Todo comienza en el momento en que tu mirada y la suya se cruzan entre el acecho de tantos ojos deseosos de lo mismo. Si la conversación supera los cinco minutos, a veces suficientes para saber si ese tío tiene algo más que pájaros en la cabeza o si tendrás que taparle la boca y dejarte llevar rápidamente por tus instintos sexuales –si no quieres que tu libido se evapore tan rápido como el alcohol-, la idea del cuándo, el dónde y el cómo te lo follarás se convierte en el único pensamiento que ronda por tu cabeza.
Si tienes la suerte de acabar esa misma noche en la cama, has triunfado o no. Nunca se sabe. No obstante, mañana será otro día y quién sabe lo que te volverás a encontrar. Pero si la noche se tuerce y no acaba como te hubiese gustado, sólo te queda fijar otro día para esa primera vez.
Os dais el teléfono y quedáis para veros esta semana. Algún día, cuanto antes mejor, hay que acabar lo que no terminasteis. (La espera excesiva mata las ganas de buen sexo). A partir de ahí, tu mano mira una y otra vez el móvil en busca de alguna señal, pero nada. Pasan los días y tus ganas se van desvaneciendo ante la posibilidad de que el tonteo no vaya más allá de esa noche. Pero tu orgullo, aunque empieza a debilitarse, te impide ser tú la que haga una propuesta.
Al final, cuando menos te lo esperas, algo rompe tu tranquilidad sexual de viernes.
-“¿Nos tomamos unas cervezas esta noche?”- te dice- . Vacilas, te piensas la respuesta, te haces de rogar pero no tardas en contestar. Las ganas te pueden.
- “Vale. A las once y media… ¿en el bar donde nos conocimos?”
- “Perfecto. Luego nos vemos”.
Te pasas el día pensando en qué vas a ponerte. Falda, vestido, pantalón… Un pantalón está bien. Tampoco es plan de calentarnos nada más llegar. Al menos, un par de cervezas tendrán que caer.
Mientras sigues pensando en tu modelito de esta noche, te metes en la ducha y te enjabonas con ese gel que tan buen olor te deja en la piel. Envuelta en la toalla, pones en marcha la silk-epil para acabar con esos indeseables pelos. Cada tirón, te hace ver las estrellas pero piensas en lo que ambos agradeceréis esa suavidad, y el dolor se ve compensado. Hasta incluso le llegas a coger el gustillo.
Para rematar, un poco de crema por todo el cuerpo, y listo.
Miras el reloj y piensas, o te das prisa o acabarás llegando tarde como siempre.
Sacas del cajón ese conjunto de encaje negro que te compraste pensando en este día. ¡Te queda perfecto! Seguro que cuando me lo vea, me lo arranca con la mirada –te dices a ti misma-. Y sonríes satisfecha, al imaginarte ese momento. Te pones esos pantalones negros que tan buen culito te marcan (eso es lo que siempre te han dicho), tu camiseta favorita, que hasta ahora nunca te ha fallado y unos zapatos de tacón de aguja, sobre los que te cuesta andar pero que tan sexy te hacen sentir. Espero no quedar más alta que él, piensas.
Te peinas, te maquillas, no demasiado para no parecer una puerta, y te echas un poco de perfume. El cuello, el canalillo y las muñecas. Con eso basta.
Sales de casa, corriendo para no variar, con unas ganas inmensas de continuar lo de la última noche e imaginando cómo será él en la cama. Un montón de juegos y posturas se te ocurren durante el rato que dura el viaje. ¿Llegarás a ponerlas en práctica? Con sólo pensarlo, ya comienzas a excitarte.
Al fin, llegas. Ahí está él. Lo ves y dejas de imaginar. En un par de horas estarás descubriendo dónde os lo montareis, cómo os lo hará cada uno y sobre todo, si querréis repetir una segunda vez.
La Trotona
Definitivamente te has ganado un ferviente admirador. A ver si me animo y escribo yo algo sobre "El Pre-polvo Masculino", aunque no creo que logre el mismo efecto...
Pero siempre pasa a grandes expectativas, grandes decepciones... o algo así no??
Qué bonito es el amor y qué pronto se gasta que dicen... :)
KissX
Repitiendo, ya más de un par de veces, pero todavía me preparo como el 1er día...
Besos