Instinto...
En homenaje a Jota y a Marthita, que tan picante me contaron su historia, de paseo por Hiroshima.
Pongamos que me llamo Jota.
Pongamos que ahora me muevo por instintos.
Pongamos que ya no soy el mismo.
Hace una semana, mi conciencia regía mis actos. Hace una semana, sin saberlo, yo no era quien quería ser. Hace una semana le dije a mi compañera, a mi novia, a mi mejor amiga: ya no te quiero.
Hoy, siete días después, tan poco tiempo después, decido contar mi historia. Aquí, donde nadie me conoce. Donde soy Jota.
Hoy reconozco ante ojos desconocidos que deseo a una mujer. A otra mujer. No la deseaba entonces, ni quería ni podía, pero ahora sí. Y la deseo. Quiero desearla. Y no me corto. Ya no.

Puro instinto como motor de mis acciones, ni pudor, ni vergüenza ni ostias.
Sólo respondo ante mí y ya me conozco la respuesta.
Y se lo digo. Marthita, te deseo. Ahora puedo desearte. Nada tuviste que ver en lo que paso hace una semana. Y te deseo.
Marthita abre los ojos y se muerde el labio inferior.
Le susurro al oído “te vas a enterar de lo que es que te follen de verdad”. Chulo, responde. Es verdad, estoy chulo. Me siento chulo. Y me gusta.
Libre. Ligero. Como un buitre leonado, deseando meter la cabeza en las entrañas de Marthita. En las de quien me diga mi instinto.
Dice Eusebio Poncela en Martín (Hache), donde pongamos que se llama Dante, que hay que follarse a las mentes, que él se siente seducido por una cara y un cuerpo cuando ve que hay una mente que lo mueve y que vale la pena conocer.
Estoy de acuerdo. Pero ahora no. Ahora quiero cuerpos. Desconocidos o conocidos, pero que huyan del compromiso también. Follármelos a todos. Porque puedo, y creo que quiero… hasta que apareció Marthita. Es sólo sexo, pero su mente me atrae incluso más que su cuerpo, cuerpazo. Puto Poncela, epicúreo de los cojones. Puedo follarme a quien quiera, pero Marthita… ¿qué? Ni amor ni ostias. Pero complicidad. Mucha complicidad. Tal vez demasiada complicidad si se quiere sólo sexo, si no se quiere caer en algo más, en algo de lo que acabo de salir y no repetiría en mucho tiempo, ni por todo el oro del mundo. O tal vez no. O tal vez la complicidad necesaria para consumar el sexo de entre los sexos. No lo sé, nunca había tenido una relación así, basada en orgasmos, sudor, palabras sucias, y gemidos.
Ahora sí.
Y me gusta. Un cuerpo con mente, una mente con cuerpo, en el momento perfecto, en el sitio perfecto. Me llamo Jota y estoy solo. Me llamo Jota y me estoy reinventando, y Marthita ayuda, mucho.
Sesión Golfa (con permiso de Jota)
Pongamos que me llamo Jota.
Pongamos que ahora me muevo por instintos.
Pongamos que ya no soy el mismo.
Hace una semana, mi conciencia regía mis actos. Hace una semana, sin saberlo, yo no era quien quería ser. Hace una semana le dije a mi compañera, a mi novia, a mi mejor amiga: ya no te quiero.
Hoy, siete días después, tan poco tiempo después, decido contar mi historia. Aquí, donde nadie me conoce. Donde soy Jota.
Hoy reconozco ante ojos desconocidos que deseo a una mujer. A otra mujer. No la deseaba entonces, ni quería ni podía, pero ahora sí. Y la deseo. Quiero desearla. Y no me corto. Ya no.

Puro instinto como motor de mis acciones, ni pudor, ni vergüenza ni ostias.
Sólo respondo ante mí y ya me conozco la respuesta.
Y se lo digo. Marthita, te deseo. Ahora puedo desearte. Nada tuviste que ver en lo que paso hace una semana. Y te deseo.
Marthita abre los ojos y se muerde el labio inferior.
Le susurro al oído “te vas a enterar de lo que es que te follen de verdad”. Chulo, responde. Es verdad, estoy chulo. Me siento chulo. Y me gusta.
Libre. Ligero. Como un buitre leonado, deseando meter la cabeza en las entrañas de Marthita. En las de quien me diga mi instinto.
Dice Eusebio Poncela en Martín (Hache), donde pongamos que se llama Dante, que hay que follarse a las mentes, que él se siente seducido por una cara y un cuerpo cuando ve que hay una mente que lo mueve y que vale la pena conocer.
Estoy de acuerdo. Pero ahora no. Ahora quiero cuerpos. Desconocidos o conocidos, pero que huyan del compromiso también. Follármelos a todos. Porque puedo, y creo que quiero… hasta que apareció Marthita. Es sólo sexo, pero su mente me atrae incluso más que su cuerpo, cuerpazo. Puto Poncela, epicúreo de los cojones. Puedo follarme a quien quiera, pero Marthita… ¿qué? Ni amor ni ostias. Pero complicidad. Mucha complicidad. Tal vez demasiada complicidad si se quiere sólo sexo, si no se quiere caer en algo más, en algo de lo que acabo de salir y no repetiría en mucho tiempo, ni por todo el oro del mundo. O tal vez no. O tal vez la complicidad necesaria para consumar el sexo de entre los sexos. No lo sé, nunca había tenido una relación así, basada en orgasmos, sudor, palabras sucias, y gemidos.
Ahora sí.
Y me gusta. Un cuerpo con mente, una mente con cuerpo, en el momento perfecto, en el sitio perfecto. Me llamo Jota y estoy solo. Me llamo Jota y me estoy reinventando, y Marthita ayuda, mucho.
Sesión Golfa (con permiso de Jota)
Comentario:
Sin duda fue una bonita etapa...
Siempre besos para mis J's...
Siempre besos para mis J's...
Comentario:
Pues yo prefiero ir a putas y no complicarme tanto,ademas si no cumplo no me remuerde la conciencia por haber pagao....
Comentario:
Si las reinvenciones son siempre como esta, quiero ser una persona distinta cada día :)
Me ha gustado el dinamismo del texto, Sesión ;)
Me ha gustado el dinamismo del texto, Sesión ;)
Comentario:
Pero tío... ¿qué te has fumaoooo?
Comentario:
Con permiso de Jota y de Marthita, a los que leí más allá de lo escrito, desde la añozanza de historias de Hiroshima, en donde las bombas revientan en las entrañas, y con el permiso de usted, admirado Sesión Golfa... ¡qué tremenda indigestión de ausencia de otras "jotas"!
Ya sabe, me rindo a los pies de su escritura. Saludos.
Ya sabe, me rindo a los pies de su escritura. Saludos.
Comentario:
Me gusta esa nueva filosofia de vida que te has marcado, sin ataduras.
Bicos
Bicos
Comentario:
Me ha gustado mucho esta manera de contarlo, no sé si será invención tuya o de Jota, pero me encanta.
Besitos veraniegos
Besitos veraniegos