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Monólogos de una adolescente paranoica
Tres llaves para una sola puerta...
Acerca de
Me gusta pasearme sin ropa por las calles frecuentadas de las Ramblas, dormir 25h al día (sí, 25), comer carne cruda encima de una rama del Bosque Amazónico, quemar cerillas sobre entes putrefactos...simplemente, me gusta saber que todavía puedo imaginar que no digo sandeces.
Sindicación
 
Os deseo...
...


http://www.jbnightology.com/navidad/christmas/christmas.php?id=51113242
 
¡¡Dónde!!
Me siento mal, triste y asqueada.

























¡¡Dónde está el árbol que me pertenece!! ¿Dónde están esas luces que nunca funcionan? ¿Dónde está ese cutre belén? ¡¡Dónde está el espíritu navideño en mi casaaaaaaaaaaaaaaaaaa!! DÓNDEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE. (este momento de histéria se calmaría con un buen trozo de turrón que me cubriera toda la boca, pero por haber…no hay ni Suchard)


Y es que no, no me hace ilusión hacer el paripé. Incluso las cenas me agobian. Pero es que si recreamos las paraditas de la Sagrada Familia versión Casa Sánchez, la familia siente vergüenza ajena y no quieren venir a cenar a casa (…y así vamos todos a casa de mis abuelos, que cocinan mejor que yo, con mis canapés de paté con avellanas o de philadelphia con nueces – ¿Habrá algún año que cambie el menú?). Porque que yo haga la cena es peligroso. Y eso que no toco el fuego, no. Pero con un fuet y mantequilla yo me transformo. Sólo diré que el año pasado infiltré un canapé con comida de perro (son bolitas que pueden recrean perfectamente un adorno comestible pijo). Creo recordar que mi abuelo se lo iba a comer (pobre hombre, con tal de no herirme se lo comía todo – si se lo esconde en el pantalón y luego va al lavabo a tirarlo es un tema en el que prefiero no entrar-), pero algún aguafiestas (mala persona que soy, disfrutando con ver a una persona comiendo comida para perro…) que conocía aquél alimento (¿por experiencia propia?) dio el chivatazo.

Luego está el hecho que, si se hace la cena en mi casa, hay una cámara rondando por allá donde vas. Que no importa, porque quien graba soy yo… pero es que llegas a ver cosas muy MUY frustrantes. Primero te encuentras a los que saludan a la cámara efusivamente (¿hola?¿Hay alguien ahí?), después está el típico que suele hacer los cuernos a otro (suele ser mi tía, la tengo fichada), otros se creen famosos y atentan contra ti, o se tapan la cara como si fueras a traficar con su imagen en Internet (éste es mi padre), luego están los que no saben que hacer y suelen poner una mueca torcida, decir qué tal (puedes ser más inventivo, ¿por favor? Eso ya me lo has dicho cuando nos hemos saludado) o simplemente se quedan de pie mirándote. Aunque se lleva la palma mi abuela, los supera a todos cantando su Virgen de Lurdres (Aiii virgen de Ludresss te vengo a deciiiiiir… -la pobre siempre se equivoca y acaba arreglándolo como puede con un aaaiii uiiiii euuiiiii final), Mi chiquirritín y todo un repertorio vario, repetido cada año, que no puede faltar en la cena. Crea un gran ambiente de alegría y hermandad cuando todos nos cogemos de las manos e incluso encendemos mecheros para iluminarla a ella y a su voz. A eso le sumáis a mi tía haciéndole cuernos a mi abuelo, mi abuelo tocando la copa a modo de pandereta (¡¡yayooo, que eso se rompe!!), mi madre cantando por lo bajini, mis primos crueles riéndose de la situación, mi perra aprovechando para comer mis canapés podridos, yo grabando…y mi padre huyendo de mi. ¿No es esto amor familiar?


