Sexo de andar por casa
El blog de Sexo más divertido
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- A puntito: Siempre dispuesta a dar placer
- Loco_motoro: Lo mejor es hacerlo a todo tren
- Tántrica: Defensora del sexo ideal
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Sindicación
 
Desde que se nace, apetece. Y mucho.
Quien dijo que la primavera la sangre altera es porque en invierno se le congela, porque lo que es yo también en verano y en otoño la tengo que me revienta. No practicar sexo es malo para todo: para el carácter, para el organismo y sobre todo para la pernera. Tanto comprar boxers Calvin Klein y Dolces a lo Gabana para que se dé de sí la tela con tanta excitación por la mañana. Y es que si ya de por sí el calor que sufrimos es duro, más sufrido es el tenerla siempre dura. Tangas rosas a la vista, torsos desnudos en cada esquina y escotazos de vértigo para hacernos a los salidos la vida sexual mucho más intensa.


Esta mañana, por ejemplo, ya me he levantado contento de mis citas con la Pataky y mi Longoria y nada más salir a la calle, ahí estaba la vecina, que de envidiar a las de Maxim ni pizca, y ¡hala! otra vez a desahogarme arriba. Pero si ya he llegado tarde al trabajo, la pausa para el café ha tenido que ser en el baño, porque parece mentira cómo eligen hoy a las becarias y cómo mejoran las compañeras habituales con minifalda. Poco me falta ya para ganar a la Bermúdez, porque como siga así la temporada seis por hora no me dan ni para calmarme a primera hora. Y esto sólo por la mañana, porque luego llega la tarde y en la piscina mis ansias se desatan, y a ver quién es el listo que sale del agua marcando el tema.

Pero si escribo esto, es porque tengo un grave problema... se acerca una cita importante con mis amigos para hacer una barbacoa en plan comando, es decir en pelotas para tostar culo y vergüenzas. Y aunque ya me han visto mil veces desnudo, no todos me han visto contento y con ganas de ese tipo de fiesta. Así que no nos engañemos, el verano se presenta mucho peor que la primavera, aunque espero que un poco mejor que lo próximo que venga.

Loco_motoro
 
¿Chica Cosmo? No, gracias
Mr. Catenaccio me recordó mi pasado con la Cosmopolitan, no siempre satisfactorios... Soy muy consciente de que hay que rellenar muchas páginas y nada más lejos de mi intención que criticar a las redactoras de tan exitosa revista. Pero nadie me dijo que no todo lo que ponía en sus páginas era psinónimo de éxito seguro…

Y claro, no mola descubrir por ti misma que no todo funciona igual con los tíos. Por ejemplo (también recojo testimonios de amigas cosmo-damnificadas), ”¿Se ha instalado el aburrimiento en tu dormitorio? No te preocupes, pasa por un sex-shop y compra unos juguetitos, a tu novio, ¡le van a encantar!” Y claro vas tú, toda decidida, moderna y abierta de mente, y apareces con unos juguetes que dejan estupefacto e intimidado a tu chico que te pregunta que porqué te ha dado por ahí…Y de repente sacar a luz a la revista en cuestión te parece más que ridículo y juras no volver a hacerla caso, pero vuelves a caer en la tentación…

“Novedad. ¿Sabes que ‘el punto G’ de tu chico está en el ano? Prueba a meterle un dedo y aullará de placer.” Estupendo, piensas tú, mi chico se va a acordar de esta noche toda la vida… y se acordará, pero no en el sentido esperado… Llegado el momento en plena acción, los dos desnudos en la cama, decides pasar a la acción y vas bajando tu mano sutilmente hasta meter el dedo donde se supone que tu chico aullará de placer. Pero el bote que pega no se puede describir y su mirada de ¿qué diablos (en plan fino) estás haciendo?!!, tampoco… Entonces tú ya no sabes si es que Cosmo se equivoca en todo (que tampoco), que tu chico es rarito o que tú eres la rarita…

”La importancia de hablar en la cama. La comunicación es muy importante y tienes que ir diciéndole a tu chico lo que te gusta que te haga, lo que no, donde quieres que intensifique sus fuerzas…” Estupendo, piensas, mis relaciones sexuales van a mejorar sí o sí. Así que haces caso a la Cosmo y empiezas a narrar tus sensaciones: no, más abajo, cógeme de aquí, cómo me gusta que me hagas esto, ¿así voy bien?.... hasta que tu pareja te manda convenientemente callar para centrarse en lo que está haciendo. Y tú en el fondo, lo agradeces.

