Quiero volver a London City utilizando el 24...
AUTORIDADES SANITARIAS AVISAN QUE ESTO VA A SER LARGO. SI NO QUIEREN QUE LES REPERCUTA A LA SALUD, NO LO LEAN. SI SON ARRIESGADOS, ADELANTE.
- “Sandra, a la ducha” (forma sutil de decirte que apestas).
- “angmm…” ( no he encontrado un sonido que represente mejor la voz que me sale por la mañana).
A todo esto, se me ocurre mirar el móvil y veo que son las 6,30. Espera, ¿¿las 6,30?? 1+1…son 2…más 1… más… ¿me estás diciendo que sólo he dormido 4:30 y ahora me tengo que levantar? ¿¿¿Por qué tuve que ir a ver Harry Potter (porque tenía ganas de verla porque tenía que acompañar a mi hermano al cine…)???
Así que con la legaña incrustada en el ojo me metí en la ducha y, al salir, mi madre ya me decía que teníamos que irnos. Ah, muy bien… no, si quieres ya me voy a Londres con el albornoz… si total, ¡¡sólo están a -1º!! Pooooooooonte el jersey, la chaqueta, el anorac, los guantes, la bufanda…es decir, ponte como una cebolla andante y sal corriendo no vaya a ser que te dejen en casa y recrees la película de Macaulay Culkin (más que nada porque en mi casa, como tenga que ponerles trampas a los ladrones, va a ser que no hay espacio…).
Llegamos al aeropuerto… y empiezan las presentaciones. Nos emocionamos, comparamos equipajes (prácticamente nulos), comentamos la carencia de prendas indumentarias de sobras (léase bragas, léase tanga) y hacemos la inocente mención de los Dni. Y, ya que estábamos puestas en el tema, sacamos los documentos; se oye, pues, un murmullo (entiéndase como histeria) de fondo:
“Oalaaaaa, tu pareces un seto”, “pues mira mi foto, y eso que fui a la peluquería… ¡lo llego a saber y no voy!”…
“Esto… em… ¿dónde está tu DNI? No es que quiera meterte prisas pero, ¿¿¿eres consciente de que si no lo tienes no puedes ir a Londres??? ANDA VETE PA’CASA…(silencio, tensión) ¡¡PERO TRAE AQUÍ LAS PASTAS!! (una de las frases estrellas del viaje: Dolores, estresada porque su hija no llevaba consigo el Dni, la manda a tomar por cul* pero le pide la comida, no fuera a ser que el resto del grupo nos quedaramos sin desayunar. “Tu niña vete, pero trae pa’ká lo importante”).
Y aquí empieza el caos humanizado donde habrá varias misiones que cumplir, divididas en dos historias paralelas:
La historia A cuenta como el marido de Nati lleva al sujeto perdedor de DNI – llamémosle sinpa- a su casa, para recuperar el objeto en cuestión.
La historia B narra como el resto del grupo nos vamos a comer…las pastas. Con glucosa en sangre, uno piensa mejor y maquina más bien los planes. Así pues, esta historia se divide en tres misiones diferentes:
Misión 1: tres miembros del grupo fueron a acosar al personal de la comisaría del aeropuerto para que, por si acaso no encontraba el Dni, le hicieran un pasaporte al instante. Como no las tomaron en serio, no quisieron hacerlo… No hasta que MariCarmen se impuso y llamó al superintendente. Obviamente, la mujer se cagó e hizo el documento sin problemas. ¡Qué bien va tener contactos! Viva la mafia.
Misión 2: hablar por el teléfono. Esta misión también se puede dividir en dos momentos correlativos (qué lio de historias, ¿no?):
Teléfono 1: Nati habla con su marido y éste le cuenta que el sujeto sinpa (tras aporrear la puerta de su casa, despertar a su abuela, después de que la abuela se cagara en ella y después de que ésta última pusiera toda su habitación patas abajo) recuerda que posiblemente se había dejado el Dni en la examen de teórica. Aquí vemos como la historia A prospera y la sinpa y el marido de Nati se dirigen otra vez al aeropuerto… sin el Dni (a todo esto le vas sumando variables: chicas corriendo, chillando, minutos que corren rápido, un vuelo que has de coger…).
Teléfono 2: el marido llega al aeropuerto y no nos encuentra. Aquí viene la cómica conversación:
- ¿Cómo que no nos encuentras? ¡¡Si estamos al lado del túnel!! (los otros miembros del grupo nos miramos con cara de: ¿qué dice? Si aquí no hay ningún túnel…) Que si escucha… ¡¡al lado del puente!! (ah vale, ahora cambiamos. Que es un puente. Sí bueno, seguimos igual…¿dónde ves el puente, querida Nati?) ¡¡¡AIIIIIIII!!! (Aquí es cuando se gira poseída y lanza un lapo asesino a su hija, a la que casi mata con este líquido. Se puede ver esta imagen en una fotografía)… ¿cómo? ¿¿Qué se te está llevando el coche la grúa?? (éramos pocos y parió la abuela) […]
Misión 3: consiste en mirarse la situación con parsimonia, o hacer fotos, o comer Las Pastas… es decir, no hacer nada. (Qué pasa si yo me encontraba ahí, a ver. Alguien tenía que hacer las fotos, ¿no?)
Si juntamos las tres misiones, llegaremos a la misión final (qué pesada con las misiones, parece una peli de Rambo), en la que veremos como los tres subgrupos consiguen unirse, con Dni incluido. Bien, bien… pero si eso os dais prisa porque son las 10 menos 10, el avión sale a y 15…y estáis a km luz de él.
Pasamos por el detector (…a mi madre le pita… yo siento vergüenza ajena…) y empezamos a correr, actividad que nos acompañaría por todas las calles de Londres.
Obviamente, llegamos tarde. Sin embargo, como si la cabecilla del grupo fuera Moisés, nos abrieron paso y pasamos como estrellas. La gente, envidiosa por naturaleza, nos criticó y el negro de la puerta explicó que, como eramos del grupo A, teníamos prioridad sobre los otros… (chincha rechinchaaaa).

Y conseguimos sentarnos en el avión. Guardamos las bolsas y vemos que alguien había guardado una guitarra. Entre gritos flamencos, buscamos al propietario y lo veo situado en la fila de delante mío. Para la sorpresa de todas, el chico estaba demasiado tremendísimo (lástima que mi madre sea tan mala fotógrafa y no se aprecie en el álbum) así que mi madre y yo nos cambiamos y nos pusimos a su lado. ¡¡Aquí se va a hacer amigos (sí, claro, amigos)!!
Después de que el comandante García (lógicamente no sé si se llamaba así. Pero seguro que sí…) dijera su repertorio habitual, empezó el despegue. Aquí también se lia la gorda: la Nati hace la competencia a la de Las Pastas sacando dos bolsas extragrandes de caramelos y golosinas varias; todas chillamos como si estuviéramos en la vagoneta del Dragon Khan; la gente nos pide silencio y, lo mejor, mi madre le dice a la azafata que sí, que le sirva café. A todo esto, nos preguntamos si sería gratis. Cuando vuelve la azafata con el café, me toca preguntar: “It’s free, isn’t it?” (es gratis, ¿no?). “No, it’s blabla pounds, two fifty euros…”. No cabe decir que mi madre nunca llegó a comprar ese café… (inciso: pude notar como el guitarrista se reía con todas las situaciones)
En el final del vuelo, me emociono y empiezo a hablarle al chico. Se me cae la baba un par de veces…me resbala la mano SIN QUIERER (aunque bueno, ya que estábamos…) y le toco la pierna… me vuelve a pasar… y, al final, nos despedimos. Cuando salimos fuera todas comentamos lo bueno que estaba (no tan finas; pudo escucharse perfectamente como mi madre me invitaba a haberlo llevado a lavarse las manos al lavabo).