…Lo que he narrado es tan patético como cierto, y se repite año tras año. Debe de ser tradición familiar. Pero yo me pregunto qué pasará estas Navidades, si todavía no hemos montado ni el belén. ¿Qué diversión encontrará mi perra ahora, si no es morder todas las figuritas – las pocas que hay. Creo que dentro de poco se podrán ver Action Man, Barbies y figuras del Lego…- del hostal de carretera del Niño Jesús, al que solo se le ve la frente? ¿Cómo se divertirá mi hermano sin poder mover los androides escuchimizados subidos encima de perros con joroba que tenemos por reyes? ¿Qué haré yo si no puedo evitar que se me caiga el árbol de navidad –ejem, planta falsa de los chinos- encima y muera aplastada por él, por sus bolitas –ejem, manzanas que no vienen a cuento-, por sus tarjetas de Intermón que te mandan cada año y por su polvo acumulado de año tras año?¿Qué hará mi madre si no puede amenazarnos con que no toquemos esas luces porque “se rompen y no tenemos más” (absurdo, se van a romper igual. De hecho, ya no funcionan)?


Nada, nada. Repito, pues, la frase inicial. “Me siento mal, triste y asqueada”. Voy a ver si mañana compro el Pronto, tengo la suerte de que regalan el Belén ese feo de cada año (no os riáis que mi abuela se lo compra. Y lo pone, que es peor. Y se cree que le queda bien, que es ya exasperante – no, en realidad es gracioso ver como cuatro figuras mal puestas quedan mejor que tu super fauna construida con muñequillos que pretenden (remarquemos el pretenden) recrear personajes biblicos) - ), y consigo tener la Navidad de todos los años. […] Así sea, amén.
 
It's cold outside
Hace frío (qué lista soy cuando quiero). Y lo noto. ¿Porque tengo que ponerme 50mil camisetas, guantes, bufanda y recree la forma de una albóndiga? Meeeeec, error. ¿Porque no me importa el ambiente a sobaco en el metro, sino que prefiero quedarme allí a cambio de estar calentita? Meeeeeeeec, error. ¿Porque mi abuela me dice que me tape que voy a pillar una galipandria (graciosa palabreja)? Meeeeeeeeeec, error. Lo noto porque por las mañanas me tengo que levantar mínimo media hora antes de salir de casa.


“Pues ponte cualquier cosa, so pija”, pensaréis. Meeeeeeec, otra vez error (estoy onomatopéyica hoy). ¡¡Si eso ya lo hagoooooooooooo!! Lo que pasa es que me embobo delante del calefactor. STOP: Va, venga, va. Trapos sucios: ¿Quién no se habrá quedado empanado mirando a la pared, medio en bolas (o totalmente en bolas, si se ha salido de la ducha), porque está realmente a gusto al lado del calefactor? Da igual que te achicharres (porque llega un punto que hasta quema), que tú sigues ahí. Pero es comprensible porque o realmente hace frío, o te has quedado empanado contando rachuelas, o te has quedado dormido porque son las 7 de la mañana (a esta hora tendría que estar prohibido levantarse). Y luego pasa que miras el reloj…y ves que tienes 5 minutos rancios para buscar un tanga, ponerte algo (da igual si no conjunta, tú no estás por eso ahora), hacerte la maleta/mochila (mi caso es critico: tengo que hacerme dos mochilas. 1) la del gimnasio, con toalla, chancletas, champú, ropa de atleta de pacotilla, y cosas varias. 2) la de la uni, con libros que pesan un cojón, y el de la autoescuela porque así me creo que absorbo conocimientos sólo con llevarlo cerca) y envolverte con la bufanda e indumentaria varia (si tienes tiempo de peinarte ya será un récord). Y luego piensas, ¿se puede saber qué he estado haciendo durante todo este rato? (y esto lo dices cabreado contigo mismo) Ah, claro, he estado delante del calefactor… es que hace frío.

Aunque realmente te das cuenta de eso cuando vas andando por la calle, dirección metro, con una especie de propulsor invisible. Qué ganas tienes de llegar al metro… lo mío ya es preocupante porque, por ejemplo, a pesar de querer leerme los periódicos gratuitos, con tal de no pasarme dos segundos más en la calle, huyo de la mujer repartidora (es que siempre es la misma)*.

