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Oui, c'est moi
... ahogando mis penas y a mis amantes en lencería fina...
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Sindicación
 
mileuristas
(Hoy a lo mejor hay poco sexo. Voy a hablar de dinero)

Trasteando entre los comentarios de Gemmita me encuentro una referencia a los mileuristas, y es que el domingo por la noche llegó Compañeradepiso1 muy excitada (en el mal sentido de la palabra), agitando unas paginillas del País, y gritando¡tía, tía, léete esto, verás!

Total, que dejé el resumen de Gran Hermano y me puse manos a la obra. Vaya, la historia de mi vida. Mejor dicho, de nuestra vida. Hasta las chicas con la mesa de centro modelo familia Alcántara llena de latas de cerveza se parecían físicamente a nosotras. Seguro que nos clonan los mismos que nos precarizan.

Ni que decir tiene que cuando Compañeradepiso2 apareció, a las nosecuantas de la mañana, se leyó el reportaje de pe a pa, porque fue lo primero que se le vino a la cabeza a la mañana siguiente, antes de los buenos días.

El caso es que nosotras no somos todas mileuristas, como esas potentadas de Barcelona. Nosotras tenemos una mileurista, que se considera una auténtica privilegiada después de leer el reportaje porque, al menos, tiene una diplomatura monda y lironda y no ha hecho más cursillos que a los que le obliga la empresa. Gracias a esta mileurista contamos con respaldo económico para adelantar facturas y pagar imprevistos. Es como una madre con la que además te puedes emborrachar viendo unos deuvedeses.

trío lazos

Porque el resto de habitantes pertenecemos a una especie inferior, al borde de la exclusión social, que es la del seiscientoeurista. Lo que significa que, o bien sales una vez al mes, o te vas a bares de colegas que al menos te invitan a una copa, o que un mes toca comprar libros, otro ropa y otro discos (lo siento, para eso tengo mucha moral y no patrocino mafias. Total, los músicos que escucho nunca van a poder comprarse un chalet en Miami). De vacaciones ni hablamos, claro, algún fin de semana en casa rural cutre o, por lo general, visitas a amigos repartidos por el territorio nacional, que además viven en sitios donde salir es mucho más barato y se puede hacer botellón para regresar a nuestros más oscuros años universitarios. Sí encuentro algunas diferencias con mi época universitaria, allá a finales del siglo XX. Tus padres jamás vendrán a visitarte un domingo por la mañana. Les duele mucho ver cómo vives. Son una generación angustiada por el fracaso socioeconómico de sus polititulados hijos.

¿Y cómo afecta el mileurismo al sexo? En primer lugar depende de lo estable que sea la pareja y, fundamental, de si vive solo o sola. Porque como viva solo/sola ya sabes que al menos cuatro noches por semana sin contar findes no le vas a ver el pelo a tu compañera, con el descuido que eso supone en el reparto de tareas domésticas. Pero lo peor es que por amor se perdona todo, y cuando ella te mira compungida pidiendo un día más para hacer el baño porque, compréndelo, nos vemos tan poco y le quiero tanto, tú piensas en lo a gusto que estarías echándote una siesta y haciéndote un dedo después porque también te quieres mucho y además desde hace más años que ella y su chorbo/a. Y te callas, no vaya a romperse tan bella historia por tu culpa.

chicas

Si el almagemela de tus compañeras de piso también es mileurista emancipado, ya sabes que no compartes el piso con otras dos, sino con cuatro, y en algunas épocas el número pasa a seis personas haciendo cola para el baño a las ocho de la mañana. Si tienes la mala suerte de que viva con sus padres, ya sabes que nunca vas a poder romper la rutina porque siempre es en tu casa.

Otro tema es el pudor. Descartado. Porque tu compañera de piso, la del novio con casa propia, la que nunca está para fregar los platos, siempre acierta a quedarse un sábado por la noche en casa cuando a ti te ronda un galán y te lo quieres llevar al catre. Yo reconozco que me ha costado un poco, más que nada porque, metida en faena, me gusta ir y venir en bolas por la casa y quiero ahorrarles ese espectáculo a mis compañeras, que son muy jóvenes y muy monas para morir. Pero después de haber vivido intensamente a través del tabique seis meses de pasional relación de Compañera1 con maromo, he decidido vengarme por resentimiento, porque, digo yo, ya que te despiertan a berridos y te ponen cachonda, pues que te inviten a la fiesta, ¿no? Total, para batir récord de decibelios, contri más mejó.

