logotipo

img_google
Según se mire
Mis intrínculis
Acerca de
Hay cosas que no podría poner en otro sitio...
Sindicación
 
Lo impensable
Ya ni recuerdo qué fue lo último que puse en Factoriales y Reveses, del tiempo que hace que no puedo entrar en hotmail. Han pasado por lo menos tres meses, y en tres meses pasan muchas cosas. Me estoy dejando mucho que contar en el diario. Tendré que empezar a contarlo aquí, qué le vamos a hacer.

Por supuesto, no sé si poner aquí las fotos. Quizás lo haga, o quizás no. Eso es algo que aún tengo que pensarme, y de todas formas no me debe quedar mucho para tener por fin la ADSL. La cosa es que no quiero empezar a olvidar detalles que puedan ser importantes.

Había empezado a hacer un resumen, pero he decidido no hacerlo. Como si de un autocastigo se tratara, prefiero empezar como si fuese de cero, pero con el conocimiento de la experiéncia.

Llevo siete meses en Valencia y parece que he conseguido levantar cabeza. Ha costado, pero al fin vuelvo a tener equilibrio. He tenido que acostumbrarme a muchas cosas, hacer algunos esfuerzos importantes, pero al final ha valido la pena. Además, en momentos en los que la esperanza se me escapa como el agua entre los dedos, conseguía recuperarla como por arte de magia. Hay fuerzas que no comprendo, pero que están ahí aunque no me guste. Como dice mi madre: Dios aprieta, pero no ahoga.

Como decía, las aguas han vuelto a su cauce. Aún faltan pequeñas cosas, como la ADSL, el espejo del baño del fondo... Pero el río no se revuelve por estas pequeñeces. Creo que soy un tío con suerte, y no sólo por esto, sino por tener una familia y unos amigos que me quieren. Además, me consuela pensar que mi hija esté sana, guapa y se parezca un poco a mi.

No es que tenga grandes planes, como antes. De hecho, hace tiempo que no pienso en mi futuro. Quizá sea un síntoma de madurez, o simplemente es que no tengo tiempo de hacerlo. Los blogs me han ayudado a organizar un poco mi vida, y en cierto sentido es algo que necesitaba.

Bueno, pues este post ha sido un poco de desahogo. Espero que me sirva para volver a ponerme las pilas y seguir escribiendo como lo hacía antes. Creo haber mejorado.
 
Cuando sea mayor quiero ser....
Yo, de mayor, quiero ser un niño. Qué contradicción, si ya soy mayor, y qué mayor... En esto pensaba, a mis treinta y tres, el otro día, mientras me fumaba un cigarrillo, embriagado del humo de un por fin de dos horas y media. Y en la puerta del trabajo, contando las horas para ir a comer y así leer un poco... En fin, qué desperdicio.

Y he dicho leer, sí leer, y no escribir. ¿Por qué? Bueno, hace días que no escribo ni una línea, y antes de la última vez también hacía días. Los motivos..., bueno, cada día pienso en escribir, tengo historias en la cabeza, y empiezan a amontonárseme, pero me falta tiempo o espacio. Tiempo porque no puedo ni sentarme al ordenador, y espacio porque ya no puedo hacerlo en cualquier sitio. Me falta la tranquilidad de los bares del pueblo. Aquí en Valencia es todo un sinvivir, y en todos los sitios hay ruído.

He decidido aumentarme también en este blog, ya que en casa aún no tengo Internet, así que tengo que conectarme en la oficina. Y en la oficina no puedo conectarme a hotmail, así que mucho menos al blog que tengo allí. Es posible que a partir de ahora escriba en este todo lo que hubiera dicho en aquel, o al menos casi todo. En su día haré el apunte necesario en Factoriales y Reveses, cuando pueda al fin entrar. ¿Me estará esperando aún aquel blog?

Al menos he escrito una reseña de la última novela que leí: Moderato Cantabile, de Marguerite Durás. Si estás leyendo esto, y quieres leer la reseña, sólo tienes que hacer click aquí. Al menos no pierdo la soltura, que es lo que más me interesa.

Tengo ganas de llegar a casa y que no haya nadie, una nueva contradicción, para poder escribir al menos una o dos horas, tarea imposible. Es contradicción porque hace unos meses rezaba para tenerlas siempre conmigo, y ahora rezo por tener un ratito de ahogo. En el fondo ya lo sabía, pero las quiero demasiado.

Tarea imposible porque el único camino es levantarme pronto también los fines de semana, y eso siempre depende de lo que haya dormido por la noche. En fin, qué le vamos a hacer. Lo haré cuando pueda, y trataré de no oír ese ruído que tanto me molesta para escribir, pero del que consigo abstraerme hasta el infinito en la lectura de las letras de uno de los libros.

Estoy leyendo en casa El médico, de Noah Gordon, y llevo encima, casi al terminar, Los santos inocentes, de Miguel Delibes. Creo que será este último del que haga la siguiente reseña. Espero estar de nuevo en breve por aquí.