Perdón por haber estado ausente todo este tiempo...
Cómo aprobar El Examen (voz en eco) teórico de conducir:
Para aprobar el examen teórico se depositarán a continuación unas pautas infalibles que le convertirán en el rey del asfalto en un solo día. De verdad. No hay trampa. Lea y empiece hoy mismo (si es que es mañana cuando tiene el examen).
Vamos a empezar. Concentre su energía en estas líneas. Si quiere puede ir a buscar unas olivitas para picar, porque lo importante de este cursillo es: escaquéese al máximo y obtendrá resultados.
Dejamos un margen de tiempo asequible a su lentitud. Aquí no hacen falta prisas. Usted con la calma siempre.
Primera norma: El día antes, es importante no mirarse nada hasta altas horas de la noche, cuando el remordimiento sea superior al grado de vaguedad (es decir, altísimo). Si habían pensado leerse todo el libro un mes antes, ¡¡olvídenlo!! Un buen estudiante lo hará el día antes.
Segunda norma: Deben hacer caso omiso a las personas alarmantes. Probablemente se mirarán mal por no haber estudiado. Podrán ver el sufrimiento interno de algunos cuando se den cuenta de que suspenden los exámenes de prueba. Uds. notaran como es gracioso ver la desesperación de sus progenitores. Irán por la calle y los tildarán como “aquel que se dedica a pasear el librito de autoescuela, cual perro, y que no lo abre ni para abanicarse”.
Pero no se alarme. Porque en esta autoescuela queremos estar al lado de nuestros estudiantes. Por ello, hemos traído el caso real de una chica de 18 años llamada Sandra. A continuación, su historia.
“Hola. Soy Sandra y soy Nomegustaestudiarloslibrosdelaautoescuela anónima. Vengo aquí (hola mamaaaaaaa, hola papaaaaaaaaa) para deciros que esto realmente me ha funcionado. Lo que me estoy planteando es si también me va a funcionar en el práctico porque… ¡¡eh!! ¡¡¡ehhhhhhh!! ¿Por qué me cortáis la conexión? Nooo…”
Bueno, sí, qué pasa. Me invento autoescuelas ficticias para autoconvencerme de que no soy vaga. Pero eso no es un problema. Porque no lo es. No lo es, ¿no?
Todavía no entiendo cómo he aprobado. Mi madre me pelotea con que “ohh sí hija, tú tienes mucha lógica”, pero yo creo que es por la virgen. A partir de ahora le pondré una vela cada año. Gracias.
¡¡Si es que no he hecho casi nada!! Sólo con deciros que me leí por primera vez el libro el día anterior, pasadas las 10 de la noche. Que tenía en la cabeza una fiesta montada y alguien taladrándome el tálamo. Situación surrealista por excelencia cuando mi madre me trae espinacas congeladas y me las pone en la cabeza. Mama, mucho Popeye viste tú de pequeña…
Cuando me desperté, ya no tenía ninguna hoja verde en la cabeza. Quiero pensar que mi cerebro las absorbió. Y, además, informo de que tienen algún poder drogoactivo. ¿Cómo se explica, si no, que me riera al decir que iba a suspender?
9:00. Llegada a Tráfico. Colas y colas de gente amontonada en la calle, en las escaleras… que yo todavía me cuestiono si regalaban algo. ¡¡Cómo alguien puede despertarse tan pronto para oler sobacos!! Por favor, que alguien me de la respuesta y me envie un eseemeese al 5557 con politono+quiero ayudar a resolver tu enigma+ “la respuesta”. Regalo un viaje al comedor de mi casa.
Pero no creáis que hicimos la cola, no. Mi nanomadre y yo escalamos puestos a base de codazos. Mmmmmmm, bueno, no fue a base de codazos pero es que creo que suena más irreal si digo que no hicimos nada para pasar delante de todo el mundo. (Y ya es triste que lo normal sea dar ostias para avanzar puestos).
