Sexo de andar por casa
El blog de Sexo más divertido
Acerca de

- Agrosex: Porque el sexo en el pueblo es otra cosa
- A puntito: Siempre dispuesta a dar placer
- Loco_motoro: Lo mejor es hacerlo a todo tren
- Tántrica: Defensora del sexo ideal
- Mr. Catenaccio: La honestidad más brutal
- Mia: Lo mejor de hacerlo es contarlo.
- Ozule: Sin tabú alguno
- Aliena: Antes muerta que sin...sexo!
- Sesión Golfa: Lo mejor...siempre al final.
- The BuzzCock: Sin fronteras
- Misionero: Menos innovar y más copular
- La Trotona: En busca de una buena montura
- MissClimax: Provoca altas temperaturas

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Sindicación
 
El hotel de enfrente
Hay una mujer desnuda.

Son las once de la noche y en el hotel Excelsior se adivinan pocas luces encendidas. Con mis prismáticos oteo en busca de más figuras humanas que se dejen ver, pero sólo encuentro televisiones encendidas en el resto de las habitaciones.

Vuelvo a la mujer desnuda.

Desde la ventana de mi cuarto estoy a buen recaudo. Puedo hacer mis ejercicios de voyeur sin ser descubierto. Como mucho, la mujer desnuda verá una figura en penumbra, en una casa del edificio de enfrente. Pero yo, gracias a mis prismáticos, sí que la veo.

Y la veo bien.

Treinta y pocos, de pelo negro y moreno. En la distancia, sus curvas se anuncian peligrosas. Las tetas son pequeñas pero firmes, como las de una niña de dieciséis. No tiene vello púbico. Las piernas son largas, tal vez demasiado para su estatura. No debe medir más de uno sesenta. Es pequeñita, pero bien hecha. Unos centímetros más harían de la mujer con cuerpo de niña una mujer con cuerpo de mujer. Me gusta más así. Rasgos infantiles edulcorando a una hembra madura. Fuma un cigarro con calma. Se pasea por su habitación, por lo que sólo la veo a intervalos cuando vuelve a pasar frente a la ventana que a mí me sirve de mirilla de intimidades.

Ha abierto la ventana y se ha quedado inmóvil ante ella. Y estamos en enero. Los pezones se le han puesto como escarpias. El cigarro casi consumido aún se sostiene en su boca. Una erección se empieza a hacer notar bajo mis pantalones. Es la primera vez que logro ver a una mujer desnuda en el hotel de enfrente. Y encima no hace por vestirse, o por correr las cortinas, o por apagar la luz. No. Abre la ventana y se queda con ella como marco. Como si quisiera ponérmelo más fácil. Pero no me puede ver.

Se está exhibiendo. Y yo soy un espectador de lujo.

Para mí, ya no hay más habitaciones en ese hotel. Sólo me despierta interés la habitación que se corresponde con la décima ventana, contando desde la derecha, del segundo piso. Bueno, no sólo interés. El ansia de sexo también se despierta en mi cabeza. Vuelvo a contar. Sí, es la décima ventana. Me pregunto que número habrá en la puerta. Tal vez un doscientos diez. Me imagino llamando, a la mujer abriéndome, igual de desnuda que en la ventana, y luego cogiéndome por la camiseta y metiéndome para adentro para satisfacer los deseos que la han llevado a posar sin ropa. A posar para mí. He visto suficientes películas como para saber que eso no es imposible. Con un bulto cada vez más incipiente en la entrepierna, bajo los prismáticos. Enciendo la luz de mi cuarto y abro la ventana. Me quedo mirándola, esperando que algún gesto suyo me diga que me ha visto. Ni se inmuta. Me quito la camiseta. Me castañean los dientes, pero aguanto el frío invernal. De repente una ola de calor me hace sudar.

Me está mirando.

