Sexo de andar por casa
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Sindicación
 
¿Quién lo tiene más fácil?
Esto es un tema de discusión que lleva atormentándonos desde tiempos muy muy pretéritos ¿Quién lo tiene más fácil a la hora pillar? ¿Los hombres o las mujeres?.

Mis queridos colegas masculinos ya estarán con la mano alzada y gritando al viento "¡Ellas, ellas! ¡Ellas mucho más, pardiez!" y las féminas añadirán tras un suspiro de desesperación "No es tan fácil como creéis". Pues vuestro amigo Mr. Catenaccio tiene la respuesta después de hacer un profundo análisis de la situación, luego me daréis caña en los comentarios...y así no perdemos la costumbre.

Allá voy con mi teoría, la gran diferencia entre sexos a la hora de pillar cacho es lo que se llama El listón

Cuando un tío está desesperado por mojar el churro en algo caliente baja el listón hasta los infiernos si hace falta...en una escala del 1-10 sería capaz de cepillarse a un 3, y dependiendo de la ingesta de alcohol podría incluso apuntar algo más bajo, sin embargo una chica no baja el listón con tanta facilidad (no bajan de un 5 ni aunque las torturen los nazis) y además ellas cuentan con un handicap añadido, tienen que esperar a ser entradas por su objetivo, cosa que complica ligeramente el asunto y más cuando está científicamente demostrado que los hombres no entendemos sus señales.

Si una mujer actuara como un tío, es decir se presentara delante del hombre objetivo, le mirara con cara de deseo y se cimbreara ante él de manera provocativa...entonces lo tendría mucho más fácil que los tíos, pero como eso no puede ser (ya que esta hipócrita sociedad la tacharía de golfa) entonces se queda mirando desde la distancia a su objetivo de abdominales bien torneados esperando que capte sus señales mientras es entrada por babosos de un solo abdominal.

Conclusión...que la sociedad es la culpable, así que liberémonos del yugo esclavista y represor del falso puritanismo y follemos todos como es debido, que la vida es demasiado corta.

Mr. Catenaccio
 
Desayuno incluido
El primer día que quedé con ella buscábamos conocernos mejor, indagar en nuestras profundidades para luego llegar los dos, capitán y marinero, a saber quien es quien, a buen puerto, sin riesgo de colisión y siempre con la brújula en desuso. Nos interrogamos sobre gustos, locuras, y pasados. A ella no le gustan los animales. Yo prefiero una borrachera en la playa que una discoteca, y ninguno de los dos ha viajado más allá de la vieja Europa. A mí me vuelve loco el sexo por la mañana y ella no tiene un rato preferido, cosa que a mí se me escapa. De acuerdo, cualquier momento es bueno para echar un pedazo de polvo, pero no sé, a mí es que por las mañanas se me antoja perfecto, será porque mi polla se despierta siempre cinco minutos antes que yo, o será porque al final del día estoy más cansado y recién levantado soy todo fuerza y vigor. El caso es que si me despierto en compañía y tengo un rato (cortito, no nos flipemos, que a currar al final hay que ir sí o sí), donde esté un buen polvo madrugador que se quite la noche, el atardecer, la madrugada y cualquier periodo temporal imaginable. Da igual la hora, en realidad, el caso es que sea al levantarse, y si entra el sol por la ventana, mejor, pero eso ya es a gusto del consumidor. Yo es que al final soy así de detallista, y un buen rayo de sol entrando por la ventana, cortando en dos a la chica que se zambulle en mi sueño recién apagado, siempre aporta algo, aunque sea sólo a mi perturbada imaginación.

No hay ni que abrir los ojos. Sólo moverse, buscar el cuerpo que dormita a tu lado, besarlo, acariciarlo, despertarlo pero sólo un poco, lo justo para que se estremezca, sonría… y se deje hacer. Y entonces empieza un día estupendo en el que eres el rey del mundo, en el curro son todos unos pichaflojas y en tu cara hay una sonrisa estúpida que delata lo que has desayunado. Miel.

El otro día llegué al curro cual apicultor, lleno de picaduras, con sabor dulce en la boca, superioridad en la mirada, y el ego flotando por encima de las cabezas de mis compañeros. Y de mis jefes. El otro día fui jefe de esta magna empresa. Ella fue quien me ascendió. Ella fue el desayuno, café de Bogotá y bollos de París y zumo de naranjas valencianas.
Y lo mejor es que al final ella se convenció, y quiere desayunar más. Desayunarme más. Ese primer día terminó, nos conocimos mejor, y el segundo día dimos la vuelta al mundo en un velero sin tripulación.

Sesión Golfa

 
Cambio de vida
Todos lo sabían pero nadie decía nada. Él quedaba cada fin de semana con sus “amiguitas” mientras sus amigos le encubrían ante la novia con alguna coartada inventada.
Ella sentía las miradas de los demás, atisbos de compasión en la mayoría de los ojos. No entendía el por qué de su comportamiento pero decidió actuar como si nada ocurriese.
Sus amigas le dejaban caer de vez en cuando que si le parecía normal que su novio pasase tantos fines de semana fuera, cuando no era por trabajo era por sus amigotes. Pero ella seguía tragando. Cuánta razón hay en la frase “el amor es ciego”.

Ciego sí, pero no gilipollas. Lo que ellos no sabían era que quien se la estaba dando era ella. Aprovechaba esos días en que su chico no estaba para pasarlos enteros con su compañera de piso. Hacía meses que se acostaban y nadie intuía nada. Con ella experimentaba el más intenso placer con cada roce de su piel, aunque sólo fuese una caricia eso bastaba para ponerse a cien. No tenía que ejercer de actriz como hacía con él en las escasas veces que deshacían la cama juntos. Podía ser ella misma, sin tener que mantener las apariencias en todo momento delante de la familia o los amigos.

Una noche tomó la decisión que cambiaría su vida. Había quedado toda la panda en un bar del centro. Sólo faltaba él. Viaje de negocios le dijo la noche anterior. Anda y que te follen, pensó ella, aunque bien sabía que eso es exactamente lo que le harían.
Ella entró por la puerta y vio que al fondo estaba su grupo de amigos. Echó la vista atrás invitando a pasar así a su compañera. Ambas se acercaron a la mesa, y sin dejar tiempo si quiera a los saludos habituales, comenzó a hablar. “Basta ya de tonterías. ¿En serio pensábais que me tragaba que él estaba con vosotros o trabajando? Puedo parecer tonta pero no lo soy. Os presento a la persona con la que yo pasaba esos fines de semana, y con la que a partir de ahora pasaré cada día. Ya que sois tan amigos de ese imbécil llamadle y contadle la noticia, su crédula novia le ha dejado por otra mujer”.

Así fue como puso fin a una pantomima que ya estaba durando demasiado. Las dos se cogieron de la mano y se volvieron dejando a todos con la boca abierta. Salieron del local, y ella, con una sonrisa triunfante, sabía que el mundo era todo suyo, al igual que esa noche lo sería el cuerpo de su compañera en el dormitorio.

TaniT