Así que, tras una juventud leyendo y haciendo caso de los artículos sexuales de la Cosmopolitan, llegó un momento que aposté por hacer caso de mis instintos que al menos, son míos.

Tántrica
 
Unas velas a San Flavio
Lo he decidido…voy a convertirme en el perfecto Playboy. Gafas de sol de diseño italiano, pelo engominado, la camisa abierta y la media sonrisa "baja bragas" a lo James Bond…lo tengo todo estudiado, he visto como visten y actúan esos playboys, la seducción no tiene secretos para mí. Mujeres del mundo ¡Cuidado! mi mera presencia provocará humedad en vuestros sótanos.

Ya sólo me falta ponerle unas velas al maestro de maestros…San Flavio Briatore, con esa barriga y esa pinta de mafioso ha gozado de las caderas de la Campbell, de la Klum y las de la desconocida (al menos para mí) que se está beneficiando ahora y que está más buena que el queso mozzarella.

Seguro que os preguntáis ¿Cómo es posible que Briatore esté con mozas mucho más potentes que todo un campeón de mundo como Fernando Alonso? Porque San Flavio tiene ese algo que las vuelve locas…esa esencia de playboy. La opción B (que tampoco descarto) es que Fernando Alonso sea idiota o que Lobato, que no le deja vivir al chaval, espante a todas las chatis potentes que abundan en los circuitos de Fórmula 1.

Muchos de vosotros diréis que Flavio tiene tanto éxito entre las féminas porque está forrado de pasta ¿Acaso no leéis el Cosmopolitan? Las mujeres no son superficiales, sobretodo las top-models, ellas buscan un hombre que las comprenda, las escuche y se desviva por ellas. Como Flavio, que incluso se las lleva a los grandes premios y las disfraza de mecánico de Renault.

Otros pensaréis “Seguro que el Briatore ese la tiene como un cañón de artillería pesada”, pues queridos lectores (aunque ignoro el tamaño de los atributos del Playboy italiano) estoy seguro de que esa no es la clave. Está claro que no sabéis nada de mujeres ¿Nunca habéis oído que el tamaño no importa? A ver si aprendéis a tratar a las mujeres con más delicadeza, ellas no buscan a un hombre que la tenga como un caballo, buscan a alguien que las trate como una reina, como hace Briatore… mientras le duran.

Rendíos a la evidencia, San Flavio Briatore debe ser nuestro líder espiritual en la conquista de los dormitorios de las mujeres más deseadas, seguid sus dictados como voy a hacer yo y seguro que mojáis el churro como campeones. Yo ya me he comprado su estampita y le voy a poner unas velas para ver si me socorre.

Mr. Catenaccio
 
Lolita de verano
Vacaciones 0, Oficina 1. Me he vuelto a quedar currando mientras todo el mundo ha huido a la playa. Llevo una semana solo en casa y no aguanto más. Mi imaginación se ha disparado y todo gracias a la becaria que mi jefa decidió contratar para el verano: una Lolita en todo su esplendor (mayor de edad y creo que curtida en ciertos temas, no quiero escandalizar a nadie).



Ayer mismo, en la fuente de agua fría: ella sólo estaba bebiendo del chorrillo (qué labios, Diossssss) y recordé una escena de El corazón del Angel, en la que Lisa Bonet refresca su nuca bajo el grifo, mientras el agua resbala por su rizado pelo negro y empapa la pechera de su fino vestido. Vale que la becaria llevaba un polo negro y vaqueros ajustados, pero es lo que tiene la imaginación.

Atención, acaba de levantarse. Me da la espalda y se para a hablar con mi compañera, con los codos en su mesa. Se agacha…y me muestra la tirita de su tanga rosa!!! Arrrrggggggg no puedo soportarlo. Creo que lo hace con toda la intención. ¿Creo? No: seguro que lo hace para llamar mi atención. Lo ha conseguido. Tengo mis cuatro sentidos pendientes de ella. Concretamente de la tira de su tanga rosa.

Vale ya!!! Así no se puede trabajar!!! O se tapa un poco más o me piro a la playa, con mi chica y su madre. No sé si podré aguantar lo que queda de mes antes de explotar. La próxima becaria que sea Betty la Fea, por favor.

