Pinchamos en la mar
La historia que os voy a relatar no es más que una divertida peripecia en costas andaluzas, que creo, es digna de contar.
Allí estábamos los dos, tomando el sol a pie de playa y asfixiados de calor nos decidimos a dar un chapuzón con nuestra colchoneta de euro con cincuenta.
Ella se adelantó primero y pude ver su culo perfecto mientras se adentraba en el agua. Así que fui detrás de ella sin perder un minuto.
Nos metimos hasta el fondo, a unos 200 metros mar adentro, cuando empezamos a besarnos. Su cuerpo mojado estaba tumbado bocarriba en la colchoneta, con las piernas entreabiertas y yo haciendo piruetas para no hundirme.
Mi lengua empezó a saborear la sal de su cuerpo hasta llegar al bañador, que aparté con los dientes. Su respuesta fue ágil, sacó un hueco de donde no lo había y por fin, pude subirme a la colchoneta, que se convirtió en una V, cuyo vértice eran nuestros sexos, me rodeó con sus piernas... ambos cuerpos se pegaron en el centro y completamente desnudos nos convertimos en uno.

Estábamos a mil. Nos apretamos con fuerza sin parar de jadear. El impulso que nos movía cada vez era más fuerte y mi miembro también. Cada segundo era más pleno. Sus pezones, mojados y duros, tocaban intermitentemente mi pecho por la inercia de la marea contra nuestra nidito improvisado. El impacto fue brutal. Conseguí lo que más ansiaba. Estaba completamente dentro de ella…
Sin darnos cuenta nos alejábamos cada vez más de la orilla, todo nos daba igual. Se hacía peligroso, estábamos a pocos metros de las rocas y las olas chocaban potentes contra éstas, pero daba lo mismo. Estábamos en el más puro cielo.
De pronto, oímos un pzzzzzzz…La colchoneta se estaba deshinchando!!! Pero tampoco eso parecía importarnos, estábamos llegando al clímax más absoluto y no podíamos parar. Nada podía detenernos…
Cuando nos vimos completamente hundidos, nos dimos cuenta que estábamos pegados a las rocas, oímos pitidos, miramos a la orilla y vimos a una multitud que miraba hacia nosotros. Nadamos como pudimos y exhaustos llegamos por fin a tierra, me di cuenta que había perdido el bañador…
Allí, nos estaban esperando; la playa, repleta de socorristas preocupados y todos los domingueros!! Algunos nos miraban cómplices, con un guiño, entre risas. Otros, como a espíritus renacidos en el mar. Caminamos cabizbajos hacia la toalla. Teníamos las piernas temblorosas por la excitación y a la vez nos producía risa.
Y allí estábamos en la orilla, atentos a todas las miradas y sin poder mediar palabra. Pero tampoco hacía falta. Estaba todo dicho.
Una de esas experiencias de verano donde las haya.
De esas que, aunque puedas, no quieres olvidar.
Hoy debuta: In your face
Allí estábamos los dos, tomando el sol a pie de playa y asfixiados de calor nos decidimos a dar un chapuzón con nuestra colchoneta de euro con cincuenta.
Ella se adelantó primero y pude ver su culo perfecto mientras se adentraba en el agua. Así que fui detrás de ella sin perder un minuto.
Nos metimos hasta el fondo, a unos 200 metros mar adentro, cuando empezamos a besarnos. Su cuerpo mojado estaba tumbado bocarriba en la colchoneta, con las piernas entreabiertas y yo haciendo piruetas para no hundirme.
Mi lengua empezó a saborear la sal de su cuerpo hasta llegar al bañador, que aparté con los dientes. Su respuesta fue ágil, sacó un hueco de donde no lo había y por fin, pude subirme a la colchoneta, que se convirtió en una V, cuyo vértice eran nuestros sexos, me rodeó con sus piernas... ambos cuerpos se pegaron en el centro y completamente desnudos nos convertimos en uno.

Estábamos a mil. Nos apretamos con fuerza sin parar de jadear. El impulso que nos movía cada vez era más fuerte y mi miembro también. Cada segundo era más pleno. Sus pezones, mojados y duros, tocaban intermitentemente mi pecho por la inercia de la marea contra nuestra nidito improvisado. El impacto fue brutal. Conseguí lo que más ansiaba. Estaba completamente dentro de ella…
Sin darnos cuenta nos alejábamos cada vez más de la orilla, todo nos daba igual. Se hacía peligroso, estábamos a pocos metros de las rocas y las olas chocaban potentes contra éstas, pero daba lo mismo. Estábamos en el más puro cielo.
De pronto, oímos un pzzzzzzz…La colchoneta se estaba deshinchando!!! Pero tampoco eso parecía importarnos, estábamos llegando al clímax más absoluto y no podíamos parar. Nada podía detenernos…
Cuando nos vimos completamente hundidos, nos dimos cuenta que estábamos pegados a las rocas, oímos pitidos, miramos a la orilla y vimos a una multitud que miraba hacia nosotros. Nadamos como pudimos y exhaustos llegamos por fin a tierra, me di cuenta que había perdido el bañador…
Allí, nos estaban esperando; la playa, repleta de socorristas preocupados y todos los domingueros!! Algunos nos miraban cómplices, con un guiño, entre risas. Otros, como a espíritus renacidos en el mar. Caminamos cabizbajos hacia la toalla. Teníamos las piernas temblorosas por la excitación y a la vez nos producía risa.
Y allí estábamos en la orilla, atentos a todas las miradas y sin poder mediar palabra. Pero tampoco hacía falta. Estaba todo dicho.
Una de esas experiencias de verano donde las haya.
De esas que, aunque puedas, no quieres olvidar.
Hoy debuta: In your face
Atrapados en el ascensor
Hoy me da por comenzar con un título de una canción de “Un Pingüino en Mi Ascensor”, que viene que ni pintada para la situación. Como siempre poner en antecedentes. Hace poco estuve en uno de esos hoteles 5 estrellas super lujo en Alemania, donde lo que más me llamó la atención no fue ni la recepción, ni la habitación…fue el ascensor: el susodicho subía 10 plantas en el mismo tiempo que tarda el de mi bloque en subir al primero, es decir, un auténtico pepinazo, y entonces pensé que “joder que puñetera pérdida de tiempo”. De repente empecé a pensar en todas esas películas, donde dos personas al más puro estilo Pretty Woman están alojadas en un hotel de lujo y empiezan su ritual de lujuria en el ascensor hasta llegar al piso deseado…pero coño, que cosa más falsa, si los hoteles de lujo tienen ascensores tan rápido ni da tiempo a que te bajen la bragueta. Entonces es cuando agradecí vivir en un piso viejo con un ascensor del año catapún.
