Sobre Horckheimer y la Escuela de Frankfurt
Ya hace dos años que oí hablar por primera vez de este curioso grupo de intelectuales alemanes. Fue en una clase de Teoría de la Crítica, el primer año de carrera, entre bostezos y ganas de salir a tomar una cerveza. Pero lo cierto es que, a pesar de inicial rechazo, cada vez he interiorizado más los conceptos que Horckheimer y sus colegas trataron de expresar. La cultura, al igual que todo, está sujeta a las leyes de la oferta y la demanda, a los gustos de los ciudadanos, a las inquietudes de los consumidores, y no valían los sueños de una cultura libre y total. A mediados de los cincuenta ya era hora de despertar de las utopías, de abondar las ideas que Marx había planteado algunas décadas antes y mirar de frente a la realidad: el capitalismo empezaba a desarrollarse de forma brutal y hasta la cultura se convertía en un objeto de mercado.
Ni idea tenían estos pobres alemanes de lo que quedaba por venir. Desconozco si de haber nacido en nuestra época habrían analizado la situación a la que nos enfrentamos o si, como el resto de nuestra sociedad, habrían hecho oídos sordos, se habrían dado la vuelta y habrían empezado a ver un divertido reality en la televisión. Lo cierto es que yo no pude evitar pensar en ellos cuando hace una semana paseaba por el centro de Madrid y me encontré con un cartel que llamó mi atención. No estaba diseñado por ningún laureado pintor, ni tenía una calidad estética especial. Simplemente, la foto de un hombre y una mujer y arriba una inscripción que anunciaba un concierto del grupo "Pimpinela". Pero en la zona inferior... ahí estaba eso que me provocó un aire de indignación: "Próxima actuación en el teatro Häagen-Dazs (antiguo teatro Calderón)".


Pedro Calderón de la Barca nació en la actual capital española en 1600 y es autor de tan importantes obras como El alcalde de Zalamea, El conde Lucanor o la obra de teatro La vida es sueño.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
Por su parte, la marca Häagen-Dazs... vende unos deliciosos helados que, según su spot publicitario, nos ofrecen hasta el sabor "hoy no quiero hablar con nadie". Pertenece al grupo General Mills (con unos beneficios de 12 billones y medios en 2007) y está asociada con Nestlé. Buscando un poco, nos explican que "este teatro ha tomado el nombre de la marca de helado Super-Premium Häagen-Dazs a raíz de la relación de colaboración y apoyo entre la marca y el teatro".
No dudo de la colaboración para traer a grupos como Pimpinela (sin restar mérito al dueto), o de representar obras clásicas, musicales o incluso innovaciones de teatro moderno. Pero, ¿y las obras más alternativas? ¿Tendría cabida aquí una escenificación en la que se criticase la mano de obra infantil, cuando uno de los dueños indirectos (Nestlé) aumenta sus beneficios con estas técnicas? ¿Se podría criticar aquí al sistema, a las multinacionales, a la sociedad de consumo?
En la pelea entre la cultura y el dinero, es éste último el que gana la batalla. Y yo me alegro de que Horckheimer, Adorno o Marcuse hayan fallecido. Por más que me lo planteo, no sabría cómo darles esta noticia. Mientras tanto, y por más muestras que me da la sociedad de que nos encaminamos a un callejón sin salida, más me convenzo de que, a fin de cuentas, mis ideas no hacen daño a nadie y que sin duda alguna los sueños, sueños son.
Ni idea tenían estos pobres alemanes de lo que quedaba por venir. Desconozco si de haber nacido en nuestra época habrían analizado la situación a la que nos enfrentamos o si, como el resto de nuestra sociedad, habrían hecho oídos sordos, se habrían dado la vuelta y habrían empezado a ver un divertido reality en la televisión. Lo cierto es que yo no pude evitar pensar en ellos cuando hace una semana paseaba por el centro de Madrid y me encontré con un cartel que llamó mi atención. No estaba diseñado por ningún laureado pintor, ni tenía una calidad estética especial. Simplemente, la foto de un hombre y una mujer y arriba una inscripción que anunciaba un concierto del grupo "Pimpinela". Pero en la zona inferior... ahí estaba eso que me provocó un aire de indignación: "Próxima actuación en el teatro Häagen-Dazs (antiguo teatro Calderón)".


