al podium de una discoteca al mínimo indicio de canción prometedora... ¿O sí lo hace?


Sea lo que sea, mañana empiezo la universidad. Así que eso ya me va indicando que todavía soy una adolescente paranoica, que volverá a no tener tiempo para hacer nada y que se rodeará, de nuevo, con chicos y chicas de su edad. Que Dios me ampare. Amén.
 
La carta que nunca recibirás
Siguiendo la tónica culebronera que llevo estos días, procedo a cerrar el capítulo con la carta que lo entierra a Él. Las palabras que leeréis piden a gritos ser olvidadas con el tiempo. Sé que lo conseguirán. También agradecen que estéis aquí, leyéndolas, entendiéndolas. Gracias de nuevo.




- Traducción del catalán al castellano -




Hola P.,


No tenía intención alguna de hacer lo que estoy haciendo. Realmente, no sé hacia dónde conducir mi redacción, porque esto me pilla por sorpresa. Sea lo que sea, ya he empezado... y sería igual de ridículo romper esta hoja que continuar haciendo el paripé.


Siempre he creído que las cartas, si no tienes mucha confianza con el destinatario, son bastante patéticas porque, quien las recibe, puede llegar a creer de tu persona cosas ridículas. O puede creer cosas que no son. Sin embargo, me arriesgo. Puede que no sea para hablar contigo, sino para hacerlo conmigo; para analizar qué me baila por la cabeza. A partir de aquí, puedes decidir si quieres seguir leyendo, o pararte. Pero pienso que la curiosidad puede al hombre y me seguirás hacia... hacia no sé donde; porque creeme si te digo que no sé ni qué pienso.



. Me detengo.

. No sé cómo seguir.

. Quiero decir muchas cosas y las palabras se esconden.

. Ya lo tengo...



... te imaginaré. Porque me hace gracia. Porque sé que a ti también te hará. No hace falta concentrarme para saber que habrás adoptado la postura de "tio duro_las chatis me quieren_ ésta va detrás mio, neng". O quizás la del impasivo "¿se puede saber que quiere ésta?". Da igual la opinión que tengas de mi, la verdad. Como ya he dicho, quiero ser un poco egoista y me gustaría que me escucharas (leer, en su defecto) para evitar confusiones y, de paso, descargarme un poco, que ya va bien.


No sé cómo ni cuando ví al P. Amigo en el P. Algo Más (ya ves, eres polifacético). La cuestión es que a mi, cuando se me cruzan los cables, suelo expresarme y no guardarme lo que siento. Aunque no pienses que no me detengo a analizar las cosas antes. De todas formas, una se cansa de ser racional y quise ser sincera. Si la cagué o no es un tema en el que prefiero no entrar; el pasado, ahí se queda y no lo quiero cambiar. Pero después de lo que ha sucedido... quizás sí que habría merecido la pena permanecer callada (quítale el quizás).


Y eso lo ví ayer, con tu (¿puedo decirlo?) estúpida propuesta de venir a rescatarme de la llamada sexual cuando a ti te fuera bien. Querías hacerme un favor... ¿o qué? Pero, ¡ey! Un momento... que si sigo moviendo el boli no es porque quiera enfadarme, porque no puedo ni hacerlo. Aunque últimamente hayas olvidado que teníamos una amistad. Aunque hubieses querido hacer de mi una muñeca a tus servicios. Aunque me haya sentido ridícula. Aunque tenga miedo. Aunque haya podido verificar que los sentimientos y yo no somos compatibles. Aunque te odio porque me odio. Pero, sobretodo, aunque te odio porque no soy capaz de odiarte...


...Porque en ti veo el P. Amigo. Y se me hace imposible hacer ver que no estás ahí. Y esto me está quedando como una carta de enamorada. Y me enfado, ahora sí. Estoy frustrada, porque veo que no sé plasmar lo que pienso. Pero me frustro más cuando me doy cuenta que no sé ni lo que pienso. ¿Es decepción? En parte sí, por ver que tú no me cosiderabas muy especial. No como chica, no te confundas. Tampoco como rollo. Todo es más simple: todo recae en la amistad.
Es cierto que no podemos presumir de relación amistosa única y especial, pero yo me lo pasaba bien a tu lado. Y no quería mandar a la mierda esos años que hemos pasado juntos.


