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Esos rincones llenos de polvo
...las palabras ahogadas me exigen volverse públicas...
Acerca de
La magia de una letra, acompañanate eterno de mis pensamientos, amigo insaciable e incondiconal... Pequeña ilusa ante el mundo, pequeña hada que aún cree en su terrible realidad. Recreando mi propio mundo, el de mis cuentos, mis relatos, mis poemas (dónde existe el misterio de lo inconcebible, donde se materializan los sueños efímeros).

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Sindicación
 
Te quiero
La niña se puso sus zapatos de charol que estaban perfectamente colocados debajo de la cama. Se acercó al tocador y peinó su pelo largo, lacio y rubio. Una, dos, tres. Mil pasadas con el cepillo. La hebilla rosa no le hacía juego ese día con su vestido marrón, así que la dejó en el sitio donde estaba. El lazo en la cintura fuertemente apretado. Princesa vagabunda... Con algo de inseguridad salió al salón donde todos la esperaban. La mesa larga, con el mantel de las ocasiones especiales, tres tenedores distintos (carne o pescado, verdura o fruta), con sus respectivos cuchillos a juego. La copa de vino llena de zumo de frutas y el champán preparado en la nevera. Acaso la dejaran mojar un poco los labios, rozar el líquido burbujeante que tantas cosquillas le hacían. Cenaron, la felicitaron por su excelente trayectoria, besos, abrazos, eres genial, nunca cambies, estás guapísima, que orgullosos estamos...


Y cuando la niña dejó de ser niña observó cómo él besaba sus pechos. Se tumbó en la cama y se dio la vuelta. De repente se levantó de un brinco. Desnuda paseó por la casa. Limones podridos en el frutero y cerveza abierta en la nevera. La caja de condones desparramada por la encimera, con algunos de ellos abiertos, con otros que esperaban su turno en una carrera en la que siempre se era vencedor. Se comió un trozo de queso que el ratón de debajo del televisor le había regalado el día de su cumpleaños. Se sentó en el suelo sintiendo el frío sobre sus nalgas y algunas de las hormigas que correteaban subirse a sus muslos. Que más daba, ya todo era igual... Miró al tío que dormía sobre su cama. Odió la lágrima que salía de su ojo.






Nadie, nunca, jamás, le había dicho un simple "te quiero".
No