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Este blog ha nacido con el fin de dar cobertura en internet a los diferentes eventos que presentan al caballo como animal de competición
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CUANDO LA VIOLENCIA RESULTA DIVERTIDA
Los “ocios de riesgo” están poniendo en peligro a ciertos sectores de la sociedad. Los niños son los más vulnerables.

Cuando hablamos de ocio de riesgo rápidamente se nos viene a la cabeza anglicismos como rafting o puenting. Pero Marta González considera que la forma de entretenerse de su hijo Alejandro “es una condena por algo que hicimos mal”. Alejandro nunca ha saltado en paracaídas, ni de un puente ni tampoco ha descendido los rápidos de un río. Su forma de pasar el tiempo supone un riesgo que queda muy distante al que implica escalar un risco.

“Desde pequeño traté de inculcar a mis hijos los valores del respeto y la igualdad de los seres humanos, pero Alejandro…”. Marta no sabe explicar por qué su hijo disfruta abusando de sus compañeros de colegio.

El "bullying” es una faceta del ocio de riesgo que no puede comprarse en una agencia de aventuras. Pero supone la forma más moderna de entretenerse en el patio de un colegio. Esta disciplina conlleva un riesgo mucho más agresivo y violento que la caída desde un puente.

Para Marta, el “bullying” era una actividad completamente desconocida, “al principio, cuando los profesores me hablaban del “bullying” me parecía una exageración, tanto el supuesto comportamiento de mi hijo como que usasen una palabra en inglés para denominar este comportamiento. Con el tiempo me di cuenta de que este es un problema de magnitudes muy grandes… y sino mira el caso de Jokin”.

Jokin, lo que no debió pasar.
Jokin era un niño de 14 años, quizá lo conozcan, que cursaba 4º de ESO y, por alguna razón, un grupo de compañeros de clase consideraba que Jokin “merecía” ser humillado por medio de palizas, vejaciones y amenazas que llevaron a este joven a arrojarse desde la muralla de Honrrubia, causándole la muerte, el pasado 21 de Septiembre, tras haber sido agredido por sus compañeros.

Tristemente, la violencia se ha convertido en un medio de diversión. Cada vez más, la sociedad se hace eco de la existencia de un problema real en el comportamiento de nuestros jóvenes. Los estudios más recientes consideran que las principales causas de estos trastornos de conducta son la falta de límites de los padres y el exceso de información recibido desde edades muy tempranas. Sociológicamente, se puede entender que las pautas educativas de los padres de finales del siglo XX sean más permisivas y liberales. Estos habían sido educados en la dictadura y, de alguna manera, quisieron evitar que sus hijos sufrieran ese recorte de libertades.

Ana hoy tiene veinte años, pero durante su infancia fue victima de esta falta de límites de algunos padres. La madurez le ha aportado una perspectiva constructiva de aquellos años y ahora asegura que siente “pena por ellas, cada vez están peor, y ahora estoy muy a gusto, mejor que ellas”. Pero hubo un tiempo que para Ana las cosas no fueron tan fáciles. Cuenta que aquellas niñas “empezaron llamando al timbre de mi casa, me esperaban a la salida del colegio y después vinieron las palizas, que se intensificaban cuando yo intentaba defenderme”.

Para un niño esto supone una gran frustración que incluso puede llevarle al suicidio, como hemos comprobado. Para Ana supuso la represión de “no salir a la calle por si ellas estaban allí. La verdad es que te sientes un poco solo”.

Pero todo el mundo comete el error de pensar que “esto son cosas de niños”. El instinto de violencia crece en ese niño que empezó abusando de sus compañeros. El peligro se extiende a las familias y, generalmente, pasa antes por el profesorado. Esta falta de limitación del comportamiento infantil acaba por convertirse en un absurdo miedo a contradecirles. Los primeros en notarlo son los profesores. “Los valores que viven los niños en sus casas chocan con los que nosotros enseñamos en el colegio” asevera Genoveva Pleguezuelos, profesora de secundaria en un instituto Público. “Antes existían valores como el respeto a las personas adultas, pero ahora eso se ha perdido y resulta imposible educar intelectualmente a estos niños”, continúa Genoveva.

Belén también es profesora en un colegio de secundaria y ella está convencida de que “existen muchos centros en los que los profesores son agredidos por sus alumnos”. Además, Belén aporta una nueva visión del problema, “la inmigración supone un problema para el desarrollo normal de las clases”. La falta de integración de estos jóvenes provenientes de otros lugares con distintas culturas despierta sentimientos xenofóbicos con los que los niños excusan su violencia.

Jorge Arévalo trabaja en una asociación de menores en Toledo y, aunque no tiene hijos, es un gran conocedor del problema que supone estos cambios de valores para los jóvenes. Su trabajo consiste en “enseñarles las cosas de la vida. Los adolescentes intentan destacar en lo que son buenos y nosotros tratamos de iniciarlos en actividades deportivas; pero si, desgraciadamente, se da cuenta de que es bueno dando leches en la calle, pues va a hacerlo”. Jorge es educador en una residencia para “jóvenes que no tienen a nadie o que nadie los quiere tener”. Los años de trabajo que lleva ejerciendo junto a los niños le conducen a pensar que los padres son los principales responsables, “al principio existe una gran permisividad y después no se atreven con sus hijos.”

