Mentirme por no mentirme
La religión tiene respuestas para todo. Ya sea una muerte anunciada, una larga enfermedad, un accidente de trafico, o incluso un asesinato. Todo es cuestión del devenir de Dios. Él nos crea, y él nos destruye. Es bonito pensar en ello, pero todo ello no es más que una forma de sedarnos para eludir la crudeza de la realidad, creándonos un destino y no haciéndonos partícipes de él. La religión pues, nos victimiza. “Aciago” y “trágico” me suenan como adjetivos más familiares del sustantivo “destino”. Desligarnos de la idea del “destino” se convierte así en una lucha interna, un intento de pormenorizar la banalidad que puede suponer el intentar que nuestras responsabilidades no sean tan nuestras como en realidad son. Esto choca con una idea de un cambio radical. El “desvictimizarnos” aceptando el destino como un mito y no una realidad, supone un cambio radical en la manera de afrontar nuestras respectivas responsabilidades. Pero este cambio no debería estar ligado a la responsabilidad.
Muchas veces he pensado que me gustaría ser testigo de algo que supusiera un cambio en mi manera de pensar o actuar con respecto a la mitomanía del destino. La idea del destino se arraiga en nuestra mente desde tiempos tan inmemoriales que se torna difícil desligarse de ella hasta para alguien como yo, agnóstico y que intenta ignorarla. Quitándole el la esencia romántica y sacra al destino, nos encontramos con una máscara, una forma de intentar ocultar que somos los únicos que tenemos devenir sobre nuestras acciones. Un cambio radical, al más alto nivel, desligaría estas responsabilidades, que no son más que cánones y métodos preestablecidos por prejuicios. Y la verdad es que no tengo miedo a la muerte, lo que temo es cómo voy a llegar a ella, en qué condiciones. Y es que este cambio supondría un cambio del ritmo actual de vida, una reorganización de los parámetros en los que nuestra sociedad se mueve, y una aceptación total, que se vería beneficiada en cuanto a autocontrol de nuestras acciones. Perderse en una isla, ver un desastre natural, cambiar de lugar de residencia e ir a un lugar desconocido... Pueden ser los puntos y apartes de radicalización de cambio y el consecuente impacto sobre la mentalidad. Algo donde no quepa el preguntarse más, y el aceptar lo que es. Un encuentro con una civilización perdida, un contacto con vida inteligente. Algo así supondría un total cambio, y podría pensarse que no es otra forma de desvincularse de las responsabilidades. Pero realmente las responsabilidades no son mas que consecuencias de nuestras elecciones, y yo no tengo miedo a dichas consecuencias, si no a no poder elegir. Elegir el modo de vida, y elegir el no creer en el destino. Y aquí surge la duda ¿Es esta elección posible? ¿Será una forma de esperar una mentira más para mentirnos? ¿Supone renegar del destino para creer en otro “destino” que llamemos de otra forma? El no aceptar la realidad tal y como la percibimos (o lo que llamemos por realidad) es una forma de protección del propio ser humano, así que quizá es por ello por lo que sea imposible la objetivizar el destino
Comentario:
He tenido una pérdida familiar en estos días, y por eso he reflexionado sobre ello. Por norma general procuro afrontar la vida de buena manera, pero sin olvidar el sitio que ocupo. Es cierto que no había antes tanto dramatismo, pero ultimamente hay tanta crispación que parece que no importa más que el número que uno ocupa antes que las personas (para qué engañarnos, siempre ha sido así).
Gracias por vuestros comentarios
Un fuerte abrazo
Gracias por vuestros comentarios
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Comentario:
Sabes? No te preocupes tanto por la muerte, a cada uno le toca en su momento, asi de cruel es la vida pero hay que afrontarla y vivir cada momento como si fuera el ultimo, asi lo he aprendido este verano..
Comentario:
Creo que hoy día estamos muy sobreprotegidos para el dolor y eso nos asusta, al menos a mí y una muerte así es a lo que más se suele temer.
En épocas anteriores donde uno moría por nada, no había tanto miedo y dramatismo porque era algo más real y próximo. Pero hoy no es así (afortunadamente?)y eso sí resulta inquietante.
Un saludo y gracias por pasarte por mi blog.
En épocas anteriores donde uno moría por nada, no había tanto miedo y dramatismo porque era algo más real y próximo. Pero hoy no es así (afortunadamente?)y eso sí resulta inquietante.
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