Oh la laaaa. Voyage voyageeee... me voy a París.
Ayer fue un día muy estresante.
Empecé la mañana preguntándome cómo era capaz de buscar planes alternativos a dejarme la vida en un billete de avión dirección a París, mientras aporreaba el teclado para configurar uno de los mil trabajos que tengo, conseguía aguantar el teléfono con la mano que me quedaba disponible… y mantenía una conversación mínimamente sensata –quien dice sensata dice histérica-. (He llegado a la conclusión que me tienen que llevar al circo)
Como Murphy bien dijo, no te tortures estresándote tanto y no pierdas tanto tiempo planeando un viaje porque, ya te puedes pasar tres horas buscando por Internet que luego, en un momento de desesperación a las 10 de la noche, cogerás los billetes sin más. Pero claro, convencerse de esto tiene su complicación, y tú te mantienes firme hasta el final, pensando que alguna compañía picará a la puerta de tu casa y te traerá hasta la azafata de tu vuelo… y todo completamente gratis.
Cuando ves que eso no va a pasar, te frustras. Así que adiós a poder tecletear algo con sentido, adiós a mantener conversaciones con todo el mundo… y hola al estado vegetal barra autista.
¿Qué pasa en ese momento? Que aparece tu madre, te dice que se va a hacer rayos UVA y tú dices…
- Mama,¡¡cómo puedes!! ¡¡Eso es antinatural además que te puede coger cáncer!! No lo hagas, nooooooooooo yo también vengo. (Has hecho una lista de pros y contras y has visto que ir te salía más factible que quedarte en casa sacándote la roña del ombligo –es importante desengañarse: frustrado no trabaja nadie-).
Así que me puse (basta ya de hablar en tercera persona, que parezco esquizofrénica) los primeros pantalones que vi, conservé la braga de bikini que llevaba (no preguntéis qué hacía en bikini), me vestí con un jersey roñoso negro y, sin peinar y sin pendientes, me fui a la calle (descripción para que veáis lo guapísima que iba y las ganas que tenía de arreglarme).
Dirección a Solmanía, mi madre me dió pautas básicas para salir airosa de los uva: “¡¡tú sobretodo date prisa quitándote la ropa!! Que eso empieza a contar desde que entras” (creo que si le pones aire gitano sale más real la pronunciación). Desde luego, a mi no se me puede decir esto, que ya fui todo el camino pensando que me iba a romper la pierna por quedar enrollada al bikini rosa y, lo peor, que todo el mundo lo iba a ver.
Llegamos ahí (no sabía si desabrocharme el pantalón justo entrar, por eso de ganar tiempo) y nos encontramos con la fauna pijil, hermosa y fantástica donde las haya. Gente emulando a tostadas quemadas (que todavía seguían pidiendo abonos), chicas divinísimas que te hacían dudar de si venían del Congo o del África aborigen… y nosotras dos, las cutres pseudofashion.
Como era de esperar, todas las cabinas estaban llenas, así que me entretuve con diversas revistas (mientras dejé a mi madre pringando, rellenando el formulario).
Nada más ver el índice, ya me alarmé: “¿Cómo hacerlo vibrar de placer? ¿Qué caricias le sorprenderán?”, pero cuando fui al desarrollo de los temas candentes (porque vas, no nos engañemos. Las revistas son cutres y todo lo que se quiera, pero todo el mundo las lee en momentos de aburrimiento – o no- y, lo que es peor, le hacen gracia), me imaginé a los redactores y realmente me preocupé por su estado de vasocongestión. He llegado a la conclusión de que son chicos y, mediante mensajes No subliminares, intentan que seamos sus sirvientas del sexo: “Bájale la bragueta y métele la mano dentro…¡¡le encantará!!”… sí, claro sí; ¿podemos ser más explícitas? ¿Eso se lo hago en medio de la calle? ¿En la cafetería de la uni? Si es que no damos pistas, señores redactores… (definitivamente, si lo hiciera tendría que ir al circo)
“La número 4 ya está lista”, nos dice la chica. A mi me fastidió porque estaba entretenida con la revistita. Vacilé en preguntarle si podía llevármela dentro, pero me detuve al pensar que eso me haría perder tiempo. Así que opté por seguirla, temerosa.
Entramos en la sala y, al ver la máquina, dudé si estaba en un centro de la NASA. ¿Esto es una nave espacial que me va a elevar hacia el espacio sideral o es algo que sirve para ponerse moreno? Como mi cabeza a veces no coordina, lo dije en voz alta (más bien fue algo así, atención: “uauuuuu, estamos aquí delante de la nave espacial 55.4!!”) y la mujer se rió por complacerme (aunque seguro estaría deseosa de volver a pedirme el Dni para comprobar si realmente soy mayor de edad).Ridículo curioso cuando nos explica las funciones de los botones:
- “éste es el Start, que sirve para empezar (grandiosa información), éste es el…”
y mi madre suelta un…
- “¿para qué has dicho que sirve el Start?”.