Puede que yo no tenga la kilométrica cama del hotel, ni un servicio de habitaciones de 200 euros, pero tengo mi morbo-ascensor, donde puedo dar rienda a suelta a mis fantasías con mi pareja. Según cruzamos la puerta del portal el calor se puede palpar en el ambiente, porque sabemos que llega el momento ascensor.
El puñetero ascensor casi siempre está en el último jodido piso (ley de Murphy), pero quizás hasta es mejor porque aumentan las ganas de todo en esos instantes, pero claro hay que cortarse por las aviesas miradas de las vecinas a través de las mirillas (deporte español de las marujas del bajo – el mirar a los que llegan de la calle). Sin embargo, la espera y contención merecen la pena cuando llega el ascensor. Entras como si contigo no fuese la cosa, pero la verdad que según se entra cada uno coge “su posición” dentro del ascensor: uno a cada lado, de frente, mirándose y en posición de lanzada. Un segundo y medio es lo que tarda en caer la puerta hasta el cierre y otro segundo y medio en cerrarse las puertas de seguridad…tres segundos agónicos que acaban con el mismo resultado cada noche…yo me lanzo y la otra persona se adapta a la lanzada, creo que en parte para evitar ser estampada contra la pared contraria.
La subida es lenta, pero da tiempo a casi todos los mordiscos habidos y por haber, a que mis manos recorran cada centímetro del interior de sus muslos debajo de la ropa (soy increíblemente bueno colándome dentro de la ropa ajena en cuestión de milésimas de segundo), y como no, a ser devorado sin contemplación por unos labios que buscan continuamente los míos. El tiempo se detiene desde el bajo al primero, dejándonos realizar unos verdaderos preliminares que no sirven si no para aumentar exponencialmente las ganas que tenemos de llegar a mi cuarto.
Ahora me pongo a pensar y supongo que no seré el primero, ni el último que haga estas cosas en los ascensores lo que me hace pensar lo que contarían los ascensores si estuviesen vivos...
Ozule
Puede que yo no tenga la kilométrica cama del hotel, ni un servicio de habitaciones de 200 euros, pero tengo mi morbo-ascensor, donde puedo dar rienda a suelta a mis fantasías con mi pareja. Según cruzamos la puerta del portal el calor se puede palpar en el ambiente, porque sabemos que llega el momento ascensor.
El puñetero ascensor casi siempre está en el último jodido piso (ley de Murphy), pero quizás hasta es mejor porque aumentan las ganas de todo en esos instantes, pero claro hay que cortarse por las aviesas miradas de las vecinas a través de las mirillas (deporte español de las marujas del bajo – el mirar a los que llegan de la calle). Sin embargo, la espera y contención merecen la pena cuando llega el ascensor. Entras como si contigo no fuese la cosa, pero la verdad que según se entra cada uno coge “su posición” dentro del ascensor: uno a cada lado, de frente, mirándose y en posición de lanzada. Un segundo y medio es lo que tarda en caer la puerta hasta el cierre y otro segundo y medio en cerrarse las puertas de seguridad…tres segundos agónicos que acaban con el mismo resultado cada noche…yo me lanzo y la otra persona se adapta a la lanzada, creo que en parte para evitar ser estampada contra la pared contraria.La subida es lenta, pero da tiempo a casi todos los mordiscos habidos y por haber, a que mis manos recorran cada centímetro del interior de sus muslos debajo de la ropa (soy increíblemente bueno colándome dentro de la ropa ajena en cuestión de milésimas de segundo), y como no, a ser devorado sin contemplación por unos labios que buscan continuamente los míos. El tiempo se detiene desde el bajo al primero, dejándonos realizar unos verdaderos preliminares que no sirven si no para aumentar exponencialmente las ganas que tenemos de llegar a mi cuarto.
Ahora me pongo a pensar y supongo que no seré el primero, ni el último que haga estas cosas en los ascensores lo que me hace pensar lo que contarían los ascensores si estuviesen vivos...
Ozule
Metro de Madrid informa...
Seguro que le ha pasado a mucha gente, no soy ni la primera ni la última y de hecho tampoco es la primera vez que me pasa, pero hoy justo me tocaba escribir aquí, ha vuelto a sucederme y quiero contarlo...
Mi segundo día en Madrid, la vuelta de vacaciones está siendo lo peor y levantarme a la hora a la que llevo acostándome casi tres semanas no es nada agradable. Voy dormida en el metro, odiando madrugar, trabajar y por ende al resto de humanidad... Y en mi momento insociable aparece él....
Línea 10. Cuatro vientos. Las nueve de la mañana y entra a mi vagón un chico moreno, alto, guapo, con los labios finos y los ojos negros. Me mira..., no sé si porque soy la única tirada en el asiento, con la música a toda leche y cara de pocos amigos o porque simplemente le he llamado la atención igual que él a mí.

Se queda de pie, con sus vaqueros oscuros, su camiseta blanca, y esos brazos morenos que sujetan una bolsa de deporte, ¿va a trabajar? ¿al gimnasio? La verdad es que no me importa demasiado pero mirarle es mi mejor entretenimiento... y más aún cuando veo que bajamos en la misma parada y que su mirada se ha quedado prendida a la mía...
Es curioso sin duda. Conectar. Despertar la misma atracción, compartir cierta intensidad, ciertas ganas... con un extraño, con una extraña. No saber su nombre, ni cómo huele su piel, ni oir su voz y sin embargo, por un segundo o varios o muchos, desearle. Así, de repente.
Subimos las escaleras, yo delante, siendo consciente de que está ahí detrás, a pocos pasos, a escasa distancia, observándome. Y arriba, en el metro ligero, yo cojo el mío y él la dirección contraria. Y aún así desde cada andén, ya subidos y sentados, seguimos mirándonos, moviendo la cabeza por entre la gente, buscando el hueco que nos deja seguir enganchados y así durante cinco minutos, los que ha tardado en salir mi metro, justo 10 segundos antes que el suyo, dejándome su cuello vuelto atrás, siguiendo mi pista...
