Tú eres tú y ahí estoy yo
Ella
No podía dormir. Hacía demasiado calor. Decidí ir antes a la oficina, necesitaba adelantar trabajo. Cuando llegué, él estaba allí. ¿Por qué hacía tanto calor?- No funciona el aire acondicionado –me comentó.
A los diez minutos no podía más. Me fuí a la cocina, seguro que había zumo en la nevera. Me serví un vaso y abrí un par de botones de mi camisa. ¿Lo hacía? Qué más daba, no había nadie. Comencé a pasar el frío vaso por mi cuello y mi escote cuando llegó él.
- ¿Qué haces?
- Es que estoy caliente -¡Mierda! ¿Había dicho yo eso?

- Yo también – me respondió riendo mientras se quitaba la corbata.
Entonces sucedió algo; no sé qué fue exactamente, pero al segundo me vi pasando el vaso por su cuello mientras le desabrochaba la camisa. Lo bajé por su torso desnudo lentamente y entonces le miré a la cara. No hizo falta decir nada, nos empezamos a besar apasionadamente. Desabrochó otro botón de mi camisa y mi sujetador, que tiene cierre delantero, y mis pechos salieron buscando su boca. Lo empujé contra la silla. No teníamos mucho tiempo, nuestros compañeros empezarían a llegar en breve. Subió mi falda y me bajó las bragas con tanta fuerza que casi las rompe; estábamos muy cachondos. Y entonces él sacó un condón de un bolsillo. Abrí su bragueta y saqué su dura polla mientras colocaba la punta del condón entre mis labios. Suavemente se lo fui colocando con ayuda de mi lengua. Él ya gemía de placer. Me empujó contra él y empecé a trotar con tantas ganas que mis pechos golpeaban contra su cálida boca y lengua.
Oímos una puerta, la gente empezaba a llegar, pero no podíamos parar. Estábamos a punto... Tapé su boca con mi mano, no quería que nadie nos oyera e interrumpiera.
- Córrete conmigo.
Cinco segundos después ambos estallamos de placer.
Él
Estaba completamente dormido. Hacía demasiado calor y aquel turno que me obligaba a levantarme a las seis de la mañana y trabajar en soledad era mortal. Por eso me extrañé cuando escuché el timbre del ascensor. Era ella.
Desde detrás de la pantalla de mi ordenador observé cómo se acariciaba la nuca y respiraba con profundidad.
- No funciona el aire acondicionado -comenté.
A los diez minutos, ella se levantó y se encaminó a la cocina. Era mi oportunidad, tras varios meses de sequía necesitaba intentarlo.
Desde la puerta la observé. Estaba cachonda, restregaba un vaso sacado del congelador por su cuello y gemía mientras se desabrochaba los botones de la camisa.
- ¿Qué haces? -pregunté mientras me acariciaba la entrepierna.
- Es que estoy caliente -dijo mirándome con deseo.

Apenas llegué a responder que 'yo también', porque mi boca estaba ocupada con sus pezones y mis manos con su ropa interior. Me empujó contra una silla y, observando su cara de lujuria, saqué un condón de mi bolsillo. Ella me lo quitó con una sonrisa, me bajó la cremallera del pantalón y con la boca me lo fue colocando a lo largo de mi polla. Después, como si lo tuviéramos ensayado, se sentó sobre mí y empezó a cabalgarme.
En ese momento escuchamos la puerta del despacho contiguo, pero yo apenas me podía controlar. Me tapó la boca con su mano pero continuó clavándose mi miembro con lujuria.
- Córrete conmigo -me susurró al oído.
Cinco segundos después, mi hijo Álex estaba en camino. El condón no había resistido.
Loco_Motoro
No podía dormir. Hacía demasiado calor. Decidí ir antes a la oficina, necesitaba adelantar trabajo. Cuando llegué, él estaba allí. ¿Por qué hacía tanto calor?- No funciona el aire acondicionado –me comentó.
A los diez minutos no podía más. Me fuí a la cocina, seguro que había zumo en la nevera. Me serví un vaso y abrí un par de botones de mi camisa. ¿Lo hacía? Qué más daba, no había nadie. Comencé a pasar el frío vaso por mi cuello y mi escote cuando llegó él.
- ¿Qué haces?
- Es que estoy caliente -¡Mierda! ¿Había dicho yo eso?

- Yo también – me respondió riendo mientras se quitaba la corbata.
Entonces sucedió algo; no sé qué fue exactamente, pero al segundo me vi pasando el vaso por su cuello mientras le desabrochaba la camisa. Lo bajé por su torso desnudo lentamente y entonces le miré a la cara. No hizo falta decir nada, nos empezamos a besar apasionadamente. Desabrochó otro botón de mi camisa y mi sujetador, que tiene cierre delantero, y mis pechos salieron buscando su boca. Lo empujé contra la silla. No teníamos mucho tiempo, nuestros compañeros empezarían a llegar en breve. Subió mi falda y me bajó las bragas con tanta fuerza que casi las rompe; estábamos muy cachondos. Y entonces él sacó un condón de un bolsillo. Abrí su bragueta y saqué su dura polla mientras colocaba la punta del condón entre mis labios. Suavemente se lo fui colocando con ayuda de mi lengua. Él ya gemía de placer. Me empujó contra él y empecé a trotar con tantas ganas que mis pechos golpeaban contra su cálida boca y lengua.
Oímos una puerta, la gente empezaba a llegar, pero no podíamos parar. Estábamos a punto... Tapé su boca con mi mano, no quería que nadie nos oyera e interrumpiera.
- Córrete conmigo.
Cinco segundos después ambos estallamos de placer.
Él
Estaba completamente dormido. Hacía demasiado calor y aquel turno que me obligaba a levantarme a las seis de la mañana y trabajar en soledad era mortal. Por eso me extrañé cuando escuché el timbre del ascensor. Era ella.
Desde detrás de la pantalla de mi ordenador observé cómo se acariciaba la nuca y respiraba con profundidad.
- No funciona el aire acondicionado -comenté.
A los diez minutos, ella se levantó y se encaminó a la cocina. Era mi oportunidad, tras varios meses de sequía necesitaba intentarlo.
Desde la puerta la observé. Estaba cachonda, restregaba un vaso sacado del congelador por su cuello y gemía mientras se desabrochaba los botones de la camisa.
- ¿Qué haces? -pregunté mientras me acariciaba la entrepierna.
- Es que estoy caliente -dijo mirándome con deseo.

Apenas llegué a responder que 'yo también', porque mi boca estaba ocupada con sus pezones y mis manos con su ropa interior. Me empujó contra una silla y, observando su cara de lujuria, saqué un condón de mi bolsillo. Ella me lo quitó con una sonrisa, me bajó la cremallera del pantalón y con la boca me lo fue colocando a lo largo de mi polla. Después, como si lo tuviéramos ensayado, se sentó sobre mí y empezó a cabalgarme.
En ese momento escuchamos la puerta del despacho contiguo, pero yo apenas me podía controlar. Me tapó la boca con su mano pero continuó clavándose mi miembro con lujuria.
- Córrete conmigo -me susurró al oído.
Cinco segundos después, mi hijo Álex estaba en camino. El condón no había resistido.
Loco_Motoro