Me arranco y la saludo con la mano. Como si fuera una amiga. Nada más hacerlo me arrepiento. Mierda, me digo. Un auténtico hombre no la hubiera saludado. Un macho apreciable ya estaría desnudo frente a su ventana. Pero las películas sólo son películas. Y es que es ella ahora la que me saluda a mí. Yo diría que está sonriendo, pero sin los prismáticos la cara no es más que un borrón pálido. Lo que sí puedo ver es como su mano derecha tira el cigarro por la ventana para luego perderse en su sexo. Esto no pasa en las películas. Ni en las de Rocco Sigfredi, ni en las de Nacho Vidal, ni en ninguna de las porno que me he visto. Y son muchas. Petrificado asisto al espectáculo más erótico de mi joven vida. Sólo había visto a Andrea masturbarse. Fue el año pasado, en una fiesta en su casa. Yo me quedé a dormir. Me levanté el primero de los seis que estábamos tirados en el salón. Abrí la puerta de su cuarto, pues alguien me había dicho que Andrea solía dormir desnuda. Y no sólo lo estaba sino que se masturbaba con fruición. Ella no reparó en mi presencia. Pero la mujer de la ventana no sólo sabe que la estoy mirando, sino que se está frotando porque sabe que la observo.

Reacciono por fin.

Mis pantalones están por los tobillos. El frío me estimula más si cabe, por lo que, para mi orgullo, debo estar más duro que nunca. Sin pestañear, busco sus ojos en una cara que no distingo bien.

Pero no son los ojos lo que encuentro.

Encuentro su boca abierta. La mano ya no está en su sexo, está tapando su boca, como si se riera.

Se está riendo.

No me da tiempo a pensar el por qué. Mi madre está detrás mío, escandalizada y llamando a mi padre para que venga a ver lo que está haciendo el cochino de su hijo.

Sesión Golfa

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El día después...
No, no voy a hablar de la píldora del día después sino de algo que no se puede solucionar con una pastilla: las actuaciones, más o menos vergonzosas, más o menos ridículas, durante las fiesta de empresa.

¡Ay qué malo es el alcohol! o bueno, según se mire... El caso es que en una noche nos hace cometer locuras con compañeros de trabajo con los que ni nos atrevemos a darnos los buenos días el resto del año.

Se dan situaciones de lo más surrealistas en las que se puede ver a una superjefa bailando a lo Demi Moore en Striptease, a chico tímido de la esquina subido a la barra del bar dándolo todo, o la becaria nueva dejándose querer...

De hecho conozco casos en los que en el día después, más de una que se ha despertado en casa ajena sin querer mirar a la cara a su partenaire, intentando recordar en qué momento de la noche, se lió con el de contabilidad que además de molarle, fue el con el que se lió su compañera el año pasado...

Pero ya es un parte más de la Navidad, nochebuena, nochevieja y ... ¡fiesta de empresa!

Y vosotros, ¿alguna anécdota interesante de fiestas de empresa??

Tántrica
 
Sexo Oral o Guarrichupeo - Volumen II
[…]
¡¡Recuerda el volúmen I!!


Un poco violenta ante la duda de su amiga, le pregunta si en realidad LE GUSTA HACERLO…

Tímida al inicio, la morena rompe el hielo con ejemplos alimenticios:

“Pues es como con la comida… Si no te gusta algo, te lo comes con asco, como con grima, con ganas de que se termine cuanto antes… Pues con esto, pasa lo mismo. Si no te gusta de verdad comerte “un buen plátano” dudo mucho que lo saborees”

También la tranquiliza diciéndola que no se preocupe, que es una cuestión de práctica y sobre todo de confianza. La pelirroja no ha tenido pareja estable y eso se nota. Le explica la amiga que para una buena felación, no hay que tener vergüenza y que las mujeres disfrutan el sexo oral cuando se encuentran cómodas.


Después del viaje la pelirroja de bote se puso a tono con el pelirrojo natural. Y con el tiempo dio la razón a su amiga que sólo era una cuestión de tiempo, práctica y sentirse segura con la pareja.

La morena pensaba………….

¿Cuántas amigas le habían dicho que no las gustaba hacer el sexo oral?????

¿Cuántos amigos le habían hecho la misma pregunta????

La proporción era desmesurada.

Sólo conoció a un hombre que no le gustaba hacer cunilingus (vaya palabra) a su chica por el tema del olor y sabor… Yo no sé si es que la chica tenía un hedor fuerte o que el chico tenía algún trauma… Pero ellos normalmente han sido educados para “comerse un buen coño” y la verdad es que no entiendo porqué ellas tardan tanto en cogerle el gusto, porque sinceramente el miembro erecto masculino me parece más limpio y simplón (sin desmerecer) que el órgano de la mujer... Mucho más complicado y enmarañado.