Pedro Calderón de la Barca nació en la actual capital española en 1600 y es autor de tan importantes obras como El alcalde de Zalamea, El conde Lucanor o la obra de teatro La vida es sueño.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
Por su parte, la marca Häagen-Dazs... vende unos deliciosos helados que, según su spot publicitario, nos ofrecen hasta el sabor "hoy no quiero hablar con nadie". Pertenece al grupo General Mills (con unos beneficios de 12 billones y medios en 2007) y está asociada con Nestlé. Buscando un poco, nos explican que "este teatro ha tomado el nombre de la marca de helado Super-Premium Häagen-Dazs a raíz de la relación de colaboración y apoyo entre la marca y el teatro".
No dudo de la colaboración para traer a grupos como Pimpinela (sin restar mérito al dueto), o de representar obras clásicas, musicales o incluso innovaciones de teatro moderno. Pero, ¿y las obras más alternativas? ¿Tendría cabida aquí una escenificación en la que se criticase la mano de obra infantil, cuando uno de los dueños indirectos (Nestlé) aumenta sus beneficios con estas técnicas? ¿Se podría criticar aquí al sistema, a las multinacionales, a la sociedad de consumo?
En la pelea entre la cultura y el dinero, es éste último el que gana la batalla. Y yo me alegro de que Horckheimer, Adorno o Marcuse hayan fallecido. Por más que me lo planteo, no sabría cómo darles esta noticia. Mientras tanto, y por más muestras que me da la sociedad de que nos encaminamos a un callejón sin salida, más me convenzo de que, a fin de cuentas, mis ideas no hacen daño a nadie y que sin duda alguna los sueños, sueños son.
Ensayo sobre las despedidas

A algunas personas les ocurría alguna vez en su vida, aunque era cierto que había incluso quienes nunca pasaban por ese trago. El chico que habían conocido y con el que habían decidido pasar el resto de sus vidas era sencillamente un vecino del barrio, por lo que podían continuar desarrollando sus existencias sin la necesidad de verse empujados a salir del núcleo en el que residían todas las personas allegadas.
Es cierto que el mundo es un lugar amplio, gigante. Pero, a fin de cuentas, todo nuestro universo acaba circunscribiéndose a un área de escasas proporciones. Lo que necesitamos y queremos está al alcance de nuestra mano, en la mayoría de las veces. Porque hay algunos otros seres humanos que, quizá por elección propia o quizá por que ese ente extraño al que se le suele denominar con el nombre de 'destino', pasan su vida entre un adiós y un bienvenido. Jamás se sienten totalmente completos porque siempre, estén donde estén, tienen la sensación de que algo muy importante les falta en sus vidas. Estos seres no acostumbran a tener residencia fija, y cada cierto intervalo de tiempo, una noche determinada, se sientan en sus camas y miran lo que en otro momento fue su hogar, ahora vacío y desocupado, con unas cuantas maletas en la esquina. Ese es el equipaje que deberán transportar al día siguiente, cuando con las luces del alba se hagan conscientes de que, allí donde duermen, ya no es su colchón y que, quién sabe, es posible que nunca lo fuera.
Estas personas que se dedican a moverse por todo lo ancho del globo terrestre han desarrollado la capacidad de no llorar demasiado cuando el momento se acerca. La fuerza de la costumbre crea en ellos una costra que amortigua la herida. Unos abrazos fuertes, un beso en la mejilla, un escríbeme y todo ha pasado. Aparentemente. Porque, en realidad, los trotamundos sienten un nudo enorme en la garganta. Dicen que incluso piensan en que deben quedarse, en que no es bueno jugarse todo lo que ya poseen por empezar de cero. También se cuestionan si el resto de compañeros/amigos con los que han compartido ese periodo de su vida se acordarán de él tanto como él los recordará cuando viaje por otros lugares. Porque eso sí amigos, el trotamundos jamás se olvida de aquellos por los que ha sentido algo, y le duele de verdad cuando comprueba que lo que creyó que eran buenas amistades han quedado convertidas en un a ver si encuentro un hueco en la agenda para cuando vengas de visita.
Así es la vida de unos y de otros. Los que se quedan, saben que no tendrán que vivir divididos. Los que se van, saben que hay mucho por aprender y por descubrir. Yo, aunque a veces me duela seguir por ese camino, me considero de los segundos. Y aquí estoy, escribiendo por última vez en una ciudad llamada Sevilla en un ordenador que no me pertenece, sobre un colchón que ya tiene nuevo dueño, y con tres maletas apoyadas en la pared para que no se caigan con su propio peso.