Salimos del aeropuerto (inciso: durante la salida, mientras todo el mundo permanecía en silencio, a una de nosotras le sonó el móvil y pudo escucharse un sonoro qué pasa neeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeng. Ahí fue cuando los ingleses nos empezaron a mirar mal. -Por eso, y porque empezamos a chillar como histéricas-) en busca del tren que nos llevaría a Victoria. Después de equivocarnos de vía y tener que correr por toda la estación, nos sentamos en nuestro vagón (es decir, el que estaba más lejos de todos) y empezamos a discutir porque las del lado izquierdo opinan que tienen mejor vista que ellas las del derecho, y viceversa (batalla absurda porque lógicamente se veía lo mismo en ambos lados).
Después de 30 minutos de viaje, llegamos a Victoria y nos metemos en el metro (Metro: transporte para liliputienses dispuesto de infinidad de tapizados diferentes para los asientos). ¡¡Menudo caos!! Gente de todo tipo de culturas parecía recrear el Forum versión Londres: chicos con patines, entes con peinados incomprensibles, pijas rematadas, abuelas típicas y tópicas de Londres y, en grandes cantidades, españoles y catalanes turistas que no tenían ni idea de moverse por el metro y que encima pretendían colársela a los ingleses pasando un tiquete “not for travel” como uno de “daytravel” (no cabe decir que nos pillaron).

A pesar de los pesares, conseguimos salir de aquel embrollo humano y fuimos dirección MERCADILLO. Al decir esto, esperas encontrarte a algún gitano londinense o algo parecido… pero no. Incluso me arriesgaría a decir que hay partes pijas. Porque Londres tiene una cosa: nunca verás una papelera, nunca verás trabajadores de Londres Net pero, sin embargo, nunca verás el suelo sucio (esto vendría a estar relacionado con la pregunta de: ¿dónde se meten los chinos viejos en España?¿Por qué nunca se ven por la calle?). Allí nos dimos cuenta de otra cosa: en Londres, si no llevas un gorro, no eres nadie. Por eso, como me sentía discriminada al no llevarlo, nos pasamos toda la santa mañana buscando alguno que quedara mínimamente bien. Y, cuando por fin me lo compré, observé la 3º cosa: en Londres te hacen la pelota igual que en España. “It really looks great on you!!”, me dijo la dependienta. A lo que tú piensas: chica, gracias por la emoción, pero ya te lo he comprado, no hace falta que sigas con el rollo…

Fueron 4 horas de caminata intensa entre ropas incomprensibles, gente freaky, voces catalanas y españolas (¿por qué nos hace tanta gracia escucharlas cuando estamos fuera del país?) y dependientes que te regalan caramelos porque “I really like u’re hat. You look pretty” (no si al final va a ser verdad que sin gorro no eres nadie).
Cuando acabó el mercadillo, fuimos a la búsqueda de Harrods. Que dices, ¿dónde está? ¡¡Pues no séeeeeeee!! Pero vamos a subirnos al bus y tú (oséase yo) le preguntas al conductor si vamos bien. “Hi, I’d like to know if that’s the right way if we want to go to Harrods” “No, it’s not”. Cara de frustración mía y: ¡¡eiii, que no es éste!!. A lo que las demás me contestan un: “da iguaaaaaal, pues a ver dónde nos lleva”. Van pasando paradas, y empezamos a preocuparnos porque tampoco teneníamos todo el tiempo del mundo. Y milagrosamente (porque en este viaje nos pasan cosas paranormales: hemos tenido la santa potra de ir de un sitio a otro como si todo estuviera minuciosamente planificado cuando, en realidad, no teníamos ni idea) una señora se mete en nuestra conversación para decirnos que ese bus (el 24. Lo remarco porque nos estaríamos cachondeando de él todo el día) paraba en un hospital. “ui no mujer no…ahí no queremos ir, no”. Conclusión: báaaaajate del bus y pregunta a alguien otra alternativa. Nos mandan al metro.
Pues venga, otra vez arriba y abajo, de una línea a otra, de una reuneixon a otra (reuneixon: parada que hacían cada dos por tres los miembros del grupo para tomar cualquier tipo de decisión) hasta llegar a un mapa final que nos enseñaría como llegar al almacén en cuestión. Éste nos indica que se encontraba a distancia luz de la parada de metro a lo que nosotras pronunciamos un par de matherfuck** seguidos. Sin embargo, salimos y estaba delante. Y dirás que no tiene gracia, pero nos hizo, y mucha. Sólo os diré que mi madre se meó y todo.
Una vez dentro de éste, vimos que todo era extremadísimamente pijo. Así que nos dedicamos a ir al lavabo, básicamente. Primera planta… ni rastro de los lavabos. Segunda… ni rastro tampoco. Tercera… vale, sí, por fin; aquí están. Pero, cuidado cuando intentamos coger el ascensor salir a la calle. Planta G… planta 3…planta G…otra vez planta 3…¿qué es esto? ¡¡Nos estamos mareando!! Anda y vamos a utilizar las escaleras, que esto es un cachondeo (cachondeo no, más bien que no sabíamos usar ni un ascensor, que ya es triste).
Una vez abajo, nos vamos tristes, porque no encontramos la estatua de la Lady Di (más bien utilizaría un “se”, porque a mi la Lady me importa poco…). Pero, si recuperamos el apunte anterior: “en este viaje nos pasan cosas paranormales […]”, otra vez tuvimos la porta de toparnos con la estatua. Confieso que me asusté ante tanta casualidad…
Cuando salimos de los almacenes, fuimos dirección al Big Ben. Más reuneixons, más tapizados en el metro y más risas dentro de éste, hasta que nos topamos con un edificio. Venga a hacerle fotos, venga a hacerle fotos, cuando luego resulta que de Big más bien poco y de Ben ya ni te cuento… así que seguimos buscando. Y con la potra que nos caracterizaba, nos encontramos por casualidad con las otras del grupo (que se habían dividido para quedarse más rato de compras). Por fin veo la puntita del Big… giro la curva y… impresionante. Es perfecto, grande y alucinante. Me encantó.

A todo esto, eran las nueve y empezaba a hacer rasca. Así que pensamos en algún sitio para comer algo y no pasar frío. Después de coger el metro (sí, ¡¡otra vez!!) y buscar un buen sitio (es decir, tan grande como para que pudiéramos estar 11 féminas), llegamos a un Starbuck. ¡¡Menudo camarero también!!(lo tacho por superficial). Algunas se pidieron un café con leche, otras chocolate y el resto té pero todas coincidieron en dos cosas: en las magdalenas típicas de Londres (Qué pesadas con las magdalenas. Insisto que prefiero las de Londres que las de Cuenca. Jajaja) y en el tazón dimensiones de lago Ness que reartían.
