El otro día leí en el periódico que el 80% de los blogs no se actualizan como en un principio se propuso el autor. Dios mío, ¡no soy más que Spam!
También leí acerca de los miles de jóvenes que se iban a echar a la calle por los macrobotellones convocados vía e-mail y sms. Hay que ver lo que llegamos a hacer en este país tan solo por ponernos como cubas. La noticia estaba en el apartado de “nacional”. En el de Internacional, la primera noticia era relacionada a la nueva ley laboral que pretende la administración de Villepin, en la que, por ejemplo, los jóvenes menores de 25 años podrían ser despedidos de sus trabajos si llevaban la empresa menos de dos años, sin aviso ninguno y sin necesitar una razón clara. Imaginaos que eso pasa aquí. ¿Nos echaríamos a la calle con tanta firmeza como nuestros vecinos? El piso en Madrid está inaccesible ( y en media España) para una pareja joven (ni qué decir que para uno solo si quiere vivir solo ¿por qué tengo que vivir en pareja? ¿es que es obligado casarse? Ya es absurdo de por sí el tener al matrimonio como concepto de estabilidad, como si no hubiese ningún estado civil más. Los demás no reciben tantas ayudas.. pero esto es otra historia...) Aquí nadie se echa a la calle por el precio de la vivienda. En los pueblos de la periferia de la península se llevan a cabo auténticos robos legales de parcelas del tipo “hola, soy un empresario que ha decidido montar una cadena de hoteles en sus tierras, tiene quince días para hacer otra propuesta de edificación”.
Esto último es algo harto sencillo, pero el pobre hombre dedicado al campo y que no pasa por el ayuntamiento mas que para sellar la cartilla, no se da cuenta de que por “no mirar en el tablón de anuncios” y ver este anuncio, ha perdido sus tierras a favor de el empresario de turno. Este es un ejemplo del vacío legal del sistema de edificaciones, que a su vez provoca lo que es un claro robo. Legal, eso sí. Nadie se echa a la calle para protestar por estas situaciones. La mitad de los contratos de empleos para profesionales no llegan a los tres meses de duración, hay casi nueve millones de mendigos en España, somos el país donde más cocaína se consume y en el que más violaciones y delitos con arma blanca se comenten de Europa. Por no hablar de los delitos de género.. Pero aquí nadie sale a la calle. En cambio, que hay que protestar por que le quiten la tarjeta roja a un jugador (Vigo, hace unos cinco años); salimos a la calle. Que hay que protestar porque no queremos que unos papeles viejos que nadie conocía hasta ahora y que a nadie le interesaban hasta ahora más que a los historiadores y a sus dueños, vuelvan a las manos de éstos; (¿alguien lo entiende?) salimos a la calle. Que no nos gusta que los gays se casen; salimos a la calle. Y por supuesto, que no nos dejan ponernos pedo, pues hacemos un macrobotellon en las principales ciudades del país, apoyados por todos los jóvenes. Mientras tanto, los jóvenes franceses se concentran luchando por su futuro. Ni en Francia, ni en Inglaterra, Alemania u Holanda, por poner unos ejemplos, existe el botellón, por cierto. No he visto tal compromiso ni tal difusión en los mensajes en los jóvenes nunca. Esto es, por supuesto, por comodidad. Si estamos acostumbrados al mando a distancia y nos lo quitan, no nos levantaremos a cambiar los canales en televisión, si no que protestaremos hasta que nos devuelvan el mando a distancia. En la guerra no había comodidades. No había “mandos a distancia”. La gente se unía de la misma forma que estos días los jóvenes por el botellón tan solo para luchar contra los problemas que les coartaban sus ideas de libertad. Ahora lloramos por que tenemos más de lo que nadie ha tenido, y pensamos que nos lo merecemos o que hemos luchado por ello. La juventud abusa del alcohol y de las drogas. Esto está totalmente identificado con el deseo de los muchachos de no ser pasto del tiempo. La idea del disfrute del instante ha llegado al límite de ser literalmente “el instante”. Antes, la idea de Carpe Diem implicaba una visión global, implicaba el mirar con los ojos y pensar en el momento en el que tus pies tocaban la tierra y tu cabeza acariciaba el cielo. Ahora todo se reduce a instantes. Instantes que pasan, efímeros. El joven que trabaja toda la semana pensando en la borrachera que se pillará el fin de semana. El joven que no vive el día a día más y que reduce sus gastos a su flamante coche y su fiesta. El joven que confunde el carpe diem con el exprimir su naturaleza de juventud. Ese joven está condenado. Jamás tendrá la sensación del transcurso del tiempo tras una mirada resuelta, tranquila y sincera. Jamás vivirá cada momento como si fuera el último, porque pensará que esos instantes son suyos, que le pertenecen para siempre. Y pensará que eso que exprime al máximo es la vida, es lo que le da la vida, y que todo se reduce a ello.
Ya no hay romanticismo en nuestras formas, ni siquiera en las de divertirnos. Cada vez escuchamos menos, miramos menos a nuestro alrededor... cada vez nos amamos, nos tocamos y nos gustamos menos.
¿Estamos mal educados? La culpa no sería de nuestros padres, si no de todo lo que hemos construido por vanidad, que nos envuelve y nos engulle como un torbellino.
Por favor, botellones sí, con cabeza, todos los que queráis. Pero macrobotellones, no. Si vamos a organizarnos miles de jóvenes de esta forma tan maravillosa como lo hemos hecho, en las principales ciudades del país, a la misma hora y en los lugares citados, por favor, que no sea para un botellón. Que sea para algo que al día siguiente nos deje algo más que una mala resaca...





