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Esos rincones llenos de polvo
...las palabras ahogadas me exigen volverse públicas...
Acerca de
La magia de una letra, acompañanate eterno de mis pensamientos, amigo insaciable e incondiconal... Pequeña ilusa ante el mundo, pequeña hada que aún cree en su terrible realidad. Recreando mi propio mundo, el de mis cuentos, mis relatos, mis poemas (dónde existe el misterio de lo inconcebible, donde se materializan los sueños efímeros).

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Sindicación
 
Perfecta soledad
Sintió que ya no podía aguantar más tiempo en esa cama tan perfecta, con la sábana doblada en su parte superior, envolviendo la manta que la cubría. Ni una arruga, ni un pliegue... nada salvo el olor a jabón de marsella con las que habían sido lavadas. Estaba sola en la habitación, y como embravecida por una rabia interna que no sabía bien de donde provenía comenzó a jadear. Primero fue de manera tímida, pausada, con pequeños gemidos que salían de sus labios resquebrajados del frío, que expedían un aliento cansado, cálido, que olía a manzanas y a limones. Casi de forma involuntaria su mano recorrió su contorno, sus caderas (dulces curvas que escondían secretos aún por descubrir, un estanque de agua que se había evaporado con los primeros rayos del alba) y fueron a para a su pubis. Sus gritos iban acentuándose, convirtíendose en la delicia de cualquier consumidor porno de los que llaman al 806, rítmicos, ahora pausados, ahora acelerados. La otra mano acarició el pezón duro que se erigía sobre la aureola marrón que ansiaba unos labios que bebieran de ellos. Un último suspiró y el más cálido de los orgamos recorrió todo su cuerpo. Un cosquilleo general conquistó sus párpados, su ombligo, sus piernas que bailaban convulsamente en una sintonía de pequeñas descargas eléctricas, los dedos de los pies que se estiraban ante tanto placer. Se levantó muy despacio y contempló la cama. Las sábanas se habían salido de debajo del colchón y todo estaba completamente revuelto. Se acostó con una pierna colgando en el aire y pensó en lo afortunada que era de ser ella misma y en todo lo que él había decidido dejar de disfrutar.
No