Planta 1. Un segurata emulador de albóndigas nos sonríe a mi madre y a mí de una forma muy peliculera. Mi progenitora se dedica a decirle a todo el mundo que me iba a examinar. Yo, con la boca esa torcida que hacen los actores en todas las series cómicas americanas, le decía algo así como “mama, calla un poquito que voy a suspender y vas a ser el Hazme reír de toda la planta…”. Pero ella dale que dale. “Nena, no te lo vas a creer, que la niña se examina. Ay, dale un boli que se los ha dejado. Sí hija… los nervios. Dale uno azul. ¿Qué sólo tienes negro? Vamos a ver Paco, ¡¡un boli azul!! ¿Tampoco? HOLAAAA, escucharme todos, que alguien le deje un BOLI AZUL que se VA A EXAMINAR mi hija”. Oh oh… tierra trágame.
Planta 2. Me llevan a una sala. Me presentan a todo el mundo. Una chica se dirige a mí para preguntarme si me lo sabía todo. “Sí…”, contesto con voz más que falsa. Al poco viene mi madre y me dice “ésa es la jefa”. AH MAMA, MUY BIEN, no no, me parece perfecto que no me avises a quién le tengo que hacer la pelota y a quien no.
De repente, mi madre se alarma. Ve una sala con un montón de gente haciendo un examen. Un examen de conducir. Pues creo que alguien se ha confundido de hora… Y empieza a chillar: “Mariiiiiiiii (no era Mari pero me ha salido del corazón que se llame así), ¡¡QUE YA HAN EMPEZADO EL EXAMEN!! La pobre mujer se levanta de la silla y sale disparada hacia la puerta. Pero disparada quiere decir disparada. Me encantó ver esa imagen por la mañana. Era como ver a una Maruja corriendo con rulos en la cabeza, el separador de los dedos de los pies puesto, las uñas de las manos pintadas… intentando correr, pensar y abrir una puerta a la vez. De repente se para y dice, “pero… ¿qué hora es?” Las 9:10. “¡¡ELLA LO TIENE A LAS 9:40!!” Muy bien mama… ahora encima intentas que la gente padezca taquicardias innecesarias.
Sillas de la Planta 2. Me siento al lado de la sala donde me iba a examinar. Leo el libro para ver si con 2 minutos lograba memorizar más cosas. Cuando, de golpe, me aparece una cabeza por el lado (dios, qué susto) y me hace pasar. La situación era la misma que el momento que nos muestran las películas cuando llega un niño nuevo a clase y lo presentan ante todos. A mi no me iba a presentar nadie, pero todo el mundo me miró con cara de “menuda pedazo enchufada que llega ahora y se sienta separada”. Yo tampoco me preocupé mucho porque tenía que mantener a la cabeza ocupada “ un paso, otro… cuidado, cuidado, que llevas tacones, no vayas a caerte…así, así, ya casi estás, ladea un poco la cadera que te caes…no, así no que pareces un pato, bueno venga…!” Total, que me siento y me dan 3 hojitas con sus portafolios plastificaditos y la plantilla de respuestas. Hasta aquí, todo fácil. Sí… pues no. Porque mi gran mente privilegiada piensa en la fantástica idea de quitar las hojas del plástico para empezar a subrayarlas. Pero no sólo lo piensa, sino que lo hace. Y veeeeeeeenga a dibujar, ohhhh que bien me lo pasoooooooo, lalalaaa… al llegar a la segunda hoja de mi momento Art Attack se me ponen los ojos en blanco y pienso que quizás los plásticos estaban para algo. ¡¡¿¿NO SERÍA QUE NO SE PUEDE PINTAR??!! OOohhh mierda, ya la he cagado. Encima tampoco llevo tippx.
Cuando creía que nada peor me podía ir, me suena la alarma del móvil. No me giré hacia atrás para comprobar la cara de odio de todo el mundo. Total, ya había perdido toda la poca dignidad que podía tener…
Acabo el examen, y lo entrego. La salida me recordó a los cástings de OT cuando salen eufóricos o deprimidos, que, sea lo que sea, la familia se les tira encima. Me río (una de esas risas nerviosas), pero por dentro estoy pensando “quiero irme a casa porque voy a hacer el ridículo de mi vida”.
Como era de esperar, una avalancha de amigas de mi madre se nos echa encima y comienzan a comentar. “Pues mi hijo suspendió el otro día, con 7 fallos… que le dije yo, niño, estudia más para la próxima vez. Que él me dijo que la segunda vez le iría mejor, ¡¡pero es que entonces hizo 14 errores!!” Y mi madre “JAJAJAJA”. Y yo iba pensando “ves riendo ves…que es lo que te espera”.