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Por si alguna vez leeis esto... A pesar de que seáis un matrimonio muy especial, y a pesar de que paseis mil horas juntas y yo esté un poco relegada, ha sido un año fantástico con las dos. Espero volver en quinto y que todo siga igual, porque aunque os prefiriría algo más marchosas y de alameda, os digo que en estos momentos sois las dos mejores amigas que tengo. No olvideis a esta trotamundo. Nos vemos en unos meses.
Polvo de estrellas

¿Cómo me atrevo a pensar en cambiar el mundo
si desde que te conozco sólo escribo sobre tí?
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Al final reflexiono que sobre las catacumbas del cementerio siempre habrá niños jugando a contar historias de miedo. Y justo debajo un millar de gusanos adentrándose en tus entrañas, continuando con el ciclo de la vida. Que nada eres. Nada soy. Nada seremos.
El mundo sigue su curso. ¡¡¡Ojalá te pudras en el infierno!!!
Sana sana culito de rana
Resulta que él nunca había creído en esos cuentos que su padre le contaba por la noche antes de dormir ni en los que veía en la tele por las mañanas antes de ir al colegio. Las princesas de boca de fresa se le antojaban solo chiquillas tontas a las que asustar mientras les arrojaba piedras. Niñas cursis que gritaban con una cucaracha y a las que no les divertía patalear una pelota. Eran seres extraños… todas sentadas en grupo, en la escalinata del parque, hablando quizá de la próxima historia de amor de Barbie o, mejor aún, del peinado que le harían a su Lena Melena.
Él, en cambio, no le tenía miedo a nada. Podía bajar a cien kilómetros por hora la cuesta que había antes de llegar a casa, correr y cruzar la carretera sin mirar si venían coches. Él era Superman cuando quería volar, Darwin cuando quería conocer las características de la biología, desmembrando insectos y ensartando avispas, y Einstein cuando probaba qué ocurría si se lanzaba un globo de agua sobre una superficie sólida, poniendo por caso las enormes cabezas que veía desde la ventana de su habitación. A fin de cuentas, si pasaba algo, mamá siempre estaba ahí para curarle con culito de rana las heridas a las que se exponía. Estaba convencido de que no tenía nada a lo que temer.
Sus hermanas también eran casi de otro mundo. Mayores que él, no le habían ayudado a conocer ese universo paralelo en el que vivían ellas. Sólo sabía que se sentía tremendamente feliz cuando reposaba su cabeza sobre los pechos grandes y firmes, sin sospechar siquiera que ese mismo placer hacía feliz a otros hombres, o niños, porque los quince años no es buena edad para hacer clasificaciones.
Él llegaba cada vez más tarde a casa. Un día, cuando tenía apenas doce años. Apagó los dibujos de por la mañana, los que veía antes de salir para el colegio. Se bebió su vaso de leche y se marchó pensando si el resto de sus compañeros aún seguían las historias de Goku o si, acaso, él era el único que no se había dado cuenta de que ya no eran n-i-ñ-o-s. Decidió que por las tardes, cuando saliera a jugar al fútbol con los demás, haría alguna trampa para poder ganar el partido. A lo mejor no se daban cuenta y entonces sería el pichichi de la barriada. Estaba orgulloso de su evolución, se sentía grande y superior. Probó su primer cigarrillo y le gustó la sensación. La única objeción era que ya sus hermanas no le dejaban dormirse en sus pechos.
Pero ellas seguían estando ahí. Las chicas le seguían resultando raras, sin mucho que ver con su concepción del mundo, de la diversión, de los amigos. Se fijó en que cuando Tomás marcaba algún gol, Silvia (la más alta de todas) se acercaba y lo besaba. Sintió que se moría de curiosidad y, sólo por un instante, volvió a recuperar la sensación de cuando era un n-i-ñ-o, aquella que le embriagaba cuando empezaba una nueva aventura, cuando se enfrentaba a un reto desconocido. Se masturbó por primera vez viendo los videos caseros de un canal local un sábado por la noche, cuando sus padres dormían y sus hermanas estudiaban para un examen en la universidad. Le gustó y repitió. A la semana había conseguido meter su lengua impoluta en otra boca. Su madre le había dicho esa misma mañana que aún le quedaba una muela de leche por caérsele. Pensó que no era tan placentero como lo que conseguía sentir por sí mismo y, como era un chico listo, pronto descubrió que los besos eran sólo la punta de un enorme iceberg llamado sexualidad. Un verano, en una acampada, con sólo quince años, perdió su virginidad. La chica tenía trece y el pubis afeitado.