De allí nos fuimos a las 11 y pasadas. Y queríamos marcha. ¿Estábamos cansadas? Sí. Pero queríamos marcha, oye. Primero pensamos en ir a Pacha London, pero a ver quién era el listo que nos dejaba pasar. Así que luego pasamos a la opción pub (pub = edificio con carteles verdes) (que no, ser un pub no implicaba eso, pero las del grupo así lo patentaron). Hicimos una reuneixon en una esquina… y confieso que casi me meo, casi me tiro por el suelo. Observándonos… ¿¿¿cómo pretendíamos ir a cualquier sitio mínimamente fashion??? En la calle, todo el mundo que salía iba arreglado en exceso: las chicas, con minifaldas, SIN MEDIAS (paseando celulitis) y con los dedos de los pies como garras por llevar las sandalias divinas de brillantes; los chicos, en manga corta. Muy bien, ahora miremos nuestro grupo: anoracs, bufandas, guantes, mochilas que parecía que nos íbamos al cole, gorros de nieve, bolsas de plástico de una tienda de deportes que seguro que era la versión londinense del Lidel español… ¡¡si es que parecía que eramos una asociación del Imserso (con la mayoría de edad se me han subido los humos) que fingía recordar una excursión escolar a la nieve. ¡¡Que estáis en Londres, no en Andorra!! Si bueno… pero hacía -1º… yo no quiero que me amputen ninguna pierna por tenerla al aire más de un segundo.
¿Conclusión? ¡¡Pues vamos a la caña de España!! ¿Que no sabemos ir? Eso da igual, contamos con la suerte. Así que, por arte de magia, encontramos (después de muchas preguntas mías a veinte mil quinientas personas) a los chicos que nos dieron la fórmula para llegar: nada, sólo tenéis dos cientos números para llegar (no es irónico). Así que venga a andar, venga a andar, que somos la caña de España… y, finalmente, llegamos. Vemos a un montón de jóvenes arreglados y nos damos cuenta de que damos la nota. Sobretodo yo, que voy con un jersey de manga larga (chica, ¿no puedes ir más tapada?). Sin embargo, “se hace amigos” igual… así que, a partir de ahora, cuando salga, me enfundaré en una manta. Menos arreglada = más ligue. Muy bien, muy bien.
Me saltaré toda la noche porque no quiero contar que estuve bailando el Fary. Ni el Sabina, ni Mecano, ni… bueno, no se lo contéis a nadie, ¿vale?
Cuando todo acabó y er fenómeno del Fary se fue a cantar a su casa, nos dirigimos operación autobús. Gracias a unos sudamericanos que nos acompañaron hasta el bus y posteriormente al tren de Victoria, llegamos a tiempo (véase aquí la potra también que tuvimos). El tren salía a las 5,30 y eran las 4… así que teníamos más de una hora para pasar frío y sueño. ¡¡Pero no!! Os olvidáis de la suerte… porque, no sé a santo de qué, pero pasó un tren a las 4 que nos llevaba hasta el aeropuerto. Lo intentamos planear mejor, y no sale.
En el tren, mi madre y la Marga se dedican a hacer fotos al personal mientras estábamos durmiendo. Todas durmiendo, todas. Menos ellas, que iba bien porque así no nos pasábamos la parada, pero ya se podrían haber estado quietas con el móvil… suerte que en el avión no se puede usar… jojojo.
Llegamos al aeropuerto y hacemos lo propio: meamos (¿por qué meamos tanto? ¿Os habéis dado cuenta de lo que llegamos a mear?) y vamos hacia el avión. ¿Sabéis lo que es las 6,30? ¿Sabéis que quiere decir que sean las 6,40?¿Sabéis que quiere decir que tenías que estar esperando al avión hacia 10minutos? ¿¿Sabéis cual es la escena de solo en casa en la que todos corren poseidos por túneles?? Pues nosotras iguales, pero en versión cintas correderas. ¡¡Llegué a contar cuatro cintas correderas (parecía un gimnasio, eso), más tres túneles, más dos pasillos!! (sin contar dos recepciones y sin destacar que las distancias eran extremadamente largas, que mis piernas tenían cangrena, que a esas horas una confunde la realidad, y que pensábamos que perdíamos el avón).
Obviamente, llegas a tu puerta de embarque y todavía no tienes que salir. Manda huevos. Tanta corrida para nada (suena mal, soy consciente). Da igual… ya nada te importa, tú sólo piensas en tu cama y en que te quieres teletransportar hasta ella.
Cuando ves que realmente el comandante García te ha vuelto a dejar a Barcelona, realmente te das cuenta de lo que has hecho: has explotado 24 horas visitando un país muy lujoso, acompañada de 10 personas magníficas que te han hecho pasar unos momentos increíbles, unas risas inolvidables y unas inocentes agujetas, que posiblemente mañana notaremos. Sencillamente, gracias por vuestra presencia, gracias por todo.
- “Sandra, a la ducha” (forma sutil de decirte que apestas).
- “angmm…” ( no he encontrado un sonido que represente mejor la voz que me sale por la mañana).
A todo esto, se me ocurre mirar el móvil y veo que son las 6,30. Espera, ¿¿las 6,30?? 1+1…son 2…más 1… más… ¿me estás diciendo que sólo he dormido 4:30 y ahora me tengo que levantar? ¿¿¿Por qué tuve que ir a ver Harry Potter (
Así que con la legaña incrustada en el ojo me metí en la ducha y, al salir, mi madre ya me decía que teníamos que irnos. Ah, muy bien… no, si quieres ya me voy a Londres con el albornoz… si total, ¡¡sólo están a -1º!! Pooooooooonte el jersey, la chaqueta, el anorac, los guantes, la bufanda…es decir, ponte como una cebolla andante y sal corriendo no vaya a ser que te dejen en casa y recrees la película de Macaulay Culkin (más que nada porque en mi casa, como tenga que ponerles trampas a los ladrones, va a ser que no hay espacio…).
Llegamos al aeropuerto… y empiezan las presentaciones. Nos emocionamos, comparamos equipajes (prácticamente nulos), comentamos la carencia de prendas indumentarias de sobras (léase bragas, léase tanga) y hacemos la inocente mención de los Dni. Y, ya que estábamos puestas en el tema, sacamos los documentos; se oye, pues, un murmullo (entiéndase como histeria) de fondo:
“Oalaaaaa, tu pareces un seto”, “pues mira mi foto, y eso que fui a la peluquería… ¡lo llego a saber y no voy!”…
“Esto… em… ¿dónde está tu DNI? No es que quiera meterte prisas pero, ¿¿¿eres consciente de que si no lo tienes no puedes ir a Londres??? ANDA VETE PA’CASA…(silencio, tensión) ¡¡PERO TRAE AQUÍ LAS PASTAS!! (una de las frases estrellas del viaje: Dolores, estresada porque su hija no llevaba consigo el Dni, la manda a tomar por cul* pero le pide la comida, no fuera a ser que el resto del grupo nos quedaramos sin desayunar. “Tu niña vete, pero trae pa’ká lo importante”).
Y aquí empieza el caos humanizado donde habrá varias misiones que cumplir, divididas en dos historias paralelas:
La historia A cuenta como el marido de Nati lleva al sujeto perdedor de DNI – llamémosle sinpa- a su casa, para recuperar el objeto en cuestión.
La historia B narra como el resto del grupo nos vamos a comer…las pastas. Con glucosa en sangre, uno piensa mejor y maquina más bien los planes. Así pues, esta historia se divide en tres misiones diferentes:
Misión 1: tres miembros del grupo fueron a acosar al personal de la comisaría del aeropuerto para que, por si acaso no encontraba el Dni, le hicieran un pasaporte al instante. Como no las tomaron en serio, no quisieron hacerlo… No hasta que MariCarmen se impuso y llamó al superintendente. Obviamente, la mujer se cagó e hizo el documento sin problemas. ¡Qué bien va tener contactos! Viva la mafia.