Y mientras voy al trabajo me pregunto cuántas situaciones así suceden cada día, cuántas reacciones químicas, hormonas, feromonas, líbido que se dispara hasta el punto de concederle la capacidad a un extraño de alterar tu pulso, de dejar sus ojos por unas horas flotando en tu memoria y convertirle en el protagonista de un post. ¿Quién sabe si él también ha seguido pensando en mí? ¿Podría imaginar que sólo por compartir unos minutos ya escribo sobre él? ¿Y que sé yo si le contará la anecdota a algún amigo y mi "nombre" pasará de una boca a otra mientras yo intento quedarme en la suya...?
¿Alguna vez has imaginado cómo sería besar a ese chico que te cruzas cada día en la calle? ¿Alguna vez esperas a propósito hasta que llega esa chica que coge el bus en tu misma parada? ¿Por un instante puedes llegar a desear conocerle y preguntarte si sería especial en tu vida? O simplemente en vez de soñar y fantasear... ¿has ido directamente, te has acercado sonriendo y has dicho hola...?
Yo lo hice en una ocasión, y puede, que si vuelvo a encontrarme a mi morenazo, me acerque y le salude. No perdería nada con ello y desde luego, los sueños siempre comienzan por una realidad...
Aliena.
Os recomiendo este post de Cynthia. Buenísimo.
Mi segundo día en Madrid, la vuelta de vacaciones está siendo lo peor y levantarme a la hora a la que llevo acostándome casi tres semanas no es nada agradable. Voy dormida en el metro, odiando madrugar, trabajar y por ende al resto de humanidad... Y en mi momento insociable aparece él....
Línea 10. Cuatro vientos. Las nueve de la mañana y entra a mi vagón un chico moreno, alto, guapo, con los labios finos y los ojos negros. Me mira..., no sé si porque soy la única tirada en el asiento, con la música a toda leche y cara de pocos amigos o porque simplemente le he llamado la atención igual que él a mí.

Se queda de pie, con sus vaqueros oscuros, su camiseta blanca, y esos brazos morenos que sujetan una bolsa de deporte, ¿va a trabajar? ¿al gimnasio? La verdad es que no me importa demasiado pero mirarle es mi mejor entretenimiento... y más aún cuando veo que bajamos en la misma parada y que su mirada se ha quedado prendida a la mía...
Es curioso sin duda. Conectar. Despertar la misma atracción, compartir cierta intensidad, ciertas ganas... con un extraño, con una extraña. No saber su nombre, ni cómo huele su piel, ni oir su voz y sin embargo, por un segundo o varios o muchos, desearle. Así, de repente.
Subimos las escaleras, yo delante, siendo consciente de que está ahí detrás, a pocos pasos, a escasa distancia, observándome. Y arriba, en el metro ligero, yo cojo el mío y él la dirección contraria. Y aún así desde cada andén, ya subidos y sentados, seguimos mirándonos, moviendo la cabeza por entre la gente, buscando el hueco que nos deja seguir enganchados y así durante cinco minutos, los que ha tardado en salir mi metro, justo 10 segundos antes que el suyo, dejándome su cuello vuelto atrás, siguiendo mi pista...
Y mientras voy al trabajo me pregunto cuántas situaciones así suceden cada día, cuántas reacciones químicas, hormonas, feromonas, líbido que se dispara hasta el punto de concederle la capacidad a un extraño de alterar tu pulso, de dejar sus ojos por unas horas flotando en tu memoria y convertirle en el protagonista de un post. ¿Quién sabe si él también ha seguido pensando en mí? ¿Podría imaginar que sólo por compartir unos minutos ya escribo sobre él? ¿Y que sé yo si le contará la anecdota a algún amigo y mi "nombre" pasará de una boca a otra mientras yo intento quedarme en la suya...?
¿Alguna vez has imaginado cómo sería besar a ese chico que te cruzas cada día en la calle? ¿Alguna vez esperas a propósito hasta que llega esa chica que coge el bus en tu misma parada? ¿Por un instante puedes llegar a desear conocerle y preguntarte si sería especial en tu vida? O simplemente en vez de soñar y fantasear... ¿has ido directamente, te has acercado sonriendo y has dicho hola...?
Yo lo hice en una ocasión, y puede, que si vuelvo a encontrarme a mi morenazo, me acerque y le salude. No perdería nada con ello y desde luego, los sueños siempre comienzan por una realidad...
Aliena.
Os recomiendo este post de Cynthia. Buenísimo.
Sexo y risas
La publicidad a veces es un poco 'burra', pero te echas unas risas...
Buen fin de semana Sexodeandarporcasa adict@s.
Buen fin de semana Sexodeandarporcasa adict@s.
Instinto...
En homenaje a Jota y a Marthita, que tan picante me contaron su historia, de paseo por Hiroshima.
Pongamos que me llamo Jota.
Pongamos que ahora me muevo por instintos.
Pongamos que ya no soy el mismo.
Hace una semana, mi conciencia regía mis actos. Hace una semana, sin saberlo, yo no era quien quería ser. Hace una semana le dije a mi compañera, a mi novia, a mi mejor amiga: ya no te quiero.
Hoy, siete días después, tan poco tiempo después, decido contar mi historia. Aquí, donde nadie me conoce. Donde soy Jota.
Hoy reconozco ante ojos desconocidos que deseo a una mujer. A otra mujer. No la deseaba entonces, ni quería ni podía, pero ahora sí. Y la deseo. Quiero desearla. Y no me corto. Ya no.

Puro instinto como motor de mis acciones, ni pudor, ni vergüenza ni ostias.
Sólo respondo ante mí y ya me conozco la respuesta.
Y se lo digo. Marthita, te deseo. Ahora puedo desearte. Nada tuviste que ver en lo que paso hace una semana. Y te deseo.
Marthita abre los ojos y se muerde el labio inferior.
Le susurro al oído “te vas a enterar de lo que es que te follen de verdad”. Chulo, responde. Es verdad, estoy chulo. Me siento chulo. Y me gusta.
Libre. Ligero. Como un buitre leonado, deseando meter la cabeza en las entrañas de Marthita. En las de quien me diga mi instinto.
