Rober y Ella
Llegó y se quitó la chaqueta. Los pies le martilleaban dentro de sus zapatos de cien euros y alguna que otra gota de sudor le recorría la sien derecha. Durante unos segundos sintió que le faltaba el aire. Adiós al nudo de la corbata, que quedó suspendida (casi en equilibrio, casi como un prestidigitador) en el borde del sofá. Play. Dulce y salvaje la voz de Norah Jones, que le había obligado a olvidar al Rober de su juventud. Joder… ¡qué guarrada sin ti! Ya ni salía, ni bebía, ni se relacionaba con otros seres, humanos al menos. Pequeña Norah, ven y bésame. Titubeó durante unos segundos ante la idea de poner los pies sobre el sillón. Si alguien lo viera cometiendo tamaña soez su reputación caería en picado, en abrupto hacia el centro mismo del esférico mundo en el que vivimos (aunque algunos, últimamente, afirmaban que era ovalado). La infinita idea de volar hacia el universo finito no paraba de rondarle la cabeza. El universo paralelo que hace unos años siempre tuvo debajo de su cama se convertía ahora en un lugar de difícil acceso, perdido entre las ramas de las palmeras de alguna selva amazónica que nunca vería, que no llegaba ni a imaginar. Sobre el escritorio se amontonaban las pilas de papeles y libros, de cuentas por hacer, de anotaciones en los márgenes de los informes, de garabatos traídos del inconsciente. En una esquina, el portátil nuevo, infectado ya de virus hasta la saciedad, reconcomido por dentro, muriendo cada día un poco más, quedándose, a cada hora que pasaba, obsoleto. ¿Dónde están los corazones mal dibujados sobre la esquina de algún folio? ¿Dónde están los mensajes cifrados que sólo ellos dos entendían? ¿Dónde han quedado las ganas de empezar con todo para acabar cuanto antes, sólo por verla a ella? Rober lloró mientras le acunaban las palabras. So lately I’ve wondering who will be there to take my place, when I’m gone you need love to light the shadows on your face. Manos a la obra. La última lágrima ha sido arrastrada por la manga de su camisa impoluta, blanca, pero con tantas arrugas… Diez minutos. Es el tiempo que Rober ha durado sentado en esa odiosa mesa. Se ha levantado perezosamente y ha abierto la puerta del mueble bar. Vodka, güisqui, ron, vino. Como no quiere escoger, bebe todo a la vez. El edén parece más cercano. Enciende un cigarrillo y en un acto de impulsiva lucidez incoherente con su estilo de vida apaga la cerilla en la montaña de papeles. ¡Arde, arde Roma! Se siente nervioso y cree que un tranquilizante no le vendrá mal.
Ella se ha levantado temprano esta mañana. Alguien había comprado ya el periódico y lo tenía justo al lado del café. Le echó un vistazo. “Un joven de treinta años muere calcinado mientras escuchaba a Norah Jones”. Siguió leyendo. “Un hombre, reconocido como R.G.M., fue encontrado anoche en su casa de Bruselas completamente calcinado como consecuencia del incendio que se desató en su hogar sobre las diez de la noche. La autopsia ha desvelado que, aunque las quemaduras fueron graves, una importante falta de sentido común, de sueños que hacer realidad, de ganas de seguir con todo, de valentía para intentar lo imposible, han sido las causas de la muerte. También se cree que no sufrió nada, porque mientras las llamas devoraban cada centímetro de su piel, la dulce y salvaje Norah le hacía el amor con sensualidad, aún siendo consciente de que no era ella en quien R.G.M. pensaba”. Pobre Rober, lo había estado esperando hasta entonces, pero ya era tarde. Ella se sentó delante del ordenador. A los diez minutos, y con un solo click, tenía en su poder un billete de avión. Ciudad de Salida: Bruselas. Ciudad de llegada: Barcelona. Cogió su maletín y salió de su casa. Ya no hacía nada en aquella solitaria urbe.
Ella se ha levantado temprano esta mañana. Alguien había comprado ya el periódico y lo tenía justo al lado del café. Le echó un vistazo. “Un joven de treinta años muere calcinado mientras escuchaba a Norah Jones”. Siguió leyendo. “Un hombre, reconocido como R.G.M., fue encontrado anoche en su casa de Bruselas completamente calcinado como consecuencia del incendio que se desató en su hogar sobre las diez de la noche. La autopsia ha desvelado que, aunque las quemaduras fueron graves, una importante falta de sentido común, de sueños que hacer realidad, de ganas de seguir con todo, de valentía para intentar lo imposible, han sido las causas de la muerte. También se cree que no sufrió nada, porque mientras las llamas devoraban cada centímetro de su piel, la dulce y salvaje Norah le hacía el amor con sensualidad, aún siendo consciente de que no era ella en quien R.G.M. pensaba”. Pobre Rober, lo había estado esperando hasta entonces, pero ya era tarde. Ella se sentó delante del ordenador. A los diez minutos, y con un solo click, tenía en su poder un billete de avión. Ciudad de Salida: Bruselas. Ciudad de llegada: Barcelona. Cogió su maletín y salió de su casa. Ya no hacía nada en aquella solitaria urbe.
Comentario:
Me ha gustado mucho, de verdad mucho, entrar en tu blog. Estás llena de cosas y sabes contarlas. Tuve suerte de tenerte en clase.