En mi opinión y sin generalizar, a las mujeres al principio de sus experiencias sexuales, no les gusta hacerlo (sí que se lo hagan, ¡menudas listas!) y lo que ocurre es que lo hacen por complacer a su pareja. Y cuando lo hacen, cierran los ojos ya que prefieren no verlo y la garganta para que no se cuele nada…………….. Chicas, relajaros……… Se puede disfrutar MUCHO practicando el sexo oral. Y si es por el tema de olores y sabores, ducharos juntos antes para caldear el ambiente y te evitas flujos desagradables.

Lo dicho, qué viva el sexo oral.

Mia
 
¡Y yo con estos pelos!
¿Quién no se ha encontrado con un desagradable bosque hasta con matorrales en la entrepierna de su chica?, y ¿quién de vosotras no ha deseado alguna vez que vuestro hombretón recortara o depilara esos pelos tan largos que se te quedan en la muelas cuando estás jugando con sus bolitas?, lo sé este tema puede ser desagradable, pero queridos, la moda y el estilismo llegó, hace ya un tiempo, al vello menos aireado de nuestro cuerpo, y sé que a más de una y de uno les preocupa este tema…

Entiendo, aunque a lo mejor es mucho entender, que las mujeres cuidan su pubis, no hay cosa más desagradable que encontrar un ‘chichi’ melenudo, por eso hay muchas maneras de cuidarlo:

1.- La moda de quitar justo la línea del bikini, para mi gusto es poco arriesgado, y atractivo, aunque mejor que nada, quizás un poco más sería lo idóneo.

2.- Ingles brasileñas, consiste en dejar solo una tira muy, muy fina y vertical de vello en el pubis. Horrible.

3.- La moda Kojak, es decir, dejarlo, como un chupa chups, como una bola de billar, como cuando tenías 3 añitos. Desde mi punto de vista antihigiénico, los pelos están ahí para algo, por eso hay que dejarlos, pero cuidados…

4.- Para las más arriesgadas las opciones son infinitas…

La cosa es ¿cómo lo prefieren ellos?, hay gustos para todos, pero es un tema que ya está casi superado, a muchos les gusta sin ni un pelito, algún amigo mío me dice que es porque a vosotros os recuerda al de una colegiala, una niñita aún sin desarrollar y eso, eso os pone, aunque la teoría yo no la tengo muy clara, hay otros como los nipones, esto me ha dejado loca, así que atentos, que el felpudo les parece de lo más atractivo, por lo que usan productos de pelo artificial para acrecentar la melena. Sin comentarios.

Pasemos al tema masculino, lo siento, pero esto hay que hablarlo, porque vosotros, sí, sí vosotros pues también tenéis pelos desagradables, aunque penséis que no lo son. Hace poco hablando con amig@s surgió el debate de si ellos deben depilarse, recortarse, o arreglarse el pubis. Yo tengo mi propia idea, los del género masculino que se pasen por este blog, espero que dejen la suya propia. Desde mi punto de vista, que un machote se depile y se deje libre de pelos sus partes púdicas, pues no lo veo, vamos que es desagradable a la vista y al tacto.

Sin embargo entre mis amigos había opiniones diferentes, algunas del sexo femenino los prefieren a ellos con el pubis recortadito, ‘sin caracoles’, como dijo una de ellas, otros nunca se le había pasado por la cabeza pasarse el cortacésped, otros se quedaban asombrados, sin creerse que aun, a estas alturas, un hombre tuviera sus partes bajas como una selva amazónica … demasiadas risas y ninguna conclusión, solo un consejo: ¡Cuidar vuestras partes más preciadas, la carta de presentación es lo más importante!

A puntito
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El efecto mariposa
No, no me refiero a la famosa “mariposa” que se puede hacer en ciertos sitios que dejaré para otras entregas, si no que me refiero a como una mariposa bate sus alas en Pekín y en Nueva York llueve en vez de hacer sol. ¿¿Extrañados aún?? Bueno, el efecto mariposa se basa en que el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo, convirtiendo un simple aleteo en un huracán a cientos de kilómetros…o mejor dicho, que un pequeño toque puede revolucionarte más de lo que pensabas en un primer momento. ¿Cuántas veces un pequeño detalle, una nimiedad os ha dejado más locos de lo qué pensáis? Bienvenido al mundo del lenguaje corporal.