P.D. Bueno, a ver, lo he pintado un poco negro, pero a pesar de todo soy feliz y me considero afortunada. Las colombianas que ganan 500 euros de camareras todo el día y encima mandan dinero a casa lo pasan mucho peor.
 
premio
Como siempre he sido una niña muy buena, al final la semana pasada me llevé mi recompensa y volví a quedar con mi amante bandido, que me ha gustado mucho más esta vez (y de aquí deducirán mis queridos lectores que follo más bien poco, pos sí, pero vaya, le saco provecho).

Las malas experiencias da gusto escribirlas en frío, cuando ya te puedes reir a gusto, pero estas buenas hay que cogerlas en caliente, con la almeja en salsa y la sonrisa porrera, y ponerte un poco cursi describiendo como aspirabas el olor de su cuerpo con ganas, y te ponías tan cachonda con ese suave olor a sudor fresco, o cómo disfrutabas metiéndote su verga todavía dormida en la boca y reanimándola, sintiéndola crecer cada vez más dentro de tu boca mientras él no deja de gemir (y espero que no me finja, que si no se me va el orgullo de chupadora al carajo) y cada suspiro de él te incita a hacerlo todavía mejor para que se quede sin aliento, o sentir cómo entra en tu coño completamente mojado y acaba con los brazos y el pecho (a mi aqui me gusta mucho decir tórax, que parece que se te llena la boca, pero es más finolis) brillantes.

Lo dicho, esto me sale mejor en caliente. En frío, narrar la secuencia de los hechos me resulta eso, frío, así es que dejo estos apuntes de las mejores jugadas, y una duda. ¿Cómo aceptan los hombres los cumplidos físicos? Porque yo estuve toda la noche sobándole y diciéndole lo bueno que estaba, porque a mi me lo parece, la verdad, y no sé. Me da que se cree que voy a pedir su mano a sus padres mañana mismo
 
nonanismo
Llevo unos días de sexo oral, vamos, de hablar y escribir pero luego me da una pereza sacar el vibrador o bajar la mano... así es que nada, me pongo el pilotito automático y a esperar lo que pueda ocurrir mañana. Aunque no sé por qué, lo veo chungo, con lo que me gusta el chaval. Y encima después de la burrada que he soltado sobre el churri de emergencia me veo mala malísisma, pero no soy nada partidaria de editar los posts, excepto si es por faltas de ortografía. En fin, el que la escribe, la paga.

Sé que tengo tendencia a dejarme llevar por cualquier cosa cuando tengo un calentón, y no pongo muchas trabas. Tampoco me siento ni más ni menos moderna ni liberal ni gilipollas ni zorra ni nada, simplemente soy así, y prefiero aceptarme que torturarme escondiendo a algún que otro rollo físicamente incorrecto como sé que hace alguna amiga, muy discreta ella. Disfruto mucho de esos momentos de inconsciencia en los que te olvidas de prejuicios físicos y te concentras en sentir, en la piel, en los miembros, o en el miembro. Esas ocasiones en las que te daría igual estar follándote a los amigos de tu padre o a tu padre mismo. Pero aunque no sea melindrosa con el físico (al fin y al cabo me interesa más la armonía en general que la perfección de la tabletita de chocolate o de la talla 36 con perolas de pega por decreto-ley) hay cosas que no tengo la sangre fría de hacer, como quedar con alguien que vale, está bien físicamente, posiblemente mejor que yo, pero que me da grima como se comporta.

No sé. Cuando busco (bueno, me gustaría encontrármelo más a menudo que tener que buscarlo) sexo obviamente no busco catedráticos de literatura ni comediantes de la Paramount que me tengan todo el rato desternillándome. Ni mucho menos cariño y ternura axfisiantes, para eso hay otras relaciones. Pero sí unos mínimos de sentido del humor (esto que nos gusta a todos) y de comportamiento e interés en el otro. Tampoco es que sea muy exigente ni muy rara, ¿no?