Misión 2: hablar por el teléfono. Esta misión también se puede dividir en dos momentos correlativos (qué lio de historias, ¿no?):
Teléfono 1: Nati habla con su marido y éste le cuenta que el sujeto sinpa (tras aporrear la puerta de su casa, despertar a su abuela, después de que la abuela se cagara en ella y después de que ésta última pusiera toda su habitación patas abajo) recuerda que posiblemente se había dejado el Dni en la examen de teórica. Aquí vemos como la historia A prospera y la sinpa y el marido de Nati se dirigen otra vez al aeropuerto… sin el Dni (a todo esto le vas sumando variables: chicas corriendo, chillando, minutos que corren rápido, un vuelo que has de coger…).
Teléfono 2: el marido llega al aeropuerto y no nos encuentra. Aquí viene la cómica conversación:
- ¿Cómo que no nos encuentras? ¡¡Si estamos al lado del túnel!! (los otros miembros del grupo nos miramos con cara de: ¿qué dice? Si aquí no hay ningún túnel…) Que si escucha… ¡¡al lado del puente!! (ah vale, ahora cambiamos. Que es un puente. Sí bueno, seguimos igual…¿dónde ves el puente, querida Nati?) ¡¡¡AIIIIIIII!!! (Aquí es cuando se gira poseída y lanza un lapo asesino a su hija, a la que casi mata con este líquido. Se puede ver esta imagen en una fotografía)… ¿cómo? ¿¿Qué se te está llevando el coche la grúa?? (éramos pocos y parió la abuela) […]
Misión 3: consiste en mirarse la situación con parsimonia, o hacer fotos, o comer Las Pastas… es decir, no hacer nada. (Qué pasa si yo me encontraba ahí, a ver. Alguien tenía que hacer las fotos, ¿no?)
Si juntamos las tres misiones, llegaremos a la misión final (qué pesada con las misiones, parece una peli de Rambo), en la que veremos como los tres subgrupos consiguen unirse, con Dni incluido. Bien, bien… pero si eso os dais prisa porque son las 10 menos 10, el avión sale a y 15…y estáis a km luz de él.
Pasamos por el detector (…a mi madre le pita… yo siento vergüenza ajena…) y empezamos a correr, actividad que nos acompañaría por todas las calles de Londres.
Obviamente, llegamos tarde. Sin embargo, como si la cabecilla del grupo fuera Moisés, nos abrieron paso y pasamos como estrellas. La gente, envidiosa por naturaleza, nos criticó y el negro de la puerta explicó que, como eramos del grupo A, teníamos prioridad sobre los otros… (chincha rechinchaaaa).
Y conseguimos sentarnos en el avión. Guardamos las bolsas y vemos que alguien había guardado una guitarra. Entre gritos flamencos, buscamos al propietario y lo veo situado en la fila de delante mío. Para la sorpresa de todas, el chico estaba demasiado tremendísimo (lástima que mi madre sea tan mala fotógrafa y no se aprecie en el álbum) así que mi madre y yo nos cambiamos y nos pusimos a su lado. ¡¡Aquí se va a hacer amigos (sí, claro, amigos)!!
Después de que el comandante García (lógicamente no sé si se llamaba así. Pero seguro que sí…) dijera su repertorio habitual, empezó el despegue. Aquí también se lia la gorda: la Nati hace la competencia a la de Las Pastas sacando dos bolsas extragrandes de caramelos y golosinas varias; todas chillamos como si estuviéramos en la vagoneta del Dragon Khan; la gente nos pide silencio y, lo mejor, mi madre le dice a la azafata que sí, que le sirva café. A todo esto, nos preguntamos si sería gratis. Cuando vuelve la azafata con el café, me toca preguntar: “It’s free, isn’t it?” (es gratis, ¿no?). “No, it’s blabla pounds, two fifty euros…”. No cabe decir que mi madre nunca llegó a comprar ese café… (inciso: pude notar como el guitarrista se reía con todas las situaciones)
En el final del vuelo, me emociono y empiezo a hablarle al chico. Se me cae la baba un par de veces…me resbala la mano SIN QUIERER (aunque bueno, ya que estábamos…) y le toco la pierna… me vuelve a pasar… y, al final, nos despedimos. Cuando salimos fuera todas comentamos lo bueno que estaba (no tan finas; pudo escucharse perfectamente como mi madre me invitaba a haberlo llevado a lavarse las manos al lavabo).
Salimos del aeropuerto (inciso: durante la salida, mientras todo el mundo permanecía en silencio, a una de nosotras le sonó el móvil y pudo escucharse un sonoro qué pasa neeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeng. Ahí fue cuando los ingleses nos empezaron a mirar mal. -Por eso, y porque empezamos a chillar como histéricas-) en busca del tren que nos llevaría a Victoria. Después de equivocarnos de vía y tener que correr por toda la estación, nos sentamos en nuestro vagón (es decir, el que estaba más lejos de todos) y empezamos a discutir porque las del lado izquierdo opinan que tienen mejor vista que ellas las del derecho, y viceversa (batalla absurda porque lógicamente se veía lo mismo en ambos lados).
Después de 30 minutos de viaje, llegamos a Victoria y nos metemos en el metro (Metro: transporte para liliputienses dispuesto de infinidad de tapizados diferentes para los asientos). ¡¡Menudo caos!! Gente de todo tipo de culturas parecía recrear el Forum versión Londres: chicos con patines, entes con peinados incomprensibles, pijas rematadas, abuelas típicas y tópicas de Londres y, en grandes cantidades, españoles y catalanes turistas que no tenían ni idea de moverse por el metro y que encima pretendían colársela a los ingleses pasando un tiquete “not for travel” como uno de “daytravel” (no cabe decir que nos pillaron).
A pesar de los pesares, conseguimos salir de aquel embrollo humano y fuimos dirección MERCADILLO. Al decir esto, esperas encontrarte a algún gitano londinense o algo parecido… pero no. Incluso me arriesgaría a decir que hay partes pijas. Porque Londres tiene una cosa: nunca verás una papelera, nunca verás trabajadores de Londres Net pero, sin embargo, nunca verás el suelo sucio (esto vendría a estar relacionado con la pregunta de: ¿dónde se meten los chinos viejos en España?¿Por qué nunca se ven por la calle?). Allí nos dimos cuenta de otra cosa: en Londres, si no llevas un gorro, no eres nadie. Por eso, como me sentía discriminada al no llevarlo, nos pasamos toda la santa mañana buscando alguno que quedara mínimamente bien. Y, cuando por fin me lo compré, observé la 3º cosa: en Londres te hacen la pelota igual que en España. “It really looks great on you!!”, me dijo la dependienta. A lo que tú piensas: chica, gracias por la emoción, pero ya te lo he comprado, no hace falta que sigas con el rollo…
Fueron 4 horas de caminata intensa entre ropas incomprensibles, gente freaky, voces catalanas y españolas (¿por qué nos hace tanta gracia escucharlas cuando estamos fuera del país?) y dependientes que te regalan caramelos porque “I really like u’re hat. You look pretty” (no si al final va a ser verdad que sin gorro no eres nadie).