Estamos acostumbrados al estremecimiento de un muerdo espectacular, al morbo de un polvo sin igual y a cientos de experiencias directas y concretas, pero hay ocasiones en el que un pequeño detalle significa más que un beso o un abrazo, algo que de repente te deja quieto en el sitio pensando: “Guau…¿qué acaba de pasar?”. Por poner un ejemplo personal (que sería de un post sin el toque personal), en una ocasión lo que parecía una simple despedida se convirtió en una sorpresa agradable por una tontería…la leve combinación de un “hasta luego y una caricia inesperada en la barbilla”, hizo que de repente se me quedara cara de imbécil y me quedase en estado semi-estupefacto diciéndome a mi mismo: “¿¿Hola?? No sé si lo recuerdas, pero estás parado en mitad de una puerta, ahora es cuando te tienes que dar la vuelta y seguir andando…¿bien? ¡¡Pues hazlo mongolo!!”.

No hubo un polvo, no hubo beso, ni un abrazo…simplemente fue un toque, un leve aleteo que hizo que mi cerebro empezase a girar como un huracán. Me gustó, vaya que si me gustó el huracán. Entonces es cuando empiezas a comprender lo que significan las palabras “lenguaje corporal” y se te pone cara de imbécil al darte cuenta que te han revolucionado…Cuando menos te lo esperas. Ahora pequeños comentadores…contadme los huracanes que habéis vivido.

Ozule
 
Megavixens acabó su luto. ¡Tan pronto!
“Después de unos días de luto decides que ya has llorado bastante por tu ex, y que ni él, ni la tranx por la que te dejó merecen que derroches más lágrimas, es el momento ideal para cambiar de look y vas directa a que “La Mari” te retoque las mechas, te preparas para fundir la Visa en ese fantástico vestido de Dior que afortunadamente Amancio Ortega ha copiado para ti y para marcar ritmo con esos taconazos que te destrozan los pies pero que te hacen unas piernas que ya quisiera la puta de la Roberts en Pretty Woman. Sigues viva y hoy has salido con ganas de comerte el mundo, el mundo o lo que haga falta.”

En solo un par de horas había llenado mi agenda con los teléfonos de tíos a los que nunca llamaré y concertado cita con aquellos que me parecieron más interesantes, tres encuentros que sólo confirmaron lo equivocada que estaba con el sexo opuesto. Cada día que pasa pienso que soy un poco más hombre y que los hombres son un poco más mujer, siento que cambian las tornas y que vivo en un mundo al revés.

Primer encuentro.

Nunca he sido una chica fácil, pero hace ya algún tiempo que me olvide de ese tonto prejuicio que me impedía llegar a la cama la primera noche. Los chicos ya se han acostumbrado a recibir negativas y saben esperar, aunque no hacen ningún asco a un cambio de guión, o eso es lo que yo pensaba hasta que conocí al sujeto Nº1.

Number One me llevó a un restaurante caro y me regalo un rosa, suficiente para mostrar mi gratitud ofreciéndole la llave de mis piernas esa misma noche. Me llevó a casa y le invite a tomar la última, su reacción me hizo pensar que prefería que nos lo montáramos allí mismo, así que sin más preámbulos me dirigí hacia su cremallera. “¡Tan pronto!”-exclamó-, no podía creerlo, es la primera vez que un hombre mostraba resistencia a una felación, ¿pero a qué esperaba ese hombre? A que nos casáramos para que, al fin, en la noche de bodas recemos un Rosario y dos Padres Nuestros antes de un “No es por vicio ni por fornicio, sino para darte Dios un hijo” y comenzar un misionero con la luz apagada. Nunca un hombre me había echo sentir tan sucia, tantos años de lucha para conseguir que la mamemos y cuando conseguimos encontrarle el gusto a eso de lamer sólo se les ocurre decir “¡Tan pronto!”

Tan pronto como pude me baje del coche, sin poder agradecerle ni la cena, ni la flor, ni el paseo en auto, solo esperaba que mi cita número dos me deparara algo mejor.