Ojos inyectados en vergüenza, nivel de rojez aumentando por segundos, tierra trágame.
Cuando por fin me dejan sola, intento encerrarme. Soy inepta y no consigo manejar el pestillo. Opto por dejar la puerta abierta y hacer un espectáculo público (¡¡una mie***!! Más bien opto por cagarme en mi misma y estar toda la sesión cohibida).
Me desnudo… voy hacia la máquina… y me entra un ataque de risa. Vamos, que no me sorprende pero agradecí el hilo musical de fondo que tapaba mi risa estúpida. Una vez me tumbé, me sentí patética al verme en los espejos… así que continué con mi festival del humor, que se magnificó cuando me puse las super gafas del futuro.
Una vez pensé que ya había cumplido con mi momento de ridículo extremo, le di al botoncito. “¡¡Socoooooooooooooooooooorro!! ¡¡Hay una ventisca aquí metidaaaaaaaaa!! ¡¡Creo que voy a despegar o por lo menos vendrá un huracán!!”. ¿Para qué ponen tan alto el aire? Por dios, que parecía que me había enchufado un ventilador en la cara. Suerte que lo pude regular con un botón, que sino habría salido emulando al Rey León.
1 minuto, 2… pensé que me iba a quedar ahí dormida cuando de golpe tengo un conflicto cognitivo “me ha dicho sala 4, pero también que eran 4 minutos…o he hecho una asociación de sala 4 con 4 minutos…o realmente eran 6 minutos….¿¿O QUÉ ESTÁ PASANDO?? Ayudaaaaa, voy a morir achicharradaaaaaa, déjenme salirrrr”. Me calmo yo sola y al minuto 6, eso se para; pero se para de golpe. Que el susto que te pega es poco…!
Cuando salgo, mi madre emocionada me dice:
- “qué, ¿estás muy morena?”
- Sí hombreeeeeee, ¿no me ves? Reboso de negruraaaaa.
Pero eso no le frenó la ilusión, y bien contenta que se fue hacia su nave espacial. Yo me uní de nuevo a la revista y me preocupé pensando si se acordaría que el Start servía para poner en marcha la máquina, que ya me veía yo toda la tarde esperándola.
Al salir, me comentó riendo que si me había fijado en mi culo…porque según ella lo tenía muy gracioso: “lo tengo todo rojoooo… jajajaja… ya te lo ensdeñaré…jajajaja”. Pobrecita, somos tal para cual.
…Y eso mismo lo corroboramos en una tienda de zapatos (ya puestos a perder la tarde, me iba de compras). Nos ponemos en la cola y, como en ese momento todos eran atendidos, somos las primeras. Seguidamente, llega una señora de unos 50 años y otra de unos 40. Entre las cuatro, mantenemos una conversación de “yo voy primera, tú vas detrás mio, ella va detrás de usted”. Hasta aquí todo bien, parecía que todo el mundo lo había entendido y que manteníamos el orden pactado. Pero, de repente, la mujer cincuentona sigilosamente nanonianooooonanonianooooooooo se va hacia la zona probable de captar a una dependienta y nanoniaaaanonanoniaaaano fingiendo mirar unos cinturones…¡¡ZAAAAAAAAAAAAAAS!! ¡¡Coge a una dependienta!! Mi madre, que se lo veía venir, y yo nos empezamos a reir sonoramente y soltamos un fuerte PERO QUÉ MOOOOOOOOOORRO…OAAALA. Y la señora dale que te pego con su nanoniano nos suelta un “no, si le estaba diciendo que os tocaba a vosotras”… pero señora qué moooooooooooooooooorro tiene, porque nos giramos y, ¡¡pam, puñalada por la espalda!! Y le comenta a no se quién que no habíamos pedido turno y que no sé qué no sé cuantos… a lo que mi madre y yo vamos hacia ella y nos empezamos a reir delante suyo:
- (yo)Es usted muy cómica, ¿eh?
- (ella) Mira niña porque tú tú tú…
- (yo) Eeeeeh señora…a mi no me señale, y tranquilícese.
- (mi madre) ¿Pero ve usted el morro que tiene? JAJOJAJO
- Sois la madre y la hija iguales…
- (yo) Claro que sí, GUAIIIITA TU…
- (madre e hija) JAJAJAJAJAAJA
Paramos cuando vimos que la mujer se hacia cada vez más pequeña y hasta se mareaba con nuestra reprimenda. O mejor creo que paramos cuando ya no nos podíamos aguantar el pipi.
Definitivamente, Mañana mismo me voy al circo.
