logotipo

img_google
Segunda Utopía
Cada paso a la utopía es un paso más que dar.
Acerca de
La Segunda Utopía no tiene dueño, guardian o custodio.
Sindicación
 
Somewhere beyond the sea
Tengo ganas de volver a pisar una playa. No por la playa en sí, si no por el mar. Esa amplia abertura en el suelo. Una gran franja en el cortex cerebral de la tierra. Una quietud impenetrable, incalculable, algo más allá de todo. El mar es lo más grande que podemos atisbar a concebir a nuestro alrededor. No ver el final ni el fondo lo convierte en la antesala del espacio. No me extraña que en el pasado se le considerase el final del mundo. Hablar del mar está de más. Hay cientos de autores que ya lo han hecho y cien veces mejor que cualquiera de nosotros; Conrad, Baroja, Helrrand... por acordarme de algunos ahora mismo. Pero estaba pensando en el tiempo, y sin querer lo he asimilado con el mar. Y me ha sorprendido el hacerlo. El tiempo puede ser comparable al mar en ciertas cosas, pero creo que en lo que más se parecen es en que el océano da la aptitud de quietud que he comentado antes. Una quietud pétrea, algo inamovible, perpetuo durante y por millones de años. “No hay nada más infinitamente monótono que el mar, entiendo perfectamente a los piratas” decía James Russell. La verdad es que esa es la mirada onírica con la que se puede mirar al océano, pero todos sabemos que objetivamente es incierto, ya que el mar es un rebose de vida y actividad. Es el espacio movible más grande que además no permanece igual ni dos segundos. Pero curioso pensar en el porqué de esa unión invisible del hombre con el mar. Parece haber una atracción primaria, instintiva y por otra parte inquietante. Tan inquietante como el propio mar. Puede que la memoria cósmica que acompaña al hombre desde su ingreso en la evolución sea la que nos arraiga a los inicios de la vida, que surgió a su vez del mar. El mar como caldo de cultivo, como glándula de la evolución, el mar como placenta. Pero una matriz insegura, ya que la misma visión del océano turba. Da escalofríos. Mirar al mar hace que nos demos cuenta de lo insignificantes que somos y de lo solos que en realidad estamos.
 
 
Comentario:
tienes razón... placenta! en que estaria pensando! (pero tiene su aquél...) :P
 
Comentario:
¡Qué razón tienes! me ha gustado mucho este post. Todo menos lo de "el mar como placenta" :P

un beso!
 
Comentario:
jajajaja Te juro q es cierto!
Un besote
 
Comentario:
Después de leer estos dos posts tuyos, me planteo si el tema de la barriga era acertado, jaajaja.
No me había parado a pensar en todo eso, pero es cierto que ese sentimiento de infito aterra.
Un beso
No