Continuará...

Megavixens
 
Las reglas del sexo
Si Tántrica debía pecar de puta, yo creía que debía pecar un poco de conservador, pero en los últimos días me estoy dando cuenta que lo mismo no soy tan liberal como aparentaba. Cuando ligo con alguien una noche espero pasión, desenfreno, kamasutra… y la última vez me sorprendieron con abrazos, besos y caricias. Que sí, bonito y gratificante, pero chocante.

Por el contrario, tengo un amigo que lleva siete años (¡siete!) con su pareja y para ellos el sexo no es más que eso, sexo. Son capaces de hacer tríos, cuartetos, montárselo con quien les apetece y, aun así, guardarse el amor y el respeto de ser pareja. Lo sé, eso es más chocante aún. Siempre me he preguntado si sería capaz de mantener un relación abierta (quizá no tanto como la de mi amigo, pero de ese estilo) y siempre he llegado a la misma conclusión: ni de coña.

A mí me gusta que me dé abrazos, caricias y besos, una persona con la que he compartido algo más que dos copas; y me gustaría que la persona que comparta mi vida no comparta la cama con nadie más. A lo sumo un trío o un intercambio de parejas al año (por eso que dicen que no hace daño), pero claro, no hay mucha gente que se preste a ello y el género femenino mucho menos…

Por lo que me ha contado mi amigo, todo se basa en reglas. Algo así como que a él se la pueden chupar por ahí pero él no tiene permitido usar la lengua (listo el chaval ¿eh?), pero sobre todo, que si follan con otra persona, a esa persona nunca se le pone nombre. No sé cómo lo veréis, pero personalmente yo creo que es absurdo. En el sexo no se pueden poner reglas, es imposible y además no es divertido. Si tienes una relación abierta apechugas con el riesgo de pillarte por la tercera persona en discordia. Pero igual que en las relaciones cerradas… siempre existe el riesgo de que se apague la llama y la encienda otr@.

Loco_motoro
 
Se me baja la libido
La vida diaria tiene mucho momentos de sobrexcitación, desde la primera hora de la mañana cuando el 95% de los hombres nos levantamos con la bandera alzada hasta la última hora de la noche, cuando entramos en la camita y buscamos el cuerpo de nuestra pareja, miramos a ver si se ha tomado el termangil de rigor e intentamos un acercamiento a
campo enemigo.

Pero también hay momento es que de repente, sin más, estás de lo más asexual. “Hoy no tengo chirri pa’farolillos” dice mi compañera, y hay que hacerle caso, si no está no está. La libido es una cosa que se tiene o no se tiene, pero que si se intenta forzar, ay si se intenta forzar que mal vamos…

Parece que los hombres siempre pensamos con el pito, pero no se crean, hay veces que tampoco tenemos “la polla pa’farolillos”, son las menos pero las hay.

Yo comparto mis experiencias más traumáticas, si alguien tiene ganas de poner las suyas que no se corte. Hace un tiempo fui a ver ‘Las marionetas del pene’, una obra de teatro cuyo hilo conductor era el pene y las diversas formas que éste puede adoptar junto con los testículos: la Torre Eiffel, el canguro, la hamburguesa, el helicóptero, el elefante, el bólido de carreras… que sé yo, yo jamás había visto pollas tan en forma para hacer miles de figuras… la verdad es que me impresionó. Tanto fue así que en un tiempo no me atrevía ni a tocar la mía… era tan… inservible… no sabía hacer ninguna forma ni figura… era sólo un pene común, sin más, si por lo menos fuera de “medio metro”. Que bajón, no quería que nadie la viera, era tan simple…

No es la única vez que me pasó. Viendo ‘Algo pasa con Mary’ en el cine sufrí uno de mis ataques de ‘pollitis’… cuando Ben Stiller se pilla sus partes con la cremallera es tan… argggg ¡¡que dolor!! ¡¡que sufrir!! Te lo juro, que no me atrevía a sacar la mía si llevaba vaqueros, me los bajaba hasta los tobillos antes de jugármela…

Otra, otra… va, va, tranquilidad. Una vez un amigo me pasó una porno bajo la promesa: “esta no la olvidas, es lo mejor que he visto en mucho tiempo”. La peliculita empezaba de lo más normal, chica rubia mona de tetas enormes conoce a a chico rubio mono de tranca increíble. Se toman un café, se mandan sms… ah no, directamente pasan al cuarto de baños de minusválidos de la oficina y se dan placer. Rubio arriba, rubia abajo, cambio de posiciones, de chupo aquí, acá… lo típico… hasta que de repente, cuando el tío le está dando lo suyo por detrás, coge ella y… sí, PEDO PINTOR… ¿hace falta que lo explique? Que caída de la libido, que caída de todo… que frustración, que horror… aún hoy tengo pesadillas.