Así es que creo que no, que no necesito una lista de "desahogos" más allá de los que surjan en situaciones puntuales. Por mucho que me pique la curiosidad de "a lo mejor fue la situación, pero en otra será de otra manera" .

En fin, no fue una tragedia lo que me pasó con el "repuesto", pero si le digo a alguien que tiene dos dedos en mi culo que pare porque me está arañando, obviamente quiero que pare. Y luego no me hace nada de gracia que se le ocurra metérmelos en la vagina directamente con el mismo ímpetu. No es muy buena carta de presentación para una segunda cita.
 
más dibujos animados
La familia bien, gracias, pero el puente y la visita al ginecólogo me han dejado la líbido por los suelos, y la autoestima casi, porque me costó más de tres intentos, subida y bajada de camilla incluidas, coger la posturita de revisión. Vamos, como para dedicarse al porno hard-core. (Espero que las almas sensibles me perdonen estas descripciones tan crudas, pero es que la vida es asín).

Así es que me consolaré con mis dibujitos. El último post hablaba un poco de mi trayectoria pornómana, que, curiosamente, era completamente independiente en sus primeros años (sí, cuando la enciclopedia médica) hasta que empezó a depender de los hombres. Creo que fue el concepto dependencia, más que el concepto pornografía, lo que me hizo abandonar un tiempo la contemplación mística. Hasta que llegó internet, por donde puedo campar solita sin ayuda.

Todavía me falta el apartado cinematográfico, apenas he visto películas, o más bien fragmentos, pero la verdad es que me atraen más las películas sobre sexo que las escenas de sexo en sí. Sobre todo porque, como comentaba el último día, disfruto viendo (u oyendo) gente feliz, y lo que suelo ver muchas veces en las fotografías estándar son muecas de dolor que, yo al menos, no puedo procesar como éxtasis. Por eso me decanto por el vintage, vamos, las fotos de abuelitos, donde, además de posar como para los retratos de comunión, las caras de éxtasis fingido son de lo más curiosas. Otro dato a tener en cuenta es que antes para tomar una foto podían tardarse varios minutos, lo cual quiere decir que esos sufridos machos, a pesar de la gomina y los bigotes en punta, tenían un aguante más que razonable, tántrico.

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O sea, que a foto más antigua, más capacidad (de concentración).

Otra de mis fijaciones son las pin-ups, aunque esto es más bien soft, pero, allá donde haya algo hortera, cursi, pasado de rosca o de mal gusto, allá estoy yo (me conozo casi todos los chinos de Madrid). Me extasian estas mujeres completamente inventadas que parecen más reales que las chicas Playboy supermineralizadas y siliconadas. O es que voy a tener un rollo psicológico raro, porque esta, por ejemplo, se parece a mi madre de joven.

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(yo he salido a mi padre)

De comic todavía no controlo mucho. Estrictamente porno me gusta Manara, más por las historias que por el dibujo, demasiado nítido. Eric Stanton es un guarro que hacía historietas desternillantes de femdom en los años 60, a veces con travestis, y con un estilo bastante parecido al de las pin ups pero más negro. Con el hentai no puedo, en cualquier caso para el plano estirctamente fisiológico. Otros no estrictamente porno pero sin complejos son los hermanos Hernández (USA), que hacen unos culebrones con sexo, mafia, drogas e inmigrantes muy recomendables. Bueno, todo esto es subjetivo, claro. Luego no me vengan con el libro de reclamaciones en la mano.

Joer, que horitas. Desde que trabajo un poco fuera de casa no hay quien me meta en la cama, y a este paso va a ser en todos los sentidos. Si es que ya lo decía Eva Hache, que el trabajo no da dignidad, que lo que da dignidad es el dinero.
Y encima se me está pegando la jerga ensayístico-argumentativa.