Dice Eusebio Poncela en Martín (Hache), donde pongamos que se llama Dante, que hay que follarse a las mentes, que él se siente seducido por una cara y un cuerpo cuando ve que hay una mente que lo mueve y que vale la pena conocer.
Estoy de acuerdo. Pero ahora no. Ahora quiero cuerpos. Desconocidos o conocidos, pero que huyan del compromiso también. Follármelos a todos. Porque puedo, y creo que quiero… hasta que apareció Marthita. Es sólo sexo, pero su mente me atrae incluso más que su cuerpo, cuerpazo. Puto Poncela, epicúreo de los cojones. Puedo follarme a quien quiera, pero Marthita… ¿qué? Ni amor ni ostias. Pero complicidad. Mucha complicidad. Tal vez demasiada complicidad si se quiere sólo sexo, si no se quiere caer en algo más, en algo de lo que acabo de salir y no repetiría en mucho tiempo, ni por todo el oro del mundo. O tal vez no. O tal vez la complicidad necesaria para consumar el sexo de entre los sexos. No lo sé, nunca había tenido una relación así, basada en orgasmos, sudor, palabras sucias, y gemidos.
Ahora sí.
Y me gusta. Un cuerpo con mente, una mente con cuerpo, en el momento perfecto, en el sitio perfecto. Me llamo Jota y estoy solo. Me llamo Jota y me estoy reinventando, y Marthita ayuda, mucho.
Sesión Golfa (con permiso de Jota)
Pongamos que me llamo Jota.
Pongamos que ahora me muevo por instintos.
Pongamos que ya no soy el mismo.
Hace una semana, mi conciencia regía mis actos. Hace una semana, sin saberlo, yo no era quien quería ser. Hace una semana le dije a mi compañera, a mi novia, a mi mejor amiga: ya no te quiero.
Hoy, siete días después, tan poco tiempo después, decido contar mi historia. Aquí, donde nadie me conoce. Donde soy Jota.
Hoy reconozco ante ojos desconocidos que deseo a una mujer. A otra mujer. No la deseaba entonces, ni quería ni podía, pero ahora sí. Y la deseo. Quiero desearla. Y no me corto. Ya no.

Puro instinto como motor de mis acciones, ni pudor, ni vergüenza ni ostias.
Sólo respondo ante mí y ya me conozco la respuesta.
Y se lo digo. Marthita, te deseo. Ahora puedo desearte. Nada tuviste que ver en lo que paso hace una semana. Y te deseo.
Marthita abre los ojos y se muerde el labio inferior.
Le susurro al oído “te vas a enterar de lo que es que te follen de verdad”. Chulo, responde. Es verdad, estoy chulo. Me siento chulo. Y me gusta.
Libre. Ligero. Como un buitre leonado, deseando meter la cabeza en las entrañas de Marthita. En las de quien me diga mi instinto.
Dice Eusebio Poncela en Martín (Hache), donde pongamos que se llama Dante, que hay que follarse a las mentes, que él se siente seducido por una cara y un cuerpo cuando ve que hay una mente que lo mueve y que vale la pena conocer.
Estoy de acuerdo. Pero ahora no. Ahora quiero cuerpos. Desconocidos o conocidos, pero que huyan del compromiso también. Follármelos a todos. Porque puedo, y creo que quiero… hasta que apareció Marthita. Es sólo sexo, pero su mente me atrae incluso más que su cuerpo, cuerpazo. Puto Poncela, epicúreo de los cojones. Puedo follarme a quien quiera, pero Marthita… ¿qué? Ni amor ni ostias. Pero complicidad. Mucha complicidad. Tal vez demasiada complicidad si se quiere sólo sexo, si no se quiere caer en algo más, en algo de lo que acabo de salir y no repetiría en mucho tiempo, ni por todo el oro del mundo. O tal vez no. O tal vez la complicidad necesaria para consumar el sexo de entre los sexos. No lo sé, nunca había tenido una relación así, basada en orgasmos, sudor, palabras sucias, y gemidos.
Ahora sí.
Y me gusta. Un cuerpo con mente, una mente con cuerpo, en el momento perfecto, en el sitio perfecto. Me llamo Jota y estoy solo. Me llamo Jota y me estoy reinventando, y Marthita ayuda, mucho.
Sesión Golfa (con permiso de Jota)
'Toys not just for boys'
Acabo de llegar de mis vacaciones y estoy un poco aturdida, descolocada, depresiva, somnolienta… pero bronceada eso sí, muuuy bronceada ¿Qué por qué os cuento esto? Porque no hay nada mejor como un buen bronceado para ligar en una zona como Tarifa (Cádiz), donde lo único que se destila por aquella zona son cuerpos fibrados de surfistas muy morenos, y yogurines muy cachondos.
Mi viaje comenzó con mis amigas en el sur de Portugal, esperábamos noches locas de alcohol y mucho flirteo, y días de sol, mojitos y muchas risas… bueno pues hubo de todo menos lo del flirteo… y es que Christiano Ronaldo ha hecho mucho daño a la estética masculina portuguesa…, el caso es que tras cuatro días a tope de idas y venidas y mucha sequía, hicimos las maletas y nos dirigimos al sur de Cádiz a ver si los tan afamados surfistas nos daban un poco de cancha a seis mujeronas como nosotras.

Todo empezó bien, el ‘producto’ era muy bueno, y las playas increíbles, mucho buen rollito, chiringuitos con música playera, ‘cigarros de la risa’, mojitos y caipirinhas a todas horas y mucho sol, eso sí siempre con protección...
Un noche en la que ese buen rollo tarifeño me había envuelto, me puse mi vestido más hippie, pero el más fresquito, y el que más resaltaba mi bronceado y nos fuimos a beber y a bailar al garito de moda. Allí todos eran demasiado pequeños, aunque yo no lo aprecié en nigún momento... y es que los yogurines están que se salen últimamente...Y uno de ellos me entró por el ojo, estaba 'tremendo' que dirían en mi tierra, ropa surfera, barba de 3 días, bronceado que no tenía que envidiar al mío y una carita angelical, pasé a su lado y sin darme cuenta, el alcohol a veces te juega malas pasadas, le dije guapo, guapísimo (como si de una vieja verde se tratara jajajaja), y seguí de largo...