Hay más pero prefiero reservarme algo, que si no luego dicen que todo lo cuento!!!

AGROSEX
 
El Catenaccio-Sutra
Se acercan las navidades esa época en la que nos hacemos promesas que nunca vamos a cumplir, elevamos nuestro ácido úrico a niveles alarmantes y nos vemos obligados a soportar a nuestros familiares, pero sobretodo es esa época en la tenemos que hacer regalos a los demás.

Hacer regalos puede suponer un auténtico trauma, pero os voy a dar una idea para quedar bien, ¿Qué mejor regalo que una guía para mejorar la vida sexual de los demás? Seguro queridos y espabilados lectores ya estáis pensando en regalar el Kamasutra a vuestros amigos y familiares…pues no amigos míos, por dos razones:

1- El Kamasutra está tan visto que ya es tan políticamente correcto que ni siquiera las suegras beatas se escandalizan al verlo.
2- Para llevar a cabo las posturas del susodicho libraco necesitas que tu pareja tenga la flexibilidad de un miembro del “Circo del Sol” así que al final siempre acabas haciendo el misionero.

Por eso vuestro amigo Mr. Catenaccio, siempre dispuesto a ayudar, acude al rescate inventando el Catenaccio-Sutra que es mucho menos místico que el Kamasutra, pero más de estar por casa. A continuación paso a exponer los puntos básicos de mi guía sexual.

Adiós misionero El misionero sólo tiene desventajas y además tiene un nombre con connotaciones religiosas que da bastante mal rollo. Al final siempre acabas clavando las uñas de los pies en el colchón como si fueras un águila real para buscar un punto de apoyo y gruñendo como un jabalí por el esfuerzo. Resultado, tus riñones destrozados y ella con unas agujetas de campeonato.

Ellas al poder El orgasmo masculino es más simple que el mecanismo de un botijo, sin embargo el orgasmo femenino es más complejo que un sudoku, entonces… ¿Por qué dejar el ritmo del acto en manos del hombre? Es mucho mejor que ellas se pongan encima…cansa mucho menos, olvidas las agujetas para siempre y así ellas pueden buscar el ritmo perfecto para llegar a su orgasmo…y por supuesto la mayor ventaja, poder ver un par de tetas bamboleándose frente a ti mientras echas un polvo…eso no tiene precio.

Guau guau Chicas ya podéis convencer sin problemas a vuestro chico para que vea esa comedia romántica tan noña, chicos por fin podéis ver la final de la champions league con vuestra chica, porque el perrito es la única postura que os permite a los dos ver la tele mientras os dais un gusto al cuerpo. Mientras follas hasta Sandra Bullock parece buena actriz y sobretodo no hay una sensación comparable a llegar al orgasmo y poder gritar ¡Goooooooooooolllllllllll! Eso sí, no os olvidéis del condón no vaya a ser que os piten penalti.

Esperemos que disfrutéis de mi nueva obra…seguro que estás navidades triunfáis.

Mr. Catenaccio
 
Báilame
Yo sólo bailo house. Mi maleducado oído no me permite más ritmo. Tú, en cambio, lo bailas todo, seguro que hasta ballet. Coincidimos en la barra, yo buscando un cacique limón y tú no lo sé, aunque al percatarme de tu presencia sólo puedo esperar que sea a mí a quien pretendes encontrar. No caerá esa breva. Te miro por encima de mi copa, mientras la pruebo para comprobar que el garrafón de rigor está presente. Tú ni me ves. Minifalda vaquera. Palabra de honor negro. Pelo largo y ondulado. Ojos negros. Sonrisa fija. Tacones negros. Tobillera plateada. Una erección incontrolada en mi pantalón. A ver quién baila ahora.