Y ahora sí que te has perdido, ¿verdad? Lo digo porque yo voy más perdida que al principio. Y mucho más ridícula. Tanto, que estoy pensando en romper estas hojas y mandar las palabras ahí donde nadie las pueda leer. Hacer esto y quedarme yo con la duda. La duda de saber si sirve o no seguir considerándote especial. Porque siempre lo has sido, de especial. O quizás estrambótico. Y vuelvo a parecer una chica enamorada. Y volveré a remarcar que no lo estoy, de enamorada. Simplemente que me caías bien, P. Como amigo.


Y ahora... ahora me siento culpable. Por hablar más de lo que me toca. Por querer hacer cosas arriesgadas. Por querer ver una pasión que quizás nunca explotaría. Por ver que me has cambiado la etiqueta de amiga por "la chica ésa de la que huyes".


¿A qué esperabas para decirme que preferías terminar el juego? ¿Era mejor ignorarme y esperar que yo te hablara para, entonces, dejarlo ir? ¿Es eso la amistad? No. Todo pasó a ser frío. Y es aquí donde ví que era estúpido seguir dirigiéndole la palabra al P. Algo Más. Él es un estúpido y un inepto por pretender hacer de mi una simple chica con la que pasar el rato si le venía en ganas al señor. Y no es eso, yo no lo quiero. Y lo borro, le pego una patada, también. Porque, tienes razón, no habría funcionado.


De todas formas, llamo al P. Amigo. Ese que me escuchaba cuando le contaba mis aventuras, ese con el que reía, ese con el que criticaba la poca profesionalidad de algunos profesores. Pero, después de conocer a su amigo (parezco idiota hablando de forma metafórica), no sé si el P. que yo conocí en su día está a mi lado siempre, como amigo... o si sólo está los jueves de 6 a 9:30...


Pero he decidido no torturarme más . Abrir los ojos y ver que, para tí, sólo soy la compañera de inglés. Que eres bastante cerrado y sólo pocos pueden llegar a penetrar la cáscara con la que te cubres. Que no podíamos tener algo más que amistad. Y que, ahora me asaltan las dudas, no sé ni si esta amistad era o es real.


De todo lo que he dicho, mejor quédate con nada. Podemos hacer ver que no nos conocemos. Empezar de nuevo cuando nos veamos a la academia. Si piensas que he ido demasiado lejos con todo esto... tal vez tengas razón. O tal vez no. Sea lo que sea, intentaré borrar todo lo que había visto en ti para dejar de idealizar una amistad que no era tan fuerte como creía.


No preguntaré qué piensas de todo esto. Creo que no quiero saberlo. El propósito de mi carta ha dado su fruto: ahora sé que posición adoptar. Por si te vuelve a picar la curiosidad, te diré que es la de la impasiva. Dicho esto, actua como si esta carta nunca te hubiese llegado, como si nunca hubieses visto a la Sandra dudar, como si ella nunca te hubiese besado.


No sé cómo despedirme. Optaré por el silencio o, en este caso, por el color blanco manchado con mi nombre.



Sandra.







 
Who I am...
Posiblemente, no lo entenderéis; no lo entiendo ni yo. Quizás pediréis explicaciones, o tal vez no. Lamento deciros que no voy a poder responder. Lo que vais a leer no es lo que estoy acostumbrada a escribir, pero necesito que el torbellino que siento dentro... explote. Y qué mejor forma de hacerlo que manchando esta pantalla de letras, pisoteando las teclas con rabia, como si éstas fuera esa energía negativa que quiero destruir.