Cuando acabó el mercadillo, fuimos a la búsqueda de Harrods. Que dices, ¿dónde está? ¡¡Pues no séeeeeeee!! Pero vamos a subirnos al bus y tú (oséase yo) le preguntas al conductor si vamos bien. “Hi, I’d like to know if that’s the right way if we want to go to Harrods” “No, it’s not”. Cara de frustración mía y: ¡¡eiii, que no es éste!!. A lo que las demás me contestan un: “da iguaaaaaal, pues a ver dónde nos lleva”. Van pasando paradas, y empezamos a preocuparnos porque tampoco teneníamos todo el tiempo del mundo. Y milagrosamente (porque en este viaje nos pasan cosas paranormales: hemos tenido la santa potra de ir de un sitio a otro como si todo estuviera minuciosamente planificado cuando, en realidad, no teníamos ni idea) una señora se mete en nuestra conversación para decirnos que ese bus (el 24. Lo remarco porque nos estaríamos cachondeando de él todo el día) paraba en un hospital. “ui no mujer no…ahí no queremos ir, no”. Conclusión: báaaaajate del bus y pregunta a alguien otra alternativa. Nos mandan al metro.
Pues venga, otra vez arriba y abajo, de una línea a otra, de una reuneixon a otra (reuneixon: parada que hacían cada dos por tres los miembros del grupo para tomar cualquier tipo de decisión) hasta llegar a un mapa final que nos enseñaría como llegar al almacén en cuestión. Éste nos indica que se encontraba a distancia luz de la parada de metro a lo que nosotras pronunciamos un par de matherfuck** seguidos. Sin embargo, salimos y estaba delante. Y dirás que no tiene gracia, pero nos hizo, y mucha. Sólo os diré que mi madre se meó y todo.
Una vez dentro de éste, vimos que todo era extremadísimamente pijo. Así que nos dedicamos a ir al lavabo, básicamente. Primera planta… ni rastro de los lavabos. Segunda… ni rastro tampoco. Tercera… vale, sí, por fin; aquí están. Pero, cuidado cuando intentamos coger el ascensor salir a la calle. Planta G… planta 3…planta G…otra vez planta 3…¿qué es esto? ¡¡Nos estamos mareando!! Anda y vamos a utilizar las escaleras, que esto es un cachondeo (cachondeo no, más bien que no sabíamos usar ni un ascensor, que ya es triste).
Una vez abajo, nos vamos tristes, porque no encontramos la estatua de la Lady Di (más bien utilizaría un “se”, porque a mi la Lady me importa poco…). Pero, si recuperamos el apunte anterior: “en este viaje nos pasan cosas paranormales […]”, otra vez tuvimos la porta de toparnos con la estatua. Confieso que me asusté ante tanta casualidad…
Cuando salimos de los almacenes, fuimos dirección al Big Ben. Más reuneixons, más tapizados en el metro y más risas dentro de éste, hasta que nos topamos con un edificio. Venga a hacerle fotos, venga a hacerle fotos, cuando luego resulta que de Big más bien poco y de Ben ya ni te cuento… así que seguimos buscando. Y con la potra que nos caracterizaba, nos encontramos por casualidad con las otras del grupo (que se habían dividido para quedarse más rato de compras). Por fin veo la puntita del Big… giro la curva y… impresionante. Es perfecto, grande y alucinante. Me encantó.
A todo esto, eran las nueve y empezaba a hacer rasca. Así que pensamos en algún sitio para comer algo y no pasar frío. Después de coger el metro (sí, ¡¡otra vez!!) y buscar un buen sitio (es decir, tan grande como para que pudiéramos estar 11 féminas), llegamos a un Starbuck.
De allí nos fuimos a las 11 y pasadas. Y queríamos marcha. ¿Estábamos cansadas? Sí. Pero queríamos marcha, oye. Primero pensamos en ir a Pacha London, pero a ver quién era el listo que nos dejaba pasar. Así que luego pasamos a la opción pub (pub = edificio con carteles verdes) (que no, ser un pub no implicaba eso, pero las del grupo así lo patentaron). Hicimos una reuneixon en una esquina… y confieso que casi me meo, casi me tiro por el suelo. Observándonos… ¿¿¿cómo pretendíamos ir a cualquier sitio mínimamente fashion??? En la calle, todo el mundo que salía iba arreglado en exceso: las chicas, con minifaldas, SIN MEDIAS (paseando celulitis) y con los dedos de los pies como garras por llevar las sandalias divinas de brillantes; los chicos, en manga corta. Muy bien, ahora miremos nuestro grupo: anoracs, bufandas, guantes, mochilas que parecía que nos íbamos al cole, gorros de nieve, bolsas de plástico de una tienda de deportes que seguro que era la versión londinense del Lidel español… ¡¡si es que parecía que eramos una asociación del Imserso (con la mayoría de edad se me han subido los humos) que fingía recordar una excursión escolar a la nieve. ¡¡Que estáis en Londres, no en Andorra!! Si bueno… pero hacía -1º… yo no quiero que me amputen ninguna pierna por tenerla al aire más de un segundo.
¿Conclusión? ¡¡Pues vamos a la caña de España!! ¿Que no sabemos ir? Eso da igual, contamos con la suerte. Así que, por arte de magia, encontramos (después de muchas preguntas mías a veinte mil quinientas personas) a los chicos que nos dieron la fórmula para llegar: nada, sólo tenéis dos cientos números para llegar (no es irónico). Así que venga a andar, venga a andar, que somos la caña de España… y, finalmente, llegamos. Vemos a un montón de jóvenes arreglados y nos damos cuenta de que damos la nota. Sobretodo yo, que voy con un jersey de manga larga (chica, ¿no puedes ir más tapada?). Sin embargo, “se hace amigos” igual… así que, a partir de ahora, cuando salga, me enfundaré en una manta. Menos arreglada = más ligue. Muy bien, muy bien.
Me saltaré toda la noche porque no quiero contar que estuve bailando el Fary. Ni el Sabina, ni Mecano, ni… bueno, no se lo contéis a nadie, ¿vale?
Cuando todo acabó y er fenómeno del Fary se fue a cantar a su casa, nos dirigimos operación autobús. Gracias a unos sudamericanos que nos acompañaron hasta el bus y posteriormente al tren de Victoria, llegamos a tiempo (véase aquí la potra también que tuvimos). El tren salía a las 5,30 y eran las 4… así que teníamos más de una hora para pasar frío y sueño. ¡¡Pero no!! Os olvidáis de la suerte… porque, no sé a santo de qué, pero pasó un tren a las 4 que nos llevaba hasta el aeropuerto. Lo intentamos planear mejor, y no sale.
En el tren, mi madre y la Marga se dedican a hacer fotos al personal mientras estábamos durmiendo. Todas durmiendo, todas. Menos ellas, que iba bien porque así no nos pasábamos la parada, pero ya se podrían haber estado quietas con el móvil… suerte que en el avión no se puede usar… jojojo.
Llegamos al aeropuerto y hacemos lo propio: meamos (¿por qué meamos tanto? ¿Os habéis dado cuenta de lo que llegamos a mear?) y vamos hacia el avión. ¿Sabéis lo que es las 6,30? ¿Sabéis que quiere decir que sean las 6,40?¿Sabéis que quiere decir que tenías que estar esperando al avión hacia 10minutos? ¿¿Sabéis cual es la escena de solo en casa en la que todos corren poseidos por túneles?? Pues nosotras iguales, pero en versión cintas correderas. ¡¡Llegué a contar cuatro cintas correderas (parecía un gimnasio, eso), más tres túneles, más dos pasillos!! (sin contar dos recepciones y sin destacar que las distancias eran extremadamente largas, que mis piernas tenían cangrena, que a esas horas una confunde la realidad, y que pensábamos que perdíamos el avón).