Luego llega la tocapelotas del grupo que incita al corrector a que miren mi examen. Así que vemos como mi hoja entra en una salita para ser corregida. Podría haberle tirado unas gotitas de la virgen del rocío, pero no me dio tiempo.
Esperamos histéricas delante de la puerta blanca, que aquello ahora había pasado a convertirse en Hospital central y esperábamos para saber si era niño o niña. Se abre la puerta. Nos abduce. Vale, en realidad no, pero estaba tan nerviosa que confundía la realidad. El hombre no hablaba. Que yo ya me temía lo peor. De repente abre la boca (“Sandra esfuérzate por entenderle, esfuérzate… todos sabemos que no se le entiende cuando habla pero esta vez vas a ser capaz, vamos, tú puedes…)(Qué pesada con las voces de mi cabeza. Al final voy a creer que tengo algo de esquizofrenia): “ha hecho 3 fallos”.
BOLA DE PAJA DEL LEJANO OESTE. Nadie habla. Las secretarias dejan de apretar teclas. Las de la ventanita paran de hablar. Sólo se oye un boom booom de mi interior (es que no había desayunado). Poco a poco, la boca de mi madre se va abriendo… ¿hablará? ¿Bostezará? ¿Hablará…? ¡¡Sí!! A ver qué dice… “ Y ESO QUÉ SIGNIFICA”. Oleeeeeeeee mama, así me gusta, clara y concisa.
“Eso significa… que ha aprobado”. Nos cogemos las manos y hacemos lo propio de chicas pavas: saltitos de no más de dos centímetros de ancho por 0,5 de alto. Hacemos chilliditos discretos, pero histéricos. La gente me abraza. Internamente pedía que me hicieran aquello de elevarme hasta el techo, pero nadie lo hizo.
A estas horas, ya me he planeado asesinatos en serie y futuras carreras que haré con mi Pokeball**. Pero, y poniéndome seria, puedo decir que de todo esto he aprendido algo muy importante: “Si vas a hacer un examen, no olvides ponerte spinacas congeladas en la cabeza el día antes”.
** Dícese de aquél coche que emula al objeto citado.
Para aprobar el examen teórico se depositarán a continuación unas pautas infalibles que le convertirán en el rey del asfalto en un solo día. De verdad. No hay trampa. Lea y empiece hoy mismo (si es que es mañana cuando tiene el examen).
Vamos a empezar. Concentre su energía en estas líneas. Si quiere puede ir a buscar unas olivitas para picar, porque lo importante de este cursillo es: escaquéese al máximo y obtendrá resultados.
Dejamos un margen de tiempo asequible a su lentitud. Aquí no hacen falta prisas. Usted con la calma siempre.
Primera norma: El día antes, es importante no mirarse nada hasta altas horas de la noche, cuando el remordimiento sea superior al grado de vaguedad (es decir, altísimo). Si habían pensado leerse todo el libro un mes antes, ¡¡olvídenlo!! Un buen estudiante lo hará el día antes.
Segunda norma: Deben hacer caso omiso a las personas alarmantes. Probablemente se mirarán mal por no haber estudiado. Podrán ver el sufrimiento interno de algunos cuando se den cuenta de que suspenden los exámenes de prueba. Uds. notaran como es gracioso ver la desesperación de sus progenitores. Irán por la calle y los tildarán como “aquel que se dedica a pasear el librito de autoescuela, cual perro, y que no lo abre ni para abanicarse”.
Pero no se alarme. Porque en esta autoescuela queremos estar al lado de nuestros estudiantes. Por ello, hemos traído el caso real de una chica de 18 años llamada Sandra. A continuación, su historia.
“Hola. Soy Sandra y soy Nomegustaestudiarloslibrosdelaautoescuela anónima. Vengo aquí (hola mamaaaaaaa, hola papaaaaaaaaa) para deciros que esto realmente me ha funcionado. Lo que me estoy planteando es si también me va a funcionar en el práctico porque… ¡¡eh!! ¡¡¡ehhhhhhh!! ¿Por qué me cortáis la conexión? Nooo…”
Bueno, sí, qué pasa. Me invento autoescuelas ficticias para autoconvencerme de que no soy vaga. Pero eso no es un problema. Porque no lo es. No lo es, ¿no?