Empecé la mañana preguntándome cómo era capaz de buscar planes alternativos a dejarme la vida en un billete de avión dirección a París, mientras aporreaba el teclado para configurar uno de los mil trabajos que tengo, conseguía aguantar el teléfono con la mano que me quedaba disponible… y mantenía una conversación mínimamente sensata –quien dice sensata dice histérica-. (He llegado a la conclusión que me tienen que llevar al circo)
Como Murphy bien dijo, no te tortures estresándote tanto y no pierdas tanto tiempo planeando un viaje porque, ya te puedes pasar tres horas buscando por Internet que luego, en un momento de desesperación a las 10 de la noche, cogerás los billetes sin más. Pero claro, convencerse de esto tiene su complicación, y tú te mantienes firme hasta el final, pensando que alguna compañía picará a la puerta de tu casa y te traerá hasta la azafata de tu vuelo… y todo completamente gratis.
Cuando ves que eso no va a pasar, te frustras. Así que adiós a poder tecletear algo con sentido, adiós a mantener conversaciones con todo el mundo… y hola al estado vegetal barra autista.
¿Qué pasa en ese momento? Que aparece tu madre, te dice que se va a hacer rayos UVA y tú dices…
- Mama,
Así que me puse (basta ya de hablar en tercera persona, que parezco esquizofrénica) los primeros pantalones que vi, conservé la braga de bikini que llevaba (no preguntéis qué hacía en bikini), me vestí con un jersey roñoso negro y, sin peinar y sin pendientes, me fui a la calle (descripción para que veáis lo guapísima que iba y las ganas que tenía de arreglarme).
Dirección a Solmanía, mi madre me dió pautas básicas para salir airosa de los uva: “¡¡tú sobretodo date prisa quitándote la ropa!! Que eso empieza a contar desde que entras” (creo que si le pones aire gitano sale más real la pronunciación). Desde luego, a mi no se me puede decir esto, que ya fui todo el camino pensando que me iba a romper la pierna por quedar enrollada al bikini rosa y, lo peor, que todo el mundo lo iba a ver.
Llegamos ahí (no sabía si desabrocharme el pantalón justo entrar, por eso de ganar tiempo) y nos encontramos con la fauna pijil, hermosa y fantástica donde las haya. Gente emulando a tostadas quemadas (que todavía seguían pidiendo abonos), chicas divinísimas que te hacían dudar de si venían del Congo o del África aborigen… y nosotras dos, las cutres pseudofashion.
Como era de esperar, todas las cabinas estaban llenas, así que me entretuve con diversas revistas (mientras dejé a mi madre pringando, rellenando el formulario).
Nada más ver el índice, ya me alarmé: “¿Cómo hacerlo vibrar de placer? ¿Qué caricias le sorprenderán?”, pero cuando fui al desarrollo de los temas candentes (porque vas, no nos engañemos. Las revistas son cutres y todo lo que se quiera, pero todo el mundo las lee en momentos de aburrimiento – o no- y, lo que es peor, le hacen gracia), me imaginé a los redactores y realmente me preocupé por su estado de vasocongestión. He llegado a la conclusión de que son chicos y, mediante mensajes No subliminares, intentan que seamos sus sirvientas del sexo: “Bájale la bragueta y métele la mano dentro…¡¡le encantará!!”… sí, claro sí; ¿podemos ser más explícitas? ¿Eso se lo hago en medio de la calle? ¿En la cafetería de la uni? Si es que no damos pistas, señores redactores… (definitivamente, si lo hiciera tendría que ir al circo)
“La número 4 ya está lista”, nos dice la chica. A mi me fastidió porque estaba entretenida con la revistita. Vacilé en preguntarle si podía llevármela dentro, pero me detuve al pensar que eso me haría perder tiempo. Así que opté por seguirla, temerosa.
Entramos en la sala y, al ver la máquina, dudé si estaba en un centro de la NASA. ¿Esto es una nave espacial que me va a elevar hacia el espacio sideral o es algo que sirve para ponerse moreno? Como mi cabeza a veces no coordina, lo dije en voz alta (más bien fue algo así, atención: “uauuuuu, estamos aquí delante de la nave espacial 55.4!!”) y la mujer se rió por complacerme (aunque seguro estaría deseosa de volver a pedirme el Dni para comprobar si realmente soy mayor de edad).
- “éste es el Start, que sirve para empezar (grandiosa información), éste es el…”
y mi madre suelta un…
- “¿para qué has dicho que sirve el Start?”.
Ojos inyectados en vergüenza, nivel de rojez aumentando por segundos, tierra trágame.
Cuando por fin me dejan sola, intento encerrarme. Soy inepta y no consigo manejar el pestillo. Opto por dejar la puerta abierta y hacer un espectáculo público (¡¡una mie***!! Más bien opto por cagarme en mi misma y estar toda la sesión cohibida).