De repente a mi espalda ese yogur azucarado me cogió de la mano, y en un susurro me dijo: 'No me puedes decir guapo e irte sin más', le miré con cara de 'te quiero comer', y él lo leyó, de repente, una oleada de gente nos rodeó, yo perdí a mis amigas, aunque ellas no a mí, y él tiró de mi brazo y de repente me vi encerrada en el baño de chicas, cerró con seguridad, me tapó los ojos, me dio una moneda y dirigió mi mano hacia la ranura de una maquina, claro pensé que era la máquina de condones, pero no me equivoqué de todas, todas...
La máquina era de juguetes sexuales, se leía en ella, 'Toys no just for boys', me puso a cien, y a mil cuando de esa caja de latón salió un precioso vibrador estimulador de clítoris, nunca había utilizado uno, pero en ese momento me dejé hacer y ese yogurín, al que le sacaba 7 años, me hizo sentir el mejor orgasmo de mi vida, y con un juguete sexual que rechazaba hasta entonces. A partir de ahora ellos forman parte de mis relaciones sexuales, que pena haber sido tan tradicional porque me he perdido mucho... ¿y tú gustas de tan preciados jueguetitos?
A puntito
Mi viaje comenzó con mis amigas en el sur de Portugal, esperábamos noches locas de alcohol y mucho flirteo, y días de sol, mojitos y muchas risas… bueno pues hubo de todo menos lo del flirteo… y es que Christiano Ronaldo ha hecho mucho daño a la estética masculina portuguesa…, el caso es que tras cuatro días a tope de idas y venidas y mucha sequía, hicimos las maletas y nos dirigimos al sur de Cádiz a ver si los tan afamados surfistas nos daban un poco de cancha a seis mujeronas como nosotras.

Todo empezó bien, el ‘producto’ era muy bueno, y las playas increíbles, mucho buen rollito, chiringuitos con música playera, ‘cigarros de la risa’, mojitos y caipirinhas a todas horas y mucho sol, eso sí siempre con protección...
Un noche en la que ese buen rollo tarifeño me había envuelto, me puse mi vestido más hippie, pero el más fresquito, y el que más resaltaba mi bronceado y nos fuimos a beber y a bailar al garito de moda. Allí todos eran demasiado pequeños, aunque yo no lo aprecié en nigún momento... y es que los yogurines están que se salen últimamente...Y uno de ellos me entró por el ojo, estaba 'tremendo' que dirían en mi tierra, ropa surfera, barba de 3 días, bronceado que no tenía que envidiar al mío y una carita angelical, pasé a su lado y sin darme cuenta, el alcohol a veces te juega malas pasadas, le dije guapo, guapísimo (como si de una vieja verde se tratara jajajaja), y seguí de largo...

De repente a mi espalda ese yogur azucarado me cogió de la mano, y en un susurro me dijo: 'No me puedes decir guapo e irte sin más', le miré con cara de 'te quiero comer', y él lo leyó, de repente, una oleada de gente nos rodeó, yo perdí a mis amigas, aunque ellas no a mí, y él tiró de mi brazo y de repente me vi encerrada en el baño de chicas, cerró con seguridad, me tapó los ojos, me dio una moneda y dirigió mi mano hacia la ranura de una maquina, claro pensé que era la máquina de condones, pero no me equivoqué de todas, todas...
La máquina era de juguetes sexuales, se leía en ella, 'Toys no just for boys', me puso a cien, y a mil cuando de esa caja de latón salió un precioso vibrador estimulador de clítoris, nunca había utilizado uno, pero en ese momento me dejé hacer y ese yogurín, al que le sacaba 7 años, me hizo sentir el mejor orgasmo de mi vida, y con un juguete sexual que rechazaba hasta entonces. A partir de ahora ellos forman parte de mis relaciones sexuales, que pena haber sido tan tradicional porque me he perdido mucho... ¿y tú gustas de tan preciados jueguetitos?
A puntito
A sobarse!!!!
Saco a la palestra pública de este nuestro blog un tema de candente actualidad y debate constante: el magreo discotequero. Me pregunto, ¿por qué nos gusta tanto tocarnos si sabemos que nos vamos a ir a casa calientes como hornos y sin mojar? ¿es cosa del verano, que no veas como aprieta en la entrepierna, o de la sociedad mundial, que anda cada día más salida?
Yo este fin de semana he tenido razón y media de sobeteo. Siempre se me ha acusado de ser un poco tocón, no con mala intención, sino porque al hablar gesticulo y de vez en cuando la mano tonta se me dispara. No soy muy cariñoso aunque es verdad que con las personas que tengo confianza no me corto en tocar y creo que a estas alturas no queda amigo/a que no sepa como anda de culo y otras partes, no todas tan sexuales como están pensando vuestras mentes. Toco todo lo que puedo, no hago ascos ni a los pies, parte que mucha gente desprecia pero que tienen su aquel si se sabe hacer.
Bueno, que me desvió, que este finde me he rozado a base de bien con un par de amigos. Alcohol, calor, música pachanga y altas horas de la noche han ayudado a poner en la pista de baile todo un despliegue de magreos varios, incluso tríos y trenecitos, con todos los espectadores del local mirando, casi pidiendo las dos orejas y el rabo (espero que no el mío) para el espectáculo que armamos. Dos tíos y una tía dándose al desenfreno en medio de un local con miles de salidos alrededor, a mi la cosa me ponía, la verdad. No había problemas por el orden de los factores, lo importante era bailar y aliviar tensiones, dejarse llevar por unos momentos.
El domingo, calmada la resaca y recuperadas las piernas (del baile), nos fuimos los tres a la piscina de ella. El agüita tampoco alivió mucho los calores y en poco rato estábamos enfrascados de nuevo en jueguecitos inocentes… tú me coges en los hombros, yo te cojo por la cintura, el otro bucea entre las piernas, nos metemos en el flotador todos a la vez, el ‘churro de agua’ (¿se llamará así?) sirve para hacer representaciones soeces de la vida sexual de las personas… todo acabo en el cine, viendo un musical muy gay (Mamma Mía!, muy recomendable) y cada uno en su casa, aunque alguno seguro que se quedó con ganas de marcha.