Me sentía mal. He llorado. He pensado que no me entiendo. Entonces ha sido cuando he decidido pedir ayuda... mi madre; ella siempre está aquí para mi, aunque parezca egoísta (o lo sea), es así. Le he contado todo lo que sentía; con lágrimas en los ojos le he dicho que no sabía ayudarme a mí misma. Ella me ha analizado. Los resultados, aquí los tenéis, escritos de su propio puño:


1. No sé cabrearme
2. Me importa demasiado mi imagen de buena delante de los demás.
3. Idealizo a los tios.
4. Muchos amigos me van detrás y me contengo constantemente.
5. No sé canalizar mis emociones: o estoy arriba, o estoy abajo.
6. No me gusto.
7. No me gustan los cambios.
8. No valoro los amigos de verdad.
9. No sé decir que no.
10. No sé decir que sí.
11. No sé nada.
12. No quiero cambiar.
13. Quiero cambiar.


Después de hacerme hablar sobre cada punto, me ha dado otro papel y me ha pedido que escribiera sobre mi último percal sentimental. Esto ha sido lo que me ha salido:

Te odio por haberme rechazado. Por haberme tratado como a una más. Por haber olvidado que teníamos una amistad. Por haber querido hacer de mi un juguete con pilas. Por hacerme sentir ridícula. Por no poder decirte las cosas a la cara. Por tener miedo. Por tener miedo a perderte. Por hacerme descubrir que no sé querer. Por ver lo patética que soy al ver cuentos de príncipes y de princesas, donde no existen. Por haber querido hacer de ti el vehículo que me llevara a F. Por querer ver en tus ojos la pasión. Por creer que algún día la sentiría en los míos. Te odio porque me odio. Pero, sobretodo, te odio porque no soy capaz de odiarte.
Me ha pedido que se lo leyera. Así lo he hecho. Luego, ha cogido mi bolígrafo y ha borrado con rabia mis palabras. No quería que escribiera más palabras bonitas, quería cosas simples. Me ha devuelto el boli y esto es lo que he escrito:


Cabrón. Puto. Cerdo
Eres un mierda por haberte callado lo que sentías y esperar a verme reaccionar para contármelo y, entonces, ridiculizarme.

Lo que ha pasado después de esto, es lo mismo que sigue pasando ahora: el miedo sigue existiendo. No me entiendo. Pero, por lo menos, sé que alguien estará aquí para ayudar a intentar conocerme... algún día.
 
Grita, grita, no te pueden oir...
(Sandra) tuf tuf (sonido que realizan mis dedos al impactar contra el cuerpecillo de mi hermano)

Sin respuesta, ergo, repetición de la actividad, interesante donde las haya.

(Sandra) ¡¡¡TUF TUF!!!

Sin respuesta, ergo, repetición de la actividad, interesante donde las haya, pero ahora con los ojos inyectados en sangre y algo más histérica que la segunda vez. Decido reprimirme.

(Sandra) Marc...esto...¡Marc! ( zarandeo ) ... ¿te acuerdas que un día te dije que te llevaría a la playa a jugar a fútbol?

Marc me mira atónito dormido. Hace un amago de respuesta, y lo interpreto como un sí.

(Sandra, totalmente emocionada) ¡¡ese día es hoy!!


( Marc, totalmente negativo ) ¿¡¿hoy?!? Si hombre... tengo sueño y el papa dice que hace mal tiem...

(Sandra, irritada por la negativa) ¡¡¡el papa, el papa...!!! (mirada asesina al padre) Venga, no seas vago y vamos a jugar.

A estas alturas ya me planteaba si realmente quería divertir a mi hermano... o quería pasármelo bien yo, cosa que me daba vergüenza admitir. No por levantarme temprano, no por jugar con mi hermano... sí por tener como concepto de diversión el hecho de perseguir una pelota deslizándose por un terreno arenoso.

Pero ya era demasiado tarde...me había implicado en una aventura que desencadenaría una serie de sucesos que me tildarían de patética de por vida. De nada serviría correr como una loca poseída (eso lo haría luego).



SITUACIÓN Nº1: ENCUENTRA ROPA PARA TU HERMANO (porque él no se la va a buscar y, recuerda, eres tú la interesada)

Muy bien... tres armarios en mi casa y dime, ¿para qué?...¡¡si luego no encuentro nada!! Sólo quería unos pantaloncillos largooooosssss, ¿es esto mucho pedirrrrrrrrr?
Conclusión: me hago la pesada con mi padre y le torturo de tal forma que éste último decide hacer la pesada tarea.