Me desnudo… voy hacia la máquina… y me entra un ataque de risa. Vamos, que no me sorprende pero agradecí el hilo musical de fondo que tapaba mi risa estúpida. Una vez me tumbé, me sentí patética al verme en los espejos… así que continué con mi festival del humor, que se magnificó cuando me puse las super gafas del futuro.
Una vez pensé que ya había cumplido con mi momento de ridículo extremo, le di al botoncito. “¡¡Socoooooooooooooooooooorro!! ¡¡Hay una ventisca aquí metidaaaaaaaaa!! ¡¡Creo que voy a despegar o por lo menos vendrá un huracán!!”. ¿Para qué ponen tan alto el aire? Por dios, que parecía que me había enchufado un ventilador en la cara. Suerte que lo pude regular con un botón, que sino habría salido emulando al Rey León.
1 minuto, 2… pensé que me iba a quedar ahí dormida cuando de golpe tengo un conflicto cognitivo “me ha dicho sala 4, pero también que eran 4 minutos…o he hecho una asociación de sala 4 con 4 minutos…o realmente eran 6 minutos….¿¿O QUÉ ESTÁ PASANDO?? Ayudaaaaa, voy a morir achicharradaaaaaa, déjenme salirrrr”. Me calmo yo sola y al minuto 6, eso se para; pero se para de golpe. Que el susto que te pega es poco…!
Cuando salgo, mi madre emocionada me dice:
- “qué, ¿estás muy morena?”
- Sí hombreeeeeee, ¿no me ves? Reboso de negruraaaaa.
Pero eso no le frenó la ilusión, y bien contenta que se fue hacia su nave espacial. Yo me uní de nuevo a la revista y me preocupé pensando si se acordaría que el Start servía para poner en marcha la máquina, que ya me veía yo toda la tarde esperándola.
Al salir, me comentó riendo que si me había fijado en mi culo…porque según ella lo tenía muy gracioso: “lo tengo todo rojoooo… jajajaja… ya te lo ensdeñaré…jajajaja”. Pobrecita, somos tal para cual.
…Y eso mismo lo corroboramos en una tienda de zapatos (ya puestos a perder la tarde, me iba de compras). Nos ponemos en la cola y, como en ese momento todos eran atendidos, somos las primeras. Seguidamente, llega una señora de unos 50 años y otra de unos 40. Entre las cuatro, mantenemos una conversación de “yo voy primera, tú vas detrás mio, ella va detrás de usted”. Hasta aquí todo bien, parecía que todo el mundo lo había entendido y que manteníamos el orden pactado. Pero, de repente, la mujer cincuentona sigilosamente nanonianooooonanonianooooooooo se va hacia la zona probable de captar a una dependienta y nanoniaaaanonanoniaaaano fingiendo mirar unos cinturones…¡¡ZAAAAAAAAAAAAAAS!! ¡¡Coge a una dependienta!! Mi madre, que se lo veía venir, y yo nos empezamos a reir sonoramente y soltamos un fuerte PERO QUÉ MOOOOOOOOOORRO…OAAALA. Y la señora dale que te pego con su nanoniano nos suelta un “no, si le estaba diciendo que os tocaba a vosotras”… pero señora qué moooooooooooooooooorro tiene, porque nos giramos y, ¡¡pam, puñalada por la espalda!! Y le comenta a no se quién que no habíamos pedido turno y que no sé qué no sé cuantos… a lo que mi madre y yo vamos hacia ella y nos empezamos a reir delante suyo:
- (yo)Es usted muy cómica, ¿eh?
- (ella) Mira niña porque tú tú tú…
- (yo) Eeeeeh señora…a mi no me señale, y tranquilícese.
- (mi madre) ¿Pero ve usted el morro que tiene? JAJOJAJO
- Sois la madre y la hija iguales…
- (yo) Claro que sí, GUAIIIITA TU…
- (madre e hija) JAJAJAJAJAAJA
Paramos cuando vimos que la mujer se hacia cada vez más pequeña y hasta se mareaba con nuestra reprimenda. O mejor creo que paramos cuando ya no nos podíamos aguantar el pipi.
Definitivamente, Mañana mismo me voy al circo.
Gracias, dios, por darme internet de nuevo (amén)
Hace tiempo que no escribo. No sé que va a salir. Pero ya empezado, así que suerte y ánimo para todos (Si queréis ir a por palomitas todavía estáis a tiempo) (¡¡Cuidado si las hacéis con el microondas!!, porque a mi siempre se me pasa el tiempo –empanada…- y se me acaban quemando. Qué rabia; sobretodo porque me suele pasar cuando ya sólo me queda una bolsita de ese pack de 3 del carrefour). Empecemos (qué nervios…):
Me he mudado (bla bla bla). Así que ahora me he convertido en la ocupa number guan... y supongo que mis amigos huyen de mi, pero al final les doy pena y me adoptan. Como mi amiga Yas, quien, pobre mujer, deja que pasee mi persona por su casa. Y es un error, que no se confunda… porque convivir conmigo supone un gasto de mínimo 3 euros en zumos (confieso que tengo un problema con los líquidos y los muñecos) (no sé por qué cuento estas cosas).