Agrosex
Yo este fin de semana he tenido razón y media de sobeteo. Siempre se me ha acusado de ser un poco tocón, no con mala intención, sino porque al hablar gesticulo y de vez en cuando la mano tonta se me dispara. No soy muy cariñoso aunque es verdad que con las personas que tengo confianza no me corto en tocar y creo que a estas alturas no queda amigo/a que no sepa como anda de culo y otras partes, no todas tan sexuales como están pensando vuestras mentes. Toco todo lo que puedo, no hago ascos ni a los pies, parte que mucha gente desprecia pero que tienen su aquel si se sabe hacer.Bueno, que me desvió, que este finde me he rozado a base de bien con un par de amigos. Alcohol, calor, música pachanga y altas horas de la noche han ayudado a poner en la pista de baile todo un despliegue de magreos varios, incluso tríos y trenecitos, con todos los espectadores del local mirando, casi pidiendo las dos orejas y el rabo (espero que no el mío) para el espectáculo que armamos. Dos tíos y una tía dándose al desenfreno en medio de un local con miles de salidos alrededor, a mi la cosa me ponía, la verdad. No había problemas por el orden de los factores, lo importante era bailar y aliviar tensiones, dejarse llevar por unos momentos.
El domingo, calmada la resaca y recuperadas las piernas (del baile), nos fuimos los tres a la piscina de ella. El agüita tampoco alivió mucho los calores y en poco rato estábamos enfrascados de nuevo en jueguecitos inocentes… tú me coges en los hombros, yo te cojo por la cintura, el otro bucea entre las piernas, nos metemos en el flotador todos a la vez, el ‘churro de agua’ (¿se llamará así?) sirve para hacer representaciones soeces de la vida sexual de las personas… todo acabo en el cine, viendo un musical muy gay (Mamma Mía!, muy recomendable) y cada uno en su casa, aunque alguno seguro que se quedó con ganas de marcha.
Agrosex
Tócame algo...aunque sea una canción
Llega el verano y a muchos de nosotros eso del cuerpo Danone más bien se nos queda en cuerpo natillas de chocolate con nata por encima, así que vemos como muchas conquistas se nos escapan porque los ojos de las féminas tienden de manera lógica a posarse sobre los cuerpos de gimnasio. Pero tú no sufras, puedes seguir comiendo donuts y pillando cacho. ¿Cómo? ¡Muy fácil! Con el método de guitarra de Mr. Catenaccio.
Si estás harto que el chulo piscinas de turno te quite las presas gracias a sus bien torneados abdominales, sigue mi consejo...aprende a tocar la guitarra con mi método. ¿Conoces a un tio más soso y poca cosa que Alex Ubago? pues ese sosainas pilla como un loco desde que sacó disco, así que no sé a que estás esperando.
Lo primero es agenciarse una guitarra, todos tenemos un primo, un hermano, un cuñado o un vecino que intentó aprender a tocar sin ningún éxito...pídele prestado el instrumento y no se lo devuelvas jamás, o si eres un adinerado terrateniente cómprate una...pero te advierto que los instrumentos musicales son caros.
Segundo: Lo más básico, tienes que aprenderte cuatro o cinco acordes, con saberte como se hace Sol, Re, Mi menor y Do...ya puedes tocar unas 1535 canciones ¿Cómo se hacen esos acordes? Búscalo en google cacho perro. Al principio cuesta un poco hacerlo, pero todo es cuestión de práctica y sale mucho más barato que invitar a las chatis a malibús con piña. Ya verás como el esfuerzo vale la pena.
Tercero: el repertorio. Aunque seas un fan declarado de Megadeth...con el heavy metal no se pilla cacho, olvida a tus ídolos de pelo largo y chupa de cuero y céntrate en los maestros baja bragas del planeta, recuerda...adorarás a Bon Jovi por encima de todas las cosas. El gran maestro derrite chuminos de Nueva Jersey te dará la llave de cualquier dormitorio y nunca olvides terminar tus conciertos con "More than words" de Extreme...si con esta canción se te resiste alguna fémina...es que es lesbiana.
Ahora te estarás preguntando como se tocan esas canciones...¡Pues míralo en google! ¿O te lo tengo que dar todo mascadito?
Cuarto: Un poquito de canto no viene mal. No es necesario que cantes como los ángeles, pero procura no desafinar demasiado y sobretodo no grites...es más, si cantas susurrando es mucho más seductor, no hagas locuras con la voz...recuerda, quieres pillar cacho, no ingresar en los niños cantores de Viena.
Espero que estos consejos os ayuden en vuestra búsqueda de sexo veraniego, suerte y al toro
Si estás harto que el chulo piscinas de turno te quite las presas gracias a sus bien torneados abdominales, sigue mi consejo...aprende a tocar la guitarra con mi método. ¿Conoces a un tio más soso y poca cosa que Alex Ubago? pues ese sosainas pilla como un loco desde que sacó disco, así que no sé a que estás esperando.
Lo primero es agenciarse una guitarra, todos tenemos un primo, un hermano, un cuñado o un vecino que intentó aprender a tocar sin ningún éxito...pídele prestado el instrumento y no se lo devuelvas jamás, o si eres un adinerado terrateniente cómprate una...pero te advierto que los instrumentos musicales son caros.
Segundo: Lo más básico, tienes que aprenderte cuatro o cinco acordes, con saberte como se hace Sol, Re, Mi menor y Do...ya puedes tocar unas 1535 canciones ¿Cómo se hacen esos acordes? Búscalo en google cacho perro. Al principio cuesta un poco hacerlo, pero todo es cuestión de práctica y sale mucho más barato que invitar a las chatis a malibús con piña. Ya verás como el esfuerzo vale la pena.
Tercero: el repertorio. Aunque seas un fan declarado de Megadeth...con el heavy metal no se pilla cacho, olvida a tus ídolos de pelo largo y chupa de cuero y céntrate en los maestros baja bragas del planeta, recuerda...adorarás a Bon Jovi por encima de todas las cosas. El gran maestro derrite chuminos de Nueva Jersey te dará la llave de cualquier dormitorio y nunca olvides terminar tus conciertos con "More than words" de Extreme...si con esta canción se te resiste alguna fémina...es que es lesbiana.
Ahora te estarás preguntando como se tocan esas canciones...¡Pues míralo en google! ¿O te lo tengo que dar todo mascadito?
Cuarto: Un poquito de canto no viene mal. No es necesario que cantes como los ángeles, pero procura no desafinar demasiado y sobretodo no grites...es más, si cantas susurrando es mucho más seductor, no hagas locuras con la voz...recuerda, quieres pillar cacho, no ingresar en los niños cantores de Viena.