Una vez estamos todos vestidos...¡¡nos vamos a la playaaa!! (Inciso: no era un día de playa: nubes, frío, incluso parecía que iba a llover...pero oyeeeee, que si digo que vamos a jugar ar furbol, vamos a jugar y sansacabó )



SITUACIÓN Nº2: MI SANTO PADRE NOS DEJA AL LADO DE LA PLAYA Y NOSOTROS NOS DISPONEMOS A IR AL PARQUE (¿Relación? No la hay)

Me topo con una estructura no uniforme. Como un crío, decido subirme... pero descubro que mis bambas están mojadas y que, posiblemente, gracias a esto, mi cuerpo se podría haber destartalado delante de la presencia de mi hermano. Una hace el patético subiendo allí, pero una no cae ridículamente, y menos delante de un ser que te idolatra. Así que, fingiendo controlar la situación, bajo de aquél aparatejo maldiciendo al modernismo.



Una vez en el suelo, vemos unos atractivos columpios y, como tener 17 (almost 18) años no prohibe (pero debería) subirse, me siento de un salto. No es que tenga complejo de Spiderman, pero, si no quería mojarme entera (un enorme charco se visualizaba bajo mis pies), hice bien en creerme atleta o, en su defecto, saltimbanqui cutre.

(Sandra y Hermano) UEEEE, UEEEE
( niño, máximo 7 años, espontáneo) ¿Vosotros sois tontos?

Casi me da un síncope. No supe responder (me acababan de pillar haciendo el imbéc**), pero mi hermano soltó:

( Marc ) Yo no, ¡¡pero tú sí!!
(Sandra, pensando) Niñato de mierda Niño, es lo que eres tú.

Pero al niño pareció no molestarle el comentario...e intentó subirse al columpio. Y digo intentó porque, del salto que dió, se resvaló con la tierra mojada y, consecuentemente, impactó su cara, manos, piernas, culo (parecía una croqueta personificada, con pulgas)... contra el suelo. Después de la rabia acumulada, nuestras risas fueron obvias (inciso: con esto no digo que siempre me burle de los pobres niñitos indefensos. Porque ÉSTE NO ERA EL CASO) y el pobre se fue corriendo. Observándolo de lejos, confirmé mi teoría: ese ¿ente? se había perdido del supermercado, sección congelados, y se paseaba por los parques recreando su condición de ser: la de ser croqueta. No le dimos más importancia y nos fuimos, de una vez por todas, a la playa.



SITUACIÓN Nº3: REGRESO A LA INFANCIA (Si es que alguna vez la había dejado)


Es ver arena y ya me vuelvo (más) tonta (estoy preguntándome si esto de ridiculizarme me aportará algo bueno. En fin...). Así que hice lo propio: correr como una loca hacia las olas y obligar proponer a mi hermano que viniera. No hay nada mejor que ver a dos tontos juntos, corriendo detrás de una pelota, cantando Oliver y Bengi los tontos del baón (y repertorios varios), haciendo ruedas, saltos a modo de albóndiga y subiendo a piramides de cuerdas.

¡¡Qué bien se siente uno cuando puede hacer el chorra sin que nadie le vea!! (Estábamos solos en la playa, sólo el Socorrista podía ver lo patéticos que somos. Sin embargo, creo que, para más intimidad - o por vergüenza ajena-, nos dejó solos. Así que si quería renunciar a mi yo_responsable, podía hacerlo sin temor).

Pero, de repente, algo torció nuestra diversión: UNA ASQUEROSA RATA SE PRESENTÓ ANTE MI. Pero que ascooooooooooooooo...nunca he creído correr más en mi vida. Me aparté de aquél feto malnacido (sí, odio a las ratas) chillando un sonoro...¡¡¡WAAAAAAAHHHHH!!! Me salvaba el saber que no había nadie allí para ver mi patética situación de chica_enloquecida_por_un_animal_muerto, pero las ganas de huir eran máximas.
¿Que me dan asco las ratas? Pues sí, es obvio. Aunque, para maquiavélicos y masoquistas, nosotros así que, como si fueramos chinos con cámaras fotográficas delante de la Sagrada Familia, empezamos a grabar y hacer fotos a la rata (me da repelús hasta el nombre. Esto es serio), con el móvil. Para darle más emoción, salíamos corriendo y chillando para que, si no había tenido suficiente con creerme ridícula, lo pudiese corroborar tantas veces cuanto quisiera, sólo con mirar el móvil.