Obviamente, llegas a tu puerta de embarque y todavía no tienes que salir. Manda huevos. Tanta corrida para nada (suena mal, soy consciente). Da igual… ya nada te importa, tú sólo piensas en tu cama y en que te quieres teletransportar hasta ella.
Cuando ves que realmente el comandante García te ha vuelto a dejar a Barcelona, realmente te das cuenta de lo que has hecho: has explotado 24 horas visitando un país muy lujoso, acompañada de 10 personas magníficas que te han hecho pasar unos momentos increíbles, unas risas inolvidables y unas inocentes agujetas, que posiblemente mañana notaremos. Sencillamente, gracias por vuestra presencia, gracias por todo.
Apenas dices nada, y nada es suficiente...
Texto copiado de mi espacio de messenger
Todavía tengo el pelo enlacado de ayer. Todavía hay pipas en mi mesa de cuando llegué. Todavía tengo roña en el cuerpo. Y, lo peor, sigo sin recordar cómo volví a casa o por qué al despertarme estaba el camarero de Discotheque en mi cama… y desnudo (voz interior: Sandra… no te lo crees ni tú. Los peluches no se consideran entes humanos. No inventes cosas).
Vale, vale. Sí recuerdo cómo llegué, y qué hice. Pero creo que prefiero no acordarme. ¿Por qué cuando nos unimos las zorreixons acabamos haciendo el patético? ¿Por qué siempre tenemos que recurrir a personificaciones de la torre Agbar? ¿Por qué no nos conformamos en saludar a la gente con tangas en la cabeza? ¿O con jugar al Girl Talk (ME NIEGO a contar lo que es. Siento vergüenza autoajena)?
No tenemos suficiente con quedarnos en casa llamando a pobres desgraciados, sino que tenemos que salir a la calle para causar daños emocionales. O, lo que es peor, para ir a la discoteca.
Y así empezó la noche: reunión de cuatro féminas que se proponían ir a Discotheque en busca de lA diBeRSiOn (por favor miembros del grupo hagan una relación de las letras destacadas en mayúscula. Gracias). ¿Hora de la quedada? 12 en punto. ¿Meeting point? Metro Encants, línea 2. ¿Miembros (humanos en conjunto, no partes del cuerpo. ¡Oh mentes perversas…!) del grupo? Patry R., Yas, Laura y la presente.
Y aquí es donde empieza la primera cagada de la noche: Miss R. se deja los free pass. No, error: la madre de Miss R. tira los free pass a la basura (Aquí se cometen blasfemias de todo tipo e insultos que no me atrevo a repetir, por parte de la hija en cuestión). Por suerte, nos cruzamos con tres chicas, supuestamente amigas de Laura –aunque en realidad parecía que huían de nosotras-, que tenían flyers. Les pedimos uno… y nos ponen excusas. ¿¿Por qué no nos los dan ahora?? ¡Serán tíascerdas que los quieren todos para ellas!
Cagada dos: después de tanto critiqueo, resulta que los guardaban por si no les llegaban para sus amigos. Bueno, un error lo tiene cualquiera, ¿no?
Inciso: cabe destacar (que fissssno queda esto) lo que pasó antes de llegar, en el metro: un hombre de cultura arábica y de cara androide arremete, estampa, estrella su careto contra el de otro hombre, de cultura occidental y de cara de acelga (sí, tenía cara de acelga). Yo y todo el metro nos hacemos…esto… ¿popó?... en las bragas/tanga/faja…o lo que fuera que cada uno llevara (o todo junto, quién sabe).
Fin del inciso.
Volvemos al tema.
Después de salir del metro, damos veinte mil vueltas y vamos a parar a un bosque para hacer lo que la gente normal llama botellón. Aunque nosotras hemos cambiado la tradición y hemos patentado el bolsón* .
Una vez acabamos de inventar nuevas formas de hacer el ridículo, nos disponemos a entrar en la discoteca. ¿Y qué hacen en las discotecas?Ponen música (no bordes, a eso ya llego yo solita). Te piden el DNI. Muy bien… una vez que tengo los 18… y no me lo piden. ¿¿SE PUEDE SABER POR QUÉ NO ME LO PIDEN?? Me boicotean… con la ilusión que me hacía…
Pero no pasa nada, todo se arregla. La depresión se combate con chocolate… pero, a falta de este, coges una cámara de fotos y te animas al instante. Fotos cagando, fotos corriendo, fotos de árbol… la cuestión es hacer fotos. Y, una vez entras en calor, dejas la cámara (lloras su pérdida), dejas los bolsos, te ríesdel feto de la chica del guardarropía y vas a bailar.
Quien dice bailar dice descojonarse del personal. Porque es cierto que la música de Discotheque va a peor… pero la calidad de freakies aumenta, y yo con eso me conformo. Lástima me da que no pueda el lector deleitarse con los personajes que descubrimos. Los redactaré, sí; pero sin material visual soy consciente que no será lo mismo.
Mi favorito, el número uno, fue el quemado_acosador. Este sujeto estaba loco. O salido (va a ser que sí). A la que te despistabas estaba encima de ti sobándote la pierna, o la mano, o lo que fuera (AHHH, todavía tengo miedo cuando pienso en él). Pero nosotras le seguíamos el rollo (más bien mis fantásticas amigas le dijeron que me gustaba, pero que era tímida) y le pedíamos que bailara para nosotras. Esto fue lo que pasó:
“WAAAAAHHHH SÍIII, eres un vaqueroooooo…¡¡baja hasta abajoooo!! WAAHHHHHHH”
Prefiero no comentar nada más de él, esta noche quiero dormir.
El número dos de la lista fue EDUARDO, Eduardo Manostijeras. Que yo creía que no existía… pero ya veo que sí. Y parece ser que yo soy la chica rubia de la peli, porque me perseguía. No, no, no me perseguía. Pero me hacía cosas muy raras cuando pasaba. Así que por favor Edu, si me estás viendo (ejem, leyendo), que sepas que por tu culpa voy a tener que ir al psicólogo.
Y ya más lejos del namberguan se encuentra el chico Ami. Vamos a explicarnos: estamos todas hablando (todas son cuatro pero haré ver que es un grupo numeroso… que queda más de relaciones públicas). Ellas se revolucionan. Yo pregunto qué pasa. Ellas miran a un chico. Yo sigo preguntado qué pasa. El chico me mira porque le estoy mirando. Sigo preguntando qué pasa. Esto que el chico pone cara de asesineitor. Yo sigo preguntando qué pasa. Y el chico dice: ¿¿¿¿¿A MI?????. Yo sigo preguntado qué pasa, pero a esto le sumas que me giño viva por el tono del mashoman. De repente se va y la Laura le toca el culo. El chico se gira y me mira a mi. Pio pio que yo no he sido. Sigo preguntando qué pasa.
Seguiría comentando personajes, pero es que uno me nubla el pensamiento: el camarero. Que me de con las cajas que quiera, que yo le dejo. Es nuestro Dios y vamos a idolatrarle como se merece. Las chicas no podrán ni tocarlo, tiene que ser un ente universalmente divinizado y lo enmarcaremos. Así que, desde aquí, todos juntos vamos a rezarle: “Camarero nuestro que estás en la disco…” (eh, va en serio, rezad, rezad).
Inciso II: ¿por qué últimamente siempre hago top tens? ¿O listas? Qué cansina.
Cierro otra vez el inciso.
