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Segunda Utopía
Cada paso a la utopía es un paso más que dar.
Acerca de
La Segunda Utopía no tiene dueño, guardian o custodio.
Sindicación
 
Treinta monedas de plata
"Serás mejor que todos los demás", le dice Jesús a Judas al hablar de sus discípulos, "porque sacrificarás el cuerpo de hombre del que estoy revestido".
Siempre he dicho que Judas fue la pieza clave que convirtió en martir a Jesucristo, y por lo tanto, le convirtió en lo que es ahora. Judas fue la herramienta, el hacedor, el creador de la leyenda. Supongo que está de más hablar sobre el descubrimiento del evangelio de judas pero haré una batida rápida para quien ande despistado. Un documento hallado en Egipto en 1978 ha resultado ser, después de un exhaustivo estudio llevado a cabo en Suiza, el Evangelio perdido de Judas; el último evangelio que quedaba por descubrir y que se creía perdido. El papiro esta datado en el siglo III o IV y parece que es una copia de un documento aún más antiguo. Se conocía de la existencia del Evangelio de Judas por una referencia hecha por el obispo Irineo de Lyon en el año 180, en su tratado Contra la herejía, pero hasta ahora nadie sabía a qué hacía mención. El Evangelio cita que Jesucristo le dio ordenes claras, y que la supuesta traición no fue más que el que Judas siguiera las instrucciones de su maestro. Jesucristo pedía a Iscariote “alejarse de los demás” para que cristo le enseñase la “verdad”, y le decía que sería vilipendiado por las generaciones posteriores, ese sería el precio a pagar por ayudar a su maestro en la última y quizá mas importante misión, la de separarse de su cuerpo.
Este trascendental documento no parece serlo tanto. No dice nada que vaya a “remover” los pilares de la iglesia católica, es más, incluso resta vileza al acto de Judas, ensalzando el carácter resuelto (aún más si cabe) de Jesucristo. Las veinte treinta monedas de plata pasan a convertirse en un símbolo irreal, un icono de servilismo y de penitencia, algo en lo que sin duda Judas se ha convertido de ser real este documento. Pero claro, todo esto ha de tomarse como lo que es (que no es poco); un gran descubrimiento arqueológico.
Y por encima de todo esto surge una pregunta fascinante; ¿qué más habrá bajo esas arenas? No se conocen documentos escritos por Cristo ya que se dice que no dejó ninguno, pero hay crónicas que citan que Cristo escribía cartas y diarios. Quien sabe si estos intereses monetarios conseguirán sacar algún documento de esta índole a la luz, o cualquier otro que explique las muchas preguntas pendientes en la historia de la humanidad.
Pero lo cierto es que es imposible certificar estos documentos descubiertos como fehacientes a pies juntillas, al igual que los demás evangelios. El Evangelio de Judas fue escrito por una secta cainíta, y la idolatría e inexactitud de estas cerradas organizaciones para-religiosas (escapistas del oficialismo eclesiástico) las convierte en fuentes de dudosa oficialidad. Hay varias crónicas en archivos romanos que hacen referencia al Nazareno pero cambian las fechas y no las sitúan en las que hoy damos por hechas. Nadie duda pues, de la existencia en esa época de un personaje que fue un azote de pensamiento para los judíos, pero los evangelios en sí mismos son inexactos, se contradicen unos a otros, hasta el punto de que tan solo cuatro son los recogidos en la Biblia (de los once conocidos de los apóstoles y sin contar con este último de Judas), e incluso estos tienen contrastes apreciables. Todo esto significa que todo trasciende a convertirse en cierto modo en un acto de fe. Sea como fuere, la noticia del descubrimiento del Evangelio de Judas se ha transformado en un movimiento mediático.

No es casualidad que sea ahora cuando salga a la palestra el contenido del documento (recordemos que fue encontrado en el 78). El mismo día de que la National Geographic dio a conocer la noticia, se anunciaron la puesta a la venta de cinco libros durante este mes dedicados al descubrimiento, y otros quince durante los meses posteriores. Un reportaje sobre el mismo tema fue emitido en horario de máxima audiencia y por lo visto los investigadores tienen la agenda completa de promociones y entrevistas, como estrellas de Hollywood. Nada que objetar si no fuera porque el hecho de hacer dinero parece ser necesario para dar noticias de calado arqueológico. Recordemos si no la cámara descubierta hace año y medio en la pirámide de Keops, la gran parafernalia que se montó con aquel pequeño robot que se internaba por un respiradero, y que lo único que descubrió fue dos camaras posteriores, que aún no se han abierto porque no hay dinero (ni interes por parte de las autoridades Egipcias) para montar otra parafernalia igual. Pero la verdad es que el documento de Judas no tiene tanta trascendencia, como he explicado antes, pero se esta vendiendo como una continuación de la mercadotecnia iniciada por Dan Brown y su Codigo Da Vinci y seguido por un sinfín de novelas que dudan de la oficialidad de la iglesia y de la continuidad sanguínea de Jesucristo y su casamiento con Magdalena. Así es que este mercado abierto está siendo aprovechado por la National para vender a bombo y platillo su descubrimiento. Y ahora vamos a lo peligroso; esta es la única manera de que cosas así sigan adelante. Volviendo a la pirámide de Keops, se sabe que aún hay dos cámaras sin abrir, pero si no hay interes público por abrirlo (lo hay, pero parece que hoy por hoy no genera dinero como sí lo hace el tema de Jesucristo), no se abrirán quizá hasta la próxima década.

Cuestión aparte sería preguntarnos porqué nos atrae tanto este tema. Parece que toca nuestra memoria histórica más primigenia y sobre todo nos fascina el hecho de que lo que se nos ha contado durante toda nuestra vida pueda no ser tal y como nos lo cuentan. Ni mejor, ni peor, pero sí diferente.
El dinero siempre ha sido necesario para conocer nuestra historia, pero nunca hasta este punto. Siempre han sido ricos excéntricos los que han hecho los mayores descubrimientos arqueológicos, recordemos si no a Lord Carnarvon, cuyo derroche hizo posible el descubrimiento de la tumba de Tutankamon. Existen ayudas oficiales gubernamentales o de instituciones culturales, pero son a fondo perdido, nunca reportan beneficios suficientes a no ser que existan fenómenos sociológicos como el que estamos viviendo. Por eso, aunque en cierto modo es triste, también es absolutamente necesario, porque si no estos hallazgos tardarían demasiado tiempo en ver la luz, o quizá directamente ni lo harían. Preparaos para ríos de tinta y bits. Parece ser que las treinta monedas de plata que Judas recibió por traicionar a Jesucristo se han rentabilizado bastante a lo largo de la historia.