Todavía no entiendo cómo he aprobado. Mi madre me pelotea con que “ohh sí hija, tú tienes mucha lógica”, pero yo creo que es por la virgen. A partir de ahora le pondré una vela cada año. Gracias.
¡¡Si es que no he hecho casi nada!! Sólo con deciros que me leí por primera vez el libro el día anterior, pasadas las 10 de la noche. Que tenía en la cabeza una fiesta montada y alguien taladrándome el tálamo. Situación surrealista por excelencia cuando mi madre me trae espinacas congeladas y me las pone en la cabeza. Mama, mucho Popeye viste tú de pequeña…
Cuando me desperté, ya no tenía ninguna hoja verde en la cabeza. Quiero pensar que mi cerebro las absorbió. Y, además, informo de que tienen algún poder drogoactivo. ¿Cómo se explica, si no, que me riera al decir que iba a suspender?
9:00. Llegada a Tráfico. Colas y colas de gente amontonada en la calle, en las escaleras… que yo todavía me cuestiono si regalaban algo. ¡¡Cómo alguien puede despertarse tan pronto para oler sobacos!! Por favor, que alguien me de la respuesta y me envie un eseemeese al 5557 con politono+quiero ayudar a resolver tu enigma+ “la respuesta”. Regalo un viaje al comedor de mi casa.
Pero no creáis que hicimos la cola, no. Mi nanomadre y yo escalamos puestos a base de codazos. Mmmmmmm, bueno, no fue a base de codazos pero es que creo que suena más irreal si digo que no hicimos nada para pasar delante de todo el mundo. (Y ya es triste que lo normal sea dar ostias para avanzar puestos).
Planta 1. Un segurata emulador de albóndigas nos sonríe a mi madre y a mí de una forma muy peliculera. Mi progenitora se dedica a decirle a todo el mundo que me iba a examinar. Yo, con la boca esa torcida que hacen los actores en todas las series cómicas americanas, le decía algo así como “mama, calla un poquito que voy a suspender y vas a ser el Hazme reír de toda la planta…”. Pero ella dale que dale. “Nena, no te lo vas a creer, que la niña se examina. Ay, dale un boli que se los ha dejado. Sí hija… los nervios. Dale uno azul. ¿Qué sólo tienes negro? Vamos a ver Paco, ¡¡un boli azul!! ¿Tampoco? HOLAAAA, escucharme todos, que alguien le deje un BOLI AZUL que se VA A EXAMINAR mi hija”. Oh oh… tierra trágame.
Planta 2. Me llevan a una sala. Me presentan a todo el mundo. Una chica se dirige a mí para preguntarme si me lo sabía todo. “Sí…”, contesto con voz más que falsa. Al poco viene mi madre y me dice “ésa es la jefa”. AH MAMA, MUY BIEN, no no, me parece perfecto que no me avises a quién le tengo que hacer la pelota y a quien no.
De repente, mi madre se alarma. Ve una sala con un montón de gente haciendo un examen. Un examen de conducir. Pues creo que alguien se ha confundido de hora… Y empieza a chillar: “Mariiiiiiiii (no era Mari pero me ha salido del corazón que se llame así), ¡¡QUE YA HAN EMPEZADO EL EXAMEN!! La pobre mujer se levanta de la silla y sale disparada hacia la puerta. Pero disparada quiere decir disparada. Me encantó ver esa imagen por la mañana. Era como ver a una Maruja corriendo con rulos en la cabeza, el separador de los dedos de los pies puesto, las uñas de las manos pintadas… intentando correr, pensar y abrir una puerta a la vez. De repente se para y dice, “pero… ¿qué hora es?” Las 9:10. “¡¡ELLA LO TIENE A LAS 9:40!!” Muy bien mama… ahora encima intentas que la gente padezca taquicardias innecesarias.