El final de la noche transcurre más pausado… hay gente revolcándose por donde fuera que íbamos y nuestra religión nos prohibía seguir viendo esas depravaciones. Cogemos nuestros abrigos y nos vamos.
La vuelta es triste. Las chicas van tocadas y se nota: sus conversaciones no tienen sentido alguno. Para no poner en compromiso a las autoras, diré que una de ellas se planteó el hecho del cambio de sexo porque se quiere masturbar (manden un eseemeese al 5557 con quiero_ayudarla_a_cumplir_su_sueño seguido de la donación que le quieran prestar), otra dice un par – de miles- de veces decir que tiene hambre y la última sigue venerando al NuevoDios (si os aburrís mucho, podéis jugar a adivinar quién dijo qué)
…y así acaba la noche. Y esta es mi conclusión: busca amigos que te lo hagan pasar tan bien que luego no te importe redactar lo que habéis hecho y así demostrar a los demás lo patético que eres.

*Bolsón: actividad que consiste en beber bebidas (¡¡muy buena la relación!!) alcohólicas con la ayuda de un recipiente de plástico… que curiosamente, o asquerosamente, es una bolsa del Condis.
Todavía tengo el pelo enlacado de ayer. Todavía hay pipas en mi mesa de cuando llegué. Todavía tengo roña en el cuerpo. Y, lo peor, sigo sin recordar cómo volví a casa o por qué al despertarme estaba el camarero de Discotheque en mi cama… y desnudo (voz interior: Sandra… no te lo crees ni tú. Los peluches no se consideran entes humanos. No inventes cosas).
Vale, vale. Sí recuerdo cómo llegué, y qué hice. Pero creo que prefiero no acordarme. ¿Por qué cuando nos unimos las zorreixons acabamos haciendo el patético? ¿Por qué siempre tenemos que recurrir a personificaciones de la torre Agbar? ¿Por qué no nos conformamos en saludar a la gente con tangas en la cabeza? ¿O con jugar al Girl Talk (ME NIEGO a contar lo que es. Siento vergüenza autoajena)?
No tenemos suficiente con quedarnos en casa llamando a pobres desgraciados, sino que tenemos que salir a la calle para causar daños emocionales. O, lo que es peor, para ir a la discoteca.
Y así empezó la noche: reunión de cuatro féminas que se proponían ir a Discotheque en busca de lA diBeRSiOn (por favor miembros del grupo hagan una relación de las letras destacadas en mayúscula. Gracias). ¿Hora de la quedada? 12 en punto. ¿Meeting point? Metro Encants, línea 2. ¿Miembros (humanos en conjunto, no partes del cuerpo. ¡Oh mentes perversas…!) del grupo? Patry R., Yas, Laura y la presente.
Y aquí es donde empieza la primera cagada de la noche: Miss R. se deja los free pass. No, error: la madre de Miss R. tira los free pass a la basura (Aquí se cometen blasfemias de todo tipo e insultos que no me atrevo a repetir, por parte de la hija en cuestión). Por suerte, nos cruzamos con tres chicas, supuestamente amigas de Laura –aunque en realidad parecía que huían de nosotras-, que tenían flyers. Les pedimos uno… y nos ponen excusas. ¿¿Por qué no nos los dan ahora?? ¡Serán tías
Cagada dos: después de tanto critiqueo, resulta que los guardaban por si no les llegaban para sus amigos. Bueno, un error lo tiene cualquiera, ¿no?
Inciso: cabe destacar (que fissssno queda esto) lo que pasó antes de llegar, en el metro: un hombre de cultura arábica y de cara androide arremete, estampa, estrella su careto contra el de otro hombre, de cultura occidental y de cara de acelga (sí, tenía cara de acelga). Yo y todo el metro nos hacemos…esto… ¿popó?... en las bragas/tanga/faja…o lo que fuera que cada uno llevara (o todo junto, quién sabe).
Fin del inciso.
Volvemos al tema.
Después de salir del metro, damos veinte mil vueltas y vamos a parar a un bosque para hacer lo que la gente normal llama botellón. Aunque nosotras hemos cambiado la tradición y hemos patentado el bolsón* .
Una vez acabamos de inventar nuevas formas de hacer el ridículo, nos disponemos a entrar en la discoteca. ¿Y qué hacen en las discotecas?
Pero no pasa nada, todo se arregla. La depresión se combate con chocolate… pero, a falta de este, coges una cámara de fotos y te animas al instante. Fotos cagando, fotos corriendo, fotos de árbol… la cuestión es hacer fotos. Y, una vez entras en calor, dejas la cámara (lloras su pérdida), dejas los bolsos, te ríes
Quien dice bailar dice descojonarse del personal. Porque es cierto que la música de Discotheque va a peor… pero la calidad de freakies aumenta, y yo con eso me conformo. Lástima me da que no pueda el lector deleitarse con los personajes que descubrimos. Los redactaré, sí; pero sin material visual soy consciente que no será lo mismo.
Mi favorito, el número uno, fue el quemado_acosador. Este sujeto estaba loco. O salido (va a ser que sí). A la que te despistabas estaba encima de ti sobándote la pierna, o la mano, o lo que fuera (AHHH, todavía tengo miedo cuando pienso en él). Pero nosotras le seguíamos el rollo (más bien mis fantásticas amigas le dijeron que me gustaba, pero que era tímida) y le pedíamos que bailara para nosotras. Esto fue lo que pasó:
“WAAAAAHHHH SÍIII, eres un vaqueroooooo…¡¡baja hasta abajoooo!! WAAHHHHHHH”
Prefiero no comentar nada más de él, esta noche quiero dormir.
El número dos de la lista fue EDUARDO, Eduardo Manostijeras. Que yo creía que no existía… pero ya veo que sí. Y parece ser que yo soy la chica rubia de la peli, porque me perseguía. No, no, no me perseguía. Pero me hacía cosas muy raras cuando pasaba. Así que por favor Edu, si me estás viendo (ejem, leyendo), que sepas que por tu culpa voy a tener que ir al psicólogo.
Y ya más lejos del namberguan se encuentra el chico Ami. Vamos a explicarnos: estamos todas hablando (todas son cuatro pero haré ver que es un grupo numeroso… que queda más de relaciones públicas). Ellas se revolucionan. Yo pregunto qué pasa. Ellas miran a un chico. Yo sigo preguntado qué pasa. El chico me mira porque le estoy mirando. Sigo preguntando qué pasa. Esto que el chico pone cara de asesineitor. Yo sigo preguntando qué pasa. Y el chico dice: ¿¿¿¿¿A MI?????. Yo sigo preguntado qué pasa, pero a esto le sumas que me giño viva por el tono del mashoman. De repente se va y la Laura le toca el culo. El chico se gira y me mira a mi. Pio pio que yo no he sido. Sigo preguntando qué pasa.
Seguiría comentando personajes, pero es que uno me nubla el pensamiento: el camarero. Que me de con las cajas que quiera, que yo le dejo. Es nuestro Dios y vamos a idolatrarle como se merece. Las chicas no podrán ni tocarlo, tiene que ser un ente universalmente divinizado y lo enmarcaremos. Así que, desde aquí, todos juntos vamos a rezarle: “Camarero nuestro que estás en la disco…” (eh, va en serio, rezad, rezad).
Inciso II: ¿por qué últimamente siempre hago top tens? ¿O listas? Qué cansina.
Cierro otra vez el inciso.
El final de la noche transcurre más pausado… hay gente revolcándose por donde fuera que íbamos y nuestra religión nos prohibía seguir viendo esas depravaciones. Cogemos nuestros abrigos y nos vamos.