Ellas… ya no las veía jugando con sus Barbies ni corriendo cuando les tiraba piedras. Aprendió porqué la boca de fresa de la princesa y creyó estar más unido a su padre. A pesar de todo, seguían siendo extrañas. Leer revistas en grupo, las risitas cuando pasaba por delante algún monitor, las lágrimas sólo porque les dijeras que preferías ir a jugar a la videoconsola… todo aquello escapaba a su sencilla comprensión, simple y plana. Quizá ya no fuera Superman, pero no se preocupó de nada más allá de sus narices porque sabía que todavía estaba ahí su madre para besarle la rodilla, y, suplicando un poco, los cálidos pechos de sus hermanas.
Con veintidós años había besado tantos clítoris como había querido y jugaba a ser Rocco Sifredi en el asiento trasero de su coche. Hasta que la conoció. Cuando vio su mirada intrigante y escuchó su forma de hablar, elocuente e inteligente, sintió que había llegado al borde mismo del universo. Empezó a creer que a lo mejor ellas (o ella) también podían acompañarlo, que podría ser divertido e incluso bonito compartir experiencias. De repente se dio cuenta de todas las veces que había ignorado una palabra bonita después de pasar con alguna un rato intercambiando fluidos.
Ella…
Él, por primera vez, lloró por amor. Le dolía un poco debajo del pecho, las cuerdas vocales se le enredaban en la tráquea. Se maldijo a sí mismo por haber dejado a un lado a Chicho Terremoto y suplicó a su madre que le besara el corazón. Pero su madre le dijo que ya hacía algunos años que no vendían culito de rana en el supermercado.
Igualmente estúpidos
Escondes, enseñas y apuñalas
Crack. Ruído de huesos rotos.
Crick. Ruído de alma podrida.
Que no tengo ganas de lamerte el sexo
ni de que seas Humphrey Bogar trayéndome el desayuno.
Quiero tu lengua en mi clítoris
y tener preparado tu almuerzo.
¿Que está soso?
la sal encima de la mesa
(donde después prepararáas nata con fresas)
Abrir la puerta y 'lalala'
un bolero de Gardel
Modo aleatorio: Extremoduro y todos a gritar.
Soy mujer. Soy persona.
Eres hombre. Eres genial.
¿Minesterio de Igualdad?
Prometo ser sumisa
a cambio de tu voluntad.
Prometes ser mi esclavo
si cada día te quiero más.
[Y pasa que cuando dos personas hacen el amor, los orgasmos no entienden de género]
Entropía vs. Neguentropía
Absorbo la entropía
con la pajita de mi batido
y miro ausente, atónita
la perfecta inestabilidad
de mi persona, de mi vida.
No saber si te pertenezco
o si te has rendido en mis labios,
si alguna vez me retaste,
si en algún lugar me amaste.
No conocer más allá de tu silueta
tan lejana y perdida
tan perfecta y ejemplar.
La locura del recuerdo
de tu risa cuando me piensa,
la rabia de tu caricia derramada
quizás en el aire
quizás en otra cama.
No vislumbrar siquiera tu te quiero.
Imaginar tu mano en mi pecho
tu vientre en mi vientre
tu lengua en mi oído.
Pefecta inestabilidad de lo absurdo
de no conocer qué pasará
(si esta noche me masturbo
o el alma se me echa a llorar).
Rimas fáciles que agonizan
como nuestras promesas eternas
enterradas entre piel y piel
cuando jadeábamos juntos
pensando en el adiós del después.
Que ya no sé mi futuro,
ni tu nombre
ni mis principios
ni tu moral
ni mi prioridad
ni tu palabra.
Paradojas de la vida:
La neguentropía personificada en el amor.
Truenos y Relámpagos
Lo sé. No continúes.
Mi pequeño Afrodito...
Asesinar al lenguaje, ¿y qué?
Pezones y bocas
y semen y orgamo
y clítoris y glande.
Caricias. Cosquillas.
Las yemos de los dedos,
las uñas de los pies.
Un abismo entre tú y yo.
Saltar. Llegar. Ganar.