Después de tanto ejercicio (eso, y porque llovía demasiado), nos fuimos para casa... a buscar la bicicleta de mi hermano (si creíais que ibamos a descansar, es que no me conocéis). Salgo al patio y escucho un "cuidado que hay una mierda", de boca de mi hermano. Evidentemente, la ví: una cosa amarillenta se presentaba al lado de la rueda. Lo que no ví es la otra caquita (otro inciso: en mi familia defecamos en el mismo sitio que todo el mundo. Los restos fecales que aparecen en mi escrito proceden de mi perra. No vayamos a malpensar)...otra caquita que había pasado a formar parte de la suela de mi bamba. ¡¡ECSSSS!! (Sandra, no te pongas nerviosa, vamos: Piensa en el cupón de la Once que te tocará, piensa en el cupón de la Once que te tocara, piensa en...).

Con caquita incluida, nos fuimos hacia la calle. Y sí, en la calle hay gente (qué lista soy). Y sí, la bicicleta es para niños de diez años. Y sí, tengo 17 pero...¿y qué? Vamos por dios, ¿que me subo a los columpios y no voy a poder subirme aquí? Así que, recreando momentos de la serie Verano Azul, daba vueltas con la minibici, recibiendo miradas atónitas de los demás ciutadanos cuerdos. Como teníamos que ir a comprar, pensé que mi aparición en el supermercado montada en aquel vehiculo no habría sido muy adecuada, así que decidí bajar de la bicicleta y usar las (pocas) neuronas que tengo.


SITUACIÓN Nº4: VISITA AL SUPERMERCADO, MOMENTO ARQUIÑANA Y COMIDA

Parece ser que este ha sido el único momento adulto que he tenido en todo el día. Prometo no haber hecho el chorra... o, si más no, eso creo.


SITUACIÓN Nº5: INDEFINIDA

La intención era ir de comprar... pero al final el tiempo, como ya indicaba mi padre en un principio, no nos ha acompañado. Así que aquí me encuentro, desvelando a los cuatro vientos lo ridícula que soy si me lo propongo.


Autores de la odisea:







Decidme, ¿cuando sois como niños vosotros?
 
Días patéticos de verano...
Me preguntáis que si estoy ocupada, que si no tengo tiempo para postear... pues fijaros que mi verano está lleno de traumas y que, si no escribo, es porque me intento recuperar de cosas como estas...:


VISITA A IKEA, decorando el patetismo


Yo creía que en Ikea no se podía hacer el pena, pero el otro día mi teoría se quedó por los suelos. Si no tenéis nada que hacer...llamad a mi madre, mi tia, mi prima y a mi persona...que nosotras nos encargaremos de derrochar ridiculeces por allá donde piséis. ¿Que vais al Ikea? ¡¡Pues ahí mismo!! no hay problema...

Y es que el otro día quedé impresionada con la familia Sánchez&Roigé (sí, es la mía, sí...): íbamos las cuatro citadas anteriormente dispuestas a pasar una tranquila tarde de verano cuando, sin esperarlo, todo se torció. Sin ir más lejos: mi madre. Me asustó...no, no, en serio me asustó: ¡¡cada paso que hacía era un tropezón!!; que yo ya no sabía si estaba al lado de Steve Urkel, si no tiene sensibilidad en los pies, o, en el peor de los casos, si mi madre le da al costo...
Claro, con este individuo así, una no puede ir (osea)... pero es que me alejaba y era peor. He descubierto (fíjate tú que útil es ir al Ikea) que a mi madre, si no la empujas, no se mueve. ¿Que veía un carro con todo de cacharros inútiles objetos en oferta? Pues ahí se quedaba media hora... y da igual que sepa que lo que hay no le va a servir o, aún peor, que se sepa el contenido al dedillo...¡¡que ella seguirá ahí, eeeh!! Y claro...¿tú que vas a hacer, pobre alma inocente? Sí, obviamente...¡¡arrastrarla!! Si ejjjke estos adultos...
Luego llegamos a la cola y yo me quería esconder: ¿¿pero qué mierda de compra era aquella?? Os lo cuento, para veais que no tengo pudor de (casi) nada, pero creedme si digo que es verídico:

