alianza de civilizaciones
Yo no he disfrutado lo que me hubiera gustado de las ventajas de la globalización, lo que me ha llevado a mentir bellacamente para salvaguardar el tipo en más de una ocasión. Pongamos por caso la vuelta al cole en septiembre, 14 o 15 años. Entonces se trataba sólo de cambiar babillas y algún intento de masturbación con otras Comunidades Autónomas. Si tenían lengua propia, rechachi, aunque cualquier abanderado de ciudad de más de un millón de habitantes solía valer.
-Yo este verano he estado con un madrileño, un vasco y un catalán.
- Un catalán, ¡puajj, qué asco! (esta era siempre la ennoviada precoz).
-Yooo, mmm (hacemos repaso mental... Tomelloso me parece que no va contar). Ah, sí, claro, claro, con un valenciano.
Al año siguiente era mucho peor, porque mis compañeras ya hacían de botellón con sus hermanos mayores cuando iban a la playa.
- Jo, tía, este verano he conocido a un italiano que me hablaba en italiano.
- Pues como los españoles, nada (la novia precoz, ya cornificada con una alemana)
- Bueno (otro repaso mental.. Medina del Campo y Móstoles no van a contar tampoco)... yo... yo estuve con un inglés.
- ¿De los del intercambio? Pero si vinieron en Semana Santa.
- Ya, pero seguimos escribiéndonos.
Rdo. de Vizcaya (ver sombrero)
Para remediar estas carencias educativas, la UE dispone de varios programas de becas universitarias que si se hubieran hecho extensivas a la población general, otro gallo hubiera cantado con la Constitución Europea.
A los veinte se me plantearon tres opciones para seguir haciendo como que estudiaba. Universidad católica en Bélgica, Paris-Francia o Portugal. La última, a cuatro horas en coche, ni me lo pensé. Eso no era ni extranjero ni nada. Total, que sin ningún interés previo en la cultura gala excepto el francés (oral) que practicaba muy aplicada cada vez que podía, aunque pocas veces para nota, aterricé en una residencia de estudiantes que era un putiferio, con perdón.
Aquello era un auténtico paraíso que no supe valorar en su justa medida. Tenía sus pegas, como ir al mercado y que te persigan media hora implorando que necesitan conocerte en profundidad (que una era más joven y más boba, pero no tan tonta, y pasiones como para cruzar un barrio entero en horario laboral tampoco ha despertado nunca).
Y tenía sus pequeñas recompensas, como hacer un descanso en una biblioteca pública y que un amable joven te haga un masaje tradicional africano -para relajarte- en un pasillo y acabes medio en bolas en el lavabo de la biblioteca quedando para otro masaje, que estás muy tensa, en su casa o en la tuya.
Aquellos hombres maravillosos no eran ni más altos ni más rubios ni más guapos, pero a tu misma edad follaban entresemana (sin pareja, si no no tiene gracia) y no necesitaban tres copas de más para iniciar transacciones.
Yo intenté ampliar mi curriculum, para cuando volviera, pero es que a mi las zonas en vías de desarrollo, Carabanchel y Aluche incluidos, me han sacado siempre de muchos apuros y claro, volvía a los repasos mentales (y encima después de las Torres Gemelas no se puede presumir mucho de conocer el Magrheb) y al final sólo podía reconocer una aventura:
- Pues yo tuve un novio indio. Pero indio de la India, de donde los elefantes.
- Hala, que exótico.
- Je, je, síii (y tanto que era exótico, yo creyendo que se dedicaban a rezar mantras y no a coleccionar el Penthouse en carpetitas negras).
¡Qué tiempos! ¡Ay, que nostalgia cacharrera! ¡Qué desperdicio de juventud!
Al final le he tenido que dar la razón a mi madre con eso de que si me hubiera ido con dos o tres años más hubiera aprovechado mejor el tiempo.
Por supuesto.
-Yo este verano he estado con un madrileño, un vasco y un catalán.
- Un catalán, ¡puajj, qué asco! (esta era siempre la ennoviada precoz).
-Yooo, mmm (hacemos repaso mental... Tomelloso me parece que no va contar). Ah, sí, claro, claro, con un valenciano.
