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Segunda Utopía
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Causas naturales
Hoy me he enterado de la muerte, el dia 9 de Agosto, del actor Matthew McGrory. He leído en el periódico que su muerte se ha debido a “causas naturales”. Ha muerto con 32 años. ¿Muerte natural a los 32 años? Es algo aparentemente anómalo que alguien con esa edad muera por algo que no sea una enfermedad, un accidente, o algo así (ahora que lo pienso, ¿se puede morir uno de algo que no sea un accidente o una enfermedad, además de las “causas naturales”?). Ignoro a que llamaba el redactor de la necrológica “muerte natural”, ya que un cáncer puede ser natural, un tumor cerebral también, y ¿qué hay más natural que un virus letal? Retorcimientos sarcástico-retóricos aparte, he de suponer que una “muerte natural” es morir tal y como, en las condiciones físicas del individuo, debería de hacerlo. Es decir, morir porque tu estado es determinado.

Matthew McGrory era también “determinado”. Medía casi dos metros y medio de altura. Sus pies habían entrado en el libro de los record Guinness (algo tendrá que ver esto con la cerveza… tengo que mirarlo) porque sus pies medían 43 cm y medio. Estaba rodando una película sobre Andre el Gigante, experto en lucha libre y después actor, un tipo con el que McGrory se había sentido especialmente identificado, ya que compartían las dimensiones físicas. Había hecho varias películas, pero la más importante y la que le encumbró (introduzca el lector un chiste fácil aquí) fue Big Fish de Tim Burton. aquél gigantón que devoraba ovejas y al que Ewan McGrory convenció para dejar de ser una bestia y aprender a valorarse a sí mismo. Algo así supongo que debió ser su premisa para convivir día a día con su malformación.
Parecía un tipo inteligente, y lo digo sin conocimiento, solo al mirarle a la cara. Incluso, a pesar de las latentes diferencias para con los cánones de belleza actuales, se podría decir que era incluso atractivo. Su mirada tenía chispa, y su media sonrisa agradaba, con un toque fraternal que calaba al instante.
Pensar tan solo en un día metido en su piel me resulta difícil. “Hubiera hecho cualquier cosa por ser una persona de dimensiones normales un dia por semana, para no sentir los ojos de la gente clavados sobre él, poder ir al cine como cualquier otra persona y pasear por las calles sin llamar la atención” había dicho Drew Sky, el director de la película que estaba rodando McGrory. Todo resulta escrupulosamente sencillo para alguien de medidas normales. Esta “alta” perspectiva me hace reflexionar sobre hasta qué punto el azar,o la providencia, se ha cebado con cierto tipo de personas que han tenido la desgracia de vivir en un sistema tan adverso como este.

Quizá sea infame sentir lástima por alguien en su condición, ya que eso nos convertiría en un degradador más, pero dudo que la idea de ser “normal” no pasara por su cabeza casi todas las horas que permanecía consciente. Intento imaginar cómo se debía sentir paseando por la calle, yendo a comprar el periódico en un quiosco cuyo toldo pega en su barbilla, sentándose en un banco a leerlo casi clavando las rodillas en el pecho, y todo ello sabiendo que varias miradas están clavadas en su nuca. Siempre haciendo de monstruo en el cine. Siempre determinado por ser alto. Todo a su alrededor basado y girando en torno a ese detalle. El nimio y ridículo detalle de ser diferente. Ser diferente por ser diferente.

Ya no me parece tan rara la acepción de “muerte natural”.
No