Tengo de plazo hasta la madrugada del miércoles para perder el zapatito de cristal en algún antro con mi amigüito nuevo. Rezaremos antes de dormir para que tenga alguna noche libre, que no me apetece nada llamar al de reemplazo, un pijo salido que reservo para emergencias, pero emergencias de las de verdad, de esas de arañar las paredes.

Vaya, ahora que hablo de Cenicientas, aprovecho para responder al Príncipe desde aquí mismo. Pues sí, me da que el porno es al heavy lo que la Nouvelle Vague al indie-pop hispano. Se retroalimentan constantemente. ¿Por qué?
Nidea.
 
dibujos animados
Yo intento ser todo lo práctica que puedo, pero me da que voy a pasar una temporadita teórico- onanista, al menos durante el puente que se anticipa casero y familiar (ya va siendo hora de un numerito tipo El Almendro allá en el terruño, antes de que me quiten el cuarto de casilla y olivar que me toca en herencia) desde que todos los amigos andan repartidos por el mundo como los apóstoles. Intentaremos remediarlo con alguna visita a la capital (de la provincia, que no del reino), pero nunca he sido profeta en mi tierra. Vamos, ni en mi tierra ni en las otras ni en el espacio exterior.

Total, que a teorizar hasta la próxima semana. Pornografía. Mmmm. Pues sí, me gusta. ¿Por qué? Pues en primer lugar porque tengo muy mal gusto y me atrae cualquier cosa que huela a basura. Vamos, que soy de las que, si la tuvieran, pondría la Nancy sevillana encima de la tele. En segundo lugar, porque a veces me excita.

estilismo1

La primera vez que recuerdo haberme puesto cachonda mirando dibujitos tendría 9 o 10 años y fue con un libro de ciencias naturales. No eran esos cutres de Santillana (ejem, hablo de EGB, por si alguien recuerda qué era eso) que salían tipo dibujitos animados con flechas, letreros y la piel naranja. No, estos eran dos dibujos en blanco y negro de estilo realista y con todo lujo de detalles. Algo más tarde fue la enciclopedia médica, una de esas setenteras, con fotos de hippies y artículos sobre los adolescentes y el sexo, por fascículos. Me pasaba las tardes buscando fotos de parejas en la playa y aparatos reproductores de todos los sexos. En secreto, porque estaba convencida de que se me notaba en la cara. Claro, cuando no se tienen en casa revistas porno escondidas y se es niña sin hermanos mayores, se saca la pornografía de donde se puede.
Más adelante me hacía yo los dibujos, pero como no estaba dotada para las artes plásticas, tuve que abandonarlo. Menos mal que por aquel entonces mi hermano estaba creciendo y traía alguna revista a casa, pero visto un Penthouse, vistos todos. Años más tarde tuve otras experiencias algo más divertidas con la revistita de marras. Me eché un noviete con el que tenía eso que llama la gente "mucha complicidad". Yo creo que de más, porque en vez de invitarme al cine y regalarme florecitas, cada vez que me pasaba a verle me tiraba una lata de cerveza, ponía una cinta de lo más death-trash-hard-core-metal que tenía (que porque te gustaran Nirvana y New York Dolls, por ejemplo, no todo el monte iba a ser orégano, pero los tíos suelen ser asín en cuanto te ven un poco dispuesta) y sacaba el número del mes para que lo comentáramos juntos. En fin, que sólo nos faltó comparar atributos en el baño, porque echar pulsos y tocar culos sí que llegamos a hacerlo a la par. Pero bueno, Simone de Beaviour, que era muy lista, decía que las mujeres se hacían y no nacían, y yo ma he hecho bien pasadita, vuelta y vuelta.

ciber

Bueno, que yo iba a seguir hablando de lo que me gusta y lo que no de la pornografía, pero tengo sueño, mañana me voy de puente, empiezo un curro que me va a transplantar fuera de Madrid media semana y ya seguiré otro día, así es que resumo. Me gustan las imágenes amateur, los cómics para adultos, el porno de los años 20, las pin-ups de los 50 y la estética de los 70 y principios de los 80. Ya explicaré por qué, quién, cómo, cuando y dónde.
Así, en corto, porque me gusta ver gente feliz.
 
ataque ovárico
Hoy seré breve, dolor obliga.

