Se buscan genios
Recientemente se ha cumplido el vigésimo aniversario de la muerte de Orson Welles. 
Hace veinte años se fue el creador de la que ha sido casi siempre considerada la mejor película de la historia; Ciudadano Kane. Es una de mis películas favoritas. Pero no me referiré a ella si no a su creador; un tipo al que se le ha tildado de genio en más de una ocasión. ¿Qué es un genio? Orson Welles fue sin duda un innovador. Alguien que se atrevió a introducir en el cine y radio lenguajes que a nadie se le habían ocurrido hasta entonces. A quien inventa algo también se le llama genio. Einstein ha sido y es tildado de genio. Dalí también. ¿Qué es entonces un genio? Es alguien que sabe mirar con otro prisma lo que sucede alrededor suyo. Pero solo llega a genio los que se atreven a mostrarlo. Los que lo enseñan, los que hablan de ello, los que se dan a conocer. Después de todo, genio es un calificativo que se adquiere, no que se lleva como el apellido, desde niño. Pero este calificativo en los últimos tiempos ha sido utilizado para nombrar a futbolistas como Zidane, o grandes amasadores de dinero, como Bill Gates. La palabra genio adquiere por lo tanto otras connotaciones, la de saber jugar preciosista al fútbol, o la de dar con un mercado que permita monopolio mundial, como el de Microsoft. ¿Son estos dos últimos ejemplos de alguien que ve la realidad de a su alrededor de distinta forma que los demás y no teme mostrarla? ¿Está la palabra “genio” supeditada tan solo al arte y la ciencia y no puede abrirse al espectáculo o a las finanzas? Puede que genio sea el que hace algo maravilloso con lo que hace. Lo cual no quiere decir que sea maravilloso en su totalidad. Orson Welles era un bebedor y un irresponsable, Einstein no sabía hacer la o con un canuto, vivia a la sombra de la inteligencia de su mujer (se dice que fue ella y no él quien redactó la teoría de la relatividad) y paranoico, y Dalí era mal educado y prepotente. Puede que estas no sean más que características de sus personas, como lo son de las nuestras, pero el destacar en algo como “genio” no conlleva que sean las personas que por canon tildaríamos de totalmente fantásticas. Sin embargo Zidane es comedido, educado, y participa con numerosas fundaciones contra la pobreza. Al igual que Bill Gates, cuyos donativos a ONGs y proyectos de ayuda a minusvalidos son conocidos y aplaudidos. No digo con esto nada. Pero quizá la definición de genio viene irremediablemente ligada a una situación especial, a una circunstancia peculiar. Zidane y Bill Gates no han innovado. Ya estuvieron Cruyff y Rockefeller. Pero gente como Welles, Einstein, y Dalí, hicieron cosas que no tuvieron parangón antes. La contribución de un novato como Orson Welles valió para abrir límites nunca vistos en el cine. La teoría de la relatividad de Einstein es la que hizo que yo haya escrito esto en un blog y usted esté leyendolo en su ordenador (imagine su relevancia), y Dalí supuso el asentamiento de un movimiento pictórico y cultural, el surrealismo, que hizo de caldo de cultivo para toda una generación, la del 27, que significó el reducto libertario ante las huestes reaccionarias que llevaron a España a la guerra civil. De Zidane, sin animo de ofender, le olvidaremos con Robinho o Mecí. Y al señor Gates le olvidaremos en cuanto alguien haga más dinero de caja con algún otro negocio redondo. Estamos necesitados de genios, de genios de verdad. Gente que deje navegar sus sueños sin despegar los pies de la tierra. Que huelan la esperanza, un cordón no visto hasta entonces, y tiren de él hasta arrastrar el cofre del tesoro adherido. Necesitamos dejar de llamar genio a un futbolista y a un magnate de los negocios…
Sí que tenía razón Ana Tarroja cuando cantaba “que estamos faltos de genios…”
Hace veinte años se fue el creador de la que ha sido casi siempre considerada la mejor película de la historia; Ciudadano Kane. Es una de mis películas favoritas. Pero no me referiré a ella si no a su creador; un tipo al que se le ha tildado de genio en más de una ocasión. ¿Qué es un genio? Orson Welles fue sin duda un innovador. Alguien que se atrevió a introducir en el cine y radio lenguajes que a nadie se le habían ocurrido hasta entonces. A quien inventa algo también se le llama genio. Einstein ha sido y es tildado de genio. Dalí también. ¿Qué es entonces un genio? Es alguien que sabe mirar con otro prisma lo que sucede alrededor suyo. Pero solo llega a genio los que se atreven a mostrarlo. Los que lo enseñan, los que hablan de ello, los que se dan a conocer. Después de todo, genio es un calificativo que se adquiere, no que se lleva como el apellido, desde niño. Pero este calificativo en los últimos tiempos ha sido utilizado para nombrar a futbolistas como Zidane, o grandes amasadores de dinero, como Bill Gates. La palabra genio adquiere por lo tanto otras connotaciones, la de saber jugar preciosista al fútbol, o la de dar con un mercado que permita monopolio mundial, como el de Microsoft. ¿Son estos dos últimos ejemplos de alguien que ve la realidad de a su alrededor de distinta forma que los demás y no teme mostrarla? ¿Está la palabra “genio” supeditada tan solo al arte y la ciencia y no puede abrirse al espectáculo o a las finanzas? Puede que genio sea el que hace algo maravilloso con lo que hace. Lo cual no quiere decir que sea maravilloso en su totalidad. Orson Welles era un bebedor y un irresponsable, Einstein no sabía hacer la o con un canuto, vivia a la sombra de la inteligencia de su mujer (se dice que fue ella y no él quien redactó la teoría de la relatividad) y paranoico, y Dalí era mal educado y prepotente. Puede que estas no sean más que características de sus personas, como lo son de las nuestras, pero el destacar en algo como “genio” no conlleva que sean las personas que por canon tildaríamos de totalmente fantásticas. Sin embargo Zidane es comedido, educado, y participa con numerosas fundaciones contra la pobreza. Al igual que Bill Gates, cuyos donativos a ONGs y proyectos de ayuda a minusvalidos son conocidos y aplaudidos. No digo con esto nada. Pero quizá la definición de genio viene irremediablemente ligada a una situación especial, a una circunstancia peculiar. Zidane y Bill Gates no han innovado. Ya estuvieron Cruyff y Rockefeller. Pero gente como Welles, Einstein, y Dalí, hicieron cosas que no tuvieron parangón antes. La contribución de un novato como Orson Welles valió para abrir límites nunca vistos en el cine. La teoría de la relatividad de Einstein es la que hizo que yo haya escrito esto en un blog y usted esté leyendolo en su ordenador (imagine su relevancia), y Dalí supuso el asentamiento de un movimiento pictórico y cultural, el surrealismo, que hizo de caldo de cultivo para toda una generación, la del 27, que significó el reducto libertario ante las huestes reaccionarias que llevaron a España a la guerra civil. De Zidane, sin animo de ofender, le olvidaremos con Robinho o Mecí. Y al señor Gates le olvidaremos en cuanto alguien haga más dinero de caja con algún otro negocio redondo. Estamos necesitados de genios, de genios de verdad. Gente que deje navegar sus sueños sin despegar los pies de la tierra. Que huelan la esperanza, un cordón no visto hasta entonces, y tiren de él hasta arrastrar el cofre del tesoro adherido. Necesitamos dejar de llamar genio a un futbolista y a un magnate de los negocios…
Sí que tenía razón Ana Tarroja cuando cantaba “que estamos faltos de genios…”