Así pues, el viernes, después de dar clases, me fui a casa de la Pobre Alma Caritativa y juntas (me detengo porque mi alzheimer me trae problemas) (vale, ya está) nos dedicamos a hacer tanto como 0 cosas. Bueno, error. Yo opté por hacer sucumbir su economía, gorroneando comida. Después de eso empezamos nuestra actividad típica y tópica de comentar barra criticar barra analizar barra hacer todo lo que sea propio de una paranoica, hasta que llamamos a una amiga… para hacer lo mismo pero a tres voces; que es más divertido y se llega a crear un canon musical mezclado con gritos de histeria y saltitos de Heidy muy interesante. Todo esto llega a ser más patético (sí, puede serlo) si sabemos que estábamos situadas en el magnífico Mcdonald’s, porque somos tan pobres (bueno, eso yo, pero si lo pongo en plural siento que no es tan triste) que no tenemos ni para chicles (plan de semana santa: ir a París – totalmente a la aventura-; así que tengo dos opciones: o ahorrar, o ir a hacer espectáculos por las Ramblas…). Cuando nos cansamos del olor a frito y refrito; de las conversaciones entre madre-tía-hija entorno al tema de “cómete los nuggets”, al más puro estilo “Andrea, cómete el pollo”; y del panorama chólico-pelao vario pinto… decidimos ir a casa de la Yas, donde no se nos ocurre otra cosa que seguir hablando como marujas (soy Looooli) y terminar la cita mirando películas de nuestra infancia. Esta última acción arrebate contra nuestra persona, pero ya estamos acostumbradas; nos gusta reírnos de nosotras mismas (viva el masoquismo).
Otra peli, otra más, oh si no pares (perdón, se me ha tergiversado un poco el tema)… y con la tontería se nos hicieron las 3 de la noche. ¡¡Y teníamos que estar despiertas a las 8,30!! Pues muy bien… no pasa nada; no pasa nada porque yo pongo el móvil a las supuestas 8:30 y aquí no se duerme nadie, menos yo!! Pero soy tan agradable que puse la alarma a las 7:30. Y eso significa que… 7:30 = alarma estridente = Sandra y Yas despiertas = Sandra ve que todavía le queda una hora = Sandra se vuelve a dormir y se despierta 10min. antes de la hora citada = Yas tiene que permanecer una hora más, por haber sido fastidiada por el sujeto anterior.
Con prisas y legañas vamos hacia un polideportivo donde, supuestamente, yo iba a hacer de juez de patinaje, con otras dos compañeras. Llegamos y nos dicen que no porque blaaaaa bla (no viene a cuento). Siguen el discurso contándonos que nos esperan al día siguiente y que nos pagan los dos días (subrayado, fosforito, multicolor y con post-it). Ah… perfecto. Ley del mínimo esfuerzo con recompensa de dinero; me encanta.
Cuando la competición terminóme apropié una chapa de una cebolleta roja –que, por cierto, todavía no entiendo la relación con el patinaje- …nos fuimos a estudiar. VALE, LO SÉ. Es triste pasarse la tarde de un sábado haciendo trabajos, pero así es la vida del universitario (o del universitario freaky).
Después de focos atencionales, sinapsis varias, coeficientes de Fisher y cosas que no vienen a cuento, nos apalancamos en el sofá. Cuando llegaron las 11:30 y vimos que si no nos arreglábamos ibamos a salir de fiesta con la imaginación, decidimos levantarnos. Pero confieso que tuve un momento crítico mientras me peinaba: estuve a punto de poner voz de peli americana y pronunciar un “no, ve tú aggrgrgraaa –sonidos onomatopéyicos de “qué dolor siento en mi cuerpo, me acaban de disparar en el corazón pero yo sigo vivo”-… que yo me quedo aquí”.
Una vez estás arreglado, parece que alcanzas el nivel de activación máximo y ya buscas ansioso cualquier hilo musical para poder menear la cabeza de un lado para otro y llevar el compás con los pies, cual profesor freak de música de primaria. Es por eso que intentas llegar lo más rápido posible (a Razz, en nuestro caso) para que, total, cuando llegas ahí –tarde- siempre eres el primero. Da igual lo tarde que me presente, que siempre me harán la gracia de hacerme esperar.
