A los quince supe toda la verdad, que yo nací para volar..., nunca fuí la niña de tus ojos, ni la mejor barca del mar, nunca de nadie, dueña de todo, de lo imposible, de lo irreal...
Y aquí me encuentro amarrada a mi suerte, en este puerto de incertidumbres, con una astilla del mastil atravesándome el alma...