Estoy convencida de que si los hombres tuvieran la regla, las compresas y tampones correrían a cargo de la seguridad social, la investigación sobre analgésicos específicos llevaría 200 años de adelanto, y cada mes habría tres días laborables de baja remunerada y en algunos países puede que hasta fiestas de guardar.

niño malo

De sexo, ni hablamos, que ahora no tengo estómago.
 
defendiendo mi virtud
Recuerdo una época en la que en los ritos de apareamiento en ciudades de provincias, pero provincias de verdad, del interior, de esas en las que se conoce todo el mundo, había una regla sagrada: NADA DE PENETRACIÓN, que luego pierdes la virginidad. Las únicas privilegiadas que se podían permitir el lujo de dejar de ser vírgenes solían tener novios mayores de 20 años, que eran sus almas gemelas y futuros padres de sus hijos, y con los que llevaban al menos tres meses de relación formal y estable. El resto nos conformábamos con magreos, primero con ropa, después por debajo de la ropa, y en contadas ocasiones sin camiseta. Uno de los motivos más disuasorios, además de la presión socio-moral, es que el mozo que te quitase tu preciado regalo correría a contárselo a sus amigotes y después tendrías una larga lista de predendientes con derecho de pernada automático. Así es que con esa educación y recién llegada a la capital de la provincia para seguir de-formándome, yo seguía defendiendo mi virtud por encima de todas las cosas.

En estas me encontré una noche con el primo de una amiga, que es una experiencia bastante recurrente en la vida de toda mujer. El primo de mi amiga debía tener unos 4 o 5 años más que yo y una mala reputación, más que dudosa, bien contrastada. Aquella noche fui elegida por el destino. Recuerdo que por entonces nos daba por cortar maillots negros de gimnasta, quemar los bordes y usarlos de camiseta, que para eso éramos grunges. Entramos toda la manada en nuestro bar de siempre y él echó un vistazo, saludó a su prima y me agarró el borde de la camiseta riéndose. ¿Pero muchacha, qué te has hecho ahí? De paso se asomó al balcón, claro. Aunque la intuición femenina no es mi fuerte y me ha hecho perder más de una oportunidad, le dije a amiga que esa noche, me parecía, su primo quería guerra.

60spuffs

A las tres horas volvemos a coincidir en nuestra discoteca de siempre (ahora, me dicen, anda de capa caída desde que la gente se ha pasado a la electrónica), uno de esos sitios donde era difícil ver a una tía con tacones y mechas rubias. La guerra, por supuesto, se declara a campo abierto. El primo ya pasa de su prima y se me acerca directamente, cuatro fases de tonteo, empieza a besarme y me propone ir a su casa. Claro, en casa ajena es más complicado defender la virtud de una, pero aún así acepté. Pasamos directamente a su habitación, me fue desnudando a medida que se iba calentando la cosa, primero la camiseta, después el sujetador. Yo me resistía a bajarme los pantalones, que era donde tenía toda mi virtud, pero al final acabé desnuda en su cama, con él encima mordiéndome los pezones mientras yo le masturbaba.
Según avanzaba la cosa, empecé a hacerle algo parecido a una felación. Por entonces lo único que se me ocurría era meterme la polla en la boca y subir y bajar un ratito, nada emocionante, la verdad. Mientras, él me hacía un dedo que me estaba poniendo de lo más cachonda, hasta que llegó la pregunta fatídica. ¿Lo has hecho alguna vez?
La verdad es que sacarse una verga de la boca para decir que no, que no lo había hecho nunca, es una incongruencia, pero una es muy sincera. Yo estaba a punto de respirar tranquilar cuando insistió. Mira, tengo condones, déjame la puntita nada más. Ah, eso sí que no, que yo había oído miles de historias en las que se empezaba con la puntita nada más y acababas sintiendo un rebotar de huevos en tus partes.
No, no, ni puntita ni hostias, que no quiero hacerlo. Mentira cochina, porque tenía una curiosidad que no podía, pero ante todo estaba mi virtud. Vale, me dijo, pues entonces voy a hacer una cubana. Ahí ya casi ni me atreví a preguntar qué era eso.
Al final, como mal menor, el primo se sentó encima de mi, se adelantó y puso su polla entre mis pechos, los estrujó hasta cubrirse el adminículo y empezó a deslizarlo frenéticamente hasta que una gota de semen me salpicó el pelo.
Salí muy contenta de su casa porque entre otras cosas había logrado defender mi virtud del ataque de un pene.

