Sobre Horckheimer y la Escuela de Frankfurt
Ya hace dos años que oí hablar por primera vez de este curioso grupo de intelectuales alemanes. Fue en una clase de Teoría de la Crítica, el primer año de carrera, entre bostezos y ganas de salir a tomar una cerveza. Pero lo cierto es que, a pesar de inicial rechazo, cada vez he interiorizado más los conceptos que Horckheimer y sus colegas trataron de expresar. La cultura, al igual que todo, está sujeta a las leyes de la oferta y la demanda, a los gustos de los ciudadanos, a las inquietudes de los consumidores, y no valían los sueños de una cultura libre y total. A mediados de los cincuenta ya era hora de despertar de las utopías, de abondar las ideas que Marx había planteado algunas décadas antes y mirar de frente a la realidad: el capitalismo empezaba a desarrollarse de forma brutal y hasta la cultura se convertía en un objeto de mercado.
Ni idea tenían estos pobres alemanes de lo que quedaba por venir. Desconozco si de haber nacido en nuestra época habrían analizado la situación a la que nos enfrentamos o si, como el resto de nuestra sociedad, habrían hecho oídos sordos, se habrían dado la vuelta y habrían empezado a ver un divertido reality en la televisión. Lo cierto es que yo no pude evitar pensar en ellos cuando hace una semana paseaba por el centro de Madrid y me encontré con un cartel que llamó mi atención. No estaba diseñado por ningún laureado pintor, ni tenía una calidad estética especial. Simplemente, la foto de un hombre y una mujer y arriba una inscripción que anunciaba un concierto del grupo "Pimpinela". Pero en la zona inferior... ahí estaba eso que me provocó un aire de indignación: "Próxima actuación en el teatro Häagen-Dazs (antiguo teatro Calderón)".


Pedro Calderón de la Barca nació en la actual capital española en 1600 y es autor de tan importantes obras como El alcalde de Zalamea, El conde Lucanor o la obra de teatro La vida es sueño.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
Por su parte, la marca Häagen-Dazs... vende unos deliciosos helados que, según su spot publicitario, nos ofrecen hasta el sabor "hoy no quiero hablar con nadie". Pertenece al grupo General Mills (con unos beneficios de 12 billones y medios en 2007) y está asociada con Nestlé. Buscando un poco, nos explican que "este teatro ha tomado el nombre de la marca de helado Super-Premium Häagen-Dazs a raíz de la relación de colaboración y apoyo entre la marca y el teatro".
No dudo de la colaboración para traer a grupos como Pimpinela (sin restar mérito al dueto), o de representar obras clásicas, musicales o incluso innovaciones de teatro moderno. Pero, ¿y las obras más alternativas? ¿Tendría cabida aquí una escenificación en la que se criticase la mano de obra infantil, cuando uno de los dueños indirectos (Nestlé) aumenta sus beneficios con estas técnicas? ¿Se podría criticar aquí al sistema, a las multinacionales, a la sociedad de consumo?
En la pelea entre la cultura y el dinero, es éste último el que gana la batalla. Y yo me alegro de que Horckheimer, Adorno o Marcuse hayan fallecido. Por más que me lo planteo, no sabría cómo darles esta noticia. Mientras tanto, y por más muestras que me da la sociedad de que nos encaminamos a un callejón sin salida, más me convenzo de que, a fin de cuentas, mis ideas no hacen daño a nadie y que sin duda alguna los sueños, sueños son.
Ni idea tenían estos pobres alemanes de lo que quedaba por venir. Desconozco si de haber nacido en nuestra época habrían analizado la situación a la que nos enfrentamos o si, como el resto de nuestra sociedad, habrían hecho oídos sordos, se habrían dado la vuelta y habrían empezado a ver un divertido reality en la televisión. Lo cierto es que yo no pude evitar pensar en ellos cuando hace una semana paseaba por el centro de Madrid y me encontré con un cartel que llamó mi atención. No estaba diseñado por ningún laureado pintor, ni tenía una calidad estética especial. Simplemente, la foto de un hombre y una mujer y arriba una inscripción que anunciaba un concierto del grupo "Pimpinela". Pero en la zona inferior... ahí estaba eso que me provocó un aire de indignación: "Próxima actuación en el teatro Häagen-Dazs (antiguo teatro Calderón)".


Pedro Calderón de la Barca nació en la actual capital española en 1600 y es autor de tan importantes obras como El alcalde de Zalamea, El conde Lucanor o la obra de teatro La vida es sueño.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
Por su parte, la marca Häagen-Dazs... vende unos deliciosos helados que, según su spot publicitario, nos ofrecen hasta el sabor "hoy no quiero hablar con nadie". Pertenece al grupo General Mills (con unos beneficios de 12 billones y medios en 2007) y está asociada con Nestlé. Buscando un poco, nos explican que "este teatro ha tomado el nombre de la marca de helado Super-Premium Häagen-Dazs a raíz de la relación de colaboración y apoyo entre la marca y el teatro".
No dudo de la colaboración para traer a grupos como Pimpinela (sin restar mérito al dueto), o de representar obras clásicas, musicales o incluso innovaciones de teatro moderno. Pero, ¿y las obras más alternativas? ¿Tendría cabida aquí una escenificación en la que se criticase la mano de obra infantil, cuando uno de los dueños indirectos (Nestlé) aumenta sus beneficios con estas técnicas? ¿Se podría criticar aquí al sistema, a las multinacionales, a la sociedad de consumo?
En la pelea entre la cultura y el dinero, es éste último el que gana la batalla. Y yo me alegro de que Horckheimer, Adorno o Marcuse hayan fallecido. Por más que me lo planteo, no sabría cómo darles esta noticia. Mientras tanto, y por más muestras que me da la sociedad de que nos encaminamos a un callejón sin salida, más me convenzo de que, a fin de cuentas, mis ideas no hacen daño a nadie y que sin duda alguna los sueños, sueños son.