Confieso que me lo pasé muy bien; el ambiente es genial, las sandeces que te sueltan más que curiosas, y la música…bueno, es música. A las 5:30 de la noche se nos acabó el chollo y fuimos dirección casa Yas. Pasé por delante de mi casa… tan oscura y tan fría; tan agradable y tan cruel; tan mía y tan suya a la vez… que me sentí impotente. Parecía que el tiempo no había pasado, y que yo nunca he dejado de vivir ahí. Cuando creía caer, unos brazos me abrazaron fuerte. No hay nada como tener un buen amigo al lado.
Abrimos la puerta de su casa y, como acción innata, me bebo un zumo. No me quito la ropa ni nada; era importante presentarse con aspecto de “apestosa tía guarra que sale de fiesta y no se cambia” a la competición de patinaje. Así que duermo dos horas y, con lo puesto, voy alegremente (ejem ejem) hacia el metro. (Atención, duda existencial: ¿¡¿por qué demonios he apagado la alarma a las 8:45, he compartido una mirada con la Yas, y al final he acabado despertándome a las 9:01?!? ¿Qué se supone que ha pasado en esos 16 minutos? )
Una vez en el metro, empiezo a correr como una histérica al escuchar el sonidito irritante de piiii piii piiii (muy expresiva; representa que es el ruido de ‘las puertas se están cerrando; o corres mucho o harás el primo mirando como el metro se va sin ti’).
Me encuentro (totalmente planeado) con Mia, su novio y Marta y todos llegamos a la conclusión de que, antes de ir a hacer de malas malísimas (todo el mundo odia a los jueces), teníamos que ir a la búsqueda de un bar. Encontramos uno; uno tan estupendo que tenía colgada un cabezón de un bicho raro en la pared, luces tuning en el lavabo y una camarera amargada con pinta de ser Loli que pretendía llevarse 1,15 más palasaca bytheface.
Cuando vemos que ya no podemos escaquearnos más, entramos en el polideportivo y nos asusta la cantidad de niñas histéricas que hay. Yo me siento tan importante como mala. Una vez nos ve la coordinadora y la presentadora, estas dos corren hacia nosotras. La primera, nos explica como teníamos que puntuar (aunque al final lo hemos como nos ha salido del recto); y la segunda se emociona sola y pretende ir de graciosa cuando, creo, ninguna de las tres la estaba escuchando.
Nos sentamos y cogemos las… ¿fichas?¿papeles?, bueno, algo, y empezamos a emocionarnos con los bolis. Iban mal, pero la cuestión era chingarlos todos (lo sé mi vida es triste. Si queréis contribuir a mejorar mi vida, depositar una cifra benéfica y totalmente desinteresada en mi cuenta bancaria. Gracias).
No teníamos ni idea de puntuar, pero entre las tres nos ponemos de acuerdo para puntuar cada integrativo del 0 al 5. Cuando empiezan a patinar los grupos, me arrepiento de no haber admitido un menos algo como nota.
Después de todo lo visto, el momento estrella ha sido la aparición de un grupo estelar que se dedicaba a pasear por la pista moviendo los brazos como si llevaran maracas, hablando entre ellas tranquilamente, perdiéndose por la pista, cayéndose… sólo hace falta decir que ha sido tan patético que incluso una de las participantes se ha ido indignada de la pista. Cómico cuando sale y, después de frenar, se come el suelo.
Sin embargo, creo que me quedo con la imagen de las 4 chicas en fila haciendo la gran coreografía del año: ladear la cabeza de un lado a otro sin mover el cuerpo, pretendiendo emular a un palo. Para esta serie de pasos es importante que la primera de la fila piense en vetetúasaberqué y deje la cabeza quieta (mi teoría es que se quería librar de hacer tal ridiculez) para que su compañera, quien probablemente piense que con eso va a ganar, no se corte en cogerle la cabeza (dios, ¡¡la va a matar!!), y se la mueva al no unísono con las otras. Menuda escena.
Sólo cabe decir que han terminado el baile y NO TENÍAMOS NINGUNA NOTA PARA ELLAS porque ¡¡no habían hecho nada!!. Nos hemos mirado con cara de “vamos a inventarnos algo” (mientras me aguantaba de tirarme por el suelo de la risa que estaba conteniendo) y les hemos puesto un 0,5 en todos los elementos que han hecho. Obviamente, han quedado últimas.
Al final de la competición, una madre se ha venido a quejar:
- Pues mi niña no ha tenido entrenadora y eso se tiene que tener en cuenta…
- (mi cabeza) ¿¿Y a mi qué??
Y todo esto me ha hecho pensar en lo mucho que nos habrán odiado los padres hoy. Si me pitan mucho los oídos, ya sabré por que será.
P.D: Si todavía llevo la ropa, maquillaje y peinado de anoche, tengo que empezar a preocuparme, ¿no?
