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Sindicación
 
Reconciliación
El reciente intento de agresión “en una librería” a Santiago Carrillo, por una banda de jóvenes Falangistas, acusándole de asesino de guerra por la matanza ocurrida en Paracuellos. Algo, de lo que se sabe, no tiene ninguna responsabilidad. Me lleva a escribir estas reflexiones.
Después de una conversación, casual, que tuve recientemente con alguien que fue durante la contienda de la mencionada guerra civil, Capitán en mi pueblo y me explicó las circunstancias en las que se produjeron los fusilamientos de mis dos abuelos junto a otros vecinos, he llegado a la consideración, que la responsabilidad de todos los muertos durante la guerra civil, es de la misma Guerra, fuesen del bando que fuesen.
Como no se nos ha educado con esta idea, nuestros familiares habían sido asesinados por uno u otro bando, y siempre y en todos los casos, inocentemente.
Dado que en este país de arribistas cualquier idea (esta vez alentada por algunos medios de comunicación y personajes políticos) inflama pasiones facilmente, sobre todo en los ignorantes, siempre saldrán energúmenos envalentonados que ataquen a un nonagenario incapaz de defenderse, con la idea de salvar la patria de tan peligroso y perverso personaje. Por el otro lado (por que siempre habrá dos lados), gamberros que se llaman los Neomaquis, arrancándole la cabeza a una estatua del General Millán Estrain, tal como ocurrió en Zaragoza, puede que el mismo día que la “hazaña” contra Carrillo.
Para que se alcance una auténtica y quizá definitiva Reconciliación, es necesario que los políticos y los medios de comunicación eduquen con ese criterio: Todos los muertos son iguales, son la consecuencia y el alimento de esa fiera que se llama Guerra. Que devora a sus padres y sus hijos sin importarle las banderas.
Por supuesto, que si queremos afianzar esa Reconciliación, hay que restablecer el honor de los legales, los leales a la República. A los que todavía viven o sus herederos. También sería conveniente “reservar” todos los símbolos de quienes provocaron esa guerra, ya que antes y después de ella asesinaron y humillaron a muchos de los perdedores. Y éstos muertos, ya no fueron víctimas de una Guerra, ya no son iguales. Esa "reserva" es el único homenaje o consuelo que se puede hacer por ellos y sus familias, a las que la palabra olvidar, la tienen demasiado "recomendada", no les hace efecto.
También podemos ignorarlos, cuantitativamente son cada vez menos, un pequeño y folclórico problema. Pero siempre habrá quien en el distancia del tiempo y la pasión, que verá esta parte de nuestra historía... cutre!... cutre!... y miserable, una vez más.

 
Comentario:
Sobre tu petición de reconciliación, ante todo te diré que tienes un gran corazón (se deduce fácilmente de tu escrito). Sobre lo de "reservar" los símbolos de los responsables directos o colaboradores de una guerra, yo creo que no debería haber ni estatua, ni plaza, ni calle, simplemente recordarlos en los libros de historia, para que por sus "hazañas" se les conozca y sean descalificados por sí sólos. Estos ya eran energúmenos.
No hay guerra más cruel y con el más alto de los calificativos despreciativos de "vergüenza nacional" que una guerra civil como la nuestra, entre hermanos de la misma cultura, de la misma raza, de la misma lengua, del mismo pueblo, en la que un vecino acusaba a otro vecino por envidias, y éste era sentenciado a muerte por un recién creado tribunal militar, dándosele fusilamiento (quiero hacer aquí mención a que en la inscripción de defunción se hacía constar como causa de muerte "derrame interno").
Hoy sigue habiendo de esa clase de "valientes" que, alentados por "desconocimiento de los hechos" se dedican al "oficio" de dar rienda suelta a su ego ignorante.
Sería maravillosa la Reconciliación pero, siempre que haya pobres y ricos, aquélla no será posible. Pero sí, estoy contigo, en que todos los muertos son iguales, y que por éllos y por el futuro de nuestros sucesores, se debe conocer la verdad, para que aquél período miserable de nuestra historia no se vuelva a repetir; al menos, permitirnos la anhelada ilusión de poder configurar un futuro mejor.
No