Carta de amor.
Escribí la carta especialmente para el concurso, y sería una sorpresa, en verdad, que lo ganara. El motivo de que piense de esta manera, no es otro que el saber a ciencia cierta que no ha sido un escrito en absoluto elaborado. Es como el que hace una primitiva poniendo los primeros números que le vienen a la cabeza y la echa sin la esperanza de que le vaya a tocar nada. Sólo porque se le ha ocurrido echarla y ya está.
No es que no tuviera motivación, claro que la tenía. Pero es el primer certamen en el que decidí participar después de mucho tiempo. Ni siquiera grapé las hojas. Compré los sobres, hice la plica, metí las copias y lo llevé a Correos. Todo con mucha pasividad, y sin demasiada ilusión.
Hoy he vuelto a leerla, y a pesar de que no cambiaría nada en el escrito, ya no pienso de la misma manera. Al menos ahora tengo algo de curiosidad. He enviado relatos a otros certámenes, en los que sí he puesto ilusión, pero es este el que me produce curiosidad.
No es una carta de amor convencional. Es algo diferente. Quise que la escribiera alguien que va a celebrar sus bodas de oro. Pero soy consciente de que hay ciertas incongruéncias. Por ejemplo, ¿es cierto que el escritor utiliza ese lenguaje con el que se expresa en la carta? Podría excusarme en el hecho de que nadie escribe una carta utilizando el mismo lenguaje ni modismos que si lo hubiera dicho de palabra.
Otro de los puntos en los que cojea la carta es, quizás, en el hecho de que no hay información sobre el emisor ni el receptor. También tengo excusa para esto, y es que sólo tenía tres páginas para el desarrollo. Yo he utilizado sólo dos.
Y, ¿dónde está pues el problema, si tengo las excusas? Lo veo en el hecho de tener que pensar en dichas excusas para justificar dicho texto. Realmente pensaré, entonces, que el jurado no haya hecho un buen trabajo si mi carta resulta premiada, ya que yo mismo no estoy satisfecho con él.
No es ser duro conmigo mismo, es ser realista. Sí que me gustan el resto de mis escritos, de momento.
No es que no tuviera motivación, claro que la tenía. Pero es el primer certamen en el que decidí participar después de mucho tiempo. Ni siquiera grapé las hojas. Compré los sobres, hice la plica, metí las copias y lo llevé a Correos. Todo con mucha pasividad, y sin demasiada ilusión.
Hoy he vuelto a leerla, y a pesar de que no cambiaría nada en el escrito, ya no pienso de la misma manera. Al menos ahora tengo algo de curiosidad. He enviado relatos a otros certámenes, en los que sí he puesto ilusión, pero es este el que me produce curiosidad.
No es una carta de amor convencional. Es algo diferente. Quise que la escribiera alguien que va a celebrar sus bodas de oro. Pero soy consciente de que hay ciertas incongruéncias. Por ejemplo, ¿es cierto que el escritor utiliza ese lenguaje con el que se expresa en la carta? Podría excusarme en el hecho de que nadie escribe una carta utilizando el mismo lenguaje ni modismos que si lo hubiera dicho de palabra.
Otro de los puntos en los que cojea la carta es, quizás, en el hecho de que no hay información sobre el emisor ni el receptor. También tengo excusa para esto, y es que sólo tenía tres páginas para el desarrollo. Yo he utilizado sólo dos.
Y, ¿dónde está pues el problema, si tengo las excusas? Lo veo en el hecho de tener que pensar en dichas excusas para justificar dicho texto. Realmente pensaré, entonces, que el jurado no haya hecho un buen trabajo si mi carta resulta premiada, ya que yo mismo no estoy satisfecho con él.
No es ser duro conmigo mismo, es ser realista. Sí que me gustan el resto de mis escritos, de momento.