La vuelta es triste. Las chicas van tocadas y se nota: sus conversaciones no tienen sentido alguno. Para no poner en compromiso a las autoras, diré que una de ellas se planteó el hecho del cambio de sexo porque se quiere masturbar (manden un eseemeese al 5557 con quiero_ayudarla_a_cumplir_su_sueño seguido de la donación que le quieran prestar), otra dice un par – de miles- de veces decir que tiene hambre y la última sigue venerando al NuevoDios (si os aburrís mucho, podéis jugar a adivinar quién dijo qué)
…y así acaba la noche. Y esta es mi conclusión: busca amigos que te lo hagan pasar tan bien que luego no te importe redactar lo que habéis hecho y así demostrar a los demás lo patético que eres.

*Bolsón: actividad que consiste en beber bebidas (¡¡muy buena la relación!!) alcohólicas con la ayuda de un recipiente de plástico… que curiosamente, o asquerosamente, es una bolsa del Condis.
1+1 son 18... quién me lo iba a decir... (chiste original donde los haya)
Adiós a poder subir a las mil colchonetas del Xiky Park, o Happy Park o Cutri Park… y, con ello, adiós a las fiestas de cumpleaños con tartas falsas, comida a base de ganchitos y bocadillos de nocilla, peleas entre grupos y juegos al escondite (es curioso: los niños, con dos piedras se entretienen; ahora bien, los pones en un espacio con millones de objetos…y sólo encuentran una simple diversión: jugar al escondite. Qué triste, ¿no?).
Adiós al carnet del Club Super3*.
(He dejado un espacio en blanco para que penséis en lo que he dicho) Y no, no os riáis. Porque, ¿a quién no le van a mandar entradas para el aquarium? ¿Ni para Port Aventura? ¿Ni para el imax? ¡¡Da igual que no las utilizara!! …y la ilusión que te hacía recibir esa carta y ver qué te había tocado, ¿qué?
Adiós a poder entrar en Music Box.
¿Qué se entiende por Music Box? Respuesta fácil: antro minúsculamente pequeño, que pretendía recrear un ambiente de discoteca, y que servía bebidas del estilo Pituisa Cola. Es imprescindible remarcar, eso sí, la emoción que sienten los menores al entrar. No te importa pagar guardarropía. No te importa que bailes mientras uno te mete el dedo en el ojo, otro te vaya dando codazos y le huelas el NoAxe al vecino. Tampoco te sabe mal tener que esperar hasta que abran; es más, ¡¡tú vas allí una hora antes, si hace falta (basado en hechos reales)!!

Adiós a hacer el ridículo por llevar el DNI falso de la amiga de tu amiga de esa amiga, que es obesa, tiene el pelo rosa limón (no existe, pero suena bien), cuatro pecas en la cara que curiosamente tú no tienes y unas gafas (curiosa aportación de Marina, que no viene al caso, pero que me apetece poner: ¿por qué se llama gafas si sólo es una?¿Quién va con dos gafas por la vida?) que cubren unos ojos azul cielo que no pasan por tus ojos marrón estándar, aunque finjas que con el sol se cambian de color (sí, ya, claro).
Adiós a no poder entrar en el Bingo. Ya está bien que no pueda imitar a las señoras de la tercera edad cubriendo mi cuerpo con prendas de fiesta (prendas de fiesta = falda larga y ancha, con alguna que otra lentejuela, combinada con una camiseta con algún floripondio de adorno. ¿Por qué todas van iguales? ¿Se pondrán de acuerdo? ¿Se llamarán el día antes para planearlo?), perlas varias y sombreros cutres para, simplemente, ir a tachar numeritos.
Adiós a tener la mano exempta de sellos. Yo quiero lucir un +18 el día después de salir de fiesta para que todos vean lo topeguay que soy. Yo quiero que esas marcas me duren hasta el lunes y tenga que decir la mítica frase de “me voy a tener que lavar con una bolsa de plástico para que no se me vaya” (es cierto que esta frase la habréis escuchado dependiendo de vuestro grado de freak. Pero creedme si os digo que la he escuchado varias veces).
Adiós a tener que ir al New Park para saber que se siente pseudoconduciendo. ¿Que puedo matar a alguien? ¿Que me puedo morir por el hecho de quedarme perdida sin comida y sin agua? Sí, pero nada comparado con poder ir con la mano apoyada en la ventanilla (¿por qué tengo la impresión de que a mi se me va a cagar una paloma? ¿o que me quedaré enganchada con el retrovisor de otro coche?) mientras va sonando una canción con los decibelios tan altos que ya no puedes escuchar ni a tu copiloto – es importante llevar copiloto, o darás la impresión de antisocial- (con esto puedes dar aires de gitano, pero también es otro riesgo que debes correr).
Adiós a sentirte ilegal por el hecho de ver una película para más de 18 (y no me refiero a una porno, mentes calenturientas).
Adiós al hecho de que me prohíban la entrada al casino. ¿Que no sé jugar? ¿Que me van a revisar el DNI 20 veces porque no se creerán que soy mayor de edad? ¿Qué me voy a reír de las caras obsesivas barra ludópatas (¿una cara puede ser ludópata?)? Sí, ¿y?.
Adiós a la odiosa frase de “cuando seas mayor de edad podrás…”. Ahora ya no hay escusas. (¡¡Mentira!! Para los padres siempre hay escusas, y una alternativa a la frase anterior podría ser: “hasta que no te vayas de casa…”)
…Adiós, adiós, adiós…
…a esa etapa tan dulce en la que me dedicaba a enganchar pegatinas, a coleccionar cromos; más tarde, cartas perfumadas. A organizar bailes de fin de curso, a salir del colegio y que mi madre me trajera el bollicao (siempre puedo intentar que lo repita, pero no creo que esté el horno para bollos); a que me motivara arreglándome para ir a aquél sitio que yo denominaba ‘disco’, a pensar que el tiempo, quizás, no pasaba para mi.
Pero no es así. Las agujas corren sin pedir permiso. Y esta vez me marcan a mi una nueva etapa, una nueva categoría. Me encasillan en el grupo “mayor de edad” y, con ello, asumo unas responsabilidades de más. Y sí, es cierto que me despido de una etapa; pero quiero confiar que siempre hay un niño en nosotros que juega a sumar años y, a la vez, a mantener esa inocencia que nos permite soñar y luchar por cosas, quizás, imposibles.
* Programa supuestamente infantil protagonizado por un hombre vestido de taxi, al que le salía un fax por la barriga (cosa que yo creía a pies juntillas hasta el día en que vi cómo fingía. Dime tonta, dime ingenua), que cooperaba con un teléfono en forma de tomate parlanchín (¿ningún niño veía que eso no era normal?) y que ambos (junto a otros personajes de los que siento vergüenza ajena) luchaban contra una especie de pedo descodificado (para que os hagáis una idea mental, debéis representar el canal plus y añadirle sonidos de pedos)
Siento que no escriba... Tengo historias que contaros, pero tampoco quiero colgar mis posts sin pasarme por vuestros blogs; no me parece justo. ¡¡Y no tengo tiempo para todo!! Así que aquí cuelgo esto, me voy a autoescuela y cuando vuelva, voy a ir a leer qué tal os va.P.D: Mañana un año mayor... quién me lo iba a decir... (seguimos con la cutrada del título para terminar el post con la originalidad máxima que me caracterizaba al principio).





