Lo oculto de nuestra mente
Anoche asistí por primera vez a una sesión de hipnosis. Lo recomiendo a todo el mundo. Llegamos sobre las ocho al pub Magia y Música (en la calle Virgen de las Montañas, en Los Remedios), y aunque al principio no había mucha gente, sólo dos grupitos más aparte de nosotras, cuando empezó la función estaba completamente lleno. Se ofrecieron un total de once voluntarios a hipnotizarse, de los cuales tres no fueron capaces de llegar al estado de relajación necesario para poner su mente al servicio del mago.
Empieza la función. Repitiendo muchísimas veces las órdenes y los pasos a seguir, cada uno de los participantes empieza a entrar en un estado de sueño profundo. Sus brazos se van levantando poco a poco, como si tuvieran una cuerda que tira de ellos, y lo mantienen flotando durante un tiempo indefinido. Ahora son unas marionetas al servicio del hipnotizador, quien les ordena reirse, ponerse serios, gritar "¡Viva telefónica!", poner los brazos rígidos, menear frenéticamente sus pies, hablar en inglés o suprimirles las palabras en español, seguir con la mirada una bala imaginaria que recorre todo el local para acabar impactando sobre sus cabezas, lo que les hace quedarse dormidos de inmediato. Y mientras tanto, todo el público boquiabierto. O muertos de risa por las situaciones incoherentes que se producían allí... Todo un espectáculo.
Es fantástico tener constancia de lo desconocido de nuestra mente con ejercicios como éste. Una vez más queda demostrado lo poco que explotamos a nuestro órgano mayor (aunque unos lo utilicen más y otros menos) y lo peligroso que podría llegar a ser que todo el mundo tuviera esas capacidades tan selectas, tan extrañas, tan paranormales... En definitiva, yo diría que ir al Magia y Música un domingo por la noche es una opción mucho mejor que quedarse en casa viendo Cuarto Milenio. Yo no lo dudo, volveré a estar por allí, quizá dentro de dos domingos, y me ofreceré voluntaria para hipnotizarme. Si lo consigo (según nos explicó el mago ayer, sólo un 20 o un 30% de las personas son susceptibles) no dudeis que dejaré por aquí mis impresiones.
Hasta entonces, buen viaje, y cuidado con a quién mirais por la calle, es cuestión de segundos perder el control de vuestras mentes...
Empieza la función. Repitiendo muchísimas veces las órdenes y los pasos a seguir, cada uno de los participantes empieza a entrar en un estado de sueño profundo. Sus brazos se van levantando poco a poco, como si tuvieran una cuerda que tira de ellos, y lo mantienen flotando durante un tiempo indefinido. Ahora son unas marionetas al servicio del hipnotizador, quien les ordena reirse, ponerse serios, gritar "¡Viva telefónica!", poner los brazos rígidos, menear frenéticamente sus pies, hablar en inglés o suprimirles las palabras en español, seguir con la mirada una bala imaginaria que recorre todo el local para acabar impactando sobre sus cabezas, lo que les hace quedarse dormidos de inmediato. Y mientras tanto, todo el público boquiabierto. O muertos de risa por las situaciones incoherentes que se producían allí... Todo un espectáculo.
Es fantástico tener constancia de lo desconocido de nuestra mente con ejercicios como éste. Una vez más queda demostrado lo poco que explotamos a nuestro órgano mayor (aunque unos lo utilicen más y otros menos) y lo peligroso que podría llegar a ser que todo el mundo tuviera esas capacidades tan selectas, tan extrañas, tan paranormales... En definitiva, yo diría que ir al Magia y Música un domingo por la noche es una opción mucho mejor que quedarse en casa viendo Cuarto Milenio. Yo no lo dudo, volveré a estar por allí, quizá dentro de dos domingos, y me ofreceré voluntaria para hipnotizarme. Si lo consigo (según nos explicó el mago ayer, sólo un 20 o un 30% de las personas son susceptibles) no dudeis que dejaré por aquí mis impresiones.
Hasta entonces, buen viaje, y cuidado con a quién mirais por la calle, es cuestión de segundos perder el control de vuestras mentes...