Y después, la droga.
Cuando el niño ha abusado de sus compañeros, ha agredido a sus profesores y sus padres no pueden imponerles ningún control, el problema no se detiene, sino que sigue creciendo. Entonces, los jóvenes empiezan a conocer el mundo de las drogas. Para Jorge “generalmente todo viene aparejado”, “el chaval se relaciona con su grupo de iguales y tienen unas salidas de ocio en las que incluyen las drogas”.

Es evidente que el consumo de drogas representa una parte del tiempo que los jóvenes dedican a su ocio, como también es evidente que esto supone una actividad ociosa muy arriesgada. España es uno de los países del mundo donde más cocaína se consume y mucha de esta droga es consumida por menores de edad. Pero estos menores no son concientes del peligro que supone esta forma de diversión. “Por comerme dos pirulas el sábado no me va a pasar nada” cuenta Manuel, un chico que con 17 años consume drogas habitualmente los fines de semana. “La droga está en la calle, en las discotecas, está donde hay gente joven. Es normal que entre tus amigos haya algunos que se droguen”, añade Manuel. Existe entre el colectivo juvenil una sorprendente ingenuidad al pensar que el consumo de las modernas drogas de diseño no implica ningún problema. Sin embargo, las investigaciones del Ministerio de Sanidad han demostrado que el consumo de estas drogas daña directamente el cerebro y provoca trastornos psicológicos irreversibles. Por otro lado, los estudios del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) arrojan cifras preocupantes: el 27% de los jóvenes afirma haber probado, aunque sea una vez, el cannabis; el 7% dice lo mismo de la cocaína y un 5% aseguró haber consumido drogas de diseño.

Ángeles Díaz ha invertido gran parte de su tiempo a estudiar los trastornos de comportamiento de los jóvenes y asegura que “actualmente cerca de 800 mil jóvenes presentan este tipo de trastornos y a nivel social no estamos sabiendo atender la demanda. No existen profesionales preparados para afrontar este tipo de trastornos de comportamiento causados por las drogas de diseño”. Desde su punto de vista “esto es un peaje que la sociedad tiene que pagar por estos niveles de vida que llevamos”.

Causas del problema.
Para Ángeles, las drogas, al igual que para el Ministerio de Sanidad, son uno de los principales detonantes del problema. “Las drogas han existido siempre, pero el riego ha aumentado ahora debido al consumo masivo de drogas de diseño” apunta Ángeles. Pero de sus estudios se extraen como posibles raíces del problema “el gran volumen de información que reciben los niños desde edades muy tempranas y que repercute en los niños acelerando los cambios que antes se producían en la adolescencia”. Por último, Ángeles apunta también como causa de estos trastornos “a la falta de expectativas de futuro que los jóvenes adquieren al ver como las generaciones anteriores, preparadas académicamente, no encuentran salidas profesionales, un claro ejemplo es la denominada `Generación de los Mileuristas´ ”.

Como conclusión podemos extraer que todos los estudios confirman que los jóvenes están cambiando sus hábitos de ocio. Esto sería totalmente lógico puesto que la sociedad está marcada por unos continuos cambios. Lo que sucede, es que estas nuevas prácticas ociosas encuentran en la violencia y en las drogas, entre otros problemas, una forma de diversión que está poniendo en peligro a niños de todas las clases sociales.

La falta de limitación de los padres hacia sus hijos, el exceso de información recibida desde edades muy tempranas y el aumento del consumo de sustancias estupefacientes está minando la educación de los niños que representan el futuro de nuestro país.

En cuanto a la soluciones para evitar que los jóvenes de hoy en día y los de mañana, no ocupen su ocio con la violencia y las drogas, las Administraciones, los padres, las Instituciones Educativas, los propios jóvenes y en general el conjunto de la población, debemos, en primer lugar reconocer la existencia de un problema creciente y supone un peligro real para todos, y después debemos reflexionar sobre la parte de culpa que recae en cada uno de nosotros y tratar de poner nuestro granito de arena en esta sociedad que nos escapa de las manos y que poco a poco se está volviendo contra nosotros.



LA “GENERACIÓN DE LOS MILEURISTAS
Esta generación es definida por Carolina Alguacil, creadora del término, como “aquel joven licenciado, con idiomas, posgrados, másters y cursillos, que no gana más de 1.000 euros. Gasta más de un tercio de su sueldo en alquiler, porque le gusta la ciudad. No ahorra, no tiene casa, no tiene coche, no tiene hijos, vive al día... A veces es divertido, pero ya cansa". La descubridora de esta peculiar generación consiguió publicar, en un importante periódico, una carta que titulaba “Soy mileurista” y en la que definía cuales eran las características de la “Generación de los Mileuristas”. Se trata de una corriente muy novedosa puesto que su descubridora presentó públicamente sus teorías en Agosto de 2005.
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