Lingus
 
El coño teratológico
Tengo problemas desde que he empezado a escribir aquí. Algunos amigos se quejan de que sólo cuento sus historias. Dicen que no me pringo. Tienen razón. No voy a andar con jerigonzas: hoy voy a hablar de mí.

Recuerdo perfectamente la primera vez que metí un dedo en el coño de una mujer, por ejemplo. Estábamos en casa de ella, en su habitación, era verano y hacía un calor insoportable. La primera vez, de lo que sea, se define como el momento preciso en que uno tiene que hacer todo lo que sea con tal de que no parezca la primera vez. A ningún hombre le gusta admitir que no tiene ni puta idea de meter un dedo. No es lógico: nadie nace sabiendo. Pero da lo mismo porque todos terminamos haciendo una performance con tal de que ella piense “Dios, ese dedo ha entrado en más coños que huellas tiene el pasamos de la escalera del metro“.

Volviendo a mi historia, recuerdo que deslicé la mano hasta la entrepierna de ella y entonces ocurrió algo sorprendente. Aquello no era como yo me lo había imaginado. ¡Era el coño teratológico! Bien, empecemos por lo primero: el orificio no estaba exactamente en el lugar esperado. Segundo: la orografía de los alrededores tampoco se ajustaba a la idea que tenía en la cabeza. Tercero: el ángulo de entrada era desconcertante.

Con el paso del tiempo he llegado a comprender lo que ocurrió. La ansiedad me pudo. Quiero decir que debí esperar a tocar un coño de verdad para tener uno imaginario; yo en cambio tuve un coño imaginario y, muchos meses después, accedí a uno de verdad. Resultado: desencuentro brutal entre mi mente y el mundo; el mundo de los coños, claro.

teratológico, ca.

1. adj. Perteneciente o relativo a la teratología.
2. adj. Monstruoso, deforme.

teratología

1. f. Estudio de las anomalías y malformaciones del organismo animal o vegetal.

Ataraxia
 
A por la chistera sexual... en busca del conejo
El armario es el elemento sexual por antonomasia. Los amantes sorprendidos se meten, los gays liberados salen, los más atrevidos lo hacen dentro y los que no disponen de un cómplice para estas variedades, guardan en él los juguetes que les ayudan a disfrutar de sus ratos de libidinosa soledad. Lo bueno de esto es que todo el mundo tiene un armario en su casa. Alguna ministra con despacho zen, a lo mejor no, pero sólo es cuestión de tiempo que caiga en sus cualidades y se replantee lo de habitáculos de treinta metros cuadrados en los que como no sea un armario-cuarto de baño-cocina (algo la mar de cómodo para la actividad sexual, ¡quién no ha soñado con hacerlo al mismo tiempo en tres sitios a la vez!), la verdad es que resultará muy difícil ocultar o sacar nada de ahí.

Yo confieso. Mi armario contiene la mayor colección de pelis porno que mi “sobria” (por ser bastante generoso con el calificativo) economía me ha podido facilitar. Y admito que aunque nunca lo he hecho dentro, sí que ha calentado a mi pareja hasta el punto de terminar eligiendo una al azar e imitar fidedignamente lo que en ella se gemía.

Juegos aparte, creo sinceramente en las cualidades del armario. Si de pequeño ya ocultaba a mis compañeros de pesadillas... los monstruos del moco colgando; de mayor guarda mis esperanzas... que de él salga Celia Blanco en carne y hueso dispuesta a hacerme sentir el mejor actor con el que ha trabajado en su vida. Así que ya sabéis, poned un armario en vuestra vida y llenadlo de mujeres, hombres y fantasías.

Loco_motoro
 
Injusticia entre sexos
Perfecto que hombres y mujeres sean distintos, quizá lo divertido sea eso… Pero… Qué ambos sexos lleguen a la madurez sexual a distinta edad, ¡eso sí que es abominable!!! Además no es una cuestión de añitos… No… Hablamos de 20 años de diferencia entre plenitudes.

Los hombres con 20/25 añitos son máquinas cargadas de esperma dispuestas a repartir a quien se les ponga por delante, capaces de llevarte al 7º cielo porque echan uno y otro y otro más… Son completamente conscientes de lo que son capaces de hacer con su cuerpo y disfrutan del sexo sin límites. Se gustan así mismos, buscan descubrirlo todo y te invitan a todas las cosas que les pase por la cabeza. Pero las mujeres… Ay las mujeres…

Las mujeres con 25 años están saliendo de sus complejos, de su educación machista, de sus prejuicios… Y claro… No es que no disfruten del sexo, sino que no suelen llegar a los extremos a los que su cuerpo es capaz de soportar.