Pero una vez en el metro ya nada te importa. Nada referente al frío, se entiende. Porque la gente te nubla el pensamiento. ¿Qué más da si a fuera hace un frío de la ostia cuando dentro parece que estés en la sauna de tu gimnasio? ¡¡Que eso parece una lata de conservas!! Y de esto me he dado cuenta hoy cuando he visto que estaba a punto de sacar una hoja para ponerme a redactar el gran macrocosmo del metro. Gente que sólo piensa en entrar en el vagón aunque te tenga que estar pisando el pie durante dos paradas, aunque a ella le estén metiendo el dedo en el ojo, aunque ésta última esté oliendo el sobaco a un empresario gordo, y aunque este obeso esté encasquillado entre la mochila del niño de segundo de la eso y el macrobolso de la pija de tu universidad. E-s-o n-o i-m-p-o-r-t-a. ¡¡Todo el mundo llega tarde!! Hace frío, ¡¡todo el mundo se emboba con el calefactor!! (vale, no todos. Básicamente lo hago yo. Pero… bien que os estáis entre las sábanas calentitas, eh?)
Yo tengo curiosidad por saber si la gente también siente el mismo miedo que yo cuando se anuncia la próxima parada, tú no tienes que bajar todavía, y tienes a 50 fieras delante de ti mirándote con cara de “o te apartas o te paso por encima. Llego tarde y no estoy para ostias”. ¡¡Porque yo tengo un miedo inmenso!! Y, obviamente, siempre me acaban pisoteando o se cagan en mi y en mis miles de bolsas.
Ya es otra cosa cuando salgo del vagón y llego a El Pasillo. Ahí empieza el Momento Carrera. Voy a pedir al alcalde si puede poner una parada de botellitas de agua a mitad de camino porque realmente vamos sedientos. ¡¡Todos corren!! Y ahí estás tú, la pequeña albóndiga ropera intentando sortear las personas que te vienen de cara… y cuidado si has visto que tu ferrocarril pasa en menos de dos minutos… ¡¡eres capaz de hacer hasta un mortal con tal de no perderlo!! Porque, ¡¡llegas tardeeeeeeeeeee…y hace frío!!

Si no te has comido a nadie durante tu carrera triunfal, consigues no perder el ferrocarril pero… sigues yendo tarde. Y a eso le sumas el favtor Hombre_micro (sí, como el de la Britney Spears), que se dedica a darte los buenos días y a decir “pazeu por las artras portas zisplau” y“no zaturin”, a los míticos personajes que te los tienes más que vistos de otras mañanas, a las peruanas sacadas de videoclips de reggeaton (lo remarco porque siempre me encuentro a alguna) y a las abuelitas que tú te preguntas qué harán despiertas a esas horas de la mañana, que para el Mercadona no se necesita coger el ferrocarril.

¿Qué pasa cuando has entrado en el ferrocarril? Si tienes muchísima suerte, consigues sentarte a base de dar mochilazos, a la primera. Si tienes mucha suerte, consigues sentarte después de la parada Sarrià (¿Qué habrá ahí?¿Dan algo gratis?). Si tienes suerte, te quedas de pie pero no recreas las características de un sandwitch. Y si no tienes nada de suerte, te quedas con la misma cara de terror que en el metro, sigues siendo pisada y sigues oliendo a sobaco…

Pero no pasa nada, porque vas calentita. Maldigo el momento “Universitat autónoma”, que me indica que tengo que salir de aquel vagón y que me hace revestirme de ropa. Hace frío, pienso yo cuando salgo. ¿Qué estará haciendo mi calefactor ahora?






* Luego pasa que tengo que esperar que alguna alma caritativa los deje en el asiento del ferrocarril, o, muy a mi pesar, tenga que dar saltitos ridículos para conseguir cogerlos cuando el alto de turno los deja al final de la ¿estantería? de arriba del asiento… Bien a la punta, sí; que yo no pueda cogerlo. (Eso o… cuando los recolecto del suelo, o de la
basura –basado en hechos reales-)




P.D: gracioso es que redacte esto envuelta en una bufanda y con la chaqueta de la calle puesta… todavía.