La Revolución
Desde que tengo uso de razón quise hacer la revolución. Crecí en un ambiente bastante modesto, con unos padres trabajadores cuya herencia de más valor era su visión del mundo. Nunca me faltó la comida y casi siempre disponía de todo lo necesario. Pero en mi cerebro todavía están guardadas las confesiones y los llantos de mi madre, preguntándose a ella misma cómo íbamos a llegar a fin de mes. Mi padre, por su parte, siempre distraía mi atención trayendo animales a casa. Cuando pasé por la adolescencia mi odio hacia el mundo se desvió más hacia el exterior. Ya no me importaba tanto no salir un fin de semana o escuchar las quejas de mi madre cuando le pedía algo de dinero para algún capricho. En esos años mi conciencia se centró en intentar comprender por qué medio mundo moría de hambre mientras que yo, en mi humildad, había días en los que dejaba la comida. Como no encontré respuesta a ninguna de mis preguntas busqué alguien que pudiera solucionármelas. Me uní a diversos grupos, pero en lugar de encontrar maestros hallé fanáticos. Ahora, en mi juventud, sigo creyendo en la revolución. Aunque he de aclarar que mi concepción actual de lo que entendemos por REVOLUCIÓN ha variado ligeramente. Sigo buscando respuesta a las preguntas sempiternas que ninguno de los dioses que he conocido quiere responder. Sigo tratando de comprender por qué hay tantísimos hipócritas que calman sus vacías mentes tratando de cambiar el sistema cuando lo que hacen se llama dar limosna. No ceso en mi lucha de llegar a la solución de cómo se mueve el puto engranaje y de por qué no revienta de una maldita vez, atravesando el tórax de todos aquellos que propiciaron esta situación. Yo… ahora hago la revolución cuando follo. Cada vez que un tío me mete la polla estoy más segura de quien soy, de que nada ni nadie podrá cambiarme. A mis veinte años hago la revolución sentada en el sofá, viendo unas noticias prefabricadas por la marca SISTEMA S.A. que me hacen coger conciencia del destino al que me estoy dirigiendo, del mundo al que me quiero dedicar. Hoy hago la revolución plantando cara a cualquiera que me diga que sigo creyendo en una utopía, porque hasta el argumento más infantil que pueda darle surge de mi interior.
Sí, desde que tengo uso de razón quise hacer la revolución. Probablemente seguiré queriéndola hacer cuando me esté muriendo. Pero a lo que tengo más miedo no es a no conseguir mi objetivo, sino a que la revolución pasé delante de mis ojos, de mis posibilidades, y yo ni siquiera sea capaz de verla.
Sí, desde que tengo uso de razón quise hacer la revolución. Probablemente seguiré queriéndola hacer cuando me esté muriendo. Pero a lo que tengo más miedo no es a no conseguir mi objetivo, sino a que la revolución pasé delante de mis ojos, de mis posibilidades, y yo ni siquiera sea capaz de verla.
Comentario:
María, haz la revolución donde estés, sin ir más lejos ni buscar plazas ajenas. Delante nuestra, en nuestras narices, nos estamos perdiendo la Universidad, uno de los pocos y últimos baluartes de la reflexión y de la crítica que le quedaba a esta sociedad. Y nadie hace nada. A nadie le importa. Todos parecen tener ya coche y móvil. Necesitamos la revolución. ¿Qué os pasa a los alumnos que pasáis tanto de todo?
Necesito alumnos como tú, o me hago la eutanasia. Te echo de menos
Necesito alumnos como tú, o me hago la eutanasia. Te echo de menos