Una mujer con 40 es cuando está completamente llena… Se conoce a la perfección, y sabe lo que quiere cuándo y dónde, y pide, y goza y ¡grita!!! Ya no le importa si tiene celulitis en los muslos, tripa-coco o pies de espanto… Ella sólo quiere gozar porque se gusta mucho y su madurez roza casi la perfección. Otra cosa es que ande cansada por los hijos, el trabajo, las preocupaciones… Pero si se pone, ¡puede matarte del placer!

Así que no me extraña nada que los jóvenes se mueran por conquistar a una madurita experta y que las cuarentonas coqueteen ante jovenzuelos efervescentes… Si un chico de 22 se une con una mujer de 43… ¡puede arder Troya!

Animo a los sexos a que se unan en sus plenitudes… Aunque sólo sea una vez y sin que nadie se entere…

Mia

 
Mucho "de eso" donde elegir
Hace más de 100 años, Apollinaire escribió una pequeña novela Las hazañas de un joven Don Juan en la que su autor utilizaba nada menos que 28 sinóminos para referirse al miembro masculino. Como podéis imaginar el traductor de la obra al español lo pasó bastante mal: "Los términos eróticos empleados en francés son de una precisión y un refinamiento extraordinarios. El vocabulario sexual castellano es más pobre, más vago..."

Aparato, arma, cola, columna, dardo, florete, instrumento, jarabe, machete, manivela, miembro, palillo, partes genitales, partes naturales, partes sexuales, partes viriles, pendolón, pene, picha, pichulina, pija, pijo, pinga, pirula, pirulo, polla, poronga, salchicha, últil, verga...

Pues menos mal que el castellano es vago. ¿No se referiría el traductor al hombre castellano en lugar de a la lengua como tal? Para que luego digan que no hay donde elegir. Será por miembros... ¿O será que el francés es mucho más que todo eso?


Pirindulilla, dedicado a María H Martí.

 
Un combinado... que me siento ambiguo
- A mí me gusta el helado de chocolate ¿vale?, pero eso no quita que en ocasiones me apetezcan unas bolas de vainilla...

- Entiendo, hijo mío, sin embargo a Dios le gustaría que sólo te inclinases por comer el de chocolate.

- Pues si Dios quería eso, que no hubiera sido tan jodidamente generoso a la hora de crear sabores. Porque seamos sinceros, quién puede ser tan imbécil de conformarse con un vulgar cucurucho existiendo la Copa Fantasía o el Banana Split.



Original, cuanto menos, la explosión multicolor a la que lleva el orgullo de cada día a los abanderados del “todos somos en el fondo bisexuales”. ¿En el fondo o en las formas? Personalmente no creo en las etiquetas, y creo que mi novi@ tampoco. Vivimos el sexo sin complejos y no puedo entender cómo alguien puede implicarnos en si somos o no una familia. I am what I am, y si quiero un helado de chocolate con vainilla, nata y sirope de fresa, que se fastidien los que por conformarse con la mierda del helado dietético nos miran con mala cara al resto.

Porque siendo yo sincero, siempre que me he enamorado no he tenido ningún condicionamiento por si el sabor era el globalmente aceptado o el marginado. Y ahora, con la tremenda variedad que existe, mucho menos. Lo importante es comer y comer a gusto.

Loco_motoro

 
Excursos en el fragor de la batalla
Antes de empezar creo que es necesario presentar unos axiomas fundamentales referidos a mi persona: los seres humanos me aturrullan incluso en dosis bajas. Mis amigos y conocidos no terminan de entenderlo. Entro en la panadería y la dependienta me dice “Buenos días”: pues bien, yo lo percibo como una intromisión inaceptable en mi intimidad. ¿Qué pretende? ¿Hablar? ¡Santo Dios! Mi madre suele espetar: “¿Y a ti que es lo que no te agobia?”. “Nada”, respondo. “Vivo en un estado permanente de terrible alerta”, agrego.