Me quedo en la barra, codo apoyado, haciendo al cliente. Tú te vas con tu copa a la pista. Con una amiga. Bailas. Bailas perfecto, que diría Shakira. Mueves la cadera, las piernas se arquean. La cabeza sigue el ritmo y con los brazos sujetas a tu amiga, que te da la espalda y se pega a tu pecho, imitando tu ritmo. Lascivia.

Media copa y dos cigarros después, un amigo viene a mi vera. Está como una cuba. Me habla pero no sé de qué. Le sonrió y asiento a lo que no oigo pero imagino. Cuando vuelvo la vista a lo que realmente sí me interesa… me estás mirando. Joder. Bailas y me miras. Tu amiga ha desaparecido. Te sonrío, supongo que con la mayor cara de gilipollas que puedo llegar a poner. Bebo. Me termino la copa. Sigues mirándome, coño. Con la de tíos que hay por ahí, y tú me miras a mí. Tú, que tienes los ojos de medio garito posados en tus piernas desnudas, en tu culo prieto, en tus tetas bien puestas, vas y me miras a mí. Porque no estás mirando por mirar. Me devuelves la sonrisa. Dejas la copa en una mesa y me haces esa seña que ni en mi mejor fantasía puedo imaginar. Puño cerrado, los nudillos mirando al suelo, índice que se extiende y se dobla, gritando “ven”. Y yo, obediente, voy, nos ha jodido que si voy.

Me planto frente a ti. No abres la boca. Sólo bailas. Me bailas. Doblas las rodillas y desciendes. Tocándome el pecho con las manos, contoneándote. Vuelves a subir para clavarme los ojos. Voy a hablar pero me tapas la boca. Sonríes. Me besas. Sabes a whisky y a… creo que es farlopa. Sin saber como, estoy bailando contigo y, coño, creo que no lo estoy haciendo mal. Tus manos siguen pegadas a mi pecho.

Pero la derecha empieza a bajar.

Explora mi entrepierna.

Encuentra la cremallera.

Bajas la mirada mientras me la sacas, en una puta pista de baile, sin saber mi nombre ni yo el tuyo. Ana. Elena. Tal vez Laura. Marta, me pega más Marta. Pero qué coño hago yo pensando en tu nombre si tienes mi polla agarrada con tu mano derecha. Meto la mano en el bolsillo trasero de mis vaqueros. Saco la cartera. Busco el condón que ya tendría que haber sido usado demasiado tiempo atrás, pero que sigue sin caducar, como un campeón. Lo saco y te lo doy. Lo coges con tu mano libre. Mirándome de nuevo, ahora a la boca, mientras te muerdes el labio. No sabes quien soy pero me vas a follar en una pista de baile. Muerdes una esquina del envoltorio, escupes y sacas, con una mano, ole qué arte, el preservativo. Te las apañas para dominar tu borrachera y tus ansias y tu energía y tu enzarpada y ponerme el condón. Sin darme tiempo a reaccionar, siquiera a gemir, te das la vuelta, ofreciéndote. Te levanto un poco la falda, sólo lo justo. Te aparto el tanga, porque, como no podía ser de otra manera, llevas tanga, negro, yo diría que de encaje. Sigue bailando, te ordeno. Y accedes.

Poco a poco, te follo. Tú, estirada, con las piernas un poco dobladas, y yo detrás, agarrándote por la cadera, mordiéndote el cuello, y follándote delante de, yo qué sé, quinientas personas, por ejemplo. Nadie nos mira, pero cualquiera puede vernos. Viene tu amiga, de vuelta de algún sitio. Te mira. Me mira. Abre la boca y se empieza a reír, doblada y sujetándose la tripa. Llega a nosotros para cogerte la cara y plantarte un beso que me hace temer por la consistencia del condón. Joder, te estoy follando en una discoteca mientras tu amiga te agarra las manos y te besa. Esto no va a acabar hasta que yo quiera o hasta que tu amiga te suelte. Ella no te suelta.

A la mañana siguiente, un nombre inventado para un polvo soñado. Es domingo y no tengo resaca y mis amigos me tienen por un dios. Diosa, ¿dónde bailas la semana que viene?

Sesión Golfa