Al año siguiente era mucho peor, porque mis compañeras ya hacían de botellón con sus hermanos mayores cuando iban a la playa.
- Jo, tía, este verano he conocido a un italiano que me hablaba en italiano.
- Pues como los españoles, nada (la novia precoz, ya cornificada con una alemana)
- Bueno (otro repaso mental.. Medina del Campo y Móstoles no van a contar tampoco)... yo... yo estuve con un inglés.
- ¿De los del intercambio? Pero si vinieron en Semana Santa.
- Ya, pero seguimos escribiéndonos.
Rdo. de Vizcaya (ver sombrero)Para remediar estas carencias educativas, la UE dispone de varios programas de becas universitarias que si se hubieran hecho extensivas a la población general, otro gallo hubiera cantado con la Constitución Europea.
A los veinte se me plantearon tres opciones para seguir haciendo como que estudiaba. Universidad católica en Bélgica, Paris-Francia o Portugal. La última, a cuatro horas en coche, ni me lo pensé. Eso no era ni extranjero ni nada. Total, que sin ningún interés previo en la cultura gala excepto el francés (oral) que practicaba muy aplicada cada vez que podía, aunque pocas veces para nota, aterricé en una residencia de estudiantes que era un putiferio, con perdón.
Aquello era un auténtico paraíso que no supe valorar en su justa medida. Tenía sus pegas, como ir al mercado y que te persigan media hora implorando que necesitan conocerte en profundidad (que una era más joven y más boba, pero no tan tonta, y pasiones como para cruzar un barrio entero en horario laboral tampoco ha despertado nunca).
Y tenía sus pequeñas recompensas, como hacer un descanso en una biblioteca pública y que un amable joven te haga un masaje tradicional africano -para relajarte- en un pasillo y acabes medio en bolas en el lavabo de la biblioteca quedando para otro masaje, que estás muy tensa, en su casa o en la tuya.
Aquellos hombres maravillosos no eran ni más altos ni más rubios ni más guapos, pero a tu misma edad follaban entresemana (sin pareja, si no no tiene gracia) y no necesitaban tres copas de más para iniciar transacciones.
Yo intenté ampliar mi curriculum, para cuando volviera, pero es que a mi las zonas en vías de desarrollo, Carabanchel y Aluche incluidos, me han sacado siempre de muchos apuros y claro, volvía a los repasos mentales (y encima después de las Torres Gemelas no se puede presumir mucho de conocer el Magrheb) y al final sólo podía reconocer una aventura:
- Pues yo tuve un novio indio. Pero indio de la India, de donde los elefantes.
- Hala, que exótico.
- Je, je, síii (y tanto que era exótico, yo creyendo que se dedicaban a rezar mantras y no a coleccionar el Penthouse en carpetitas negras).
¡Qué tiempos! ¡Ay, que nostalgia cacharrera! ¡Qué desperdicio de juventud!
Al final le he tenido que dar la razón a mi madre con eso de que si me hubiera ido con dos o tres años más hubiera aprovechado mejor el tiempo.
Por supuesto.
Comentario:
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Tienes razón era italiano :)
Comentario:
Nadia: pues, creo que no digo nada de que hablase en portugués a nadie. Voy a remirar, a ver si me aclaro.
Príncipe: la cosa de las lenguas extranjeras es que nunca sabes a qué dices sí y a qué dices no. La mayoría de las veces es frustrante. Pero a veces tiene su cosa...
Príncipe: la cosa de las lenguas extranjeras es que nunca sabes a qué dices sí y a qué dices no. La mayoría de las veces es frustrante. Pero a veces tiene su cosa...
Comentario:
No he entendido eso de que le habalsne en Portugués ¿para qué querían que le hablasen? :)
Pues sí bendita globalización humana.
Saludos
Pues sí bendita globalización humana.
Saludos
Comentario:
Ummmm culturas externas y globalizadas... Reconozco que me atraen todas, aunque por lo que sea siempre acabo volviendo al provincianismo de nuestr piel de toro. ¿Será por que en el arte del fornicio las españolas siguen siendo las que más gracia me hacen? Será, será... al menos cuando me dicen guarradas no tengo que tirar de diccionario. Vas Paña!!!! :p
Besos Húmedos
Besos Húmedos