Todo es un problema de comunicación. De exceso de comunicación, concretamente. Defender esta tesis no me aupará en loor de multitudes, pero es lo que pienso. Estás ahí, entregado a la ardua tarea de follar y de repente “¿Cómo vas? ¿Qué te parece si…?”. ¡Eh! ¡Que estoy concentrado! Es lo mismo. Al final uno tiene que actuar como si estuviera en un submarino de la Segunda Guerra Mundial, diciendo en voz alta: “Diez metros y bajando. Siete metros y bajando. Medio metro y…”. ¿Qué ha sido de la comunicación no verbal? ¿Qué ha sido de la no comunicación? ¿Por qué el silencio está tan poco valorado en nuestros días?

Ana, una amiga, tuvo hace unos cuantos años un novio, Pedro. El novio era inexperto y estaba ciertamente desnortado por la idea de mantener una relación con una tía por primera vez. Hasta aquí todo bastante común. De vez en cuando quedaban en casa de Ana a follar. Justo antes de empezar, el novio se volvía loco y empezaba a correr cortinas, cerrar persianas y atrancar puertas. Ana sentía que estaba follando en una celda de una prisión de máxima seguridad. Los comienzos eran abruptos, pero no estaban mal. Y entonces, en mitad del fragor de la batalla, un excurso: “¿Te importaría tocarme la zona del perineo con la base del dedo anular?”. ¿Cómo? ¿Qué? ¿El qué? ¿Con qué? ¡Venga ya!

Pedro sabía nombrar todas las partes del cuerpo empleando palabras cultas. Es más, se sentía incómodo diciendo por ejemplo polla, o ya no digamos soltando un tradicional “¿Me chupas la polla?” –esta frase ha marcado un antes y un después en las fiestas de Navidad de mi oficina, pero eso lo contaré en otra ocasión-. En mitad del acto, que diría Pedro, Ana se veía interrumpida por todo tipo de comentarios o peticiones sorprendentes. Se estaba volviendo loca. Era como acostarse con el ginecólogo, como si él estuviera dando una clase delante de un grupo de alumnos de medicina que afanosamente toman notas: “Oh, sí. Le ha pedido que le toque la cresta coronal del glande. Claro, claro. La cresta. Qué interesante”.

A mí no me gusta que me hablen. En general, digo. Si además estoy follando, menos todavía. Hace que me desconcentre, es fastidioso y molesto. La frase no es mía pero follar es una tarea compleja y ardua; justo cuando crees que está a punto de pasar algo, va y no ocurre. Por favor, no interrumpan.

excurso.
(Del lat. excursus).
1. m. digresión.

digresión.
(Del lat. digressĭo, -ōnis).
1. f. Efecto de romper el hilo del discurso y de hablar en él de cosas que no tengan conexión o íntimo enlace con aquello de que se está tratando.

Ataraxia
 
“Chic@ busca lo que sea contigo... si es un 69 mejor que mejor”
Hay que tener tres cosas claras en el sexo: si se teme causar trastornos es mejor no practicarlo, la carne y el pescado son para comerlos y todos somos capaces de sorprendernos a nosotros mismos (y por consiguiente más aún a nuestras parejas).

Por ejemplo, un amigo de un amigo (o sea yo) no concebía la asociación internet-amor-sexo. ¿Enamorarse vía chat? Por favor, eso es sólo carne de cañón para blogs como éste. Los que buscan (vale... buscamos) sexo en la red es precisamente porque el cristal de la pantalla sirve de condón protector de toda realidad. En internet (todavía) no hay roces, no hay atracción real, no hay verdad. Y precisamente por eso, mi amigo se divirtió pasando el rato ligando, diciendo la verdad sobre él y sobre sus deseos. La sorpresa vino cuando se encontró a su alma gemela chateando con él, y tras el riesgo de enfrentarme a su presencia cara a cara, resultó que los sentimientos de las palabras compartidas eran perfectamente compatibles con la pasión carnal que experimentaron. Que los dos dijeran la verdad en un entorno que se presta mayoritariamente a la mentira les salió de vicio.

Consejo: verdad no es sinónimo de sinceridad absoluta, “tío feo busca desesperadamente meterla donde sea” y “tía gorda ansía plátano para dieta y ejercicio” no ponen a nadie. Y bueno, como último recurso siempre se puede pensar en Blanco (Celia) y su compañero de faenas Nachito Vidal, todo sea por hacernos la vida más agradable, sexualmente hablando.

Loco_motoro