Saltar. Caer. Perder
Un tango en París
¿o bachata en Venezuela?
Susurros que dicen
TE QUIERO
Miradas que no ven.
Tus letras en mi escritorio
La media luz, a medio gas.
¿Audry Hepburn?
Mejor Yan Tiersen.
Derrámate en mi.
El piano de Escarlata.
Cómo duele no tenerte...
(a mi lado)
Irreversible
Frenesí incesante
de catacumbas olvidadas
de desvirgadas amapolas
de dagas penetrantes.
El corazón ya asustado
que huye del temeroso enemigo
de esa jodida soledad
de no tenerte a su lado,
escondido de la angustia
acauciante de la partida...
Ausencia del cadaver exquisito
que quiso partirme en dos
(que me rompió en mil pedazos)
al que me enfrenté valiente
besando cada retazo
de piel marchita y silente.
Escogiendo la palabra precisa
con la más exacta entonación
que te obligue a retorcerte
al ser susurrada al oído
desde mi boca austera.
Y aunque desde siempre fui así,
acosadora de princesas,
seductora de villanos,
amante del diablo,
me doblego ahora
ante la palabra prohibida
haciendo reverencias,
haciendo felaciones
a un sexo lánguido y marchito
cuando el vacío apremia.
La caja de condones
llena sobre la mesilla
augura un futuro revolucionario
degollando margaritas.
Monosilábicas. Estúpidas.
Jamás el amor será definido
con me quiere no me quiere.
Jamás las ganas de tí
fueron tan horriblemente grandes.
No a Bolonia
Irresponsable
Ahora debería estar sentada en el sofá subrayando unos apuntes de una de las tantas asignaturas odiosas que tiene mi carrera. Para los que no lo sepan, diré que estudio Periodismo. O mejor aún, estoy estudiando una Licenciatura en la Facultad de Comunicación por la rama de Periodismo, que me convertirá en un experto en Ciencias de la Información, lo que se presupone que me capacitará para ser la responsable de proveer de información a X número de personas. JA. No sé si esta palabra monosilábica se encontrará en los diccionarios de Manuel Alvar, en el Panhispánico de dudas o en el de María Moliner. Pero estoy segura de que todos la entendeis. Puedo probar a definirla por mí misma: "JA: dícese de aquella interjección con la que los individuos expresan ironía o desacuerdo". Vale, lo reconozco, no soy Manuel Alvar...
Debería estar subrayando apuntes, pero me ha podido mi conciencia de hacer cosas más útiles. La verdad es que no me interesa las diferencias posibles entre Publicidad y Relaciones Públicas, no me interesa la estrategia que una empresa tiene que seguir para dar una buena Imagen a su público, no me interesa el mundo de apariencias y de hipocresías en el que me estaba hundiendo. No le veo la lógica a que un profesor me mande a cortar páginas de periódicos, una por una, 7 días de la semana, que me obligue a recortar la publicidad para que observe el tipo de diagramación. Sería más coherente que él, en su clase, me explicase los mejores modelos, hicieramos prácticas. Por lo tanto, me declaro una irresponsable en lo que respecta a mi profesión. Ruego encarecidamente que, cuando por fin me convierta en licenciada, no lean ninguno de mis artículos, no presten atención a ni una sola de mis crónicas, no piensen en lo que voy a escribir en mis reportajes.
Me declaro oveja negra. Lo grito con todas mis fuerzas. No voy a conformarme con ser una más, una de las que juega y apoya al sistema. No voy a estudiar las estrategias de comunicación más favorables para una empresa, me niego a transformar en bueno para el mundo lo que para mis ojos es la cosa más horrible que está ocurriendo en nuestra era. Me dan asco las informaciones manipuladas para que los buenos sigan siendo buenos y los malos, malos. Me repugna que ni un solo medio de comunicación sobresalga y diga que Juan Carlos actuó mal, por miedo a que de este razonamiento se derive que apoyan a Hugo Chávez (y digo yo, ¿el afirmar que el Sevilla jugó un mal partido implica necesariamente que el Betis lo hizo mejor que ningún otro en la liga?). Lloro cuando leo que la Plataforma antifascista está relacionada con ETA y otros grupos terroristas. Me apuñala el sistema de vayamos-todos-juntos-y-no-te-salgas-del-rebaño-porque-esto-es-lo-mejor-que-tienes-y-no-lo-cuestiones. Me salen sarpullidos con los medios que van de izquierdistas y de progresistas y lo único que hacen es transformar un poco la realidad para ser capaces de acercarse más a aquellos que, queriendo calmar sus conciencias, se autodenominan luchadores por la justicia social.