*** Un vaso de plástico color tomate.
¿Para beber? No, porque eso era tamaño bigsize. ¿Para poner los cubiertos - idea destacada por mi madre-? Pues sí, podría cobrar su sentido... pero digo podría porque al final ha acabado como "aguantador de cepillos de dientes". (Voz interior, reprimida e histérica de Sandra: "¿¿¿entonces para qué lo querías, mama, si encima ya teníamos otro objeto en el que metíamos los cepillos???").

*** Un lote completo de "removedores" de cocina.
Me explico: la típica cuchara y tenedor maxigrande de madera, que sirve para mover los spagettis y comida varia, que a todo el mundo se le acaba quemando... pues eso. (Vale, es útil...pero ir a Ikea y comprar eso...pues muy lógico no es).

*** Una toalla tamaño pitufo blanca.
"Es pa'la niña, cuando se va al gym...", decía mi madre. Pues sí mama, muy bonito el detalle, pero si eso me la compras más grande o, en su defecto, de color negro...¿porque no querrás que tú hija vaya con una toalla evidenciando, gracias al color, que está llena de roña, no?

*** Una copa para beber cerveza.
Sí...qué risa, para beber cerveza dice... ¡¡pero si la usamos cuando todos los vasos normales están sucios!! (Seguro que sólo era para poderle decir a la vecina del quinto que ella tiene "Una copa para beber cerveza"...aiss...)

FIN

Que yo me pregunto: ¿¿¿hemos ido a Ikea o a la tienda de los chinos de la esquina??? ¿Será que mi madre mira la teletienda de la noche y le han lavado el cerebro? Por favor, si algún médico/psicólogo me está leyendo... que nos ayude, de verdad necesitamos terapia.

Pero es que todo no queda ahí, no. Porque, al salir de la cola, a las niñas les entró hambre...e Ikea, muy apañao él, ofrece un suculento (ecssss) hot dog. Así que mi madre, mi tía y mi prima se compraron uno (detalle: no me gusta la carne)... mientras yo me dedicaba a coger servilletas. Y ya la tenemos liada... porque no cogí unas cuantas, no. Sólo me faltaba llevarme el "cacharro" entero. Obviamente, todo el mundo me miraba, pero oyeeee "mama, que si no tenemos papel de vater tú tranquila que yo te consigo por el módico precio de 0 euros".
Y sí, sí. Ahí estábamos las 4 sentadas, mirando las bandejitas cuando una voz diabólica (venía del cuerpo de mi tía) pronunció:
- "A mi sabéis qué me gustaría... pues llevarme estas bandejas".

Stop. Una mira las bandejas. Una ve que son feas. Una ve que le da igual, que puede ser divertido. Así que una dice:

- "Ah, ¡¡pues vale!! Nos las llevamosssssssss".

Y ahí me tenéis, lavando las bandejas y metiéndolas en la bolsa cuando una (la única) neurona me dijo:

- "Oye, ¿y si pitan qué?".

Cuando me di cuenta, había expresado este pensamiento en voz alta, a lo que las demás dijeron:

- "pues sí...como piten verás tú", neuronas de los familiares.

- "Ai calla, pues no pasa nada... vamos a probarlo, si ya puestos...", mi neurona.

Así que yo y mi futura bandeja nos dirijimos hacia la puerta de salida. Yo, muy puesta, iba disimulando (con el silbido no, que eso ya está muy visto) diciendo: "¿dónde dices que está el papa?" (vale, la escusa es mala pero recordad que sólo tengo una neurona en juego, y la pobre no da para más), una y otra vez cuando de repente...

PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

Voz interna Sandra: ¡¡ohhh diossssssssssss, voy a morir, me han pillado!!! Iré a la comisaría y todos se reirán de mi por haber robado una ridícula bandeja. Encima, ¿pa'qué la quieroooo, si es feaaaaa y tiene un pepinillo enganchadooooo?

Voz externa Sandra: ¿que dónde dices que está? (yo seguía a mi bola)

A lo que mi familia respondía con sonoros: JAJAJAJAJAJAJA. Que dices, ya os vale majos...yo aquí arriesgando mi vida por vosotros y no hacéis más que reir (vale, confieso que yo también me reía).

Después de la patética escena me dediqué a acojonar el hombre sentado a mi derecha, diciéndole cuántas cosas había robado.

(Sandra) pues mira, ¿ves esta falda? Pues nen, la chingué en el bershka...
(mi tía, siguiendo el rollo) ¿en serio?
(Sandra) sí, sí, estubo tó chungo, pero mira...

- cara asombrada del hombre -

-aparición de mi madre-

(mama) pero qué dices, si esta falda te la compré yo.
(Sandra) que no mama, que la robé...
(mama) ¡¡que no!!

-Sandra aparta a mama-

(Sandra) ¿no ves que era broma?
(mama)¡¡aaaaaaaah, perdona!!
(Sandra) ¬¬...


Mi madre luego ya iba tan acojonada como el hombre de mi derecha...tanto, que cuando llegamos al lavabo se le ocurrió soltar semejante tontería:

(mama) no vayas a robar ahora más papel, eh...
(Sandra) obvio que sí... la duda ofende.
(mama) que nooooooo. Y si luego pita, ¿qué?
(Sandra) Sí claaaaaaaaaaaro, y si se te queda un trocillo enganchado en el culo también te va a pitar, ¿no?

...pasados diez minutos, mi tía todavía seguía riendo de la situación. Por cierto, obviamente... me llevé papel.

FIN DEL DÍA EN IKEA.



Intento de visita a la Universidad y mi problema con el tren

Un amigo B., una amiga M. y mi persona... quedamos para ir a la Uni. No es que seamos unos motivados, no es que pretendamos quemarla todavía sin haber empezado las clases, no es que nos haga ilusión verla... lo que pasa es que me haría gracia 0 ir el primer día y perderme.
Así que fuimos al tren y...

...¡¡pero qué follón!! Que si vía 7, que si vía 2... yo no me aclaro, señores. Encima el trayecto es de dos zonas, así que tienes que pagar. Después del intento de robar bandejas (aunque tampoco soy una macarra, a ver qué visión os vais a llevar de mí), supongo que pensaréis que pasaría con el billete normal, con la T-10. Pues vais por buen camino...

...bajamos las escaleras...y...¿os acordáis del momento película Solo en casa cuando la familia ve que va a perder el avión y si no se deja la vida corriendo no va a llegar a tiempo? Pues nos pasó lo mismo, pero versión tren.

Pero yo, si ya soy torpe por naturaleza...me sumas los zapatos, lo elevas al exponente del móvil en la mano y lo factorizas por las escaleras... el residuo que vas a obtener es el siguiente: un desastre. ¿Qué pasó, qué pasó?

Pues pasó que me quedé chafada por las puertas del tren, con medio culo fuera, con el móvil roto por el suelo - por suerte, el suelo del tren- y yo inmobilizada de lo descojonada que estaba. A esto le sumas a mis dos amigos riendose a carcajada limpia y al resto de gente aguantando la puerta para que no muriera chafada. Sólo habría faltado que alguien, por fuera, me hubiese tocado el culo. Si es que uno no puede ir tranquilo a ningún sitio...

...pero oye, hablando de tranquilidad... no me he quedado yo muy bien con este post. Así que aprovecharé para decir que...si alguien del Ikea o de seguridad del tren me está leyendo... esto que he escrito es totalmente falso...QUE YO PAGUÉ LAS DOS ZONAS DEL TREN Y QUE EN NINGÚN MOMENTO QUISE ROBAR NINGUNA BANDEJA.

Dicho estooooooo, me despido.



Libro del momento: La sombra del viento, de Carlos Ruíz Zafón.