Espero que estos consejos os ayuden en vuestra búsqueda de sexo veraniego, suerte y al toro
Mirad al cruising la calle!
Hay una realidad patente en el siglo XXI (y finales del XX) y es que la new sex trend pertenece a los gays. Cualquier cosa nueva que se nos pueda ocurrir a los aburridos y apáticos heteros, seguro que forma parte desde hace tiempo de la agenda de prácticas sexuales de cualquier distinguido maricón de Chueca.
Una de mis fantasías más recurrentes desde que cumplí los doce años y cogí el metro solo por primera vez, es cruzarme la mirada con alguna mujer por la calle y que sólo ese gesto sirva para acabar en pocos minutos en la cama de uno de los dos, follando y sudando con ese desenfreno brutal que sólo puede dar el anonimato.

Resulta que en el acervo de prácticas homosexuales mi ensoñación adolescente ha sido ya bautizada, explicada y consensuada. Incluso no son pocas las ciudades en las que ya son sobradamente conocidos los lugares óptimos para encontrar un momento de sexo desconocido. En Madrid, por ejemplo, el parking de las Ventas o los baños públicos de la estación de Atocha.
El caso es que esta vez me niego a aceptar que sólo los gays disfruten de una auténtica liberación sexual, mientras los demás sólo soñamos en silencio y con cierto pudor con un apagón en el metro y una mano que se nos cuele en el pantalón desde el asiento de al lado.
Propongo fomentar este ejercicio de filantropía sin nombre ni apellidos que desde mi más tierna adolescencia ha sofocado y torturado más de un viaje en autobús, la cola de algún supermercado o el ambigú de alguna sala de cine. Personalmente, y hasta que mi oferta encuentre un número aceptable de adeptos, seguiré llevando mi mente en los momentos más íntimos de soledad a la trastienda imaginada de la papelería de mi barrio, en la que tantas veces busqué frustradamente esa mueca de deseo y ofrecimiento al otro lado del mostrador.
The BuzzCock
Una de mis fantasías más recurrentes desde que cumplí los doce años y cogí el metro solo por primera vez, es cruzarme la mirada con alguna mujer por la calle y que sólo ese gesto sirva para acabar en pocos minutos en la cama de uno de los dos, follando y sudando con ese desenfreno brutal que sólo puede dar el anonimato.

Resulta que en el acervo de prácticas homosexuales mi ensoñación adolescente ha sido ya bautizada, explicada y consensuada. Incluso no son pocas las ciudades en las que ya son sobradamente conocidos los lugares óptimos para encontrar un momento de sexo desconocido. En Madrid, por ejemplo, el parking de las Ventas o los baños públicos de la estación de Atocha.
El caso es que esta vez me niego a aceptar que sólo los gays disfruten de una auténtica liberación sexual, mientras los demás sólo soñamos en silencio y con cierto pudor con un apagón en el metro y una mano que se nos cuele en el pantalón desde el asiento de al lado.
Propongo fomentar este ejercicio de filantropía sin nombre ni apellidos que desde mi más tierna adolescencia ha sofocado y torturado más de un viaje en autobús, la cola de algún supermercado o el ambigú de alguna sala de cine. Personalmente, y hasta que mi oferta encuentre un número aceptable de adeptos, seguiré llevando mi mente en los momentos más íntimos de soledad a la trastienda imaginada de la papelería de mi barrio, en la que tantas veces busqué frustradamente esa mueca de deseo y ofrecimiento al otro lado del mostrador.
The BuzzCock
Tappersex llama a tu puerta
Hace unas semanas tuve mi primera reunión de TUPPERSEX. Y digo primera porque estoy segura que repetiré.
Quedamos un viernes en casa de una amiga 8 chicas dispuestas a descubrir lo que María nos propusiera. Sólo sabíamos el nombre de la chica que nos iba a instruir y que ésta venía con una maleta roja llena de artilugios creados para dar placer.
María empezó sacando de la maleta bálsamos afrodisíacos de diferentes olores y sabores. Y digo sabores porque la mayoría de ellos eran para chupar, es decir, que se podían usar en mil partes del cuerpo. Los había de mango, de mora, de fresa. A mí personalmente me encantó el de chocolate.
Sacó una vela de olor buenísimo en una lata. Al encenderla la cera que iba saliendo se usaba de crema de masaje. Una pasada porque no veas al gusto al extenderte eso calentito por el cuerpo. Muuuuuuuy erótica.
La cosa sí que se calentó cuando nos hizo probar un producto llamado VOLARÉ. Nos explicó que te echabas un poco de producto en el dedo y que después te lo pusieras en el clítoris. Todas encantadas fuimos desfilando por el cuarto de baño. Inmediatamente sentías efecto frío muy placentero y después el frío se convertía en calor. El resto del efecto no lo probamos porque no era plan de llegar ahí delante al climax con las cosas que nos faltaban por descubrir, pero la cosa es que con el VOLARÉ el orgasmo es muuuuucho más fuerte ya que el bálsamo lo que hace es dejarte más sensible la zona erógena. ¡Nos lo compramos todas y la verdad es que funciona!!
Después de todo un número de cosas para untar por el cuerpo, llegamos a aparatos más sofisticados. Mariposas vibradoras con arneses, esposas, pezoneras, vibradores tipo pintalabios / esponjas / patitos de goma, bolas chinas para todos los gustos, etc.
Aunque para mí lo mejor de la noche fue cuando María se puso a sacar de la maleta roja dildos de todos los tamaños, formas, colores y texturas. ¡Un mundo de diseño delante de nuestros ojos!!! Me acuerdo cuando los vibradores eran realistas, de color carne que joder qué asco que daban. Y ahora sin embargo parecen diseñados por Alessi. Verdaderamente son una auténtica pasada y lo peor fue tener que elegir porque todas estábamos muy indecisas sobre cual era el que nos proporcionaría más placer.
Allí todas sacamos la VISA y sin pensarlo nos llevamos nuestros juguetes pero sobre todo un buen sabor de boca de las risas que nos echamos, sobre todo cuando probábamos los vibradores (con la ropa puesta, malpensados.)
Mia
Pd: Para quien le interese www.lamaletaroja.com
Pd_1: ¡Felicidades Agrosex!!! Ya no eres tan jovencito.