P.D.2: os he echado muuuuuuuucho de menos... gracias por haberos pasado por aquí...
Me he mudado (bla bla bla). Así que ahora me he convertido en la ocupa number guan... y supongo que mis amigos huyen de mi, pero al final les doy pena y me adoptan. Como mi amiga Yas, quien, pobre mujer, deja que pasee mi persona por su casa. Y es un error, que no se confunda… porque convivir conmigo supone un gasto de mínimo 3 euros en zumos (confieso que tengo un problema con los líquidos y los muñecos) (no sé por qué cuento estas cosas).
Así pues, el viernes, después de dar clases, me fui a casa de la Pobre Alma Caritativa y juntas (me detengo porque mi alzheimer me trae problemas) (vale, ya está) nos dedicamos a hacer tanto como 0 cosas. Bueno, error. Yo opté por hacer sucumbir su economía, gorroneando comida. Después de eso empezamos nuestra actividad típica y tópica de comentar barra criticar barra analizar barra hacer todo lo que sea propio de una paranoica, hasta que llamamos a una amiga… para hacer lo mismo pero a tres voces; que es más divertido y se llega a crear un canon musical mezclado con gritos de histeria y saltitos de Heidy muy interesante. Todo esto llega a ser más patético (sí, puede serlo) si sabemos que estábamos situadas en el magnífico Mcdonald’s, porque somos tan pobres (bueno, eso yo, pero si lo pongo en plural siento que no es tan triste) que no tenemos ni para chicles (plan de semana santa: ir a París – totalmente a la aventura-; así que tengo dos opciones: o ahorrar, o ir a hacer espectáculos por las Ramblas…). Cuando nos cansamos del olor a frito y refrito; de las conversaciones entre madre-tía-hija entorno al tema de “cómete los nuggets”, al más puro estilo “Andrea, cómete el pollo”; y del panorama chólico-pelao vario pinto… decidimos ir a casa de la Yas, donde no se nos ocurre otra cosa que seguir hablando como marujas (soy Looooli) y terminar la cita mirando películas de nuestra infancia. Esta última acción arrebate contra nuestra persona, pero ya estamos acostumbradas; nos gusta reírnos de nosotras mismas (viva el masoquismo).
Otra peli, otra más, oh si no pares (perdón, se me ha tergiversado un poco el tema)… y con la tontería se nos hicieron las 3 de la noche. ¡¡Y teníamos que estar despiertas a las 8,30!! Pues muy bien… no pasa nada; no pasa nada porque yo pongo el móvil a las supuestas 8:30 y aquí no se duerme nadie, menos yo!! Pero soy tan agradable que puse la alarma a las 7:30. Y eso significa que… 7:30 = alarma estridente = Sandra y Yas despiertas = Sandra ve que todavía le queda una hora = Sandra se vuelve a dormir y se despierta 10min. antes de la hora citada = Yas tiene que permanecer una hora más, por haber sido fastidiada por el sujeto anterior.
Con prisas y legañas vamos hacia un polideportivo donde, supuestamente, yo iba a hacer de juez de patinaje, con otras dos compañeras. Llegamos y nos dicen que no porque blaaaaa bla (no viene a cuento). Siguen el discurso contándonos que nos esperan al día siguiente y que nos pagan los dos días (subrayado, fosforito, multicolor y con post-it). Ah… perfecto. Ley del mínimo esfuerzo con recompensa de dinero; me encanta.
Cuando la competición terminó
Después de focos atencionales, sinapsis varias, coeficientes de Fisher y cosas que no vienen a cuento, nos apalancamos en el sofá. Cuando llegaron las 11:30 y vimos que si no nos arreglábamos ibamos a salir de fiesta con la imaginación, decidimos levantarnos. Pero confieso que tuve un momento crítico mientras me peinaba: estuve a punto de poner voz de peli americana y pronunciar un “no, ve tú aggrgrgraaa –sonidos onomatopéyicos de “qué dolor siento en mi cuerpo, me acaban de disparar en el corazón pero yo sigo vivo”-… que yo me quedo aquí”.
Una vez estás arreglado, parece que alcanzas el nivel de activación máximo y ya buscas ansioso cualquier hilo musical para poder menear la cabeza de un lado para otro y llevar el compás con los pies, cual profesor freak de música de primaria. Es por eso que intentas llegar lo más rápido posible (a Razz, en nuestro caso) para que, total, cuando llegas ahí –tarde- siempre eres el primero. Da igual lo tarde que me presente, que siempre me harán la gracia de hacerme esperar.