Me siento autorizada para afirmar con rotundidad que, en mis dos años y medio de carrera sólo puedo contar como buenos profesores a Mercedes Comellas, Pilar Bellido, Ángel Acosta y Eloy Arias. Y no me averguenzo de excluir al resto, algunos mejores y otros peores, pero no han conseguido transmitirme el espíritu universitario, la capacidad crítica.
Yo ya lo he avisado... no me lean, sigan con El Mundo si desean una información manipulada sin tapujos, o mejor ABC si son unos monárquicos conservadores. Aunque está de moda leer El País, así se es "más guay". Y Público, lo último en periodismo, para los más atrevidos. No me lean, porque yo no me creo ni una de sus noticias, porque yo no me creo nada de lo que se escribe atendiendo a intereses personales/empresariales. Pero yo soy una excluida social, tengan cuidado no vayan a convertirse en lo mismo. Quizá sea lo más sensato, pero lo menos cómodo.
Debería estar subrayando apuntes, pero me ha podido mi conciencia de hacer cosas más útiles. La verdad es que no me interesa las diferencias posibles entre Publicidad y Relaciones Públicas, no me interesa la estrategia que una empresa tiene que seguir para dar una buena Imagen a su público, no me interesa el mundo de apariencias y de hipocresías en el que me estaba hundiendo. No le veo la lógica a que un profesor me mande a cortar páginas de periódicos, una por una, 7 días de la semana, que me obligue a recortar la publicidad para que observe el tipo de diagramación. Sería más coherente que él, en su clase, me explicase los mejores modelos, hicieramos prácticas. Por lo tanto, me declaro una irresponsable en lo que respecta a mi profesión. Ruego encarecidamente que, cuando por fin me convierta en licenciada, no lean ninguno de mis artículos, no presten atención a ni una sola de mis crónicas, no piensen en lo que voy a escribir en mis reportajes.
Me declaro oveja negra. Lo grito con todas mis fuerzas. No voy a conformarme con ser una más, una de las que juega y apoya al sistema. No voy a estudiar las estrategias de comunicación más favorables para una empresa, me niego a transformar en bueno para el mundo lo que para mis ojos es la cosa más horrible que está ocurriendo en nuestra era. Me dan asco las informaciones manipuladas para que los buenos sigan siendo buenos y los malos, malos. Me repugna que ni un solo medio de comunicación sobresalga y diga que Juan Carlos actuó mal, por miedo a que de este razonamiento se derive que apoyan a Hugo Chávez (y digo yo, ¿el afirmar que el Sevilla jugó un mal partido implica necesariamente que el Betis lo hizo mejor que ningún otro en la liga?). Lloro cuando leo que la Plataforma antifascista está relacionada con ETA y otros grupos terroristas. Me apuñala el sistema de vayamos-todos-juntos-y-no-te-salgas-del-rebaño-porque-esto-es-lo-mejor-que-tienes-y-no-lo-cuestiones. Me salen sarpullidos con los medios que van de izquierdistas y de progresistas y lo único que hacen es transformar un poco la realidad para ser capaces de acercarse más a aquellos que, queriendo calmar sus conciencias, se autodenominan luchadores por la justicia social.
Me siento autorizada para afirmar con rotundidad que, en mis dos años y medio de carrera sólo puedo contar como buenos profesores a Mercedes Comellas, Pilar Bellido, Ángel Acosta y Eloy Arias. Y no me averguenzo de excluir al resto, algunos mejores y otros peores, pero no han conseguido transmitirme el espíritu universitario, la capacidad crítica.
Yo ya lo he avisado... no me lean, sigan con El Mundo si desean una información manipulada sin tapujos, o mejor ABC si son unos monárquicos conservadores. Aunque está de moda leer El País, así se es "más guay". Y Público, lo último en periodismo, para los más atrevidos. No me lean, porque yo no me creo ni una de sus noticias, porque yo no me creo nada de lo que se escribe atendiendo a intereses personales/empresariales. Pero yo soy una excluida social, tengan cuidado no vayan a convertirse en lo mismo. Quizá sea lo más sensato, pero lo menos cómodo.