Sillas de la Planta 2. Me siento al lado de la sala donde me iba a examinar. Leo el libro para ver si con 2 minutos lograba memorizar más cosas. Cuando, de golpe, me aparece una cabeza por el lado (dios, qué susto) y me hace pasar. La situación era la misma que el momento que nos muestran las películas cuando llega un niño nuevo a clase y lo presentan ante todos. A mi no me iba a presentar nadie, pero todo el mundo me miró con cara de “menuda pedazo enchufada que llega ahora y se sienta separada”. Yo tampoco me preocupé mucho porque tenía que mantener a la cabeza ocupada “ un paso, otro… cuidado, cuidado, que llevas tacones, no vayas a caerte…así, así, ya casi estás, ladea un poco la cadera que te caes…no, así no que pareces un pato, bueno venga…!” Total, que me siento y me dan 3 hojitas con sus portafolios plastificaditos y la plantilla de respuestas. Hasta aquí, todo fácil. Sí… pues no. Porque mi gran mente privilegiada piensa en la fantástica idea de quitar las hojas del plástico para empezar a subrayarlas. Pero no sólo lo piensa, sino que lo hace. Y veeeeeeeenga a dibujar, ohhhh que bien me lo pasoooooooo, lalalaaa… al llegar a la segunda hoja de mi momento Art Attack se me ponen los ojos en blanco y pienso que quizás los plásticos estaban para algo. ¡¡¿¿NO SERÍA QUE NO SE PUEDE PINTAR??!! OOohhh mierda, ya la he cagado. Encima tampoco llevo tippx.
Cuando creía que nada peor me podía ir, me suena la alarma del móvil. No me giré hacia atrás para comprobar la cara de odio de todo el mundo. Total, ya había perdido toda la poca dignidad que podía tener…
Acabo el examen, y lo entrego. La salida me recordó a los cástings de OT cuando salen eufóricos o deprimidos, que, sea lo que sea, la familia se les tira encima. Me río (una de esas risas nerviosas), pero por dentro estoy pensando “quiero irme a casa porque voy a hacer el ridículo de mi vida”.
Como era de esperar, una avalancha de amigas de mi madre se nos echa encima y comienzan a comentar. “Pues mi hijo suspendió el otro día, con 7 fallos… que le dije yo, niño, estudia más para la próxima vez. Que él me dijo que la segunda vez le iría mejor, ¡¡pero es que entonces hizo 14 errores!!” Y mi madre “JAJAJAJA”. Y yo iba pensando “ves riendo ves…que es lo que te espera”.
Luego llega la tocapelotas del grupo que incita al corrector a que miren mi examen. Así que vemos como mi hoja entra en una salita para ser corregida. Podría haberle tirado unas gotitas de la virgen del rocío, pero no me dio tiempo.
Esperamos histéricas delante de la puerta blanca, que aquello ahora había pasado a convertirse en Hospital central y esperábamos para saber si era niño o niña. Se abre la puerta. Nos abduce. Vale, en realidad no, pero estaba tan nerviosa que confundía la realidad. El hombre no hablaba. Que yo ya me temía lo peor. De repente abre la boca (“Sandra esfuérzate por entenderle, esfuérzate… todos sabemos que no se le entiende cuando habla pero esta vez vas a ser capaz, vamos, tú puedes…)(Qué pesada con las voces de mi cabeza. Al final voy a creer que tengo algo de esquizofrenia): “ha hecho 3 fallos”.
BOLA DE PAJA DEL LEJANO OESTE. Nadie habla. Las secretarias dejan de apretar teclas. Las de la ventanita paran de hablar. Sólo se oye un boom booom de mi interior (es que no había desayunado). Poco a poco, la boca de mi madre se va abriendo… ¿hablará? ¿Bostezará? ¿Hablará…? ¡¡Sí!! A ver qué dice… “ Y ESO QUÉ SIGNIFICA”. Oleeeeeeeee mama, así me gusta, clara y concisa.
“Eso significa… que ha aprobado”. Nos cogemos las manos y hacemos lo propio de chicas pavas: saltitos de no más de dos centímetros de ancho por 0,5 de alto. Hacemos chilliditos discretos, pero histéricos. La gente me abraza. Internamente pedía que me hicieran aquello de elevarme hasta el techo, pero nadie lo hizo.
A estas horas, ya me he planeado asesinatos en serie y futuras carreras que haré con mi Pokeball**. Pero, y poniéndome seria, puedo decir que de todo esto he aprendido algo muy importante: “Si vas a hacer un examen, no olvides ponerte spinacas congeladas en la cabeza el día antes”.
** Dícese de aquél coche que emula al objeto citado.