Confieso que me lo pasé muy bien; el ambiente es genial, las sandeces que te sueltan más que curiosas, y la música…bueno, es música. A las 5:30 de la noche se nos acabó el chollo y fuimos dirección casa Yas. Pasé por delante de mi casa… tan oscura y tan fría; tan agradable y tan cruel; tan mía y tan suya a la vez… que me sentí impotente. Parecía que el tiempo no había pasado, y que yo nunca he dejado de vivir ahí. Cuando creía caer, unos brazos me abrazaron fuerte. No hay nada como tener un buen amigo al lado.
Abrimos la puerta de su casa y, como acción innata, me bebo un zumo. No me quito la ropa ni nada; era importante presentarse con aspecto de “apestosa tía guarra que sale de fiesta y no se cambia” a la competición de patinaje. Así que duermo dos horas y, con lo puesto, voy alegremente (ejem ejem) hacia el metro. (Atención, duda existencial: ¿¡¿por qué demonios he apagado la alarma a las 8:45, he compartido una mirada con la Yas, y al final he acabado despertándome a las 9:01?!? ¿Qué se supone que ha pasado en esos 16 minutos? )
Una vez en el metro, empiezo a correr como una histérica al escuchar el sonidito irritante de piiii piii piiii (muy expresiva; representa que es el ruido de ‘las puertas se están cerrando; o corres mucho o harás el primo mirando como el metro se va sin ti’).
Me encuentro (totalmente planeado) con Mia, su novio y Marta y todos llegamos a la conclusión de que, antes de ir a hacer de malas malísimas (todo el mundo odia a los jueces), teníamos que ir a la búsqueda de un bar. Encontramos uno; uno tan estupendo que tenía colgada un cabezón de un bicho raro en la pared, luces tuning en el lavabo y una camarera amargada con pinta de ser Loli que pretendía llevarse 1,15 más palasaca bytheface.
Cuando vemos que ya no podemos escaquearnos más, entramos en el polideportivo y nos asusta la cantidad de niñas histéricas que hay. Yo me siento tan importante como mala. Una vez nos ve la coordinadora y la presentadora, estas dos corren hacia nosotras. La primera, nos explica como teníamos que puntuar (aunque al final lo hemos como nos ha salido del recto); y la segunda se emociona sola y pretende ir de graciosa cuando, creo, ninguna de las tres la estaba escuchando.
Nos sentamos y cogemos las… ¿fichas?¿papeles?, bueno, algo, y empezamos a emocionarnos con los bolis. Iban mal, pero la cuestión era chingarlos todos (lo sé mi vida es triste. Si queréis contribuir a mejorar mi vida, depositar una cifra benéfica y totalmente desinteresada en mi cuenta bancaria. Gracias).
No teníamos ni idea de puntuar, pero entre las tres nos ponemos de acuerdo para puntuar cada integrativo del 0 al 5. Cuando empiezan a patinar los grupos, me arrepiento de no haber admitido un menos algo como nota.
Después de todo lo visto, el momento estrella ha sido la aparición de un grupo estelar que se dedicaba a pasear por la pista moviendo los brazos como si llevaran maracas, hablando entre ellas tranquilamente, perdiéndose por la pista, cayéndose… sólo hace falta decir que ha sido tan patético que incluso una de las participantes se ha ido indignada de la pista. Cómico cuando sale y, después de frenar, se come el suelo.
Sin embargo, creo que me quedo con la imagen de las 4 chicas en fila haciendo la gran coreografía del año: ladear la cabeza de un lado a otro sin mover el cuerpo, pretendiendo emular a un palo. Para esta serie de pasos es importante que la primera de la fila piense en vetetúasaberqué y deje la cabeza quieta (mi teoría es que se quería librar de hacer tal ridiculez) para que su compañera, quien probablemente piense que con eso va a ganar, no se corte en cogerle la cabeza (dios, ¡¡la va a matar!!), y se la mueva al no unísono con las otras. Menuda escena.
Sólo cabe decir que han terminado el baile y NO TENÍAMOS NINGUNA NOTA PARA ELLAS porque ¡¡no habían hecho nada!!. Nos hemos mirado con cara de “vamos a inventarnos algo” (mientras me aguantaba de tirarme por el suelo de la risa que estaba conteniendo) y les hemos puesto un 0,5 en todos los elementos que han hecho. Obviamente, han quedado últimas.
Al final de la competición, una madre se ha venido a quejar:
- Pues mi niña no ha tenido entrenadora y eso se tiene que tener en cuenta…
- (mi cabeza) ¿¿Y a mi qué??
Y todo esto me ha hecho pensar en lo mucho que nos habrán odiado los padres hoy. Si me pitan mucho los oídos, ya sabré por que será.
P.D: Si todavía llevo la ropa, maquillaje y peinado de anoche, tengo que empezar a preocuparme, ¿no?
P.D.2: os he echado muuuuuuuucho de menos... gracias por haberos pasado por aquí...