Quedamos un viernes en casa de una amiga 8 chicas dispuestas a descubrir lo que María nos propusiera. Sólo sabíamos el nombre de la chica que nos iba a instruir y que ésta venía con una maleta roja llena de artilugios creados para dar placer.
María empezó sacando de la maleta bálsamos afrodisíacos de diferentes olores y sabores. Y digo sabores porque la mayoría de ellos eran para chupar, es decir, que se podían usar en mil partes del cuerpo. Los había de mango, de mora, de fresa. A mí personalmente me encantó el de chocolate.

Sacó una vela de olor buenísimo en una lata. Al encenderla la cera que iba saliendo se usaba de crema de masaje. Una pasada porque no veas al gusto al extenderte eso calentito por el cuerpo. Muuuuuuuy erótica.
La cosa sí que se calentó cuando nos hizo probar un producto llamado VOLARÉ. Nos explicó que te echabas un poco de producto en el dedo y que después te lo pusieras en el clítoris. Todas encantadas fuimos desfilando por el cuarto de baño. Inmediatamente sentías efecto frío muy placentero y después el frío se convertía en calor. El resto del efecto no lo probamos porque no era plan de llegar ahí delante al climax con las cosas que nos faltaban por descubrir, pero la cosa es que con el VOLARÉ el orgasmo es muuuuucho más fuerte ya que el bálsamo lo que hace es dejarte más sensible la zona erógena. ¡Nos lo compramos todas y la verdad es que funciona!!
Después de todo un número de cosas para untar por el cuerpo, llegamos a aparatos más sofisticados. Mariposas vibradoras con arneses, esposas, pezoneras, vibradores tipo pintalabios / esponjas / patitos de goma, bolas chinas para todos los gustos, etc.
Aunque para mí lo mejor de la noche fue cuando María se puso a sacar de la maleta roja dildos de todos los tamaños, formas, colores y texturas. ¡Un mundo de diseño delante de nuestros ojos!!! Me acuerdo cuando los vibradores eran realistas, de color carne que joder qué asco que daban. Y ahora sin embargo parecen diseñados por Alessi. Verdaderamente son una auténtica pasada y lo peor fue tener que elegir porque todas estábamos muy indecisas sobre cual era el que nos proporcionaría más placer.
Allí todas sacamos la VISA y sin pensarlo nos llevamos nuestros juguetes pero sobre todo un buen sabor de boca de las risas que nos echamos, sobre todo cuando probábamos los vibradores (con la ropa puesta, malpensados.)
Mia
Pd: Para quien le interese www.lamaletaroja.com
Pd_1: ¡Felicidades Agrosex!!! Ya no eres tan jovencito.
Repetimos… ¿Danone?
No, no se trata de la increíble experiencia de embadurnar a la tía o al tío que te pille más cerca con natillas para luego ponerte como el kiko. Este post va dedicado a aquellas personas que deciden darse una segunda oportunidad, o tercera, o centésima cuarta. A aquellos que retoman lo que parecía un congelado ártico. A aquellos que deciden darse un homenaje por los viejos tiempos. A aquellos que pormeten casarse a los treinta si no encuentran nada mejor. A… mí.
¿Cuántas veces he escuchado eso de "una vez más y no más, santo tomás"? Y luego el bocazas de turno a ponerle una vela al santo. ¿Cuántas veces habré dicho lo de "hasta aquí hemos llegado"? Y resulta que todavía podía llegarse un poco más lejos, quizá hasta el precipicio oculto tras la maleza.
El sexo tira de nosotros como los imanes horteras a las puertas de las neveras. Y es que una vez que has conseguido la intimidad para poder hacer todas las guarrerías que soñabas, no es nada divertido tirarlo sin al menos haberlo intentado una vez más. Pero cuando te ves follando otra vez, te das cuenta que quizá no era sólo por el sexo y la complicidad, era por algo más. ¿Amor?
Dejar una relación no es fácil. Pasas de disfrutar de todo aquello que te llenaba a buscar nuevas aficiones. Pasas de tener sexo diario a las pajas y luego a pescar nuevos peces en el mar (sobre todo ahora que es verano y puedes irte a tirar la caña a la playa). Pero no es por eso por lo que retomas aquello que creías haber dejado atrás, es sobre todo porque cuando llegas a casa y te apetece embadurnar a alguien con natillas para darte el atracón, sabes con toda certeza, que la respuesta que vas a recibir es: "vale, pero empiezo yo".
Así que si eres de esos que piensa que una vez que se ha apagado la hoguera no hay chispa que valga, puede que te estés perdiendo a tu media langosta en el camino, pero lo que seguro que te estás perdiendo es un polvo de reconciliación o despedida que merece la pena y mucho.
Loco_motoro
¿Cuántas veces he escuchado eso de "una vez más y no más, santo tomás"? Y luego el bocazas de turno a ponerle una vela al santo. ¿Cuántas veces habré dicho lo de "hasta aquí hemos llegado"? Y resulta que todavía podía llegarse un poco más lejos, quizá hasta el precipicio oculto tras la maleza.

El sexo tira de nosotros como los imanes horteras a las puertas de las neveras. Y es que una vez que has conseguido la intimidad para poder hacer todas las guarrerías que soñabas, no es nada divertido tirarlo sin al menos haberlo intentado una vez más. Pero cuando te ves follando otra vez, te das cuenta que quizá no era sólo por el sexo y la complicidad, era por algo más. ¿Amor?
Dejar una relación no es fácil. Pasas de disfrutar de todo aquello que te llenaba a buscar nuevas aficiones. Pasas de tener sexo diario a las pajas y luego a pescar nuevos peces en el mar (sobre todo ahora que es verano y puedes irte a tirar la caña a la playa). Pero no es por eso por lo que retomas aquello que creías haber dejado atrás, es sobre todo porque cuando llegas a casa y te apetece embadurnar a alguien con natillas para darte el atracón, sabes con toda certeza, que la respuesta que vas a recibir es: "vale, pero empiezo yo".
Así que si eres de esos que piensa que una vez que se ha apagado la hoguera no hay chispa que valga, puede que te estés perdiendo a tu media langosta en el camino, pero lo que seguro que te estás perdiendo es un polvo de reconciliación o despedida que merece la pena y mucho.
Loco_motoro