Si recuerdo bien esta historia después de tanto tiempo es porque me hizo plantearme el ridículo de muchas cosas, como, por ejemplo, ¿qué diferencia moral había entre tener un miembro en la boca o entre las piernas? O, ya que por aquel entonces yo andaba muy enamorada pero muy platónicamente, ¿cómo es que me lo pasaba tan bien con otro que no fuera el objeto de mis efluvios románticos, aunque durante el día suspirase lánguidamente por su amor? Había algo que no encjaba. Al principio pensaba que era yo. Después he descubierto que probablemente sean los demás.
 
Qué pereza
tengo hoy, y mira que yo quería escribir aquí material original al menos dos veces por semana.
Hoy no tengo el chichi pa ruidos, en sentido literal además de metafórico. Si los atletas profesionales, esos que se pasan media vida internados en centros de alto rendimiento, se lesionan, cómo no nos va a pasar a los aficionados cuando nos toca superarnos en algún gran evento con jueces experimentados y espectadores. Pero normalmente preferimos hablar de los éxitos (orgasmos alcanzados, pollas comidas, flujos diseminados) que mencionar la parte fea, la sucia, la desagradable, la que no sale ni en los making-off. Y existe, porque estamos vivos y eso también implica asumir el dolor y fracaso, la imperfección. Algo que nos recuerda que no siempre podemos controlar las situaciones y a veces ni siquiera el cuerpo que se supone nuestro.
Además, creo, necesito un tiempo de asimilación de experiencias antes de entregarme al exhibicionismo impúdico.
Así es que en estos días de inactividad, me he dado a sublimar mis pasiones con el noble arte de la poesía (de los demás, por supuesto). En muchos otros blogs leo referencias contra el tono poético y la poesía, y los romanticismos. Bueno. A mi me gusta la poesía, me gusta mucho, puede ser otro de mis defectos. Hace mucho que abandoné la novela, a no ser que alguien considere narrativa el cómic para adultos.

Pero es que hay poesía y poesía.

NÚMERO SEIS

me besa me desnuda hace de mí lo que quiere
estoy borracha todo me da vueltas tengo que ir
al baño dos veces para no vomitarle encima

se marcha temprano a toda prisa no hay despedida
nota justificativa o teléfono de contacto sólo dudas
todos los hombres son príncipes a las cinco de la mañana

todas las putas son tú cuando despiertas y no hay nadie

Pablo García Casado, Las afueras, 1997

Y me es agradable en septiembre
que la que tiene coñito tierno
considere y se acuerde de cómo lo hago;
yme satisface la mocita que no me dé nada y me prometa,
y que sea tramposita en amistad.

Daniel Arnaut, s. XII


SPRING STREET

No me vengan con cuentos. Que la vida
es algo espiritual y, por lo tanto,
superiores los bienes del espíritu.

Que el ser útil, cuidar a los enfermos,
el teatro, la pintura, libros, música,
los deportes, el cine, el gran dinero...
al ánimo lo colman las delicias.

No me expliquen historias infantiles.

El deleite supremo es el orgasmo.
Lo demás son tan sólo leves signos,
pobres insinuaciones del placer
que uno obtiene acostándose con chicas

y eyaculando en ellas como un dios.
Para otros esos gustos secundarios.
Para mí el goce intenso: la mujer.

José María Fonollosa, Ciudad del hombre:New York, 1998 (escrito en los años 60)


Cuando tengo que defenderme de los Adoradores de la Poesía Bonita Hermosa y Bella, les recuerdo que Bécquer era muy conocido en los burdeles de Madrid.
 
octubre
Un calendario. Versión publicitaria y versión marca blanca.







Para empezar bien el mes.